CAPÍTULO 1 - ESCENA 1: Noche de Cartas
Un leve atardecer entre nubes deja paso a la primera luna llena de Mayo. Los rayos de luna caen sobre la hierba bailando entre las hojas de los árboles y atravesando una fina niebla. Se respira una noche tranquila en los bosques del ducado de Franz, con una fría brisa húmeda acompañada del crujir de las hojas bajo los cascos de los caballos.
Los sonidos de la noche, tranquilizadores e inquietantes al mismo tiempo, indican que la noche aún es joven y que la verdadera diversión está por llegar. Llevas viajando en este carruaje lo suficiente como para empezar a aburrirte de admirar los detalles de los asientos y las cortinas. Sabes bien a dónde te diriges, es como si ya pudieras escuchar el sonido del piano de la mansión Franz y las risas entre conversaciones y aplausos. Pronto, junto a los sonidos naturales de la noche temprana, se le unen las gotas en la ventana de tu carruaje, y una leve llovizna comienza a caer.
Como siempre, el carruaje enviado por la duquesa no olvida ni un detalle. En la pequeña mesa del carruaje, encuentras apetitosas frutas frescas y un recipiente de vidrio, alumbrados cálidamente por un candil. Las gruesas cortinas corridas a los lados, dejan ver las oscuras hojas fuera del carruaje, y la leve lluvia adorna la estampa. No cualquiera puede presumir de importarle lo suficiente a la duquesa como para que recuerde sus frutos favoritos.
La duquesa de Franz estará esperándote en su habitación, como siempre hace cuando quiere que le traigas aquello que encuentras importante tras las salidas a las que te encomienda. Sin embargo, en esta ocasión, no vienes con grandes pistas, sino con la orden del día tras haberte reunido con el núcleo rebelde de aldeanos de Gutsdoven. La duquesa sabe que la noche del Rito está muy cerca, y se encuentra inquieta, así que probablemente te pida más detalles de lo normal. Trata de recordar el máximo posible para explayarte largo y tendido ante ella, o podrías decepcionarla. Aún tienes un pequeño rato para ello en el carruaje hasta que llegues a tu destino, mientras el bamboleo del carruaje te acompaña en tus pensamientos.
¡Verunor, comenzamos!