Sois miembros del cuerpo de yojimbos llamado Ryokengumi. Lleváis tres estaciones dentro del cuerpo, posiblemente a algunos les haya costado más o menos acostumbrarse a su estilo de vida y otros lo hayan aceptado con bastante facilidad. Sin embargo el entorno casi siempre ha sido agradable y los senseis del cuerpo, que pertenezcan a vuestro mismo Clan, os han enseñado bien.
Posiblemente hayáis salido a patrullar o a hacer pequeñas misiones en nombre de Kitsuki Nozomi, la magistrada Esmeralda a la que representáis, pero nunca habeis hecho misiones grandes o importantes, por lo menos aun.
La vida en el pequeño castillo es bastante apacible y puede que algo filosofalmente extraña, estáis en tierras del Clan Dragón al fin y al cabo. Los comerciantes y algunos artistas que pasan por el pueblo, a veces, también os han ofrecido hacer funciones para vosotros y la gente del pueblo os tiene en muy alta estima por el trato que le procesáis.
Sin embargo, todo tiene derecho a empezar, incluso vuestro pequeño legado...
Mis pasos eran silenciosos, intentando no llamar la atencion como siempre lo he hecho desde que empece a formar parte del Ryokengumi, cosa que me ha traido sorpresa a mi vida. "La vida aqui es muy pacifica." Es lo que he estado pensando desde las primeras semanas en las cuales he estado aqui, pero no me molesta en si, asi logro mantener mis pensamientos de manera mas organizada y tener en cuenta todos los detalles para mi servicio. Saludo con respeto a mis señores de manera tranquila, mientras me siento en la mesa libre junto con Isawa Miu, para mantener mejor una vista panoramica del entorno. -Saludos. Disculpa la molestia. ¿Puedo sentarme en este lugar? -Pregunto clavando mis frios ojos en la muchacha, hablando con un tono neutral, esperando su confirmacion para asi tomar asiento y poder observar.
Esta epoca del año siempre me ha parecido interesante. "Es como la vida o la muerte. Las hojas poco a poco pierden su color y algunas verdes son arrancadas por el viento, demostrando que el final siempre sera el mismo." -Pienso de manera pacifica sin emitir ninguna clase de gesto, esperando las palabras de los demas.
La peliblanca entró en el lugar donde se reunían para comer. Cómo no se trataba de ningún asunto oficial llevaba un kimono sencillo de color negro. En su espalda porta el mon del clan araña en blanco sobre un fondo negro, en la solapa izquierda el mon de la familia Daidoji y en la derecha el de la familia Daigotsu. Hizo una profunda inclinación ante Kitsuki Nozomi e Ikoma Yamato y se posó ambos ojos en la mesa donde quedaban lugares libres. La Daigotsu tenía más que asumido que a algunas personas les podía incomodar su ojo izquierdo completamente blanco, pero no le importaba. Era parte de ella y si a alguien no le gustaba tendría que hablarlo con ella de la forma adecuada. -Buenas tardes Isawa-san, Shosuro-san...- Tras saludar se sentó a la mesa sin esperar invitación, después de todo era una mesa libre y era bien sabido que todos se reunirían para comer. Era una época del año que la verdad ni le iba ni le venía, para su gusto prefería el invierno, con la nieve cubriendo todo el paisaje. -¿Cómo se encuentran hoy? -Preguntó de forma cortés.
Kazuma entró en la sala a la que le habían dicho que se dirigiera. Echó un rápido vistazo a la sala para ver los sitios libres que quedaban ya que era consciente de que llegaba algo tarde. Se había entretenido de más durante el entrenamiento que hacía rutinariamente por las mañanas.
Lucía un kimono rojo y sin adornos y los más avispados notaron que, nada más entrar, entró en un estado de nerviosismo que intentaba ocultar como podía. ¿Timidez extrema? Podría ser.
Hizo una profunda reverencia a los señores y luego se acercó a la mesa donde estaban los demás yojimbos, les saludó y se acomodó en uno de los sitios libres que quedaban. Tras sentarse, se quedó absorto observando cómo caían las hojas de los arboles. La verdad es que si tuviera que escoger una estación, preferiría la primavera pero le importaba bastante poco la estación en la que se encontraban. Después de todo, no iba a ser peor que los inviernos en el norte de Rokugan.
La Daigotsu se permitió esbozar una media sonrisa a Isawa Miu ya que estaban en un ambiente más o menos relajado y no tan formal...siempre que ignoraran que estaban los "jefes" allí. Pero lo cierto era que pocas cosas la animaban más que practicar kenjutsu y entrenar. -Ciertamente hay gran verdad en sus palabras Isawa-san, después de todo portamos con nosotros más que acero, nuestros ancestros nos acompañan allá a donde vamos.
Tras contestar al comentario saludó a Shiba-san con una leve inclinación de cabeza como muestra de cortesía, pero no intercambió palabra alguna con él aun. Tras dejar unos instantes de silencio contestó la pregunta de su compañera. - Ciertamente, al igual que las altas montañas de las tierras del Dragón, mi ánimo se eleva con ansias de ver como puedo honrar a los míos en esta jornada. - Con suyos se refería no solo al clan araña, también al grulla y a la gran "familia" a la que pertenecía ahora al formar parte del Ryokengumi.
Entro en la sala donde solemos comer y al entrar veo que ya habían traído la comida, me había retrasado levemente por ciertos improvistos, enseguida vi a Kitsuki Nozomi e Ikoma Yamato esperando en una mesa. Me acerqué tranquilamente y pedí perdón por la tardanza cordialmente.
-Saludos Kitsuki Nozomi, saludos Ikoma Yamato lamento la tardanza- dije inclinando la cabeza como símbolo de respeto a cada uno -Un asunto hizo que me retrasara, pero veo que aun así soy el primero en sentarse con vosotros y eso alegra mi corazón. Si no es molesta tomare un asiento libre-.
Tomo asiento con ellos, pero no comienzo a comer, tras un vistazo rápido veo que no parece que nadie se vaya a sentar con nosotros. Miro durante un instante el jardín, las hojas caen de los arboles como chispas bailando al son de las llamas, quizás algunas de ellas puedan ser útiles para algo que tengo en mente. Tras ese momento de calma vuelvo a los acompañantes de mi mesa.
- Parece ser que pese a vuestros intentos de mejorar lazos con los subordinados vuestra aura aun los mantiene alejados. Pero confío en que un día lo hagan, como dijo una vez un sabio "No digas: es imposible. Di: no lo he hecho todavía."- tras eso miro la comida que nos espera y vuelvo a mirarlos -esperáis a alguien más o podemos comenzar a compartir esta comida con una discusión sobre el porvenir.-
Miró a la Isawa y asintió en silencio, la verdad era que a veces le salían las palabras de una forma poco...adecuada. Vio como entraba Kasuga-san en el lugar y se acercaba a la mesa de Kitsuki-sama e Ikoma-sama, cosa que le resultó muy extraña, miró a sus compañeros de mesa y tras encogerse de hombros de forma figurada. Al menos ahora que estaban todos podrían empezar a comer. Permaneció unos instantes pensativa antes de finalmente hablar. - Vaya, parece que el plato principal de nuestros superiores hoy es sopa de tortuga, no hubiese sido mi mejor elección...sobretodo si está pasada. - Tras decir esto se quedó tan tranquila, como si no hubiese dicho nada y miró de reojo con el ojo blanco a Kasuga-san antes de distraer la mirada al paisaje. Lo cierto era que tantos colores no la entusiasmaban demasiado, así que volvió la vista al plato y a sus compañeros. - ¿Tenéis alguna preferencia culinaria?
Motivo: Etiqueta: Evitar ofender
Dificultad: 20
Tirada (5): 7, 10, 4, 2, 6
Guardados (2): 10, 2, 7 (Se tiran de nuevo solo los dieces guardados)
Total: 19, Fracaso
Hayami miró a la Isawa mientras está hablaba acerca de que era temporada de comidas calientes y sopas, para su gusto aun era un poco pronto, pero bueno, para gustos colores. Estaba de acuerdo con que era un honor compartir comedor con personas de tal talla como la magistrada esmeralda y su yojimbo personal y marido.
- Ciertamente comidas como esta hacen que la luz del sol y la luna lleguen a todos los rincones de este lugar. -miró a Miu-chan- Será un honor entrenar con vos Isawa-san. - En ese momento se dignó a dirigirse a los otros dos compañeros de la mesa, aunque siguió hablando con la Isawa. - Tal vez también podrían acudir, después de todo lucharemos juntos para cumplir con nuestros deberes, ¿no cree?- Tras decir esto tomó una pequeña taza de té verde con un suave aroma a jazmín.
Yamato estaba tranquilamente estaba esperando mientras los jóvenes, y no tan jóvenes, miembros se sentaban a tener su provechosa comida. En el día de hoy no parecía que nadie estuviera interesado en compartir mesa con su esposa o él, hasta que llego Kasuga Susume. Se disculpo por su tardanza, hizo una reverencia correcta, soltó el primer proverbio y parecía estar interesado en hablar sobre el futuro, cosa que le parece correcta.
- Kasuga-san, en respuesta a su proverbio, una adaptación de Tao: "Haz todo lo que puedas, lo demás déjaselo al destino." -dijo sereno el yojimbo principal- Como es deber nosotros nos encargamos de la seguridad del Imperio y que los honorables samurais puedan mantener una buena relación en el Ryokengumi, pero todas las decisiones no pertenecen al hombre mortal.
Ikoma no es tan serio normalmente, pero parece que hoy especialmente algo perturba su mente o quizás simplemente la presencia de Susume le inquieta. Es algo que no es tan predecible.
Nozomi ciertamente estaba seria y que nadie le acompañara en esta comida le afecto. Hoy el Ryokengumi estaba bastante ajetreado y muy activo en su educación. Era una buena noticia y se sentía agraciada, pero al ver que poco a poco se veía en la situacion de comer sola con su marido en vez de aprovechar ,una de las pocas horas al día en la que no estaba ocupada con sus deberes, para compartir un debate con sus yojimbos. Sin embargo Kasuga Susume parecía si estar predispuesto a compartir mesa con la pareja, por lo que alegro a Nozomi, pero eso no hizo que cambiara su expresión.
Se inicio con un proverbio y después su marido contesto casi automaticamente, casi faltandola el respeto ¿Que habrá pasado para que saltase así? Aun así no se lo tuvo totalmente en cuenta y lo dejo como un detalle menor, pero no por ello tendrá una llamada de atención por ello.
- "Un puñado de riqueza vale un puñado de polvo en comparación con la riqueza de una familia para un samurai." -dijo a Susume- "Sostenido en la mano de la confianza, es tu aliado. Sostenido en la mano que no confía, es su enemigo. Aprender la forma de fuego hará que se aprenda el camino del mundo. " -dijo mirando a Yamato- Es un placer que nos acompañe Kasuga-san, sobre todo si busca un debate provechoso, sin embargo también me gustaría que otros miembros del Ryokengumi se sentaran en la mesa a debatir con nosotros -dijo levantándose correctamente después de hablar.
Su mirada se clavo en la mesa donde estaba Daigotsu Hayami, Shiba Kazuma y Shosuro Koda. Parecía que tenia interés en ellos, al fin y al cabo su mirada hablaba sinceramente por ella.
- Si lo desean, Daigotsu Hayami-san, Shiba Kazuma-san y Shosuro Koda-san pueden acercarse a compartir debate y comida con nosotros, no existe ningún problema y seria un honor -dice sincera y educada- En cambio si deciden quedarse en la mesa, tampoco habrá ningún problema. Como decia Kitsuki Susukaze-sensei: "Todos hombre mortal pasa por tres actos: Nacer separado de los demás, comer junto a los demás y morir por aquellos con quien compartió comida".
Puede parecer una practica extraña, pero ese dicho de su sensei se ha repetido muchísimas veces durante las comidas, se podría decir que una vez por semana suele repetirlo, así que es una frase bastante recurrente. Usualmente no suele comer sola, ya que muchos miembros del Ryokengumi comen con la magistrada y su marido y otros días suele llamar con quien desea conocer. Por lo tanto los demás miembros no ven extraño su comportamiento, aunque al inicio si era una practica que creo ciertas discrepancias en el cuerpo.
Mis ojos estaban cerrados y mi oido estaba muy agudo, escuchando todo lo que decian mis compañeros. Soplaba lentamente mi vaso de te caliente para enfriarlo y poderlo tomar sin quemarme, disfrutando lentamente su sabor. Todo estaba tranquilo para mi, la chachara de los demas no me incumbe mas si las palabras de mis superiores. "Mi trabajo no es discutir. Es ejecutar." Pense con total tranquilidad mientras seguia escuchando su pequeña batalla de proverbios.
Pero mi atencion fue captada por Nozomi-san, quien habia decidido finalmente hablar. Abro mis ojos con total tranquilidad mientras escucho lo que dice y asiento levemente. Me parece algo extraño que ella intente entablar una relacion con sus yojimbos de esta manera, no puedo acostumbrarme a ese hecho. Pero no puedo perder nada, asi podria comprender mas la mente de los que me rodean. -...Esta bien.
Solo con decir estas palabras, me levanto y me coloco en la mesa de Nozomi-san. -Con su permiso. -Me siento, cierro los ojos y espero a que comiencen lo que vayan a decir.
La Daigotsu miró hacia la mesa de la magistrada y su yojimbo, girandose de forma que el ojo que los mirara fuera el normal y no el blanco. Aquello le parecía sumamente extraño e inusual, aunque fuera una practica común en aquel lugar. Por un momento pasó por su mente la idea de rechazar la invitación, pero sería una ofensa para sus "nuevos señores", así que tras girarse y suspirar de espaldas a la mesa para que el gesto no se viera se levantó y dirigió hacia uno de los asientos libres. Se paró frente a la mesa e hizo una profunda reverencia, de estas que la frente toca el suelo -Es un honor recibir esta invitación Kitsuki-sama.- luego se dirigió a uno de los asientos vacios y se sentó en silencio. En aquella mesa era menos apropiado soltar ciertos comentarios que ya había dicho en la otra. Saludó en sliencio a sus compañeros de esa mesa con una inclinación de cabeza.
Kazuma salió del trance en el que se encontraba al escuchar la petición de la magistrada. La cercanía que intentaba mantener kitsuki-sama con sus yojimbos le había parecido desde el primer momento una costumbre bastante inusual. Y se lo seguía pareciendo después de 9 meses.
Espero a que los demás miembros que había llamado se pronunciasen antes que él. Fueron pasando uno a uno y cuando se dio cuenta de que Isawa-san parecía estar inducida en un estado catatónico y no iba a conseguir que saliese de él, decidió levantarse y dirigirse hacia la mesa de los señores.
Se paró frente a la mesa e hizo una reverencia a los señores, como siempre. -Kitsuki-sama, Yamato-sama. -Tras decir eso, se sentó a la mesa y con algo de timidez, saludo a los demás yojimbos con una ligera inclinación de cabeza.
Nozomi observo como los samurais se sentaban a su lado. Pudo hacer una pequeña observación por encima de cada uno de los jóvenes que se sentaban en la mesa, pero sin más ella les sonrió siendo amable con ellos. Sin más demora la mujer se levanto con educación para dirigirse al cuerpo para hacer un pequeño discurso antes de empezar a comer.
- Es un honor tener a un cuerpo de yojimbos tan honorable como ustedes -dice totalmente sincera- Están muy comprometidos con su deber y es una hecho que los hace dignos de la confianza y la gloria propia de un gran samurai. Dicho esto, han pasado nueve meses desde la fundación del cuerpo. Posiblemente muchos de ustedes pensaban muy diferente de como seria su nuevo Deber. Unos han aceptado este lugar como su nuevo hogar y otros parecen entender este lugar como un Deber, hecho honorable en ambas partes. No obstante, cada uno de ustedes han superado mis expectativas y hacen al Imperio un lugar mejor, por lo tanto, en mi nombre y en el del Imperio, muchas gracias -hace una leve reverencia- Ahora, sin más decoro, buen provecho.
La Kitsuki se vuelve a sentar tranquilamente. La ilusión con la que trata al cuerpo y cumple sus funciones es casi palpable y aunque sus formas son poco ortodoxas, posiblemente por su entendimiento diferente del mundo, nunca ha parado de ser honorable cuando las situaciones realmente lo requerían. Esperó a que todos empezaran a comer y a festejar la comida que le habían servido y después comenzó a comer ella. Al poco rato de empezar a comer empezó a hablar un poco con sus compañeros de mesa.
- Lamento tener que haceros pasar esta incomodidad -dice mirando a cada uno de ellos- Como sabréis, mi Deber ocupa todo el tiempo que requiere y intento aprovechar cualquier momento para conocer mejor a mis apreciados yojimbos -dice bastante cordial- Como dicen los dichos del Ize-sumi "Trata a todos los que conoces como si fueran a morir mañana". Por lo que prefiero que conoceros más antes de que llegue el fin de todo samurai -se queda un momento pensativa, pero no dubitativa- ¿Estáis a gusto durante estos nueve meses en el cuerpo? -dice observándolos con intensa curiosidad.
Ciertamente y contando las veces que la veis al día... La hora de comer o cuando revisa los dojos son las únicas veces que la veis, no es que sea una desconocida para vosotros, pero incluso para mandaros algún deber muy rara vez hacéis acto de presencia ante ella. En cambio a Ikoma Yamato si lo veis más veces durante el día, más incluso si pertenecéis al Clan León, cuando no esta con su esposa, parece ser un samurai bastante sabio que no suele meterse en los asuntos de los demás, pero siempre tiene palabras lo suficientemente honrables y románticas para un samurai, posiblemente por su herencia Ikoma, cuando se acude a él. Parece que ambos están velando por sus subordinados, más como un valor reciproco en la que vosotros veláis por su seguridad y honor y ellos velan por vosotros de la misma forma.
Tirada oculta
Motivo: Investigación
Dificultad: 0
Tirada (10): 5, 3, 8, 5, 9, 6, 5, 4, 4, 5
Guardados (6): 9, 8, 6, 5, 5, 5
Total: 38, Éxito
Hayami observó a su señora con mirada inexpresiva, pero por dentro no podía ni creerse ni asimilar la conducta de Nozomi-sama, era simplemente superior a sus fuerzas que alguien por encima de ella actuase de aquella forma, pues desde su punto de vista le parecía que estaba en cierto modo deshonrando a sus predecesores, pero como samurai no dijo nada de esto, sino que mantuvo un semblante neutro. Escuchó con atención y respeto todo lo que decía, sin embargo no empezó a comer hasta que Kitsuki-sama lo hizo.
Tras aguardar unos instantes de cortesía después de que esta terminase de hablar por si fuese a decir algo más y no interrumpirla, habló.- Ciertamente es un honor servirla, Kitsuki-sama, más como la golondrina aletea para para sobrevivir al invierno no todas son capaces de lograrlo. - Tomó un poco de verdura con los palillos y dio un leve sorbo de su "vaso" y reanudó su aportación.- Con esa última pregunta Kitsuki-sama, supongo que nos esta pidiendo nuestra mas sincera opinión, asi que se la daré ya que es lo que pide. -Tras serenarse un momento y meditar sobre lo que iba a decir, procedió.- Honestamente debo comunicar que es un honor como ya dije antes estar a su servicio, mas no todo lo que reluce bajo el sol es dorado. Opino que se toma demasiado a la ligera su posición y la nuestra. Somos sus yojimbos, no sus compañeros. Si quiere tratarnos con cordialidad esta en su derecho, pero al menos, en lo que a mi respecta, no espere el mismo trato. Igualmente la serviré, ya que es mi deber hacerlo. Si tras escuchar esto no está de acuerdo con que alguien como yo siga a su servicio comprenderé que quiera prescindir de ellos.- Sin añadir una palabra ni gesto más guardó silencio sepulcral y siguió comiendo. No sabía si sus compañeros tendrían la osadía de responderle así a su señora, pero si no quería escuchar ciertas cosas que no hubiese preguntado en un principio.
La verdad, sigo sin comprender esa actitud tan calida hacia nuestras personas... Incluyendome. ¿Por que ella es asi? ¿Que es lo que la motiva para ser de esa manera? Seguramente no soy el unico que encuentra muy extraño toda esta situacion, en la cual aunque no exprese mi molestia o incomodidad, interiormente eso me causa mucha duda acerca de ella. Sus palabras de agradecimiento son las que mas me causan malestar... ¿Confianza? ¿Deber? ¿Gloria? Je.
Una vez Kitsuki-sama empezo a comer, doy mi agradecimiento y empiezo a comer de manera tranquila, observando el panorama, Daigotsu Hayami fue la primera en dar su opinion, pues la verdad, de cierta manera compartimos la misma vision de lo que sucede aqui. -Es un honor servir a alguien tan importante en el Imperio, Kitsuki-Sama. -Dije mientras detenia mi comida, para asi hablar de manera fluida. -Pero ciertamente, el ambiente que genera ante tanta amabilidad con nosotros, sus herramientas de proteccion, sus yojimbos, me deja en que pensar. -Cierro mis ojos al tomar un vaso con agua, mientras prosigo sin abrirlos. -Mas no es una queja, si no mi opinion. Yo acepte protegerla sin importar como fuera su persona, por lo cual lo que yo sienta esta de mas preocuparse por ello. -Al final, lo que yo sienta es irrelevante en todo aspecto, un corazon vacio. Faltarle el respeto a ella, seria algo digno de una muerte, por lo cual no pude evitar observar a la Daigotsu con mi mirada fria comun, abriendo mis ojos y prosiguiendo con mi comida, quitandole la vista de encima.