El Maestro Tormenta negó con la cabeza. - A ver, Hidalgo, ¡en algún momento tendrás que aprender a defenderte! ¡No te vas a librar siempre de los problemas comportándote como una comadreja escurridiza! - El Maestro parecía no haber sudado siquiera durante el combate, y hasta se diría que le había pegado una paliza a Zinnia un poco sin esforzarse. - Tendrás que esforzarte más, mucho más, para ser un digno miembro de la Guardia de las Arboledas - añadió con severidad. No parecía demasiado impresionado por cómo se había defendido la joven hobbit.
- ¡Venga, el siguiente! ¡Que me quedo frío!
Te has librado de despertarte en la enfermería porque Chauncey le ha dejado un poco molido al pobre Bolter xD.
¡Filoargento! ¡Tú turno!
Motivo: En la cara no por favor... T_T
Dificultad: 0
Tirada: 2 4 9
Total: 2 = 2 Éxito
Me ha salido esto... en resumen ¿Que tan malo es? xD
Sírvase usted describir, si me hace el favor, cómo el Maestro Tormenta le da un golpe en la cabeza que le lleva directo a la enfermería, inconsciente como un fardo. Es decir, el golpe no te lleva directamente a la enfermería como en un tebeo de Astérix: te caes inconsciente y luego unos cuantos robustos hobbits te llevan para allá
La carrera de Chauncey y Declani fue diversión asegurada y tras un ligero reencuentro con Zinnia llegó el Maestro Tormenta para literalmente "darles la paliza".
Mientras iban pasando por la terrible espada del instructor, Ricciardo cogió un escudo y una espada bastante maltrechos para intentar defenderse de aquel hobbit que parecía bastante enfadado con el mundo.
Poco a poco sus compañeros iban demostrándole a su maestro de lo que eran capaces, incluso Zinnia que era bastante tranquila a pesar de tener un poco de genio. No parecía que fuese a ser muy complicado dar un par de palazos al aire para parecer amenazador. Su fuerte era como el de Declani, el tiro con arco y por supuesto la ballesta, su favorita, pero si es cierto que no todas las situaciones serían idóneas para un arma a distancia.
Aún así levantó el arma y el escudo cuando terminó el iracundo profesor con su pobre Zinnia, se dirigió a la arena del patio frente a Tormenta dudando de sí mismo. "A ver... pié izquierdo... no, derecho... ¿El escudo iba en la zurda o en la diestra? La mano con la que corto el jamón es la derecha, así que tengo que protegerme con la izquierda...".
Esta discusión mental que tenía frente al profesor hizo que Tormenta sonriese con malicia antes de levantar su arma y aprovechase al ensimismado Filoargento para dar una lección a sus compañeros de que en una batalla a vida o muerte no hay tiempo para pensar, solo actuar... Y un poco también para darle una lección de humildad al pequeño lengua de plata.
Tormenta levanto su espada y utilizando la inercia creada por el peso de la misma al girarla sobre su hombro de izquierda a derecha solo le dio oportunidad a Ricky de levantar la mirada para escuchar un "SWISSSSHHH" cortando el viento y un muy seco y doloroso "WACK" antes de caer al suelo inconsciente por el golpe del Maestro en la sien del lado derecho de su cabeza.
Motivo: En la cara no por favor... T_T
Dificultad: 0
Tirada: 2 4 9
Total: 2 = 2 "Éxito"
Era muy poco probable que el Maestro Tormenta "le tuviera ganas" a Ricciardo. A ver, es verdad que el chico era un poco presuntuoso. Y que fuera cierto que a lo largo de todo su aprendizaje parecía haberse esforzado conscientemente por no aprender absolutamente nada de lo que el Maestro había intentado enseñarle. Es verdad que Ricciardo era bastante bueno con el arco y la ballesta, y que por esa razón podía haber decidido que no tenía necesidad de aprender con qué mano se coge el escudo o por qué parte se cogía la espada (nota: por el mango).
¿Esto podía haber hecho que el Maestro tuviera ganas de darle una lección? ¿Le empezaba al Maestro a doler el brazo y había decidido que había llegado el momento de ir terminando las lecciones de hoy de forma expeditiva? ¿O es que tenía un día malo? A ver, estrictamente hablando... Bolter no tenía días buenos. Pero es verdad que a veces los tenía especialmente malos. Y este parecía uno de ellos.
Filoargento puso los ojos en blanco y cayó al suelo con la gracia y contundencia de un fardo lleno de garbanzos.
- Bueno, pues vamos a tomarnos el almuerzo, - dijo el Maestro Tormenta. - ¡tú y tú! ¡Llevad a Filoargento a la enfermería! ¡No creo que esté muy mal, le he dado en la cabeza y la tiene llena de aire, así que no hay órgano que pueda haber sido dañado! ¡Venga, que no tenemos todo el día!
Dicho lo cual, todos se tomaron un descanso. Todos menos los que se llevaron a Filoargento a que le viera el médico.
Ok, pues ahora tenéis roleo libre. Ricciardo, vamos a suponer que no te han provocado una conmoción cerebral y que vas a sobrevivir. Si alguien le quiere acompañar a la enfermería, se repone después de oler unas sales. Saldrá no mucho más tarde, con un buen chichón en su dura mollera.
Con esto terminan los exámenes. Creo que os voy a aprobar, aunque si esto fuera la EBAU, a la mayoría os iba a dar la nota como mucho para estudiar Filología Búlgara.
Lo dicho, roleo libre. Aprovechadlo.
-Bueno, creo que con esto tengo asegurado el aprobado para estudiar mi carrera soñada...-. Chauncey, muy sonriente y satisfecho por su gesta estudiantil, puso los brazos en jarras adoptando una imperial pose heroica, inspiró profundamente y, mirando a un lejano horizonte de corte metafísico -el patio de entrenamiento del Maestro Bólter era más bien pequeño- dijo en tono jocoso:
-¡Al fin podré estudiar filología búlgara!-.
Nadie sabía qué diantres era eso, si era comestible o, incluso, si existía en ese plano de existencia. Ni siquiera el propio Chauncey lo sabía, pero lo había oído en alguna parte, como en una nota olvidada al final del prólogo de un cuento de espada y brujería. Estaba seguro de ello.
Segurísimo.
* * * * *
La castaña que se había llevado Rick no pareció falsa. En lo absoluto. Fue un trastazo seco con medio giro, directo a la testa. Un golpetazo de esos que hacen reverberar el cráneo por dentro y te sacan los pensamientos por las orejotas. Se diría que Bólter estaba ya harto de apalizar hobbits con la zurda y había tomado la vía rápida con Filoargento. El golpe, a juicio de Chauncey, fue precioso.
-Pobre Ricky. Bólter a veces puede ser un abusón-, comentó entre risas el Tormenta mientras buscaba con la mirada a su maestro. Inconscientemente, haber conseguido la aprobación de su ídolo era una sensación más satisfactoria incluso que la victoria.
-Bueno, ¿esta Fortaleza tiene cafetería, o qué? ¡Vamos a festejar el aprobado general, cadetes! Menuda promoción... Estoy orgulloso de vosotros. Tenemos entre nosotros al futuro ministro de Agricultura y Pesca, el insigne Freddy Trillo, de los Trillo de toda la vida; y a la joven promesa de la mensajería de las Frondas en las rápidas patuelas de Declani Napialta-, dijo mientras le frotaba la pelambrera a Freddy y le daba un papirotazo en la punta de la nariz a Declani. -Eh, Zinny. ¿Esta mañana estabas en clase con el venerable Trillo? Ni te he visto. ¿Vas a ir a echarle un ojo a Rick?-.
En dirección a la Cafetería de la "Facultad" :D
Declani había observado el resto de las peleas bastante entretenida. Cuando Chauncey pasó a la arena estuvo a punto de lanzar un ¡Wohoo, vamos C!, pero la tensión que se palpaba en el ambiente daba más para un momento donde el menos sonido podría romper con la concentración de los guerreros. Para sorpresa de todos, incluso la misma pícara Raizalta, el Rojo había vencido. Esperó a que volviera y cuando pasó por su lado puso el puño mirándolo de reojo, esperando el conocido "puñito de la victoria con final explosivo", es decir, chocar los nudillos y hacer una pedorreta. -Asombroso, tío.- Dijo, sin evitar un cierto tono reverente.
Vino luego Trillo, y la pelirroja se llevó una agradable sorpresa por la manera en que se había movido por la arena. Cuando se unió al grupo de los que habían ya realizado la prueba, Declani le pasó un brazo por los hombros y le dio un cariñoso coscorrón. -¡Ostras, Freddy! ¡Nada mal!- Dijo, terminando de revolverle el cabello. Le tocó el turno a... ¿Zinny? ¿En qué momento había llegado? Bueno, mo importaba, lo cierto fue que la chica recibió paliza, pero aguantó guapamente. La pelirroja se le acercó y le dio un abrazo, suave, para que no le crujieran los ya de por si amoratados huesitos. -Venga, le aguantaste la paliza al brutón del profe.- Le susurró al oído.
Y mientras seguían y seguían pasando le deseó buena suerte a Martín, y le aplaudió a sus otros compañeros, con los cuales había pasado un año entero. Ya no serían emberbes reclutas, ahora serían emberbes guardias, y aunque no lo pareciera, habían una gran, GRAN, diferencia. El último en pasar fue Ricky, y Declani había esperado que ya para ese momento el maestro Tormenta le daría una oportunidad al chico de lucirse ante su novia. Pero en vez de eso acabó casi con la cabeza abierta, y un chichón que iba a necesitar de cuidados. -Maaaaaadre mía, pero que sopapo.- Había dicho en voz baja junto a un sonidito equivalente a "eso seguro que le dolerá mañana".
-Eh, deja mi nariz en paz, cíclope fantoche.- Se rió Declani haciendo "¡Watah!" para intentar evitar el ataque, pero su nariz fue mancillada igual. Jope. -¡Ale, guíanos, Tormenta Roja! ¡A por la victoria! ¡Y pintas!-
Freddy salió aliviado por haber sobrevivido al enfrentamiento con el maestro de artes militares. Dedicó una sonrisa aliviada a la felicitación de Declany, ella tampoco era una especialista en el cuerpo a cuerpo y por eso apreciaba aun más sus palabras. Pero a partir de ahí, la tensión ante los resultados del resto de sus amigos en aquella prueba no hizo si no subir cada vez más. Observó el turno de Zinny, que optó por su habitual defensa al estilo comadreja. Escurriéndose una y otra vez ante los movimientos del maestro Tormenta, temía que en cualquier momento la fatiga del ejercicio menguara la concentración de su compañera y recibiera algún golpe con terribles resultados, pero afortunadamente aquello no ocurrió. Salió tan vapuleada como él, pero las palabras del maestro fueron menos agradables que las que recibió el propio Trillo. Peor suerte corrió Ricky, que tras apenas unos segundos recibió un contundente golpe el la cabeza que hizo que Freddy cerrara los ojos de puro terror, para volver a abrirlos cuando escuchó el sonido del peso muerto cayendo al suelo. ¡Oh, no! ¿Bolter se lo ha...? No quería siquiera pensar en las terribles consecuencias que pudiera acarrear el abrupto final que había tenido el combate de su amigo.
Las palabras del maestro explicando que habría que llevarlo a la enfermería aliviaron un poco el ánimo de Freddy. Si de algo sabía aquel tipo era de combates, golpes y heridas. Tal vez necesitara un par de días para reponerse, pero le tranquilizó saber que Ricky se encontraba fuera de peligro. Sabía que, con un poco menos de suerte, él mismo podía haber acabado perfectamente en aquel estado tras enfrentarse a Bolter, así que se solidarizó con su compañero y se ofreció para ayudar a llevarlo hasta la enfermería. Tras pasarle unas sales de fuerte aroma ante su nariz, Ricky fue recuperando poco a poco la consciencia. Una de las enfermeras les informó que podían retirarse, que en unos minutos estaría perfectamente recuperado, aunque con una considerable jaqueca al menos para el resto del día. Freddy pensó que sería mejor dejar un momento de tranquilidad para Zinny y Ricky y emprendió el camino a la cantina para reunirse con el resto de sus compañeros, que ya estaban celebrándolo con sus bebidas.
-¡Chicos! Ricky ya está despierto, y nos dijo la enfermera que en un rato podrá incluso reunirse con nosotros. Aunque no creo que esté para mucha fiesta con el chichón que se le estaba formando...-Alzó un instante su cabeza para dirigirse al camarero-Una pinta más, por favor.
Por suerte, la cabeza de Ricciardo resultó ser bastante resistente, como muy bien había sospechado el Maestro Bolter. No tardó demasiado en recuperar la consciencia, aunque tenía un chichón bastante grande en el lugar donde lo habían golpeado, y un zumbido en los oídos que no se le quitó en bastante tiempo.
Pero todo esto se olvidó pronto al observar que Filoargento parecía que iba a sobrevivir, por lo que los cinco amigos se dirigieron a las cocinas y birlaron unas hogazas de pan, queso de oveja, embutido, miel y uno odre de vino. Después, se escabulleron hasta un patio anexo al principal donde se ubicaba uno de los huertos de hierbas medicinales de Damalba y se sentaron a la sombra de uno de los muros, a dar buena cuenta de su almuerzo. Cuando Filoargento pudo ponerse en pie sin caerse mareado, se unió a las chanzas y bromas del grupo, y hasta dio buenos tragos al odre de vino.
La verdad es que, pensándolo bien, ¡no había ido tan mal! ¡Estaban a punto de que los aceptaran en la Guardia de las Arboledas!