La mujer no hizo caso a las palabras del hombrecillo y te estrechó la mano de forma amable.
-Soy Pamela Pilcher, encantada- sonrió levemente. -Quizás las palabras del doctor no hayan recalado en la gente, pero es necesario hacer algo para las evidencias que tenemos. Los humanos mutamos y estamos viendo que las mutaciones no son buenas. El ambiente nos condiciona de una manera que no es sana para la raza. El doctor Pilcher es pionero en estos estudios, lástima que el gobierno prefiera tratarlos en el oscurantismo. Usted parece un hombre razonable y seguro que comprende lo que estamos tratando aquí.
La mujer frotó la espalda del doctor. -Nos gustaría trabajar con otros modelos poblacionales, pero de momento nos conformamos con exponer nuestros estudios y buscar gente a la que le mueva nuestra causa y quizás se unan a ella.
Disparates y más disparates. Ya estaba dedicando más tiempo del necesario a esos dos chiflados.
-Bien, pues no les entretengo más -dijo-. Además tenemos planes ¿nos vamos, Carmen?
El matrimonio te miró expectante, esperando algo más. Sobre todo el hombrecillo que parecía cabreado y enrabietado, como un niño al que le llevan la contraria. Carmen que había mirado toda la conversación con cierto escepticismo, ella no se había creído ni una palabra de toda aquella charla.
Asintió cuando buscaste su apoyo y te esperó hasta que llegaste a su altura y salisteis hacia el exterior del edificio. Ella espero hasta entonces para reírse de buen humor. -¿En serio tenías que preguntar? Se les ven las pintas de raritos desde lejos, como unos testigos de Jehová o algo así...
Sonrió con cara de pillo.
-Cabrita, si eres tú la que se ha acercado primero. Qué gente más rara, de verdad.
El sol cálido les dio en la cara.
-Te invito a algo ¿quieres?
-Me daba pena que la gente saliera pasando de ellos, nada más. No voy a decir que me quiero unir a su secta de locos investigadores... Además que yo no puedo hacer nada, de ciencias ni idea- se encogió de hombros. -¿Te parece si vamos al Joe's? Está cerca y podemos hablar de tus fantásticas vacaciones.
Rió y vuestros pasos no tardaron mucho en acercaros a un pub no muy lejos de la escuela. Tan cerca que había otros profesores que habían tenido la misma idea feliz que vosotros.
Os ponen dos pintas de cerveza fresquita y burbujeante.
-Cuenta, ¿al final dónde decías que ibas?- se sentó en uno de los taburetes de la barra y pasó sus dedos por el agua condensada sobre el cristal de la cerveza helada.
Cogió su vaso y lo chocó suavemente con el de Carmen, aunque este estaba en la misma barra. A veces para brindar con los buenos y auténticos amigos no hace falta ni hacer festejo. Luego bebió un par de largos tragos de cerveza, se sorbió la espuma y sonrió.
-Que pasen los días de papeleo y guardia. Creo que luego cogeré los trastos y me iré a la montaña. Tengo ganas de respirar aire limpio. Lo que no he decidido es dónde.
A veces el "aire limpio" se necesita tanto física como metafóricamente. Tranquilidad, aislamiento, lejanía.
-No sé es dónde ir esta vez. Pero podrías venirte. Paseos, silencio y sol de verano entre los árboles. Y te digo que no hay nada como bañarse en bolas en los manantiales, sin nadie mirando. ¿Te animas?
Carmen dio un trago y se rió ante lo de bañarse en bolas.
-Has acabado de convencerme, si eliges un sitio interesante quizás aparezca por allí un día o dos. Te llevaré un cargamento de cervezas frescas- bromeó, o no. Seguramente Carmen no sabía aún qué hacer con todo el verano por delante. -La verdad es que quedarme mucho tiempo no, los bichos me dan asquito, pero un día o dos vale. Además, yo soy más de ir a la playa, quizás alquile un apartamento un par de días, podrías venir después de eso. Ir a San Francisco, ya sabes, allí hay una gran comunidad de gays que estarán encantados de conocerte- ella estaba encantada de hablar de tu homosexualidad, aunque no abiertamente delante de todo el mundo, ya se sabía cómo eran algunos profesores como para ir aireando cosas así. Pero Carmen sabía de tu relación anterior. -Un clavo saca a otro clavo y eso...
-Mientras no sea un calvo... jajaja -bromeó-. Trato hecho. Yo me voy contigo unos días y tú conmigo. El verano es largo y hay para todo. Y a todo esto ¿tienes clavo para ti? ¿O ya gastaste al último?
-Ah, no, estoy soltera. Podemos golfear por todos los pubs abiertos del país y bailar en todas las discotecas- dió un trago a su cerveza. -Era un capullo, bueno, como todos... Además tenía gustos raros en la cama, quería que me hiciera dos coletas, me pintara pecas y le llamara papito. Cuando rondas los treinta y te pides eso llega un momento que te replanteas qué coño estás haciendo con tu vida, así que lo mandé a paseo- resopló de forma divertida. A Carmen los hombres le duraban un suspiro, demasiado exigente quizás. -Seré la eterna soltera con una manada de gatos en casa.