Libros... solo habia un libro que tenia todo el conocimiento de la naturaleza del hombre, pero en cuanto a lo demás, una buena biblioteca ofrecia respuestas. O´connel se dirigió al archivo de tarjetas para localizar las entradas relacionadas con el pueblo, la isla, y sus tradiciones.
Se sentia cómodo en ese ambiente, y disfrutó de la compañia de Mister Wilson. Una vez sentado en una enorme mesa de roble, tras un parapeto de libros, artículos, informes de agencias de recortes y demás, se dispuso a hacer averiguaciones. Se escasquetó sus gafas y se dispuso a tomar notas con su pluma.
Motivo: Buscar libros
Tirada: 1d100
Dificultad: 75-
Resultado: 67 (Exito) [67]
Motivo: Buscar libros
Tirada: 1d100
Dificultad: 75-
Resultado: 12 (Exito) [12]
Encuentras referencias a que el pueblo fue fundado en 1643, por un grupo de colonos que se instalaron junto a un peñón rocoso, llamándolo Stone Island y que desde su fundación, su historia ha estado íntimamente contactada con el mar. La pesca es una de las actividades principales, tanto como autoabastecimiento como para exportar en diversos mercados. No hay grandes empresas actualmente, sino que la economía está más bien basada en explotaciones familiares, fundamentalmente granjas y exportación de pescado a muy pequeña escala, casi a nivel feria.
Desde la fundación del pueblo, ha ido perdiendo habitantes progresivamente, desde los casi mil que se dice que llegó a tener el pueblo, hasta los poco más de cincuenta que hay en la actualidad. En realidad sólo encuentras referencias a unas cabañas turísticas y a un faro. No debe haber mucho más en el pueblo.
A última hora de la tarde, ya de noche, pasada la hora de cenar, quedáis de nuevo para intercambiar la información encontrada antes de planificar el viaje hasta Stone Island.
Todos los días hay un tren a primera hora de la mañana para Stone Island, haciendo varios transbordos. Por lo que en principio, podríais partir mañana mismo si tenéis todo preparado y nada os retiene en Arkham.
- Buenos días señores. Espero que vuestra busqueda halla sido productiva. No creo que nos las veamos con un gran misterio. Stone Island, asi se llama el pueblo, es simplemente una villa costera venida a menos, posiblemente por la depresión. La pesca y el cultivo de ostras son lo que mueve el poco dinero que parece circular por el pueblo.
- Buenos tardes, por lo que veo, Padre, efectivamente la isla está de capa caída, pero esto debe venir ya de atrás. En el XVIII ya tuvieron una epidemia de peste negra que se focalizó en la isla y parece que no ha levantado la cabeza desde entonces -. Leandrus levantó los ojos de su libreta de notas y miró al Padre O'Connel - Y en 1810 lincharon a un sacerdote al que acusaron de brujería, lo cuál resulta cuanto menos curioso.
Tengo también apuntado que en 1890 hubo un incendio en la fábrica de cerveza del pueblo. Parece ser que ésta era la única fábrica de la isla, quizá desde entonces deviene la depresión. Es probable que la banda de Ciccone haya querido recuperar el negocio isleño de la destilación.
Por último, hay crimen brutal que, sorprendentemente, no saltó a la luz. En 1903 mataron a una mujer ¡y sus quince hijos! Se desconoce la identidad del asesino o asesinos.
Así que, ya ven señores, que la isla no tiene una historia del todo placentera para lo pequeña que es. ¿Han averiguado algo ustedes dos?
Me sentía un poco defraudado ante la información que había conseguido sobre el pueblo. Nada en particular que pudiera incitar a sospechar que algo extraordinario hubiera ocurrido con anterioridad en Stone Island, un trozo de tierra que había tenido su pequeño momento de esplendor, bastante pequeño, para apenas contar con unas pocas granjas y sus ventas de pescado.
—Poco puedo añadir a lo ya dicho —comenté una vez nos reunimos de nuevo todos para poner en común nuestros descubrimientos—. Apenas viven cincuenta personas en el pueblo repartidos en varias granjas y, quitando unas cabañas turísticas y un faro poco más debe poder ofrecer.
Un lugar seguramente demasiado tranquilo aunque, después de escuchar las truculentas historias que contaba Moriarty, empezaba a dudar si en verdad era tan calmado como aparentaba ser.
—Después de todo lo que nos ha contado agente Moriarty, está claro que ese pequeño pedazo de tierra tiene un pasado bastante siniestro —saqué mi pipa del bolsillo y el tabaco de mi tabaquera de cuero. Con calma la cargué y, después de encenderla y aspirar la primera calada, volví a retomar la palabra—. Aunque parece que ha estado bastante tranquilo estos últimos tiempo... Si no contamos la desaparición de su compañero.
Escucha a sus compañeros con atención, frustrado por el fracaso de su propia búsqueda en la biblioteca. Sólo había encontrado información superflua sobre la isla, nada realmente interesante como lo que cuentan los demás.
- Me preocupa lo del sacerdote linchado - comenta mirando a O'Connel con gesto serio - espero que no tenga problemas por llevar un alzacuellos. Este tipo de lugares no siempre ve con buenos ojos a la gente como usted, padre. Me temo que no parece un sitio demasiado hospitalario. Espero equivocarme.
Apunta en una libreta todo lo que sus compañeros han contado y espera las órdenes de Moriarty para partir cuanto antes. Siempre le han gustado los retos, y este parece fuera de lo normal.
El Padre asiente ante las palabras de Moriarty.
- ¿Un sacerdote? ¿De que Iglesia? Podría consultar los archivos de la Diocesis. Me imagino que no sería católico. *Mira a su alrededor como tomandoles la medida a sus compañeros y sonrie, intentando parecer inofensivo, poco amenazador* Disculpen caballeros, pero ¿alguno profesa la Fe de Roma? No se tomen a mal mis palabras.
Una vez interrogados amablemente a sus compañeros de aventura por su fe, el padre Oconnel se santigua al oir sobre el horrible crimen.
- ¡Matar a 15 inocentes! Deleznable... ¿no se sabe algo mas de ese suceso? Si el pueblo es tan pequeño, los vecinos deben tener vívido recuerdo.
- Creo, Señores, que ya no conviene retrasar más nuestra partida. La vida de un hombre está en juego y mañana a la mañana tenemos un tren para partir. No sé si le daría tiempo a poder acceder a alguno de los archivos diocesanos, pero yo no retrasaría mucho más el viaje.
Deben recordar que los informes que envió antes de desaparecer eran muy preocupantes.
- Yo sí, padre - responde mientras se santigua - mi familia salió de Alemania hace años precisamente por ello.
Se pone en pie y recoge su sombrero de fieltro tras escuchar a Moriarty.
- Vamos padre, ya ha escuchado a Moriarty, no hay mucho tiempo. Si nos damos prisa creo que llegaremos a tiempo para que pueda consultar esos archivos. Yo le llevo - se coloca el sombrero y asiente a modo de despedida - Caballeros. Nos vemos mañana.
Sujeta la puerta a la espera de que el padre O'connel le siga. Tiene el coche aparcado junto al edificio, por lo que no tardarán demasiado en llegar si se dan prisa.
Al escuchar la pregunta del sacerdote hice un movimiento negativo con la cabeza mientras mi mano se movía como si delante de mí hubiera una molesta mosca.
—Hace mucho tiempo que el concepto de dios ha quedado olvidado para mí —aseguré con rotundidad.
No era sólo haber perdido a mi esposa lo que me había vuelto un escéptico en ese sentido sino mi trabajo como forense. Ante mi mesa habían pasado los cuerpos de muchas personas creyentes cuya vida había sido un infierno y que, casi con toda seguridad, habían estado rogando a ese dios sordo para que su suerte cambiara. Estaba claro que dios no los había escuchado.
—Tienen razón —dije, levantándome mientras guardaba mi pipa ya consumida—, será mejor que nos retiremos. Mañana será el día en que descubriremos cómo nos recibe ese pueblo.
Dejé pasar al señor Weiss y al sacerdote antes de salir yo también del bar, no sin antes despedirme de Moriarty.
Quedáis a primera hora en la estación para tomar el tren, por fin, a Stone Island. Os da la sensación de que no contáis con toda la información, que algo se os escapa, pero poco podéis hacer por el momento.
Escena cerrada.