El resto de la conversación transcurre sin que me moleste mucho en intervenir. La mayoría de gente del grupo me resulta irritante por algún motivo u otro. Siendo perfectamente justos, hay que decir que es algo endémico. La canana inyectora hace un buen trabajo manteniéndome tranquila y estable y dándome control sobre mis emociones. Aún así, tener un cóctel químico bubujeando en las tripas las 24 horas es... bueno. No te pone de buen humor. Y el estar acostumbrada a la gente salga corriendo al verte tampoco ayuda.
Pero al margen de eso, menuda tropa. Y para que eso lo dijese ella, la cosa tenía mérito. La única que medio se salva es la eífana. He oído hablar de su raza. Tiene un cierto misticismo que me atrae. Quizás sería interesante hablar de nuestros distintos credos. Si es que aguanta lo suficiente a mi lado.
Todo lo que había que decir ya está dicho. Puede ver que a Bob no le hace gracia la idea de la zona negra. Siendo sinceros, a ella tampoco le entusiasma, pero aunque esté "limpia"- que lo está-, el trato con cualquier tipo de autoridad le gusta aún menos. No es para nada raro que los burócratas o la policía, que les tienen tanto asco como cualquiera, se aprovechen de su poder para tomarse ciertas... venganzas que no tendrían los cojones de tomarse sin una placa detrás de la que esconderse de su posible furia. No. Lleve cosas ilegales o no, no va a ir por la frontera si puede evitarlo.
Cuando finalmente tienen la nave de Bob a la vista, no puede evitar hacer un sonido apreciativo. No sabe demasiado de naves, quitando el cómo pilotar y mantener la suya propia, pero sabe lo bastante para ver cuándo una nave es buena. Y la de Bob es un monstruo. El ofrecimiento de Bob no la pilla por sopresa- ya sabe de mucho antes que Bob es una de las pocas criaturas del espacio conocido que no parece sufrir la animadversión endémica por las namtarus-, pero aún así no deja de soprenderla.
Creo que aceptaré tu oferta de la cabina. No tengo problema en viajar sola y en meterme sólo en mis asuntos, pero la oportunidad de tener a alguien con quien hablar es lo bastante rara para que no quiera desaprovecharla. Aún así, quizás sea mejor que lo haga en un momento en que tus otras visitas no estén. Dudo que a ellos mi compañía les resulte tan... grata.
La sonrisa de Bob se ensanchó igual que la de un niño ante un caramelo cuando Azor Chorn se interesó por datos más técnicos del camión. Quería ver el motor.
-Eso está hecho, amigo –dijo mientras subía por la escalinata para activar los puntales eléctricos que levantaron el morro del BJ-669.
El motor era una pieza única, potente y desmesurado, con los cilindros en “v”, uno detrás de otro, igual que soldados antes de entrar en combate. Reguladores de presión rodianos, controladores de inyección, válvulas de recirculación de gases…camionero y técnico pasaron unos cuantos minutos intercambiando opiniones y datos. Los de Azor Chorn eran más profesionales y precisos, más llenos de números y nombres tecnicismos. Bob usaba una jerga más llana pero sabía de lo que hablaba. El motor estaba en perfectas condiciones. Las partes móviles engrasadas y aceitadas, las tapas de la electrónica bien cerradas, cada regulador, cada tornillo, perfectamente ajustados para sacar la máxima potencia sin perder efectividad o consumir combustible de más. El bugger lo puso en marcha para que pudiera apreciarlo. Al momento la potente máquina escupió un par de volutas de humo negro, tembló, y normalizó su ritmo de giro. La triple cadena de vanadium que hacía las veces de transmisión chirriaba igual que un garfio de carnicero sobre una pista de hockey.
-Música para mis oidos…–dijo Bob, satisfecho, cruzando sus poderosos brazos sobre su torso de toro.
Era un ronroneo agradable para todo aquel que disfrutase con el aroma de combustible quemado. Había además un par de injertos mecánicos adicionales, ideas de Bob, con los que el motor ganaba estabilidad gracias a unos contrapesos de mercurio en el cigüeñal y conseguía una mayor eficiencia a la hora de consumir carburante, debido a los tubos ciclón colocados en la admisión.
- ¡Ese es el espíritu, amigo! –dijo el camionero al pharen cuando este anunció que viajaría en la cabina con él. –Sé unas cuantas historias sobre las zonas negras. Cualquiera que pase el día en la carretera las sabe. Las zonas negras son espacios en blanco en los mapas. Nadie sabe que hay en ellas. A veces es dejadez por parte de los planetas a los que pertenecen esos sectores en concreto. Otras veces es algo más truculento. Podría contarte cientos de historias de naves que marcharon a estos puntos negros y no volvieron…o que volvieron con “algo más”. O que volvieron, vacías, sin rastro de la tripulación. El misterio envalentona la imaginación igual que golpear un avispero con una piedra. Y como nadie puede contradecir una historia, sobretodo si es alrededor de una mesa llena de cervezas, se cuentan muchas. Si, la gente habla mucho. Al menos la gente que yo conozco. Un par de tragos de grog y no es raro oír a un buhonero o a un soldado de las fronteras más lejanas contar historias de fantasmas. Ah, pero son historias que se cuentan cuando termina un viaje, no cuando vamos a empezar. Te contaré todo lo que quieras una vez hayamos pasado la que nos toca. No quiero atraer a la mala suerte–remarcó, rotundo pero con una enorme sonrisa en sus labios sin carne.
Escoria fue relegado al cajón de cola. Alzó la mano y abrió la boca para decir algo, seguramente otra de sus genialidades. Decidió callar. En la cabina no se le había perdido nada.
-Tengo una Cenme 3-200 de onda larga –respondió Bob a Phargroth.–Modificada, claro. La tengo cortada con la frecuencia de los buggers pero también es posible mandar mensajes de onda larga por radiofrecuencia…si hay alguien escuchando.
Las radios eran un sistema obsoleto basado en tecnología analógica. Los modelos más depurados aún montaban válvulas de vacío. El único motivo por el cual eran usadas por los buggers era su fiabilidad y dureza. Si queráis un instrumento que no se viese afectado por el paso del tiempo, la gravedad o la radiación solar, tenías que tener una radio de onda larga.
Tessia se sumó a la iniciativa de viajar en la cabina. Taru lo haría momentos después. Bob pareció enrojecer por momentos.
-Mujeres en la cabina –meditóe en voz alta,había algo que le incomodaba.-Esperad, tendré que limpiar un poco antes. No quiero que os llevéis una imagen equivocada de mí…-y corrió hacia la cabina para volver segundos después.-Meteremos las naves ahora.-Dijo respondiendo brevemente a la hija de Lovack- Voy a abrir el remolque. Pasad al fondo. Quizás se quede un poco estrecho para algunas naves. Si es así, esperad, os daré indicaciones.
Abrió el remolque para que fuesen introduciendo las naves. Era espacioso y estaba pulcro. Al fondo se encontraba la carga. No debían de ser más de doce o quince cajas de tamaño medio. Estaban cubiertas con un halo de misterio y una lona verde que no dejaba ver nada de ellas. Por lo demás, había camas, aseos cerrados, asientos para el Salto, mesas y sillas debidamente clavadas al suelo. Un pequeño espacio de ocio y poco más.
Mientras Tessia cargaba la nave Bob aprovechó para limpiar la cabina de cajas viejas de pizzas vacías, patatas fritas resecas, latas de refresco y botellines de cerveza. Colocó un ambientador nuevo con olor a pino terráqueo y adecentó las habitaciones de la cabina. No recibía muchas visitas. Se dirigió a la parte de atrás del remolque. Azor Chorn estaba introduciendo su nave, beneficiándose del tamaño reducido de esta. Y aún con todo tuvo alguna complicación, el remolque era estrecho para maniobras complicadas. Se sentía igual que una rata atrancada en un conducto de ventilación.
Tessia no tuvo ningún problema. Aparcó la nave en el interior posándose como un pájaro en una frágil ramita. Fue el momento que aprovechó el nyx para preguntar a Bob sobre su experiencia en las zonas negras.
-No te gustaría saberlo, amigo. Muchas preguntas ¿No? ¿No prefieres el misterio? A veces es mejor. La ignorancia nos hace atrevidos. Gracias a ella podemos dormir por las noches. Si tanto te interesa…te la contaré. Algún día. Pero no será hoy. Y te aseguro que no lo haré hasta que pasemos la que nos toca. Adelante, es tu turno.
Zohar demostró que era tan buen piloto como Tessia, pero fue la chica quien se llevó las felicitaciones del quendundiano.
-He conocido tipos con seis brazos que no lo hubieran hecho mejor, chica…-alavó. No habría quedado tan mal si mientras lo decía no hubiese tenido los ojos fijos en sus piernas.
Taru necesitó algo de ayuda, subiéndose Bob a su nave. A pesar de que la nave estaba adaptada para el tamaño de la namtaru Bob seguía pareciendo descomunal y apretado en su interior. Con carácter profesional le indicó como debía moverse y en una ocasión tomó el los mandos para evitar golpear la nave dentro del remolque. Era un profesional. Terminó asegurando las naves con unos cinchos magnéticos. Zohar y Azor Chorn se quedaron dentro.
-Solo hay una norma en la zona negra: no nos separarnos. Si hay que hacer alguna reparación fuera del camión, o sacar las naves de atrás lo haremos todos juntos. No quiero que nadie se quede solo. ¿Entendido? Hay un comunicador dentro. Usadlo sin problemas. Nos vemos dentro de tres días, muchachos.*
Y la compuerta se cerró.
*Hay que señalar que la nave de Bob es como un camión de hoy en día. Quiero decir que no existe ningún tipo de comunicación interna entre el remolque y la cabina.
Sobre las otras dudas. Generalmente peñascos, asteroides e incluso cometas, pueden estar habitados gracias a generadores de atmósfera(los hay incluso portátiles), los cuales se encargan de producir la mezcla más usual de gases (que incluye oxígeno), de regular la temperatura, la humedad, etc, creando una zona, a lo alto y a lo largo, donde las condiciones de vida sean viables. Burp er Beer tiene unos cuantos (por propio interés) tanto dentro del local (con un aire más depurado), como fuera, para el aparcamiento. También hay generadores de gravedad que, o bien se incluyen con los generadores de atmósferas (la opción más habitual) o se introducen en el corazón del asteroide para generar gravedad artificial.
La atmósfera artificial no solo crea condiciones de vida óptima en una zona extensa sino que además impiden que turistas y clientes sean lanzados al vacío o que se vean afectados por cambios de presión, o el frío del espacio o pierdan la vida de forma horrible. Los clientes muertos no compran hamburguesas, suele decir Hekk Seller.
Los humanos son como somos ahora. Físicamente existen todas las razas, incluso algunas nuevas. La raza humana está muy esparcida por el universo. A poca gente le caen bien. Son una raza relativamente joven (sobretodo en lo que ha viajes espaciales se refiere) pero se creen el centro del universo. ;)
La cabina era un espacio amplio, incluso para la namtaru. Con un asiento que más parecía un sofá de siete plazas y un techo elevado había espacio de sobra. Había un sinfín de indicadores en el panel de mandos, la mayoría analógicos; iban mejor cuando se trataba de motores de combustión. Un gran volante forrado con cuero, desgastado, enormes palancas de tracción y un parabrisas panorámico en el que el universo estrellado se mostraba igual que en una pantalla de cine. Había también un sistema de video en el que se podía observar, alternando la cámara, la parte de fuera del camión y el interior del remolque. También un sistema de comunicación y la radio menciona con anterioridad.
Estaba limpio, más o menos. El aroma del ambientador no podía ocultar meses de fritos y cervezas. De vez en cuando Phargroth se sacaba una patata frita de debajo del asiento, sobre la que se había sentado por accidente.
Tras ellos se encontraba el camarote de Bob oculto por una cortina oscura. Era un sitio amplio. De hecho era una vivienda unifamiliar con dos aseos, varios dormitorios y un salón bastante acetable. Todo según el tamaño de Bob. Ahí era donde el camionero dormitaba cuando la ruta era segura y el piloto automático hacia el trabajo sucio. Aunque como les dijo, no necesitaba dormir y la ruta corta de tres días la haría sin descansar. Ni siquiera pararía para comer. Todo lo que había ingerido en el Burp er Beer parecía ser suficiente sustento para él y su apetito no iba a retrasar su estancia en una zona negra.
El motor, ya caliente, bufó cuando se elevaron por encima del asteroide alejándose de él con celeridad.
-Si estuviésemos en Abaar evitar la Frontera nos daría más de un quebradero de cabeza. En el cinturón apenas hay seguridad. ¿Quién sería tan tonto de adentrarse en el espacio desconocido?-Suspiró resignado.-Allá vamos.
Eligió una ruta predefinida en el ordenador de a bordo y se deslizaron por el negro petróleo que era el espacio vacío. Los movimientos de la máquina eran bruscos y pesados, por lo que Bob les aconsejó que usasen los cinturones que tenían tras ellos. Si bien el camionero tenía entre sus principales amores la comida, otro de ellos debía ser la conversación. No paraba de hablar. No era una charla de plomo que los hundiese bajo quintales de palabras anodinas, sino chascarrillos, historias y vivencias de un hombre de mundo que siempre tenían un punto interesante. Les habló un poco de cómo se había metido en el gremio de buggers, su madre decía que no valía para nada más, el porque de su afición a las patatas fritas, y sobre la zona que recorrían. Si el mapa de a bordo les fallaba Bob parecía tener su propio mapa estelar dentro de la cabeza.
-Y hacia allí no hay nada en años luz. Son diez meses hasta topar con la nebulosa de Ariadna. No lo vemos, pero el amigo que Taru hizo en el bar seguro que ya va por allí…-soltó una risa, de buen humor.
La presencia de la mujer araña enturbiaba un poco el ambiente agradable y acogedor de Bob. El pharen era una criatura noble y Tessia daba la impresión de estar tallada en cristal. Taru, al contrario que sus dos compañeros de soldada, era infame se la mirase por donde se la mirase, repulsiva y hasta daba un poco de miedo. Bob, a quien no le gustaba que nadie se quedase descolgada de sus conversaciones, hacia por hacerles participar a todos en la conversación. La raza a la que pertenecia Taru no era motivo para dejarla fuera de sus bromas. De fondo decidió poner algo de música country.
Pasadas unas tres horas el ordenador de bordo empezó a emitir brillos rojos; se estaban saliendo de la ruta comercial. Bob trazó otra ruta en la pantalla y lo hizo callar. Se adentraban en lo desconocido. En la pantalla del ordenador seguían saliendo los datos del rumbo elegido junto a un gran aviso de advertencia “Atención. Zona desconocida. Vuelva a la ruta comercial más cercana. El rumbo actual no es seguro”.
El humor de Bob se perdió un poco, al menos durante las primeras horas que estuvieron en la zona negra. Se relajó después. No había diferencia alguna entre el espacio conocido y el desconocido en cuanto a condiciones visibles o de viaje.
-Solo tres días. Solo tres días. Vamos allá, Bob. Mantened los ojos abiertos, chicos. Hemos entrado.
Aceleró.
Pasó un día.
Los sensores de temperatura debían estar escacharrados. Afuera marcaban los grados centígrados habituales para una zona del espacio donde no hubiese un sol cercano. Dentro, el frío era cada vez más intenso. Bob había ido subiendo la calefacción más y más, sin darse cuenta, hasta subirla al máximo. Aún con el motor a tope y las turbinas de calor expulsando aire al máximo todos sentían un creciente frío. De momento era soportable, similar al frío de una mañana cuando el sol aún no ha salido pero que empieza a disiparse.
Siempre atento, vigilante a lo que la noche estrellada pudiera ofrecerle, Bob se mantenía firme en su sitio. Apenas había tomado un refresco desde que partieron. Cualquier movimiento en el exterior era registrado por el ordenador de bordo. Un pedazo de meteorito y una zona de polvo espacial fue todo lo que detectó. Nada arriba, naba abajo, nada alrededor. Era como para ponerse nervioso. Pero así era como los pioneros que conquistaron el espacio habían recorrido el manso mar de astros.
Había una foto en el salpicadero. En ella se veía a dos miembros de la raza de Bob, presumiblemente féminas. Una mucho más joven que la otra. Ambas sonreían a la cámara. Entre las dos había un cerdo rhudiano de tres ojos, asado y condimentado al gusto. Bob les estaba hablando de ellas; esposa e hija.
-La familia es lo más importante. Al menos así lo entiendo yo. Sino tienes familia ¿Qué te queda? Este trabajo es muy duro. No sería capaz de hacerlo sino fuese por ellas, mis princesitas.–Su hija seguramente pesase más que ellos tres juntos y su esposa parecía aún más corpulenta que Bob, llamarlas princesitas era tan adecuado como llamar arte a una llave inglesa oxidada.- Estoy deseando volver a verlas. La última vez que las ví salimos tarifando. Mi hija había gastado unos cuantos cientos de créditos en llamadas a una línea de teléfono de uno de esos “héroes” adolescentes que salen por la holotelevisión. Corey no se qué. Un programa de mi tierra. Me enfadé con ella. La grité. Supe que me había pasado cuando mi mujer empezó a gritarme a mí. Discutimos. Y me marché. Un viaje largo. Trabajo, trabajo y trabajo. Y no me quito de la cabeza lo que las dije.-Se le empezó a notar algo afligido, raro en él.-Llevo un regalo atrás. Cuando vuelva se lo daré.-Era cierto, lo habían visto. Una caja grande envuelta en papel de colores. Lo único raro era que el papel parecía sucio y polvoriento, como si llevase mucho tiempo esperando a ser retirado.-Me perdonarán. La familia siempre lo hace. ¿No?-Su última pregunta no encajaba, para nada, en la alegre conversación de Bob. Era una nota discordante de tristeza en un concierto de risas y buen humor.-¿Y vosotros qué? ¿Tenéis familia? ¿Hay alguna Tarucilla por ahí escondida?
Bob seguía pendiente del espacio, de su ruta. Hablar era gratis y no le distraía. No aparaba sus ojillos del frente ni del retrovisor. La pantalla que enfocaba dentro del remolque había sido relegada a un segundo plano. El camionero no se percató, los demás si; en ella podían ver a Escoria junto a la carga del bugger, palpándola por encima de la lona. Junto a él estaba Zohar a quien parecía estar hablándole. Detrás podían ver al técnico Azor Chorn. Los tres miraban la carga.
Bob no se percató de ellos. Tampoco prestó atención a los sensores de calor internos. La calefacción ya estaba al máximo pero la temperatura seguía descendiendo a razón de un grado cada hora.
El despegue no había sido todo lo cómodo que hubieran deseado pero dadas las dimensiones de la nave no estaba tan mal.
-Yo hubiera podido hacerlo sin tanta vibración-aseguró Escoria.-Se me van a saltar los empastes.
Estaban en marcha. Fueron unas horas aburridas. Especialmente para Zohar. Encerrado en su nave se dedicó a estudiar sus viejos grimorios y a jugar con su pequeño droide. Intentó averiguar que podía ser la misteriosa carga que transportaba Bob pero no logró descubrir nada. No sabía donde la había recogido y aunque había cierta predilección por ciertas mercancías en Abaar, la entrega sería en Rabán. En el Campo del Emir solían entregarse todo tipo de mercancias, mayormente las más ilegales, o las que tenían el precio más prohibitivo. También rarezas y casos únicos. Al factor de indeterminación era demasiado alto para su ordenador. Podía saber cualquier cosa. Imposible saber de que se trataba sin echar un vistazo.
Azor Chorn disfrutó de unas horas de reposo en su propia nave. A puerta cerrada nadie le molestó, resultando un alivio el poder desprenderse de su equipo de respiración artificial. No fue molestado salvo cuando salió de su nave para estirar las piernas, momento que aprovechó Zohar para acosarle con su curiosidad.
El quendundiano había pasado las horas toqueteando el panel de control del remolque, probando que cama le resultaba más cómoda y buscando comida entre las neveras. Había encontrado la cerveza y dado buena cuenta de varias latas. Estaba irascible, se aburría más incluiso que Zohar. "Yo soy un hombre de acción", se le oía decir frente al espejo de unos de los aseos. El único contacto que mantuvieron con la cabina fue cuando Bob les indicó que se salían de la ruta comercial para adentrarse en la zona negra. Les instó a que se mantuviesen alerta y que, solo por si acaso, se turnasen para dormir. Prefería que siempre hubiese alguien despierto en la zona de carga.
Pasó un día.
Hacía frío. Incluso Azor Chorn notaba que el frío había aumentado en el remolque, traspasando las paredes de su nave. Los sensores de su sistema de atmósfera personal enviaron la información al módulo central para aclimatar el proceso químico a la nueva temperatura exterior. De seguir así Azor tendría problemas con el sistema y tendría que reajustarlo para evitar daños.
Afuera el quendundiano parecía haber encontrado entretenimiento. Y con ello, Zohar había encontrado suficiente distracción. Dado el frío anómalo que parecía haberle invadido no resultó extraño encontrar al terceto alrededor del panel de control del remolque desde el cual se podían ver los parámetro de la estancia. Y la posibilidad de modificarlos.
-No deja alterar la temperatura. Ya lo he probado –les decía Escoria.-Debe ser por la carga. Si la calefacción puede echarla a perder no dejará subirla. Pero los sensores deben de estar mal. Hace frío. Lo notamos todos. Pero la temperatura no se corrige.-Golpeó el panel.-¡Bah! Chatarra inútil. Tú eres técnico, ¿no Chorny? Echale un vistazo y cuéntame.-No se le veía muy convencido.-Puede que a la carga no le afecte el frío, solo el calor. Mmm, curioso ¿No? ¿Por qué no pasamos a algo más interesante?
Con paso decidido le vieron acercarse a la carga, llamando nuevamente su atención sobre la misma. La golpeó un par de veces; un sonido seco y natural.
- ¿Sabéis lo que es? Madera, amigos. No son los clásicos contenedores de metal en los que se cargan cosas anodinas. Es madera. ¿Quizás son los propios cajones la carga valiosa? Puede que esten fabricados con madera roja de los árboles sagrados de Lhar. Y sino ¿Qué puede ser tan especial para tener un contenedor tan especial? No os pica la curiosidad. ¿Eh Zohar, amigo? A ti te gusta saber. ¿No es así?-Volvió a golpear la carga.-Madera.
No recibieron, como sería de esperar, un toque de atención por parte de Bob. No debía estar mirando los monitores de control en esos instantes.
- ¿Y si llevamos una bomba? ¿No lo habéis pensado?- Solo quería picarles. Según las palabras del pharen, Escoria llevaba un explosivo en la muñeca. No iba a preocuparle llevar otro pegado al trasero.- ¿Y si es algo ilegal? La madera de Lhar lo es. A mi me da igual, claro está- dijo con un falsete intentando aparentar ser más duro de lo que realmente era.-Pero puede que a vosotros si os importe. No creo que pase nada por echar un vistacito ¿No? Bob es un tipo simpático, no le molestará. Venga, Zohar, ven aquí. He estado estudiando el ángulo de las cámaras, si te agachas un poco y miras por debajo podré cubrirte para que no te vean. Dinos que hay debajo de la lona…Solo vamos a mirar. No es como si hubiese algo valioso dentrio y fuésemos a robarlo -dijo, ladino. Sus ojos brillaron como topacios desgastados.
El examen del motor de la nave-camión de Bob es de lo mas satisfactorio, una maquina excelente y con algunas modificaciones muy interesantes de las que tomo buena nota. Al menos la posibilidad de avería durante el viaje a traves de la zona negra parece escasa. Con este reconfortante pensamiento cargo mi pequeña nave y me preparo para tres días en el interior del compartimento.
Al menos la compañía parece agradable, si no por el busca-problemas Escoria si por Zohar, que parece un tipo interesante, aunque su pregunta sobre mis motivos para viajar me incomoda ligeramente
-el caso es que estoy exiliado de mi mundo. Hubo un accidente, un asunto muy desagradable. Y se me considero culpable. Llevo ya tiempo viajando de mundo en mundo, es difícil asentarse en un lugar donde no puedes respirar, y eso son todos los lugares a mi alcance- Mi voz suena melancólica, recordar las bóvedas de acero de Oryx V es doloroso tras todos estos años, de modo que doy la bienvenida a su otra pregunta que me aparta de los recuerdos
-¿una nave mas grande?. Mi atmosfera es ligeramente corrosiva para muchos materiales, pero mi especie lleva siglos viajando por el espacio. No, el problema realmente es el dinero. Una nave grande es cara, y mas si he de adaptar todos los circuitos a la corrosión. Pero quien sabe, tal vez tras este trabajo pueda permitírmelo-
La mascara oculta mis facciones y el vocalizador distorsiona mi voz, pero aún así transmito algo de mi buen humor, tal vez este si sea el trabajo que me permita algunos pequeños lujos
Pasa un día
Quitarme el traje ambiental es en ocasiones un placer en si mismo, a veces me da la impresión de que es una segunda piel y de que la mascara es mi rostro. Unas cuantas horas de recogimiento y relax son una bendición. Pero tras tantos años volver al traje para salir al exterior es solo una rutina apenas decepcionante
Hace bastante frio, y de forma previsible Escoria está inquieto y aburrido. Es normal que se interese por la carga
-yo no tocaría la carga, es posible que Bob haya tomado medidas de seguridad adicionales- respondo sin interesarme mucho por el tema mientras me dirijo a los termostatos, nuestro trabajo empezará al llegar a Abaar, la carga puede ser importante o algo insignificante que Bob transporta para aprovechar el viaje. Aunque es cierto que unas cajas de madera son algo bastante infrecuente y valioso
-me parece que Bob no tiene acondicionado esto para llevar pasajeros. Voy a ver si puedo estabilizar este termostato para que mantenga la temperatura unos grados por encima de la que tenemos ahora. Seguirá siendo menor a la que había aquí dentro al empezar el viaje, así que la carga no debería sufrir-
Doy algunas instrucciones a mi bot que empieza a flotar a mi alrededor dándome lecturas variadas mientras voy sacando herramientas de mis muchos bolsillos y empiezo a desmontar el aparato
Sí, aúténticas reliquias -reafirmé las palabras de Bob, aunque realmente no daba importancia o valor a una de esas radios analógicas de onda larga-. Entiendo, Bob, dejemos las historias para más adelante.
Me toqué las esposas, las cuáles se estaban volviendo cada vez más frías y más pesadas, y no habíamos hecho nada más que empezar este viaje.
Eché un vistazo a la cabina mientras el Mantecoso intentaba guarecer toda la porquería allí acumulada en pos de una mejor estancia. Lo cierto es que no lo conseguía, niguna mejora a corto plazo supondría, a mi juicio, modificar la primera impresión de Bob: un tipo bonachón y experimentado, si, pero no excesivamente pulcro...
Una vez que Bob marchó a ayudar a colocar la nave de Azor, le seguí, mientras miraba con precisión el portento de nave del camionero espacial; además, quería echar un ojo a Escoria antes de dejarle allí atrás con la carga y algunos de los compañeros.
Escúchame -le dije a Escoria-. No hagas locuras, compórtate -hablándole seriamente-. No soy tu madre, no soy tu padre. Si intentas algo raro acabaré contigo. Si haces alguna estupidez y los que están aquí en la parte trasera se molestan, tienen mi permiso para cerrarte la boca, o lo que quieran...-ésta última frase la dije en alto, para que los presentes se diesen por enterados-. Y cualquier otra cosa que se te ocurra fuera del plan establecido, que es este viaje, aquí nuestro amigo Bob -en esos momentos el Mantecoso estaba apretado en la cabina de Azor- hará contigo lo que quiera, y no me importará. ¿Captas el panorama, no, colega?
Una vez que Bob comenzó a sujetar las naves con los anclajes, e¡ché una última mirada a Escoria antes de instalarme definitivamente en la cabina.
Al día siguiente pude captar la intranquilidad de Bob por la elección de la ruta de la Zona Negra. Ciertamente a mi e preocupaba mucho más esos repentinos descensos de temperatura. Obviamente el espacio era frío, como el mar de muchos planetas, pero me soprendía que éste llegara a nuestros huesos (o estructuras internas) traspasando aquella inmesidad de "buque espacial" en el que no encontrábamos...
¿Familia? -pregunté mientras tomaba la foto del Mantecoso-. Tu eres su padre, y su esposo... No lo sé, Bob -miraba fijamente la estampa, y me recordaba mucho a los humanos-. Nosotros los Pharen no tenemos familia. Tan sólo llamamos "Padre" a Phar, nuestro dios. Somos creados en probetas, en laboratorios... a su imagen, con su fórmula... algunos nos llaman clones, clones de Phar. La Cofradía y confesión a la que pertenezco simplemente nos consideramos sus hijos, sus seguidores.
Miré a Bob y a las dos compañeras de viaje.
Sin familia, perdí amigos en combate o simplemente porque fueron desterrados, como yo. El Abedul, mi antigua Cofradía, me persigue y la excomunión seguro que ya me ha sido dada. Conocí a Escoria hace unos días. ¿Podría ser quizá lo más cercano al concepto de "familia" para mí? Eres afortunado, Bob... -y dejé la foto en el mismo sitio-. Acto seguido, comencé a preocuparme de nuevo por el frío, pero también por los pasos siguientes en la misión.
Oye Bob. Es una misión importante, ya sabes. ¿El paquete que tienes que entregar en Rabán es para ese tal Ralph? Creo que tenemos que saber un poco más acerca de los movimientos que hacemos, pues no conocemos ni el lugar de destino ni la ruta de la zona Negra... ¿Podemos fiarnos de Ralph, verdad? -no pretendía dudar de él, sólo quería estar lo más seguro posible-.
No cuesta demasiado decidir quienes irán en la cabina y quienes en el remolque. Le resulta curiosa la posición de “Escoria”. Se resigna a ir atrás solo porque no le dan a elegir. Un tipo curioso. O está convencido de su valor inferior o le han convencido de él. También puede que simplemente le de igual. Una actitud curiosa. Tal vez más adelante tenga ocasión de hablar del asunto. Por ahora le parece un tipo con mala suerte.
Por otro lado, sus preguntas sobre la zona oscura parecen infructuosas. Solo lo parecen, porque consiguen justo lo contrario de lo que Bob debía pretender. Ahora siente aún más interés. Mucho más. Escuchar que hay historias tan temibles que no deben ser nombradas para evitar atraer la mala suerte es... magnífico. Una zona oscura. Ahora, de golpe, las ve distintas. Una zona de la que mapas y cartografías no saben nada, tan solo que están allí. Además, justo antes Bob ha mencionado retales de historias de otros. Naves que trajeron algo consigo, naves que desaparecieron, naves que volvieron vacías. Parecen las leyendas de las que su padre le hablaba cuando era niño. Marineros hablando de barcos desapareciendo sin ningún motivo al cruzar una parte concreta del mar. Si el mar de un planeta pequeño como la tierra puede tener ese tipo de eventos, ¿por qué no uno mucho más grande cómo es el universo?
-Mi gente, la parte materna, también tiene historias sobre el espacio oscuro. Todas incluyen dormir durante milenios. Creo que prefiero las tuyas- Asiente, convencido. Que haya algo siempre será mucho más interesante. -Pero puedo esperar a escucharlas
Las supersticiones nunca le han gustado, aunque sabe respetarlas. Las supersticiones son solo lugares a los que la ciencia aún no ha conseguido llegar. Por eso la mayoría de gente desconfía de la magia, y no deberían. Solo es otro tipo de ciencia mezclada con arte.
Posar la nave en el remolque es sencillo. Por supuesto él no se lleva ningún aplauso. Tampoco lo esperaba. Cuando se es bueno y se sabe cuan bien se ha hecho, ¿qué importa si otros no pueden verlo?
Ya están apunto de empezar el viaje. No puede esperar más. Todo un mundo desconocido esperando allí fuera y ellos esperando a despegar. Claro, no están por placer. La misión, debe recordar la misión, porque hay una misión. La misión es buscar, encontrar, y rescatar. Solo quedan unas últimas palabras por parte del bugger. Un tipo amable. Le cae bien. Le caería incluso mejor si respondiese a sus preguntas, pero nadie es perfecto, al menos no para sus estándares.
Insiste en que no deben separarse pase lo que pase.
-Resultará fácil si vamos todos en el mismo vehículo-
Es evidente. También lo es que, tal como ha mencionado su “patrón”, podrían necesitar realizar alguna reparación de emergencia que les lleve a abandonar la nave.
-De acuerdo, está claro. Todos juntos pase lo que pase. Pero dime Bob- no se para a preguntar si puede llamarle simplemente por su nombre. Seguro que sí. -Como viajero más experimentado en esta clase de “terreno”, ¿qué debemos hacer en caso de emergencia? Somos unos cuantos. Seguro que los buggers tenéis algo pensado para situaciones parecidas, ¿verdad? -
El viaje se hace eterno, cómo cabía esperar. Por suerte tiene sus libros y su pequeño droide. Siempre le sorprende la cantidad de información nueva que puede conseguir tras cada nueva lectura de esos antiguos grimorios. Uno piensa que la magia debería haber avanzado mucho más en los últimos siglos, pero no ha sido así. Los nyx, sobretodo los nux puros, suelen bromear diciendo que la magia se quedó estancada porque ellos estaban durmiendo. Por desgracia parecen tener razón en muchísimos sentidos.
La conversación con Azor le da algunos momentos de distracción.
-Un exiliado, ¿eh?- Curioso. No esperaba tantas confesiones en tan poco tiempo. Primero crímenes y ahora exilios. -A mi gente no le gusta que yo me acerque a su territorio, salvo que me necesiten, pero no me imagino una prohibición sobre mí persona- Es intrigante. No debería preguntar más. Esta clase de asuntos suele resultar sensible a la gente. -¿Y por qué te exiliaron? ¿Creen que causaste el accidente?, ¿Lo causaste?-
Este es el momento en el que debería escuchar una vocecilla diciéndole que se ha pasado de la raya. Si, tal vez la escuche algún día. Desde luego no ha sido hoy. Seguro que no le importa responder. Honor entre técnicos. ¿Era entre ladrones?, eso sería un problema, él no es un ladrón. Da igual, seguro que puede extenderse a otros gremios. Además, ¿qué sentido tiene decir “honor entre ladrones”?, si son ladrones, ¿cómo van a tener honor?
-Deberías pasar por el espacio de los nyx. Si eres buen técnico, mi gente necesita muchas reparaciones. No tenemos un planeta, ¿sabes?, solo un montón de naves interconectadas. Siempre hay algún circuito explotando o sobrecalentándose. Te llevaría un tiempo, pero ayudarían a construír una nave más grande, mientras trabajes bien.- Eso si no le echan a patadas por no ser uno de los suyos. Dependería con qué líder trate, claro está. Es tan evidente que no hacía falta ni mencionarlo.
-Entonces, ¿has montado tú esta?- Mira los motores. -No está nada mal.-
Pasan las semanas, los meses, y los años. El calendario dice que ha sido un solo día, pero el tiempo es relativo. Cuando huyes a través de corredores que explotan, el tiempo pasa muy deprisa. Cuando no hay nada qué hacer, las horas se convierten en bromas del universo que te miran a los ojos y se ríen de ti. Cree sentirse envejecer. Además está frustrado. Sus indagaciones sobre la carga no están dando ningún fruto. Con los datos que tiene podrían ser un cargamento de gansos salvajes o de torpedos fotónicos. ¿Quién sabe?, él no, y eso le molesta mucho. Tendrá que seguir dando palos de ciego. Eso si no se congela. ¿Qué le pasa a la calefacción?
Mientras aún está masticando esa pregunta, su compañero de múltiples brazos muestra tantos signos de aburrimiento cómo él. Dado que se aburre toma la decisión lógica de abrir la carga. Así sabrán si necesita frío. Además, intenta tentarle a él para que lo haga en su lugar.
-No. Escoria... tienes que buscar otro nombre más aguerrido, ¿Qué te parece hotshot?- ya está divagando otra vez. -Bueno, piensa en ello.- No, no era eso lo que quería decirle. -Si abrimos la carga se acabó. Sabremos lo que va dentro. Fin de la investigación. Ya no podremos indagar o especular. Una respuesta fácil y rápida. Y además, nuestro patrón no quiere que miremos. Si echamos una ojeada puedes quedarte sin cobrar, y con ese cacharro puesto durante mucho tiempo. El camino fácil nunca ayuda- Excepto cuando ayuda, pero esa segunda parte no va a decirla.
-Si, podríamos arreglar el termostato, pero puede haber un motivo para esto. De hecho, deberíamos mantener más comunicación con nuestra cabina, ¿no creéis? Este pequeño problema podría venir de otro más grande.- Se acerca él a los comunicadores. -Bob, aquí atrás estamos empezando a tener un poco de frío. ¿Hay algún motivo para que quieras transformarnos en polos de sabores?- Esperará la respuesta. De no haberla pedirá a Azor que pruebe a subir un poco la temperatura. Un grado o dos. Él verá lo que puede hacer con el comunicador. No tienen monitores aquí, jamás tendrán vídeo, pero tal vez pueda manipularlos un poco para escuchar lo que ocurra en la cabina, incluso si no les dan permiso. Según las instrucciones del propio Bob, deberían mantenerse todos juntos en estos momentos. Solo está dándoles un poco de rienda suelta.
-Duua, chequea los sistemas de la nave-
Se refiere a la suya propia, claro. No sabe por qué, pero tiene la impresión de que conviene asegurarse. Solo por si acaso. Seguramente esto no es más que un termostato averiado. Entonces se sentirá tonto unos minutos, pero por prevenir no van a hacerse daño. Y en esa línea de pensamiento hará una comprobación más. La temperatura de la carga. Si es una carga que requiera frío, sus lecturas de temperatura serán distintas a las del resto del compartimento.
La conversación de Bob es animada, como siempre. Es un cambio agradable, tener a alguien con quien hablar que no te esté observando con mal disimuladas ganas de salir corriendo o intentar dispararte. Aunque conozco de sobra las historias que corren y la fama de las namtaru, lo cierto es que nuestra raza no es violenta o agresiva, ni tampoco rehuye contacto con las otras. Una namtaru no es más solitaria por naturaleza que otras culturas, aunque su peculiar forma física y otra serie de características derivadas acaban causando que nos habituemos a ello, simplemente porque es lo que hay.
Lo cual no quiere decir que no sea agradable cambiar a veces.
Aunque el ambiente es algo tenso- sus compañeros de viaje no son tan desinhibidos como Bob, ninguno de ellos le ha lanzado más de cuatro o cinco miradas de refilón. Todo un récord.
El viaje sigue adelante. La conversación es insustancial, gran parte del tiempo. El espacio tiene ese efecto en la gente. Frente a la inemensidad negra que se extiende a todos los lados, uno se encuentra con que parece haber pocas que decir que no suenen estúpidas, irrelevantes, o ambas a la vez.
Pero siempre es mejor que el silencio. Especialmente en lugares como la zona negra. Cuando finalmente llegan a ella, empieza a entender un poco el mal humor de Bob, aunque ciertamente, lo de "mal humor" es relativo. Es difícil imaginarselo lejos de la jovialidad que siempre manifiesta, pero... hay algo en el aire que simplemente no está bien.
Y está el frío. Lo siente, y siente cómo se va colando a pesar de la calefacción. No le preocupa tanto el frío en sí (su química interna podría aumentar su temperatura por combustión), como el hecho de que siga... empecinándose en atraparles, colándose en la cabina. Aunque es una tontería, hay algo... anómalo en él.
Pensando en eso, la pregunta de Bob la coge un poco por sorpresa, y no puede evitar soltar una risita (un sonido bubujeante y sordo), aunque las facciones de su rostro humano al contestar tienen algo distinto... una expresión melancólica, casi parece.
La reproducción entre mis hermanas es algo que se controla de forma muy estricta. Mi raza es exclusivamente femenina, de modo que el proceso es un... refinamiento. Una Hermana en edad fértil es capaz de producir un huevo, que viene a ser una membrana impregnable para una masa de plasma bacteriológico. A esa masa se le van añadiendo encimas, proteínas, catalizadores... en fin, toda una serie de químicos necesarios para el desarrollo, que creamos y refinamos varias veces en nuestro interior antes de secretarlos sobre la membrana para su absorción. Es... bueno, no es bonito ni siquiera para nosotras. Por eso solemos reproducirnos únicamente en habitáculos cerrados.
El caso es que es un proceso largo. Muy largo y muy agotador. Inicialmente, se busca producir especímenes químicamente estables, que son los que los humanos clasifican como Tier 1 a Tier 4. Son más pequeñas que yo, con unas capacidades menos potentes y mucho más... adaptadas a la vida humana. Pero a veces el agotamiento provoca errores en la pureza de los elementos, o en la intensidad de la reacción. Entonces es cuando nacen los tier superiores. Yo soy una 7. Eso es un... error de cálculo bastante grande de una 3 o una 4.
Eso no es un problema de por sí. De hecho, en muchos aspectos, soy superior. Mi habilidad de síntesis química es más potente de lo que las 4 podrían soñar, pero eso implica un riesgo. Si yo cometiese el mismo error de cálculo, y crease compuestos mucho más potentes de lo que debía, igual que de una 4 salí yo, yo podría dar a luz a una 10. Y eso...
Un largo silencio sigue a esas palabras. La expresión de Taru es ilegible, pero en el denso silencio pueden oírse chasquidos y agudos sonidos sibilantes. Si no fuese porque es difícil decirlo en una criatura de ese tamaño, juraríais que tiembla.
Elmegia III. Los subsótanos abandonados de un antiguo complejo militar imperial. Había oído cosas a través de una de sus hermanas. Había informado, se habían dirigido al lugar. Antes incluso de verla, sentían como el aire les quemaba los pulmones. Los vapores ácidos generados en algún punto bajo la tierra. Había notado como las capas de quitina de su abdomen y patas empezaban a pelarse, poco a poco. El picor en los miembros. El burbujeo en las entrañas, denso y caliente. El crujido de la tierra al abrirse, dejando ver...
Si nunca habéis visto un Tier 10, espero por todas las estrellas de la Gran Tela que jamáis tengas que hacerlo. Comparada con ellas, yo sería tan bella y fascinante como la Hija de Lovak aquí presente lo es para las demás. Son monstruos. No hay otra palabra para definirlas. Y sí, soy consciente de lo que yo parezco.
Así que... no. Es probable que nunca haya una pequeña Taru. El riesgo es muy elevado.
La conversación se enfría un poco tras eso, pero pronto va retomando su cauce, y Taru vuelve a ir sumándose, poco a poco. No tiene sentido estar de morros en medio de una zona negra. El espacio recóndito e inescrutable ya te mete bastantes malos pensamientos en la cabeza sin que necesite de tu ayuda. Poco a poco, la conversción va derivando hacia la seguridad a bordo.
Así que los demás también se empiezan a preocupar por el frío...
Si, sería buena idea saber a qué atenernos si pasa algo. Creo que no soy la única parece notar que pasa algo ahí afuera... y que creo que no tiene que ver con la calefacción.
Escoria pasó por alto la advertencia de Azor Chorn sobre la carga. Había algo que fallaba en el quendundiano. Su lógica primitiva poseía una inteligencia visceral. No es que no supiese que meter la zarpa en caja ajena fuese peligroso, es que le daba igual.
Intentó tentar a Zohar. No había más que escuchar al nyx para saber que le gustaba saber, que la curiosidad le picaba detrás de la oreja insinuándole que hiciese cosas que no debía hacer, que atravesase puertas que debían permanecer cerradas. Los cajones de madera aún seguían bajo la lona, misteriosos; sirenas mudas que incitaban a la locura. Escoria esperaba, ocultando con su cuerpo la visión de una de las cámaras.
Zohar debió verle las orejas al lobo. Su curiosidad no le obligó a romper la única norma que el alegre Bob les había impuesto. Se negó de primera mano. Escoria no se lo tomó mal. El que tratase de ponerle un apodo si.
- ¿Hotshot? ¿Quién te crees que eres para bautizar a la gente? ¿Un pharen? No, tú no eres un pharen -afirmó con la suspicacia de un ataque de urticaria bajo las uñas.- Nunca había oído hablar de los nyx. Nyx, nyx, ¿Qué eso eso? Cuando no tengo un palillo a mano y necesito sacarme un pedazo de carne de entre los dientes pido un Nyx-inquirió, rudo, escupiendo a un lado.
Su fortaleza, sus intenciones de tipo duro, quedaban tan huecas como el interior de su cabeza. Se apartó de la carga. No era tan tonto como para destaparla él. Sobretodo si todos estaban en contra.
-Puede que nos quedásemos sin cobrar. O que lo que haya en los cajones de madera valga más que lo que dan por Butcher Cass. Supongo que ya nunca lo sabremos.
Improbable. La cuantía que pagaban por atrapar al forajido, mejor muerto, era suficiente para cumplir los sueños de todos los miembros del grupo. Podrían comprarse un planeta entero si lo deseaban.
Seguía haciendo frío.
El técnico pasó a desmontar el regulador del climatizador retirando con eficiencia, herramienta en mano, el panel de mandos. Dejó a la vista un entramado de cables, pequeñas luces, placas madre y chips, todas ellas entrelazadas en una orgía de datos binarios y corrientes eléctricas. Se apoyó en su bot para recibir datos y afinar su diagnóstico. A la placa no le pasaba nada. Bob había bloqueado el sistema para que mantuviese una temperatura estable; templada. El técnico forzó el cierre de seguridad en el cerebro del climatizador para que la temperatura variase. Conocía al menos diez formas diferentes de saltarse un bloqueo tan ordinario. Volvió a colocar la tapa. Subió la temperatura unos cuantos grados. Las turbinas de calor rugieron escupiendo invisibles corrientes de aire caliente.
Pero ellos seguían sintiendo frío. Durante unos momentos el clima fue caluroso. Pronto volvió a tornarse fresco. Y de fresco pasó a frío.
Escoria había retirado una de las mantas de los catres que tenía Bob para las “visitas” y se la había echado por encima, abrigándose. Por entre la improvisada capucha se podía ver el morro amarillento del quendundiano expulsando vaho helado tras cada respiración.
-Ponlo al máximo o nos convertiremos en cubitos de hielo –se quejó Escoria, de muy mal humor.
Zohar, al lado del comunicador, intentó comunicarse con Bob. Sus palabras no llegaron al otro lado. Le respondió una fuerte estática. Ordenó a su droide que chequease los sistemas de su nave. Estaba bien, pero la temperatura era menor allí donde la había dejado. La parte trasera del remolque estaba sumergida en una zona aún más fría que donde estaban ellos. También comprobó la temperatura de la carga; nada anormal. El frío debía resultarla tan beneficiosa como el exceso de calor, igual que a ellos.
- ¡Qué pongas al máximo el maldito termostato!-Volvió a quejarse Escoria, tiritando.
Azor Chorn ya lo había puesto al máximo. Y la temperatura seguía bajando. La batalla de los calefactores estaba perdida de antema. Zohar hizo bien en recordar las palabras que Bob le había dedicado cuando le había preguntado sobre la mejor manera de afrontar una emergencia en el espacio. “Siempre es mejor huir que un enfrentamiento. Y es preferible hacer una chapucilla a una reparación completa. Lo mejor es alejarse del problema y buscar un lugar seguro”. El único problema era que ellos no podían escapar de la jaula de metal.
Azor Chorn tuvo que limpiar el visor de su casco en varias ocasiones. La escarcha se pegaba a su traje como una segunda piel. Zohar, igual que Escoria, ya había empezado a tiritar de frío. Tenía las cejas nevadas y sentía la garra del cruel invierno llegando hasta sus huesos, hincándoselas con hambre. Los cristales de la naves del grupo se habían helado totalmente, así como habían apareciendo pequeñas placas de hielo en las paredes del remolque, o carámbanos en los alerones de los cazas.
Escoria se acercó al comunicador; el artefacto tenía ya encima la pelusilla blanca de un objeto que ha pasado varias horas a temperaturas bajo cero.
- ¡Bob! ¡Nos estás helando el culo!- Estática como única respuesta.
El comunicador no era el único aparato que funcionaba mal. Los droides de los técnicos se comportaban de forma errática, gravitando de forma lenta e irregular, golpeándose con las paredes. Las luces parpadearon durante un momento, zumbaron, se apagaron y se volvieron a encender.
- ¿Qué está pasando?-Escoria miraba a todos lados buscando una explicación igual que un chiquillo asustado. Ahora nadie quería escuchar una historia de fantasmas.-- ¡Allí!-Señaló, rozando una alegre desesperación.
La parte trasera del remolque estaba helada totalmente. Allí el frío era más intenso. La compuerta tenía una gruesa capa de hielo duro que crecía, propagándose por techo y paredes igual que un cáncer. Era el hielo de los glaciares, de los picos nevados, de las caras ocultas de los satélites donde nunca llegaba la luz de las estrellas, grueso, antiguo. Sintieron una punzaba de pánico en la parte baja de la columna vertebral. Como técnicos, no conocían ninguna teoría científica que explicase una congelación tan potente y rápida sin un elemento externo como nitrógeno líquido.
Y avanzaba. Hacia ellos. Lenta pero inexorable.
-Algo está entrando…-masculló Escoria, le castañeteaban los dientes.
A través del hielo lo vieron. Parecía una luz. Solo que no desprendía luz, era algo interno. Azulada, apagada, fantasmal. Pequeñas moléculas que giraban sobre un eje, una cadena de ADN helada que giraba en una danza helicoidal salvaje, infinita, igual que una bailarina de barra a la que le han metido varios créditos extras en la junta del bañador. Una forma única, inconcebible. Sus partes parecían del cristal más fino. Solo que no era cristal, era hielo condensado por las manos de un artista más elevado que el dios de la creación.
La aparición no era más grande que un balón de reglamento. Atravesó el sólido blindaje igual que un fantasma. Su entrada a través del grueso portón congeló todo a su alrededor, cubriendo paredes, techo y suelo de varias capas de hielo, grotescas, humeantes. El mismo aire se condensaba alrededor de la criatura provocando que a su paso volado cayesen pequeños fragmentos de hielo contra el suelo.
El frío había crecido. Se sentían igual que dentro de una nevera, un ataúd en el que las temperaturas ya habían alcanzado cuotas menores que cero. La calefacción, rugiendo sobre sus espaldas, era una broma, un chiste inocuo. Un protagonista salido de escena.
La criatura, si es que estaba viva, tonteó un poco por la parte trasera del remolque llevando la glaciación con ella. Levitando de aquí a allá, igual que si buscase algo. Y lo encontró, al fondo del remolque. El ser carecía de ojos, de rostro, y aún así supieron que los había mirado.
-No sé que coño es, pero voy a cargármelo…-dijo Escoria descolgando el rifle láser que llevaba en el hombro.
Lo golpeó contra el suelo para quitarle la escarcha que lo rodeaba y lo apresó con sus tres brazos. Le temblaban las manos. ¿Miedo o frío? Cerró un ojo, apuntó. No se paró a pensar en lo idóneo de disparar un arma láser en una cabina presurizada en medio del vacío del espacio. Si fallaba, o si atravesaba a la criatura que después de todo parecía intangible, un holograma más que una realidad, el disparo podía perforar las paredes. O si el blindaje de Bob era tan bueno como había asegurado, el láser rebotaría en el interior del remolque hasta encontrar un objetivo.
La aparición era única, una oportunidad científica entre un millón. Un copo de nieve estelar. No había mitos. No había información sobre sucesos similares. Puede que porque nadie había visto a la personificación del frío del espacio y había vivido para contarlo.
-Si, soy afortunado –respondió Bob al pharen cuando tocaron el tema de las familia. Bob, que era de entendimiento decelerado cuando de temas complejos se trataban, rumió las palabras de Phargroth durante unos minutos de silencio.-Creo que tú también eres afortunado, Phargroth. Tienes un solo padre pero miles de hermanos. Es una familia muy grande- Bob no entendía de biogenética, clonación o la forma de nacimiento, o más bien creación, de los pharen. Desde su particular visión optimista toda la raza pharen era una gran familia.-La familia siempre perdona. Terminarán por hacerlo, ya lo verás. Podrás volver con los tuyos.
Sonaba tan entusiasta que no costaba nada creerle.
Taru se unió a la conversación. Con la explicación de Phargroth, Bob había tenido que estrujar toda su materia gris para sacar una conclusión más o menos aproximada. Siempre vista desde su prisma algo inocente, quizá. Con la namtaru fue mucho más complicado por lo que el silencio en el que Bob rumió y rumió sus pensamientos se volvió denso y espacioso. Y cuando el tema parecía haber caído en saco roto Bob lo retomó como si Taru hubiese acabado de dejar de hablar en ese mismo momento.
-A mi no me asustan las chicas grandes, je, je, je.-Ciertamente Bob se veía capaz de lidiar con una Tier 10…salvo por el hecho de que ignoraba totalmente como era realmente una namtaru de categoría Tier 10.-No tenéis una forma de…ya sabéis, ¿Hacerlo a la vieja usanza? Claro, si sois todo mujeres... Es complicado. Pues chica, no sabes lo que te pierdes…-y levantó las cejas en una jocosa mueca.
Una jocosa mueca. Los recuerdos de Taru tendría que remontarse mucho tiempo atrás para recordar la última vez que alguien había bromeado tan abiertamente con ella. De hecho puede que por más que buscase en sus recuerdos no encontrase un momento como aquel.
El pharen cambió totalmente de tema. Estaba preocupado por la misión.
-La carga no tiene nada que ver con nuestro trabajito. La entregaré en Rabán y nos olvidaremos de ella. No es nada peligroso-aseguró, campechano.
Como todo buen bugger no hizo más alusiones a la carga ni a su cliente. Que la entrega se fuese a realizar en Rabán indicaban tanto que el cliente quería seguir en la sombra como que la carga no era del todo legal.
-Ralph es de fiar. Totalmente. Es un bugger, y siempre puedes contar un bugger. Es un miembro bastante reciente en el gremio pero ya ha demostrado su valía. Duro como un asteroide. Quizás demasiado duro. ¿Sabes lo que quiero decir? Está siempre gritando y no es Mister Simpatía precisamente…-Se detuvo unos momentos, pensando en lo que estaba diciendo.-Gruñe como un buey al que le hubiese picado un tábano en el trasero y que se dedica a embestirlo todo. No es educado. Pero ¿Es de fiar? Tanto como yo. Entre los buggers no hay traidores.-Se detuvo unos momentos, entrecerrando los ojos para intentar desentrañar algo de la negra oscuridad salpicada de puntos luminosos que les rodeaban.-¿Habéis visto eso? Nah, imaginaciones mías. Puede que Ralph sea un mal bicho pero no hay nadie tan capaz como él. Es de los pocos que se internan en la ruta de los piratas de Tiberio VI por decisión propia. Siempre puedes contar con él. Os gustará…si no os tomáis en serio sus gritos. Y no te preocupes, Ralph no tiene intención de “dejaros a ciegas”, él no es un cazador de hombres. Ese peso será vuestro en cuanto lleguemos a Rabán.-Se quedó unos momentos estático, fijo ante el parabrisas.-Vaya, durante un momento parecía…No, debe haber sido mi imaginación. Es imposible que haya una mujer ahí fuera.-Dijo más para si mismo que para los demás.-Además, estaba bailando…
El frío iba pegándose a ellos como un hábil amante que había comenzado la velada en la silla de enfrente, prudente, y que ya se les había echado encima. Taru llamó la atención sobre el tema.
-El frío…no. El frío está bien.-Respondió Bob, demasiado cáustico y seco como para tratarse del mismo Bob que hace unos minutos había estado bromeando.
Los tres mercenarios notaron que algo estaba sucediendo aunque no sabía explicar exactamente el que. El comunicador emitió algo de estática. ¿Había una voz al otro lado o también eran imaginaciones? Unos indicadores parpadearon de forma anómala en el salpicadero. El frío seguía subiendo. La calefacción estaba al máximo y ya no mitigaba los efectos de la helada. Podían ver el vaho de sus respiraciones llenando la cabina.
El ordenador de a bordo parpadeó, el radar de proximidad había encontrado algo. A menos de diez minutos de allí. Un objeto grande y pesado, en el mismo plano que ellos, demasiado pequeño para ser un satélite. Puede que un crucero. El camión rugió, Bob había acelerado. En esa dirección. El ordenador advirtió, repetidas veces, mediante un estridente pitido, que cambiara de rumbo o impactarían con el objeto.
Lo había identificado. Un crucero. No se movía. Iba a la deriva. Entre toda la base de datos de INTERLINK el ordenador de a bordo no encontró referencia sobre el tipo de crucero o la raza/planeta a la que pertenecía. ¿Es que era anterior a la creación de INTERLINK? Imposible, estarían hablando de miles de millones de años atrás. Entonces, ¿Era algo aún no catalogado? La misteriosa nave no se movía. Estaba varada. Tampoco podían verla; el espacio era un velo que ocultaba muy bien sus secretos. El ordenador informó que no había vida en su interior. Tampoco energía.
A todo esto, Bob no se percató del descubrimiento. Tampoco deceleró. Cuando fueron a llamar su atención vieron que estaba, literalmente, helado en el sitio. Una fina capa de hielo cristalina cubría por completo su piel y ropa. Aunque aún se le escuchaba respirar, muy débilmente para tener unos pulmones como sacos, estaba helado. Las manos en el volante, la dirección fija. La vista perdida. Y el pie en el acelerador.
El frío se hacia cada vez más intenso, más insoportable. La escarcha empezaba a cubrir el parabrisas y el salpicadero. Y en Tessia, sobre sus brazos, ya empezaba a verse una pátina delgada de pelusa helada. De hecho la hija de Lovak tenía la vista fina en la profundidad del espacio, como Bob, fija en un punto en el que ni Taru ni Phargroth veían más que un insondable abismo de negrura.
“Riesgo de colisión”, gruñía el ordenador de a bordo. “Impacto en menos de cinco minutos”.
Tessia era consciente de todo lo que sucedía en la cabina igual que si estuviese contemplando una obra de teatro. Una obra en la que no podía romper la cuarta pared e intervenir. Su mente estaba retenida, hipnotizada, embebida por unas palabras que se habían filtrado hasta el interior de su psique. Y ¿Por qué no? También hasta el fondo de su alma.
Veía a la misma mujer que había visto Bob. Y era cierto, estaba bailando. Rápidamente, sin pretenderlo, había atraído su atención igual que una polilla se ve atraída por un punto de luz.
La hija de Lovak fue incapaz de reconocer a que raza pertenecía la mujer. Toda ella era azulada, irreal, igual que un holograma a través del cual podía ver la negrura del universo. Llevaba un largo vestido de gala, muy clásico. Era hermosa, de edad madura, con dos enormes ojos en los costados de una fina cabeza. Manos terminadas en ventosas y una expresión maternal. Danzaba, sumida en un lento vals, a la deriva, en la mitad del vacío.
Al verla Tessia no podía sentir más que triste. Tanto por la misteriosa mujer como por ella misma. Era un sentimiento muy fuerte, uno del que no podía escapar. No tenía que escuchar su dulce y melancólica voz para saber que su vida, y su destino, habían sido crueles y trágicos. No la oiría relatar sus penas. La mujer estaba allí por ella.
-Ven conmigo, mi pequeña Tessia. Antes de que el mundo te haga daño. Antes de que tus sueños se esparzan por el universo como polvo cósmico. Ven conmigo, pequeña. No quiero que sufras. El frío te ayudará. Te mantendrá tal cual. Jamás volverás a tener miedo. El frío es tu única oportunidad.-Había en su voz un deje de verdad pura, de autenticidad total. ¿Eran acaso los palabras de la bailarina pensamientos suyos o eran sus pensamientos porque habían sido palabras de la misteriosa aparición?-Sé lo que crees, mi pequeña. Eres joven, estás llena de oportunidades. No crees que la Negrura pueda alcanzarte a ti tampoco. Pero lo hará. Y sino, gastarás todas tus oportunidades, una tras otra, hasta que no quede más que oscuridad. Ven conmigo. ¿A dónde quieres regresar? El mundo de los vivos ya no es el lugar que crees. Solo te espera sufrimiento y dolor. Tu madre ha muerto. Tu hermana Sasha ha mostrado su verdadero rostro. Ya no tienes familia. Tu “Tío” Tom se ha unido a ella. Y a la Compañía. Son ellos quienes interrogan a tus hermanas sobre tu paradero. No hablaran. ¿Sabes lo que significa? Morirán por ti, torturada, sacrificadas. El amor duele, porque el amor también puede ser cruel. El amor solo puede ser cruel. No regreses, mi pequeña Tessia, solo te espera amargura y pena, sufrimiento y dolor. ¿Por qué no te quedas aquí conmigo? Yo te protegeré. Yo haré que todo se quede como esta. Ven conmigo. Regresa al frío del que un día naciste…
Una parte de Tessia seguía pendiente de lo que sucedía en la cabina. Sus músculos seguían bloqueados. La mayor parte de ella se había sumido en una profunda depresión, en un mar de tristeza blanda. Cuanto más intentaba nadar, más se hundía, más quedaba atrapada en esa gelatina que la gente llama pena. Pena por su madre. Por sus hermanas. Por la traición de dos de sus seres queridos. Y por la destrucción de sus sueños. Ya no la quedaba nada. Y una parte de ella, en su fuero interno, donde la mujer de voz maternal no podía llegar, le decía que parte de esa historia era cierta. Que si volvía no la esperaba más que dolor y agonía. Una parte de ella quería rendirse al frío. No era la parte más cobarde, pues se necesitaba mucho valor para abandonarse. Mucho valor para entregarse al frío.*
*Tu turno es un turno mental. No puedes colocar acciones físicas, ni siquiera hablar, ya que el cuerpo de Tessia está paralizado por la visión, la misma que ha congelado al pobre Bob. Si logra librarse del abrazo mental, podrá reaccionar en el siguiente turno. Tessia no puede comunicarse pero "sabe" que la misteriosa danzante podrá escucharla. ;-)
Mas preguntas sobre el accidente, ahora si dudo incomodo, es un tema sobre el que no quiero extenderme y tardo un poco en responder -no, no fui responsable. Pero eso era difícil de demostrar.- Sigo en silencio un momento hasta acabar en un tono completamente distinto -pero eso fue hace mucho- y doy por concluido el tema
Cuando Zohar me habla de la flotilla de los Nyx le escucho con mucho interés -¿no tenéis planeta propio? los Seekar tampoco. Vivimos en enormes mundos astronave desde que nuestro planeta fue destruido. Creo que si visitare vuestro sector- en realidad espero conseguir una nave mayor con este trabajo, pero cuando no se tiene hogar siempre se puede ir a visitar lugares interesantes
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La situación empeora por momentos, los sensores de mi droide y mi propia experiencia me dice que los termostatos funcionan perfectamente. Y una brecha en el aislamiento térmico del habitáculo iría acompañada de perdida de presión. El fenómeno me tiene totalmente despistado y parece ir a mas por momentos
Estoy guardando mi droide en uno de mis bolsillos cuando Escoria señala algo y contemplo alucinado la aparición que atraviesa la puerta y que parece ser la fuente del frio, lo cual no tiene sentido
Instintivamente saco mi pistola laser, pero de momento no apunto a ese ser. Aunque tampoco detengo a Escoria, la gruesa capa de hielo que cubre la compuerta debería absorber y dispersar la mayor parte de la energía del laser en caso de que este simplemente atraviese al intruso
-Zohar- llamo con voz temblorosa por el frio -este ser escapa a mi experiencia, ¿puede ser una criatura mágica?- supongo que siempre va bien disponer de expertos en diversos campos
No había podido evitar engalar un poco de más mi entrada en el remolque trasero con la nave, considerando lo amplio del espacio y lo pequeña de mi nave, razón principal por la que siempre ha sido una increible manera de transportarme, pero nunca suficientemente confortable como para considerarlo un hogar. Ya asegurada, apropiarme de lo más necesario y suficiente para aguantar unos cuantos días sin volver a ella. No es como si necesitase mudas de ropa, pero sí los ajustadores para mi querido, y unas pocas pertenencias más. Y así, acabo con Bob y los otros en su cabina... que claramente no ha tenido una verdadera visita desde hace tiempo. Pero por mucho que me guste un lugar ordenado, no será la primera vez que tengo que visitar algo así o desde luego mucho peor, y no por ello dejo de mostrarle una buena sonrisa a nuestro estimado anfitrión, capaz de incluir incluso a una máquina de fabricar químicos peligrosos en las conversaciones.
Las horas pasan, mientras la oscuridad gobierna el exterior, y de vez en cuando me decido a añadir unas cuantas palabras o frases a las conversaciones, pero en gran medida me gusta más dedicarme a poner un ruido de fondo con mi querido instrumento, o entreteniéndome en base a dibujar patrones en mis propios brazos, o jugueteando con algún instrumento desactivado de Bob, cacharreando con los materiales. Y así, el primer día pasa sin nada especialmente destacable.
La vida de Bob es curiosa, y aunque no quiere decirlo, está claro que hay algo detrás de toda su palabrería, sobre todo cuando se refiere a su familia. Pero desde luego, proviniendo de la situación que yo tengo en casa, no voy a tratar de sonsacarle nada. Sin embargo, oir hablar de una raza de clones llama casi tanto la atención como el caso de la namtaru, y en buena medida se podría decir que mi raza es una mezcla extraña de ambos, con unos pequeños añadidos personales. Se podría decir, claro, pero no voy a ser yo la que lo diga. ¡Por todas las ángeles del espacio, aún queda mucho tiempo para que no pueda poner una puesta, y así quiero que continúe por muchos años más! Pero claro, la familia... siempre es algo. Arrebujada en mis propias alas, no puedo evitar dedicarle un pensamiento a Madre, mientras el frío helador sigue tratando de colarse entre mis vestiduras.
Y entonces escucho a Bob mencionar que ha visto algo en el exterior, y con cierta alarma en el rostro me dedico a lanzar miradas al exterior, buscando, buscando... pero hace mucho frío. Y fuera hay algo más. Una figura monstruosa, sí, pero hay algo más.
Trato de parpadear, pero el cuerpo no me responde. El frío me llega hasta los huesos, considerando que no hay demasiada carne entre medio, pero nunca en el espacio había sentido algo así. Y aunque vuelvo a tratar de parpadear, no hay manera de apartar de mi linea de visión esa extraña figura que hay en el exterior. La zona negra... casi dan ganas de soltar una carcajada y pegarle un tiro a lo que sea que hay ahí fuera, pero el bugger no tiene nada por el estilo, y ni el más mínimo sonido se eleva por mi garganta. Y es que habría que hacer algo, porque no sé quién en su sano juicio hubiese dejado algo así en el espacio. Debería ser alguna clase de crimen, abandonar a una mujer bailando en el espacio, sola... y es entonces cuando la escucho. Y si el frío no había llegado todavía, el corazón se me sobrecoge y se congela ahora.
-Triste, triste, niña triste. -Es lo que me hubiese gustado decir, si estuviese en mi mano. Aunque sea una mujer mayor, pues en cierto sentido pretende ser yo, o lo es de alguna manera. -La oscuridad y el frío son una senda, un camino que siempre está ahí. Dices que Madre está muerta, y me entristece. Sin embargo, aun siendo cierto, ha tenido una larga vida, y muchas hijas queridas y que la han querido. Siempre estará en nuestros corazones, y todos sabíamos que algún día pasaría, aunque sea muy antes de tiempo. -Digo, casi gritando, tratando de superar con mis palabras la aflicción. -¿Y qué si la Compañía me busca? ¡Que busque! Mis hermanas trabajarán unidas, y se librarán de ellos. No puedo creerte cuando dices que Sasha y el Tío se han olvidado del resto. No quiero. No es algo que hagan las hermanas... -y ahora habría de torcer el gesto, si pudiese. Pero tampoco importa demasiado, ¿no?
Porque, ¿qué importa todo si no hay familia a la que volver? ¿Qué importa, si todo está acabado? Además, no es como si estuviese en una misión que se pudiese cumplir. El Tio tampoco lo pensaba, y por eso me dejó el sistema de emergencia. Madre no creía en mis posibilidades. Y las hermanas decidimos que yo me quedase el brazalete porque era la única que no destacaba en otro campo que fuese útil para nuestras intenciones... nuestros objetivos... el dominio... -Sí, el dominio. ¿Cómo abandonar, cómo tirarlo todo? Si la familia ya no está ahí. Si madre, y sus sueños de vernos alcanzar el dominio, si están muertos. Si ya no queda nadie para hacerse cargo... ¿cómo siendo la última voy a abandonarlo y dejarme caer? ¿¡Cómo!? ¿Tirarlo todo, dejarlo estático solo porque me desagrada la idea? ¡Yo soy Tesheraia, hija de Rosmirae, nieta de Adlameter y Ulmar el guerrero! ¡¡Y no pienso resignarme ni abandonarme mientras me quede un mísero ápice de fuerza en el cuerpo, pues conseguiré un Dominio más allá de todo lo que mi bisabuela nunca soñó obtener!! -Y eso hubiesen sido gritos. Gritos hacia la extraña figura del exterior. Gritos hacia mis compañeros y mis hermanas. Gritos hacia Cass, para que supiese qué furia se lanza contra él.
Pero sobre todo, son gritos a mí misma, mientras la sangre ebuye en mi interior, negándose a dejarse atrapar en estos pantanos de tristeza, condenada al frío y a la quietud. Y si pudiese, ahora mismo cogería mi rifle, y le pegaría un tiro a esa mujer, y a esa nave, en este mismo instante.
Bob... ¡haz algo! -le dije mientras miraba nervioso el radar del exterior-, te estás quedando helado, como ese crucero -intentaba discernir algo entre la inmensidad espacial, pero sin éxito-. ¿Qué hace un bugger en estos momentos? ¡Reacciona, camionero! ¡Creo que debemos dar un rodeo!
Ahora estaba preocupdo. Pensé irónicamente que cuándo no lo iba a estar (el asqueroso de Escoria, el misterioso paquete de la primera entrega y la Zona negra... y ahora el frío y esta sorpresita). Recordé cómo hacía un instante el Mantecoso hablaba de ese tal Ralph como alguien de fiar, ya que era un bugger...
¿Y un bugger es de fiar? -mi cabeza me preguntaba constantemente sin poder yo responderle-.
Espero no encontrarme una Tier 10 ahi fuera... -intenté bromear con el asunto de la Namtaru, pero parecía que aquel aprieto consumiría toda nuestra atención-. Parecía como si fuéramos a un punto donde ya no existía vida, donde se concentraba un frío demoledor. Me recordaba en realidad a mi galaxia, al punto Phar, la partícula donde se generó nuestra vida, según dicen los detractores de nuestra cofradía. La compresión del tiempo es exponencial a medida que te acercas a Phar, por lo que el envejecimiento corporal de cualquier ser vivo al aproximarse a ese punto tiende a acabar con la vida, pues se dispara.
En nuestra civilización aún existe la pena capital, y consiste en enviar una nave desechable con el condenado encerrado en su interior hacia el punto Phar. No hay peor muerte que consumir tu vida a medida que te acercas a ese punto... Y la situación en la que estábamos ahora, junto al camionero bugger, me hacía recordar tal escena; parecía como si fuéramos a nuestro destino final, como a una muerte segura.
¡Reacciona Bob! -le decía al ver que su cuerpo parecía helarse-.
Escoria no parece demasiado feliz con su sugerencia para un nombre nuevo. Debería, era un nombre mucho mejor. Al parecer solo unos pocos pueden dar nombres a gente cómo él. No sabía que hubiese esclavos contentos de serlo.
-Como quieras, Escoria. Pero no tocaremos la carga-
Y le encantaría descubrir la verdad. Por sus medios. Indagando, curioseando, preguntando. Las respuestas solo son interesantes si se ha investigado primero. Cuando alguien llega y te las dice sin más, le quita la gracia. Por eso no quiere averiguar nada con un gesto tan burdo como abrir un par de paquetes. Por lo demás, ignora las protestas de su forzoso compañero. Ya se le pasará la rabieta.
Cómo suele ocurrir,Azor ya muestra más reparos a la hora de hablar. Es mejor así. No le gustaría trabajar con socios demasiado crédulos. Podrían dar a cualquier adversario la misma información que le dan a él. Esa información puede ser inocua o serlo todo.
-Entonces nos parecemos más de lo que parece a simple vista, ¿verdad?- Asiente respondiéndose a sí mismo. -Hombres de ciencias que vienen de sociedades sin un mundo propio- Tal vez sea una plaga universal. La explicación más lógica si el universo tuviese sentido del humor, pero no lo tiene. -Nuestro mundo, según sé, no fue destruido. - Si, ahora es él quien da la información, pero ese también es el camino hacia la auténtica sabiduría. Compartir los conocimientos. -Había varios sistemas allí, igual que aquí. No solo los Nyx, cientos de especies con sus disputas, sus relaciones buenas o malas, y su ciencia. Ninguna como la nuestra, claro, y menos combinándola con magia.- Sonríe de nuevo. Todo Nyx, incluso un medio Nyx como él, estaría orgulloso de hablar así. -Pero supongo que el universo tiene su forma de decir que siempre hay alguien más fuerte, ¿no? Mi gente abandonó el cuadrante, junto a los supervivientes de las otras especies, cuando fueron derrotados. Atravesó el espacio oscuro utilizando solo la inercia. Somos más alienígenas que el resto. No sabemos exactamente cuanto tiempo duró el viaje. La gente se turnaba para pequeños ciclos de mantenimiento e hibernaba el resto del viaje-
Hablar de la parte materna de la familia siempre es un placer. La gente suele encontrar curiosa la historia. También podría hablar de la parte materna, pero al parecer todos conocen al dedillo la historia humana, o eso dicen.
Los cambios de temperatura parecen ser bastante menos erráticos ahora. No estaba de acuerdo con controlar el termostato de forma manual, pero al hacerlo Azor de todas maneras, descubren que cuanta más potencia más frío hace. Escoria protesta, la temperatura sigue bajando. Todo normal hasta que deja de serlo.
Esa criatura, sea lo que sea, atraviesa la nave como si no hubiese paredes. Increíble. Simplemente increíble. Al principio se siente tan emocionado que ni siquiera sabe qué decir. Una nueva forma de vida de la que nunca había oído hablar. Tan solo ver su comportamiento ya es un hecho histórico. Su anatomía, su fisionomía, la capacidad de orientarse a pesar de no mostrar ningún órgano de detector externo. Es una paradoja existencial que, no obstante, existe. Claro que la euforia se reduce cuando observa los efectos secundarios de la criatura.
-Yo tampoco había oído de algo así- No obstante, Azor ha hecho una pregunta interesante. Intenta detectar magia en el ser. Si la hay, tal vez alguien lo haya invocado.
También hay otra pregunta interesante. ¿Cómo se está guiando la criatura? Baja la temperatura allá por donde pasa, y de pronto los mira a ellos, solo que no tiene ojos. ¿Entonces cómo los mira?, ¿cómo ha dado con la nave? Incluso si habitaba en la zona oscura, es inmensa para dar con algo.
Por supuesto si es invocada podrían haberla dirigido aquí, pero una vez dentro tiene que seguir orientándose.
Conjeturas. Los hechos son que puede bajar la temperatura bastante para matarlos. ¿Y cómo lo hace para encontrarlos?
-Disparar dentro no es buena idea. Puedes herirlo o no herirlo, pero o rompes el blindaje de la nave después, o rebota.-
Y sus propias opciones no son mucho mejores. Cambiar las condiciones del entorno, la gravedad, sería nocivo o letal para las naves. Lanzar rayos sobre una superficie metálica tampoco es mucho mejor. Funcionase o no, se freirían todos. Lo peor es que los nyx le nombrarían durante siglos como el imbécil que lanzó rayos contra sí mismo. ¿Y cómo les detecta?
Calor. Lo arrebata, o tal vez se alimenta de él. ¿Es así cómo les detecta? No se necesita vista, olfato, u oído para sentir el calor. Es una teoría que merece la pena comprobar. Saca el cuchillo de su funda. Comienza a alimentar la hoja con su propia magia. La hoja corta y cauteriza, estará más caliente que cualquiera de ellos. Entonces, si su teoría es correcta, llamará más la atención del ser que cualquiera de ellos. Por eso arrojará el cuchillo lejos, justo al otro extremo, al lado de donde ha entrado la criatura. Puede enviarle magia a distancia para mantenerlo activo.
-Azor. Vamos a intentar activar los reactores de la nave más cercana. A mínima potencia, para que sea seguro para nosotros. Tal vez un impacto directo lo destruya. Si falla, la dejaremos en esa esquina- o intentará atraerla personalmente a otro lado para escapar luego mediante el “parpadeo”. -Subimos a una nave, y escapamos, pero tendrás que configurar la puerta para que se abra. El vacío nos expulsará a todos. Estaremos en una nave e intentaré crear un escudo para protegernos. A cierta distancia, las naves continuarán siguiente este transporte- La inercia es una cosa maravillosa. Solo irán más lento por el vacío, pero siguen impulsándose hacia delante. -Eso nos dará tiempo para revisar los alrededores. Tal vez esta no sea la única criatura-
Duua puede ayudar, si aún no se ha congelado, con las múltiples derivaciones, incluso puede arrancar su propia nave si hace falta.
-¿Tenemos un plan mejor?-