INFIERNO
Ambientación:
El Infierno es un plano de existencia maligno que al igual que otros planos exteriores, es espacialmente infinito y consta de nueve infinitas capas o sub-planos.
Estos planos son hogar de diversas clases de criaturas malignas. La mayoría son nativas de estos planos, ya que muy pocos seres de otros mundos son capaces de soportar las condiciones tan extremas del abismo. No solo el terreno y medio son terribles, sino que abundan seres perversos, depredadores, salvajes y despiadados por doquier, quienes solo tienen en mente destruir o dominar todo lo que ven. Estos son los llamados diablos o demonios y ni siquiera otros de su misma especie están a salvo de sus congéneres.
Para los demonios, solo ellos mismos importan y harán lo que sea con tal de ganar dominio y poder sobre todo lo demás. Esa es su naturaleza. La confianza es algo que no existe en sus mentes. Tan solo existen la sumisión o la destrucción de los enemigos y la mutua conveniencia. Un demonio jamas se someterá a nadie voluntariamente y solo obedecerá en lo indispensable a otro ser mas poderoso, hasta que pueda deshacerse de este.
Averno
La primera capa del infierno es llamada el Averno, un sitio que comparte fronteras con los planos vecinos de la Gehena, las Tierras Exteriores y los campos de batalla de Acheron. Es posible viajar entre Averno y estos planos en ciertos lugares. Los portales para realizar este desplazamiento son enormes aros de luz rojiza custodiados por feroces demonios y criaturas abismales.
Esta capa del infierno representa la sangre, la violencia, la dominación y la muerte. La mayor parte del plano es un desierto rocoso. Por debajo de un firmamento de color rojo sangre, bolas de fuego caen y estallan de forma impredecible, incinerando a cualquiera que, a diferencia de los seres nativos de este plano, no posea una elevada resistencia o inmunidad al calor y el fuego.
El Río Styx fluye a través de esta capa, aunque con el más apropiado nombre de Río de la Sangre. Desde el río, el sitio más cercano es la ciudad en ruinas de Espina Negra, donde los refugiados de las Tierras Exteriores tratan desesperadamente de evadir a los guardias demoníacos y de enviar su ciudad de nuevo a las Tierras Exteriores.
En el centro de todo el plano yace la Ciudadela de Bronce, residencia de Bel, Señor de la Guerra del Averno. La Ciudadela es una colección enredada y en continuo crecimiento de paredes y edificios que se extienden desde la antigua fortaleza de la que fuera la anterior gobernante del plano, ahora encarcelada y reemplazada por Bel.
La mayor parte de los caminos infernales conducen bien a los Pozos de Larvas o a la entrada al Gran Abismo. Este último es el agujero a través del cual, las almas de los malvados se precipitan hacia el infierno y durante su caída, algunos son atrapados y devorados por los acechantes demonios, hambrientos de poder y de revitalizarse con la energía de las almas.
Otros son capturados para ser llevados en carros y jaulas hacia los Pozos de Larvas, donde se les arroja para que sean devorados por un mar de retorcidas larvas infernales. Una vez que las larvas han comido, excretan espíritus vacíos, sin memoria, sin pensamientos y sin voluntad, perfectos esclavos o material para lanzar al Pozo de la Llama de Phlegethos y transformarlos en nuevos demonios.
Más allá se encuentra Azharul, la gran montaña que destaca imponente sobre el resto de las altas colinas y montañas negras, sembradas de agudos picos y crestas.
Como ya se ha mencionado el Averno es gobernado por Bel, un belicoso diablo de la sima que gano suficiente poder para derrocar a la antigua señora de este plano y aprisionarla en su fortaleza, drenando su poder demoniaco. Bel es un inteligente comandante de batalla y quien dirige a sus legiones en la lucha contra las criaturas que pretenden entrar al Infierno. Es asistido en esta labor por los Ocho Oscuros, un grupo de Diablos de la Sima que se han destacado por encima de los demás y que tienen la confianza de los Duques Infernales, siendo representantes de cada uno de sus oscuros y temibles señores.
El Señor de la Primera es un veterano de cientos de batallas en la Guerra contra las fuerzas Celestiales. Traicionó a la anterior Señora del Primero, Lady Zariel, con el apoyo de los Ocho Oscuros y el propio Asmodeus. Se dice que mantiene a Zariel presa en lo más profundo de la Ciudadela de Bronce, y que la usa para extraer su fuerza vital y aumentar aún más sus capacidades.
Bel es relativamente nuevo en el cargo de señor de su capa, y no tiene ni la predisposición ni los apoyos políticos que tienen el resto de archiduques. En cambio, es el más implicado en la Guerra. Ante todo, es un experto estratega que siempre lucha en términos favorables.
Su arma es un retorcido espadón llameante, Perdición del Abismo, con el que se enorgullece de haber matado miles de celestiales.
Dis
Es la segunda capa del infierno y es en gran parte una planicie llana, con un cielo de color verde lleno de humo que de vez en cuando se ilumina por un rayo. Negros ríos estancados entrecruzan sus llanuras y espuelas monolíticas de ennegrecido hierro en bruto y formaciones rocosas naturales brotan fuera de las llanuras, creciendo y haciéndose más frecuentes a medida que el viajero se acerca a la propia Ciudad de Hierro.
Aunque la Ciudad de Hierro de Dis esta rodeada por una masiva muralla de hierro, la transición de la llanura a la ciudad en sí es imperceptible. En cierto momento el viajero pasa un arco de hierro y al siguiente, se encuentra caminando por el centro de una ciudad con poderosas paredes de hierro que rodean todo lo que se puede ver. Por tanto, es mucho más fácil entrar en la Ciudad de Hierro de lo que es salir de ella. Para esto ultimo, hay que pasar a través de las puertas de la ciudad, fuertemente custodiados (a menos que el viajero tenga otros medios para cruzar a través de los planos de existencia).
Las calles de la ciudad están llenas de humo, producto del intenso calor que emana de las paredes, el cual quema a los que las toquen sin protección. Diversos tipos de demonios y criaturas que aun conservan sus almas y recuerdos deambulan por la ciudad, siendo las presas favoritas del Archiduque Dispater para ser atormentados.
El edificio más prominente en la Ciudad de Hierro es la Torre de Dispater, un edificio con el tamaño de un rascacielos, hecho enteramente de hierro y plomo, el cual cambia de forma constantemente. Las calles también están en constante transformación, siendo reconstruidas incesantemente por las almas atormentadas y los demonios caídos en desgracia.
A pesar de todo esto, Dis es la ciudad más poblada y rica en el infierno, llena de viajeros interplanares de todos los tipos, que vienen a degustar las delicias aterradoras de la ciudad, por negocios o con intenciones de preparar su viaje hacia capas mas profundas.
Dispater, el archiduque de Dis
Esta figura humanoide de cabellos oscuros y poco más de dos metros de altura podría pasar por un humano si no fuera por los pequeños cuernos que sobresalen de su frente y sus ojos de color rojo brillante. Vestido con un atuendo regio, porta siempre una vara larga metálica, coronada con una maza.
Poco se sabe del Señor del Segundo, pues apenas sale de su fortaleza de Dis. Es bastante paranoico y reservado, y solo sale cuando es llamado por el propio Asmodeus. Su principal aliado es Mefistófeles, con el cual conspira contra Baalzebul. Se le suele asociar con los muertos vivientes. Tiene el aspecto de un humanoide de gran tamaño, con pequeños cuernos y cola, bastante atractivo. Porta siempre la Vara de Dis y el Bastón de Hierro de Dis, símbolos de su posición y armas magníficas.
En combate Dispater gana tiempo mediante la creación de paredes de hierro, alejando a sus oponentes. Mientras que sus enemigos luchan por penetrar sus defensas, pide refuerzos convocado a sus soldados. Si lo requiere, utiliza su experiencia en combate y capacidades mágicas sobre el hierro.
Si en cualquier momento nota que la batalla se vuelve en su contra, no duda en usar un teleportar mayor para batirse en retirada.
Dispater es la definición misma de la precaución. Está en constante alerta, por lo que algunos lo han tildado de paranoico, teje sin parar una red de defensas impenetrables alrededor de sí mismo. Sus planes son de largo alcance, durando incluso generaciones. Sin embargo no es un cobarde. Es una persona calmada, educada e incluso encantadora. Un perfecto caballero poco dado a los arrebatos emocionales o a los actos de pasión. Un hábil jugador de la política y los juegos conspiratorios de los Nueve Infiernos, donde es uno de sus mejores jugadores.
Dispater tiene agentes dispersos a través de las capas, todos trabajando en un complicado esquema. La mayor parte de los objetivos de Dispater se esconden detrás de innumerables mentiras y engaños, pero su odio hacia Baalzebul es el secreto peor guardado en los Nueve Infiernos. Entre ambos mantienen una guerra de traiciones y asesinatos secretos, cada uno con la intención de aventajar al otro en la ruptura de sus defensas.
El señor de la segunda capa ha forjado una alianza con Mefistófeles, que comparte el odio de Dispater hacia el Señor de las Mentiras, pero incluso con u ayuda, las conspiraciones consumen casi todo su tiempo. También se distrae con la ampliación de su influencia en otros lugares. Dispater favorece a las Erinias, ya que no son sólo hermosas, sino también competentes y leales inquebrantablemente, la protección de su fortaleza está encargada por millares de golems de hierro y otras constructos metálicos que obedecen sus órdenes.
Minauros
Es el tercer plano del infierno. Es un lugar donde lluvia ácida y granizo helado caen eternamente sobre la carne. Mammon es el gobernante de Minauros, aunque ha cedido parte de su dominio a su consorte Sagirsa y a su hija Baelzra.
La mayor parte de la capa es un gran pantano triste de tierra podrida, llena de carroña y con sombrías lagunas de agua acida. A través de la niebla turbia, es común encontrar numerosos cadáveres semihundidos por la lluvia.
Otra característica horrible de estas tierras son las celdas. Estos son grandes pozos poco profundos, llenos hasta una profundidad de dos o tres pies con agua. Las cadenas y los grilletes de metal y de hierro están asociadas a las enormes piedras que se ponen en la parte inferior de las celdas, donde se colocan a los intrusos y otras personas capturadas por los demonios espinosos de Mammon.
Los prisioneros encadenados se ven obligados a estar de pie o sentarse en las frías y fétidas aguas hasta que mueren a causa de la exposición o el hambre, a menos que sean llevados para la tortura o interrogatorios primero. Algunos prisioneros logran escapar, pero es más que nada cuando los demonios de púas permiten a un prisionero hacerlo con el fin de cazarlo por deporte.
Hacia el centro de la capa, Minauros se eleva en inmensas tierras baldías, llenas de fisuras con limo. La gran ciudad de piedra en hundimiento de Minauros se puede encontrar aquí, asentada en el fondo de un tazón pantanoso en el centro de estas tierras pantanosas. La ciudad está construida de piedra negra recogida de otro plano, tal vez un mundo en el Plano Material, y se apoya en pilares poderosos que eternamente se hunden en el pantano que compone esta capa.
Por debajo de la fortaleza de Mammon se dice que existen las ruinas de una raza que una vez residió en las Tierras Exteriores, y que en algún lugar de tal ciudad hay inmensas cámaras llenas de riquezas más allá de los sueños.
Mammon, el archiduque de Minauros
El Señor del Tercero es un ser avaricioso obsesionado con las posesiones materiales. Entre toda la inmundicia de Minauros, el único brillo es el de su ostentoso palacio, repleto de riquezas y magia.
El resto de diablos no confían en él, debido a que es un cobarde que no duda en cambiar alianzas cuando las cosas no vienen bien dadas (fue el primero en suplicar el perdón de Asmodeus cuando éste se impuso en la rebelión que protagonizaron varios archiduques).
Originalmente un diablo de la sima, el aspecto actual de Mammon es el de una mastodóntica serpiente con torso humanoide. Cuando se decide a luchar (si el enemigo tiene posesiones valiosas) suele usar su enorme poderío físico para arrollar al rival armado con un gargantuesco arpón, su daga Avaricia o el arco Aliento Avaricioso.
Phlegethos
Esta capa es literalmente, el Infierno, o al menos lo que la mayoría de las criaturas de otros planos asocian con el. Un plano conformada por incontables volcanes activos vomitando magma incandescente, montañas de cenizas, incendios por todas partes, corrientes de lava, fosas de llamas, columnas de humo siempre elevándose y un suelo quemante permanentemente azotado por una lluvia de fuego mágico. El cuarto infierno está gobernado por el Gran Belial y su hija, Fierna.
El suelo de Phlegethos siempre es incómodamente caliente. La mayoría de los intrusos tienen que estar en constante movimiento solo para evitar las quemaduras. Los temblores son comunes, y no es raro que el suelo entre en erupción violentamente o que se abran fisuras en el sin previo aviso. El cielo de Phlegethos es un oscuro vacío sin estrellas, pero las llamas que brotan continuamente del suelo iluminen este extraño y duro paisaje.
Los ríos de fuego líquido emergen de al menos dos lagos masivos donde las llamas arden con más fuerza. Esta "agua" ardiente está habitada por numerosas salamandras errantes que fueron traídos a esta capa muchos siglos atrás y quedaron bajo la sombra del amo de este lugar.
Dado que las salamandras no son propensas a recibir órdenes, esto no funcionó muy bien y la mayoría fueron asesinadas por los sirvientes y vasallos de Belial. Las pocos que escaparon quedaron vinculadas a esta capa del infierno y continúan sobreviviendo tratando de evitar a los grandes grupos de demonios y atacando a individuos solitarios que se aventuran demasiado cerca de uno de los ríos de fuego.
El Pozo de la Llama es un mar de fuego en ebullición. Es un lugar tanto de promoción como castigo para los demonios a través de los nueve infiernos, ya que el sumergirse en un pozo alimentado por la furia misma del infierno logra dañar incluso a los mas poderosos demonios, pero si logran soportar la indescriptible y agónica tortura de las llamas, sus cuerpos se fortalecen de una forma extraordinaria. Miles de criaturas observan alrededor a aquellos que son enviados al suplicio, a las almas que son arrojadas para engendrar nuevos demonios o a quienes se lanzan a los pozos voluntariamente, muchos de ellos para no volver a salir jamás.
La capital de Phlegethos, Abriymoch, es una ciudad fortaleza construida en el borde de un volcán. Tiene poca tolerancia para los forasteros, pero los aliados importantes de Fierna, el Señor de la Cuarta capa, tienen su lugar en la sociedad. El diablo de la sima Gazra, un importante comandante de los ejércitos infernales habita aquí en un palacio de cristal.
La mayoría de Phlegethos está habitada por los demonios de púas, aunque otros tipos de criaturas viven allí también.
Belial, maestro del dolor y el sufrimiento
El Señor del Cuarto realmente se mantiene en la sombra, mientras que es su hija, la bella y psicológicamente retorcida Fierna, la que reina bajo sus órdenes.
El Gran Belial es aliado de Baalzebul, y se mantiene siempre atento a las maquinaciones de Mammon y Geryon. Se dice que originariamente era un ángel, todo lo contrario de lo que es ahora: un ser obsesionado con el dominio y el castigo físico y sexual. Es de conocimiento público la desviada sexualidad de Belial, algo que ha heredado su hija. Las incestuosas relaciones entre ambos tampoco son secretas.
Físicamente, Belial tiene el aspecto de un humanoide alto y musculoso con barba oscura, cuernos y cola que usa ropajes lujosos que dejan poco a la imaginación. En combate, Belial empuña su llameante lanzón, Placer del Dolor.
Fierna, Archidiablesa de la Pasión, Señora de la Lujuria
Lady Fierna es la hija del archiduque Belial, compartiendo con él el gobierno de Phlegethos. De hecho, durante siglos, muchos sabios pensaron que Fierna había depuesto a su padre. En realidad, fue Asmodeus quien decretó que Belial, consumado conspirador junto a Baalzebul, tomara un papel secundario en la política del Cuarto Infierno y que fuese Fierna la que gobernase públicamente. A día de hoy, es desconocida la razón por la que Asmodeus hizo esto, pero es seguro que tendrá una función importante en alguno de sus planes.
Por su parte, Fierna estaba encantada con sus nuevas y mayores responsabilidades. El camino a este nivel de poder fue largo y árduo. Fierna es una de los muchos hijos que tuvo Belial durante sus años de maldad en el Primario (que acabaron provocando su caída), y la única que consiguió llamar su atención.
Fierna nació en algún mundo del Primario hace eones desaparecido, y heredó la maldad de su padre. Cuando llegó a cierta edad, mató a su madre (la cual había sido violada por Belial) y a sus hermanastros. Al igual que su padre, el deseo de oprimir a otros física y sexualmente la convirtió en una terrible enemiga de mujeres y hombres del mundo en que habitaba.
Durante su tiempo en el Primario, Fierna no envejeció, pero su belleza si creció enormemente, al igual que sus dotes asesinas. Eventualmente, alcanzó un gran poder en un terrible imperio, asumiendo su papel de inquisidora y torturadora. Sus brutales actos fueron tan grandes que acabó llamando la atención de Belial. Conociendo el dolor y sufrimiento que su hija había causado, Belial la sedujo y la llevó ante Asmodeus, que la convirtió en una archidiablesa.
Desde entonces, y hasta la rebelión de los archiduques, Fierna se aburrió bastante. Al principio se contentaba con atormentar diablos, más duraderos que los mortales. Belial no la dejaba viajar al Primario, por temor a las represalias de las fuerzas del bien. En cierto modo, la rebelión de los archiduques jugó en beneficio de Fierna. Ahora, como regidora pública de Phlegethos, ella es la primera en torturar las almas que llegan al Infierno (aunque sigue dándole las almas poderosas a su padre). También supervisa al diablo de la sima Gazra, jefe de seguridad en las cuatro primeras capas de Baator. Aún así, Fierna sabe que no es más que una marioneta para su padre y Asmodeus.
Suficientemente inteligente para saber con quién se está midiendo, se contenta con su status actual, obedeciendo las órdenes de su padre mientras considera nuevas vías de aumentar su poder.
Se sabe que Fierna ha estado viendo a otros poderes del Infierno, especialmente Glasya, la hija de Asmodeus. Entre ambas hay una especie de amistad. Glasya suele compartir información con Fierna sobre varones atractivos del Primario y cómo acceder a ellos, y por su parte, Fierna le cuenta los acontecimientos de Phlegethos. Aunque Fierna solo da información aparentemente intrascendente, Glasya se lo cuenta todo diligentemente a su padre, Asmodeus.
Fierna también desea y odia a partes iguales al Señor de la Sensualidad, el diablo Semyaza. Nunca han pasado tiempo juntos, básicamente porque Belial lo impide. Semyaza ve a Fierna como un perfecto espécimen al que domar y mostrarle cuál es su sitio. Por su parte, Fierna solo desea usarle y consumirle totalmente.
Fierna ha tenido tórridas relaciones con el diablo Gazra y el propio Belial. Se sabe que Gazra, uno de los diablos de la sima más poderosos del Infierno, está enamorado de ella, lo que representa unas atípicas emociones en un diablo. Cree ciegamente en Fierna, y que ella debería gobernar todo Phlegethos e incluso el Infierno entero. Haría cualquier cosa por ella, incluso sin que ella llegase a saber esos sacrificios que realizaría en su nombre. Fierna sabe sobre los sentimientos de Gazra, aunque ve rara la extremada dedicación que tiene con ella. En todo caso, ella seguirá usándole y fortaleciendo su posición, pues le beneficia a ella también y continúa alimentando el odio que Gazra siente por Belial, esperando que en el futuro el diablo se atreva a plantarle cara a su padre.
Fierna odia a su padre, pero no puede hacer nada debido a su mayor poder. Se sabe que ambos han tenido perversas relaciones incestuosas. Fierna le odia porque es inmune a su poder sobre los hombres, pero ella siempre cae presa de la influencia de su padre siempre que él lo desea. Actualmente, Belial no sospecha nada sobre la relación de Fierna y Glasya, aunque la vigila atentamente. Sabe que su hija puede ser una herramienta de Asmodeus, lo que la convierte en objetivo imposible de asesinar, y por tanto extremadamente peligrosa.
Fierna aparece como una joven y dolorosamente bella mujer de piel rojiza, pequeños cuernos y cola de diablesa. Aunque su belleza es incuestionable, está en los cánones alcanzables por seres mortales, a diferencia de la belleza antinatural de otros poderes infernales.
Tiene unos grandes ojos humanos, llameantes al enfadarse o usar magia de fuego. Tiene el pelo largo, entre castaño y pelirrojo. En su rostro se refleja una permanente sonrisa siniestra, que hace que aquellos que interactúan con ella por tiempos prolongados se cuestionen su cordura. Usa muy poca ropa, siempre cuero negro, que más que cubrir, está colocada en puntos estratégicos para llamar más la atención sobre su perfecta figura.
Fierna adora el combate físico, deseosa de liberar sus ardientes llamas para ver sufrir a sus víctimas. Suele lanzarse al combate en una feroz carga, usando tanto sus habilidades cuerpo a cuerpo como mágicas. Ataca siempre en primer lugar a la mujer más cercana, y una vez ha eliminado a todas las mujeres, intenta seducir al varón más atractivo para que se vuelva contra sus aliados a cambio de favores sexuales. Solo usará todo su poder si se ve realmente en peligro, pues prefiere conservar en buenas condiciones a cualquier varón al que poder llevarse a su palacio para una eterna tortura.
Su arma, El Desagrado de Fierna, es una poderosa cimitarra llameante sacrílega que penetra cualquier defensa y que puede ser convocada a voluntad en su mano.
Estigia
La quinta capa del infierno es una masa congelada, dominada por el hielo y un océano turbio alimentado directamente por el río Styx. La superficie del mar está cubierta de trozos de hielo y e islas flotantes. El cielo oscuro está constantemente lleno de tormentas eléctricas, y el hielo puede ser iluminado por extrañas llamas heladas.
Tantlin, la Ciudad de Hielo, está construida sobre un enorme témpano de hielo con un gran puerto al río Styx, y está gobernada por un enorme diablo de la sima, aunque el Principe Levistus es quien rige sobre toda esta capa, congelado en un iceberg gigante que flota en el puerto, mientras que por debajo del agua es normal encontrar versiones demoníacas de pulpos gigantes, tiburones, calamares, ballenas, sahuagins y otras criaturas marinas.
Levistus (Leviathan), príncipe de Stygia
El Señor del Quinto y Príncipe de Estigia ha variado un par de veces en los últimos tiempos. En principio Levistus fue depuesto tras rebelarse, secuestrar a la consorte de Asmodeus, Bensozia, para descubrir los secretos del Señor Oscuro, y asesinarla después. Asmodeus le condenó a una eternidad aprisionado en hielo, en las profundidades de un glaciar en la ciudad de Tantlin.
Su colaborador Geryon fue el que quedó a cargo de Stygia, hasta que le fue retirado el cargo tras la rebelión de varios archiduques contra Asmodeus. Desde entonces, Levistus vuelve a ser el Señor del Quinto, dirigiéndolo todo telepáticamente desde su helada prisión gracias a sus poderes psiónicos. Aún así, pese a su confinamiento su Avatar es muy activo en otros planos.
Debido a su aprisionamiento, pocos saben su verdadero aspecto. Se dice que solía aparecerse como un humanoide con rasgos serpentinos cuidadosamente arreglado, un experto pícaro usuario de armas ligeras. Pero su verdadero aspecto es el de una colosal criatura similar a una serpiente, de torso más abultado, fuertes extremidades superiores y carentes de extremidades inferiores.
La prisión del príncipe es una montaña de hielo oscuro que se eleva sobre el mar congelado de Estigia. Es vieja, antigua incluso para los estándares demoniacos. En su centro, a unas millas de profundidad descansa el Príncipe Levistus, el Señor de la Quinta. Levistus es muy consciente de su aprisionamiento y lucha desesperadamente por liberarse. Todos sus esfuerzos hasta el momento han fracasado, su prisión es prácticamente inmune a la magia, frustrando incluso hechizos como deseos y milagros. En los últimos tiempos ordenó a sus siervos diablos para socavar el hielo, mas con cada centímetro que ganan, dos más se construyen por la nieve que perpetuamente sopla sobre la tierra estéril de la quinta capa.
El odio lo consume. Desprecia a todos los otros archidiablos, pero reserva un odio especial para Asmodeo. El sentimiento es mútuo, ya que los Señores de los Nueve saben que si el príncipe Levistus escapara de su prisión, él iría contra todos ellos.
Como resultado, todos están contentos de dejar a Levistus en su perpetuo confinamiento. A pesar de su difícil situación, Levistus tiene influencias en los Nueve Infiernos y más allá. Su avatar trabaja en su nombre, reclutando nuevos seguidores en diferentes lugares del universo. Ha pactado con yugoloths con los que tiene numerosos tratos, con ambiciosos diablos de la Sima y con cualquier persona posible a fin de sentar las bases para la que él cree que será su inevitable liberación.
Levistus es honorable y siempre ofrece un duelo contra un sólo enemigo a la vez. Él lucha siempre a la defensiva, tomando ventaja por su elaborada capacidad para luchar y bloquear los ataques rivales. En el improbable caso de que se enfrentara a un digno oponente, vuelve a usar su pericia en combate para disfrutar de la batalla, alargándola.
Si el combate se vuelve adverso o lucha contra varios enemigos a la vez desata una tormenta de hielo y utiliza su magia helada para dividir a sus enemigos, creando paredes de hielo. Las escasas veces que lo necesita, convoca a un par de gelugones para equilibrar la balanza.
Malbolge
Las Tierras de Trituración, es el sexto infierno, un lugar de escarpadas piedras negras y cenizas, llena de vapores malolientes, humo, fogatas y enormes cuevas y cavernas en las que antiguos demonios todavía acechan. El aire es tan caliente como asfixiante y toda la capa existe en posiciones con inclinaciones empinadas, así que no existe ningún terreno plano. La caída es un peligro constante aquí, al igual que los desprendimientos de rocas y avalanchas.
La Sexta ha tenido más señores que cualquier otra capa del Infierno. El mas antiguo que se conoce fue el Duque Beherit (junto con su consorte, Batna), quien fue destruido por Asmodeus por tratar de traicionarle.
Posteriormente, la capa fue gobernada por Baalzebul través de su virrey, Moloch. Cuando Moloch desafió a Asmodeo, fue exiliado del Averno, mientras que la gobernación de la Sexta pasó a la segunda de Moloch, Malagard la Condesa Bruja. El reinado de Malagard fue de corta duración, sin embargo, ya que ella fue depuesta por Glasya, la hija de Asmodeo y actual señora de la Sexta.
Glasya
Señora del sexto. Adornada en joyería que no tiene rival, sedas y otros abalorios, esta criatura humanoide es la visión idílica de la belleza a excepción de su piel cobriza, alas, cola bifurcada y cuernos que delatan su verdadera naturaleza.
En lugar de matar a sus enemigos directamente, Glaysa los atrae en su abrazo, prometiendole placeres inimaginables. Una vez llegan a ella, los amantes se exponen a una virulenta enfermedad que devora su piel, desprendiéndola de sus huesos. Si se resisten a su caricia, Glasya recurre a métodos directos, utilizando dominar monstruo para obligarlos a permanecer quietos mientras ella los flagela.
Contra grupos más grandes, Glasya sabe que no hay tiempo para diversiones. Una vez más recurre al dominar monstruo para ganar un aliado y sacrificar un enemigo. Como archiduquesa es capaz de convocar otros demonios para que luchen junto a ella, intentando siempre no entrar en la lucha cuerpo a cuerpo.
Malbolge siempre ha sido una capa inclinada, un lugar de deslizamiento eterno, su pendiente eterna hace de ella un lugar casi imposible de navegar. Su anterior gobernante, la Saga Condesa era diferente a cualquier otra, no siendo un diablo ni un demonio. Pero su tiempo ha pasado y ahora Glasya, hija de Asmodeo, reina como la duquesa de la sexta capa. Y para decorar su nueva casa, ella usó el mejor de los materiales que tenía a mano: la propia Saga Condesa.
Ahora que Glasya se ha elevado a la categoría de archidiablo tiene un poder increíble e influencia. Los otros señores del infierno la temen, sospechando que actúa como un intento de consolidar la posición de Asmodeo sobre los Nueve Infiernos. Pero Glasya actúa por su cuenta. Ella detesta a Levistus de quien desea la venganza por la muerte de su madre. Glasya vigila a su némesis e intenta reunir pruebas para obtener de su padre la aprobación de eliminar al archidiablo para siempre.
Maladomini
Es un infierno de ruinas y la séptima capa infernal. Todo lo natural en la capa ha sido dañado, destruido o despojado, sustituido por minas a cielo abierto, canteras, carreteras y puentes en mal estado, ríos de lava fundida, escombreras, ciudades perdidas y canales contaminados, llenos de vapores malolientes, temblores de tierra, fogones y minas. Fugitivos y demonios caídos en desgracia se esconden en las ruinas, mientras que bajo tierra, los antiguos predecesores de los demonios actuales todavía acechan.
El archiduque Baalzebul, el Señor de las Moscas, gobierna esta capa. Él nunca está satisfecho con sus ciudades, exigiendo siempre que sean destruidas y reconstruidas en base a pequeños y casi imperceptibles defectos. Nada menos que la perfección es lo que el exige, incluso si tiene que destruir toda su capa - de hecho, todo el Infierno - hasta que quede a gusto de el.
Las principales ciudades intactas son Grenpoli, la ciudad de la traición y la diplomacia dirigida por la noble Erinia Mysdemn Wordtwister, desde su fortaleza llamada Implacable y Malagard, una ciudad de torres negras a la que él mismo Baalzebul dirige.
Baalzebul (Beelzebub), señor de las moscas
Llamado así porque su red de intrigas no dejaría pasar ni una mosca, el Señor del Séptimo es, al igual que Belial, un ángel caído. Tras su destierro de Celestia, escaló entre las filas infernales hasta convertirse en archiduque.
Aliado de Belial y enemigo acérrimo de Mefistófeles, su aspecto angelical original varió tras su caída: sus seis alas se pelaron, su aura dorada pasó a ser oscura, sus ojos brillantes se transformaron en ojos compuestos similares a los de una mosca y su corona dorada desapareció dando paso a dos antenas.
Pero eso no es todo. Tras la rebelión contra Asmodeus, fue condenado a su forma actual: la de una enorme y repulsiva babosa de brazos cortos que va dejando un rastro de podredumbre detrás suya. Apenas puede valerse por sí mismo, por lo que siempre va acompañado de varios sirvientes.
Si tuviese que entrar en combate, debería valerse de la magia y de su ácido y corrosivo cuerpo para destrozar al enemigo.
Cania
El Octavo infierno, está dominado por un frio tan intenso que resulta letal y es extremadamente hostil hacia los que no son bienvenidos en la capa, que incluye casi todos los seres que entran en ella. Es el hogar de los demonios gelugón.
Cania está gobernada por Mephistopheles. El asiento de su poder es la ciudadela Mephistar, que se encuentra sobre el glaciar Nargus. El Señor de la Octava puede controlar a voluntad el movimiento de Nargus.
Hay muchas cosas que se esconden bajo el hielo de Cania: vastas ciudades perdidas y ejércitos de criaturas congeladas. El portal principal para acceder a Nessus es a través de un agujero abierto custodiado por 9.999 gelugones. En la parte inferior de una fosa vertiginosamente profunda se encuentra un cuerpo helado de agua y a 1.001 brazas de profundidad en es donde se oculta el portal.
Mefistófeles, archiduque de Cania
El Señor del Octavo es un tipo fuerte y astuto, refinado y hasta encantador se podría decir. Eso de cara al público. En privado, sus ataques de ira son frecuentes y mortales para quienes le rodean.
Uno de los principales instigadores de la rebelión contra Asmodeus, Mefistófeles no fue castigado de ninguna forma tras la victoria del Señor Oscuro, a pesar de ser el único diablo que reconoce abiertamente su hostilidad hacia el Rey de los Nueve Infiernos, hasta tal punto de decirle a la cara siempre que puede que intentará matarlo para ocupar su trono.
Otro de los acontecimientos interesantes en torno a Mefisto es el de la rebelión en Cania de un tal Barón Molikroth. En realidad, Molikroth no era otro que el propio Mefistófeles, que de esta manera descubrió a sus generales menos fieles y los castigó apropiadamente.
El aspecto de Mefisto es el del clásico diablo: un humanoide enorme de piel roja, ojos rojos y brillantes, larga cola, grandes cuernos y alas dracónicas gigantescas que prefiere usar capas oscuras y lujosas, así como un cruel tridente, Alma Fría.
Nadie entiende los peligros de la política del infierno más que Mefistófeles. Dado que sus enemigos están al acecho en cada sombra, no se mueve sin un par de guardaespaldas diablos. Cualquier persona suficientemente valerosa para atacarlo merece la aniquilación. En la lucha envía a sus secuaces para atacar al enemigo, mientras llama a más refuerzos, a continuación da rienda suelta a un aluvión de hechizos ofensivos y aptitudes sortílegas desde una larga distancia.
En caso de que se enfrente a una grave amenaza. Mefistófeles se teletransporta, dejando a sus aliados valerse por sí mismos.
Mefistófeles es una contradicción andante. Inestable y de una maldad pura, presenta múltiples caras a los que conoce. Por un lado, puede ser encantador, erudito y civilizado. Pero bajo la apariencia de respeto contiene un genio feroz y una ambición sin control. Es paciente y astuto, sin embargo, cuando está solo se hacen habituales sus arrebatos de ira, en los que grita sin parar y desgarra su propia piel, destruyendo todo lo que hay a su alrededor en una explosión de magia devastadora.
Tiene un gran objetivo, una razón de ser: Anhela por encima de todo el trono de Asmodeus. En su mente su destino es gobernar todo los Nueve Infiernos. Su soberbia y ambición hace que Mefistófeles posea pocos aliados en los Nueve Infiernos, aunque algunos se sientan atraídos por su poder, como Díspater, la mayoría lo desprecian, viéndolo como un elemento inestable e impredecible en la política de los Nueve Infiernos. Entre sus enemigos, Baalzebul es el mayor de todos. El señor de las mentiras hace mucho que se opone activamente a todos sus esfuerzos. Mientras Baalzebul viva, Mephistopheles correrá peligro.
Nessus
Es el noveno infierno y la capa inferior. Es una llanura destrozada por abismos más profundos que cualquier fosa oceánica. Muchos de los barrancos y cañones aquí están compuestos por miles de kilómetros de indiferenciada piedra muerta. La mayor parte de las trincheras parecen naturales, pero otras lucen como si estuvieran cortadas o estallaran en la tierra. Se rumorea que una rama de la laguna Estigia fluye aquí y allá, dejándose caer por las grietas y goteando su camino a través de la capa. Pocos saben cómo llegar a este afluente, si es que existe.
Una grieta de profundidad y anchura increíble se encuentra inmediatamente por debajo de la capa límite entre Cania y Nessus. Ahí se eleva Malsheem, la Ciudadela del Infierno, en toda su oscura, elegante y diabólica belleza. Desde aquí, el Señor Supremo del Infierno, Asmodeus, rige sobre todos los planos del Abismo.
Asmodeus, Señor del Infierno
Los terrores y amenazas que habitan en el Infierno son inmensos, pero sin embargo están limitados por su propia vacuidad, su propia falta de significado. Eso es el Mal: negación. No hay nada en el Mal, más que despojar a otros de lo suyo, consumir todo lo de valor para alimentar el vacío y desear más.
Para los demonios del Caos, esto es ira, una inacabable necesidad de destruir. Para los yugoloths, es un egoísmo apático y la mentira, oscuridad y depravación. Sin embargo, para los diablos, es un intento de atrapar a otros en su espiral de vicio y opresión, convertir a todos en esclavos del vacío que ellos mismos sufren.
Ni siquiera Mefistófeles puede comprender lo que lo más profundo de su alma le ha revelado, que sus ambiciones son vacuas; ni Baalzebul puede darse cuenta que en su orgullosa búsqueda de la perfección solo ha degenerado. Del primero al último, sin importar poder ni rango, todos son iguales en su pérdida.
Hay uno, sin embargo, que conoce plenamente la vacuidad del Mal. Hay uno que se regodea en la patética naturaleza de aquellos que se han esclavizado a su voluntad en su persecución de racionalizar algo sin sentido. Hay uno cuya propia existencia está definida por el vacío, su propio terrible deseo de forzar ese vacío en otros, obligarlos a sufrir en la oscuridad y la miseria por toda la eternidad. Y ese es El Señor del Infierno: Asmodeus.
No hay ningún otro ser en el multiverso más misterioso, más confuso y más temido. Desde tiempos inmemoriales, Asmodeus ha gobernado desde el fondo del Foso, controlando todo aspecto del infierno y manipulando el mal en todo el Cosmos.
Asmodeus es el mayor de los espíritus del Infierno y el que personifica el orgullo de imponer el vacío y destruir la esperanza de otros hasta dejarlos igualmente vacíos. Asmodeus sabe muy bien que lo que él quiere no ofrece nada de valor a nadie más que a sí mismo. Asmodeus quiere esclavos vacíos, almas carentes de luz, esperanza, gozo o amor y a la vez conscientes de lo que han perdido, haciendo su miseria aún más placentera para él. Sabe que en toda alma existe ese mismo deseo, la necesidad de quebrar la voluntad de otros para sentirse superior.
Asmodeus es el Mal Primario, el centro intelectual de todo lo sacrílego. Asmodeus, el Diablo, es el Infierno.
No se sabe cuánto tiempo ha permaanecido el Padre Infernal en el Foso que creó su caída. Se sabe que, como sus iguales, sufrió una gran pérdida de poder, viéndose atrapado en una prisión creada por él mismo, el Infierno.
Mientras el Padre Infernal se recuperaba, las primeras formas de vida emergieron de su sangre coagulada en el Lago de Fuego.
Estos eran los malefircareim, los diablos originales. Extensiones de su padre, estas terribles criaturas buscaron dominarse unos a otros, sabiendo instintivamente que todo el Cosmos aguardaría al vencedor. Pero el Padre Infernal acabó despertándose.
Viendo a sus hijos desde el Foso de Oscuridad, el Señor Oscuro de Nessus se dio cuenta de que no podía regresar a su posición original, pero podría usar a estos seres, sus "hijos", como esclavos, forzándoles por un camino que llevaría inexorablemente a su liberación. El Señor del Infierno liberó una pequeña parte de su voluntad para crear una serie de avatares.
Mediante estos avatares, el Señor del Infierno destruyó a los engendros más problemáticos y seleccionó a los ocho más poderosos para gobernar las otras ocho capas del Infierno. Eran Astaroth, Dispater, Mammon, Adrammelek, Leviathan, Lilith, Sammael y Mefistófeles. Así quedaron establecidos los primeros Nueve.
Para mantener ocupados a estos seres hasta que estuviese preparado para utilizarles, creó a los diablos comunes, y les forzó a una rígida jerarquía que promovía la esclavitud del débil y estúpido bajo el fuerte e inteligente.
En su meta de recuperar el poder perdido, el Señor del Infierno consume almas. Todas las almas mortales con tiranía y vicio en sus corazones van a parar al Infierno. Sin embargo, excepto aquellas tocadas directamente por el Mal, todas las almas poseen al menos una pequeña luz. Cuando estas almas llegan al Lago de Fuego en Phlegethos, toda luz es abrasada, deshaciéndose en las abrasadoras llamas junto con sus recuerdos.
El Lago de Fuego es un lugar de purificación y castigo para diablos; tan importante es, que el Señor del Cuarto, Belial, ha ordenado a Gazra su custodia. Sin embargo, ni siquiera Belial sabe la verdad del Lago de Fuego. El Lago de Fuego es la "vena" del Señor del Infierno, su "sangre".
Mientras que Asmodeus concede poder a aquellos que cree dignos, también arranca toda luz de aquellos que se bañan en su sangre. Les arranca su bondad, su significado, los consume totalmente, esclavizándolos a su voluntad y atrayéndolos a la nada. Cuanto más consume, más se acerca Asmodeus a su liberación.
Asmodeus pasa su tiempo dirigiendo el Infierno, lo cual no le exige demasiado esfuerzo. Varios poderes del Infierno, aunque desconocen el verdadero origen de su señor, sospechan que Asmodeus es más de lo que parece y le temen enormemente. Aún así, eso no ha impedido que, en algún momento u otro, alguno de los otros señores del Infierno se haya enfrentado a Asmodeus, siendo el ejemplo más claro la última gran rebelión, conocida como Dies Irae.
Sin embargo, todos los señores obedecen órdenes de Asmodeus, aunque los más poderosos, como Baalzebul y Mefistófeles, suelen encontrar maneras de obedecer solo lo justo y necesario.
Asmodeus no tiene rival a la hora de elaborar planes. Es terriblemente paciente y no tiene problemas en manipular eventos durante miles de generaciones para alcanzar un único fin. Ya sea en el Infierno o en otros mundos, no hay nada que Asmodeus haga que no tenga algún propósito en su deseo de dominarlo todo. Lo que persigue nunca está claro hasta que es demasiado tarde.
Asmodeus puede guiar a un seguidor y abandonarle en el peor momento, o salvar a un niño de un edificio derrumbándose. Al final, es mejor asumir que todo lo que haga Asmodeus es para beneficiar a él mismo y a lo Maligno.
El aspecto de Asmodeus como Señor del Infierno es el de un humanoide con una altura ligeramente superior a la media, de aspecto maduro y atractivo, cabello oscuro, ojos rojos como la sangre y una finamente arreglada perilla. Viste ropas extremadamente caras de color rojo y negro y capas de aspecto religioso. Más que andar, parece que flota deslizándose grácilmente. Siempre porta el Cetro de Rubí del Infierno, un artefacto de poder incomparable.
La verdadera forma del Señor del Infierno es desconocida. Algunos textos apocalípticos y visiones de lunáticos aseguran que su verdadera apariencia es similar a la de una gigantesca criatura serpentina o dragón sin patas, de alas de murciélago y ojos llameantes, su cuerpo tan grande como todo un universo mortal, y que una sola de sus oscuras escamas abarcaría todo un mundo.
Estas visiones apocalípticas suelen terminar con este tremendo monstruo emergiendo de las profundidades seguido de incontables legiones de diablos, purgando al Cosmos de todo amor, alegría, paz y libertad, consumiendo todo bajo el peso de la tiranía y del mal. Hasta la fecha, todos aquellos que han contado públicamente estas visiones han terminado desapareciendo al cabo de nueve días, para no ser vistos nunca más.
Los Ocho Oscuros
Los principales generales infernales, estos ocho poderosos diablos de la sima sólo responden ante los señores de cada capa y en última instancia ante Asmodeus.
Los Ocho Oscuros son Baalzephon, Corin, Dagos, Furcas, Pearza, Zapan, Zaebos y Zimmimar. Dirigen a todos los diablos por debajo de ellos y se reúnen cada 666 días en Malsheem para planear el siguiente paso en la guerra y decidir los ascensos y castigos entre sus filas.
Cuando no están dirigiendo a sus ejércitos, algo que ocurre raramente, suelen habitar en Nessus. También pueden tomar el aspecto de maléficos humanoides si la situación lo requiere.
Originalmente se llamaban los Nueve Oscuros (en honor a las nueve capas). El noveno miembro era Cantrum, el líder, el cual fue asesinado por un subalterno rebelde. Tras eso, los ocho restantes no vieron necesario buscar un nuevo líder y se reorganizaron como los Ocho Oscuros.