Pablo te seguía detrás, en silencio, pero seguramente mirando tus formas al caminar. Y es que los latinos eran así, intensos y descarados, aparte de engañarte con todo lo que tuviera curvas o tetas. Llevaba su mochila a la espalda, junto con la bolsa de aseo que había recogido rápido del baño. Los bomberos que tenían familias pasaban menos tiempo allí, pero los que estabais solteros vivíais allí casi todo el año. Era también por ello que erais los primeros en llegar a una emergencia.
Barracones bomberiles.
No le digo nada más, simplemente dirijo mis pasos hacía el despacho de Malkovitch. Le avisaría de que nos marchábamos ya del todo, para que lo tuviera en cuenta, y preguntaría por el vehículo para ir. No creo que nos haga ir en los nuestros, o si eso pasa, supongo que nos pagarán la gasolina.
Me daba igual que Pablo me mirase el culo o lo que quisiera mirar, no me creo una diva, pero se el efecto que causo en los hombres, así que no me iba a indignar. Él no volverá a tocar nada de lo que mira, así que me la sopla. Paso de él.
El jefe de bomberos os dio paso de nuevo al despacho y sonrió, con orgullo. Se puso de pie él al veros entrar y todo.
-Es un orgullo contar con vosotros para esto- comenzó a decir. -No puedo imaginar a dos candidatos más aptos para algo así, sé que seréis un ejemplo para todos, que dejaréis nuestro nombre en su lugar. Como debe ser.
Pablo se hinchó allí de orgullo, bastante llevaba él solo todo el día como para que le dijeran aquellas cosas.
A mí las palabras de Malkovitch no me hinchaban nada. Quizá mi orgullo hubiera aflorado en otra circunstancia, pero ahora no. Estaba ocupado a otras cosas, como patalear por tener que viajar en compañía del idiota moreno de mi derecha.
- No se preocupe señor... Pondremos en listón alto esta agrupación. Y sobre todo seremos prácticos con los novatos...Un buen consejo les hará falta - le digo, sin que suene a escupitajo, sino que hablo con amabilidad y apunte de media sonrisa.- Ahora nos vamos, para llegar cuanto antes...
-Suerte- dijo el jefe con una sonrisa de confianza, que escondía más de lo que ninguno de los dos esperaría. No se imaginaban que no volverían a volver a verle, ni a ese despacho, ni a esa ciudad.
Pablo te siguió hasta el coche, sin pensarlo. Estaba deseando tomar ese viaje, por arreglar las cosas contigo durante las largas horas de coche. Llevaba su petate a la espalda, como si no le pesara nada. Pablo era un cabrón, pero estaba en buena forma y trabajaba bien, por mucho que te disgustara su presencia comprendías porqué lo había elegido el jefe. El coche os esperaba abajo, en cocheras.
- Gracias, señor - le sonrió de vuelta, y con una despedida escueta como un gesto de la mano, salgo de aquel despecho en dirección a las cocheras.
Si comprendía que escogiera a Pablo. Era un buen profesional, y eso debía reconocerlo. Pero no lo era tanto en otros ámbitos, y no tenemos un pasado muy bueno a cuestas. Así que todo ello implica que no lo soporto fuera de lo laboral...Y él no respetaba la separación entre lo laboral y lo profesional. Que podría verse influido básicamente porque en un trabajo como este, donde vivimos en el mismo lugar donde trabajamos, ese tipo de cosas pueden confundirse...Pero me tocaba los cojones igual.
Con las llaves en la mano, abro el vehículo y monto en el asiento del piloto. Porque conduciría yo, obviamente. No digo nada. Voy en silencio y seria. Dejo mi petate, conforme estoy, en el asiento trasero de aquella camioneta que iba a ser mi infierno unas largas, largas, horas.
Pablo subió y dejó su saco al lado del tuyo. Él iba sonriendo, encantado de tener unas horas contigo, aunque fueran obligadas. Él se arrebulló en su asiento y te miró mientras arrancabas. Sabía que te gustaba llevar las riendas no iba a quejarse.
-Y bueno... ¿No vas a hablarme en todo el camino?- dijo con cierta diversión, tras media hora de ruta.
Comencé a conducir centrada en la carretera, la leve melodía que sonaba en la radio (que encendí al arrancar)... Pero no todo iba a ser de color de rosa. De hecho, me parecía extraño que hubiera tardado tanto en abrir esa bocaza de cabrón infiel que tenía.
Le miro alzando una ceja, un breve segundo y luego devuelvo la vista al asfalto irradiante.
- ¿Tu vas a hacer muchas mas preguntas obvias? ¿Que pasa? ¿Hace tanto que no echas un polvo que me tiras a la desesperada? Esperate a llegar al sitio, habrá muchas tías jóvenes y novatas a las que puedas impresionar...
Pablo se puso serio ante las insinuaciones.
-Eh, no es porque lleve tiempo sin follar, quiero que hablemos. ¿Vas a estar callada y enfurruñada conmigo toda la vida? No me jodas, Ruby, ¿qué edad tienes? Si vamos a pasar unos días juntos al menos hablar de algo...- su cara era la de siempre, de víctima con ojillos de cordero degollado. Estaba claro que él no tenía culpa ninguna aquí.
No despego la vista de la carretera, no le iba a dar el gusto de notar que tiene mi atención.
- No estoy enfurruñada...Me importas ya una mierda, pero no me caes bien. Te trago como compañero, pero no te voy a tratar como un colega. Porque no lo eres...No sé si me explico con la suficiente claridad. No me apetece hablar de nada contigo, nada que no sea de trabajo. No me apetece verte la cara para algo que no sea de trabajo. Me aburres Pablo, me aburres...- sigo conduciendo.
Él negó, no insistió más por el momento y parte del viaje se vuelve silencioso y largo. Muy pesado pese a tener la radio como música de fondo para tratar de distraeros. Todo lo que él hacía te sacaba de los nervios, hasta tararear, todo porque pensabas que seguro lo hacía solo por molestar. Quería hacer notar su presencia de alguna forma.
Acabó llegando el momento donde debíais tomar algo para comer, tus tripas te rugían y no pensabas que pudieras continuar mucho más lejos sin probar bocado. Además que estirar las piernas y tomar espacio de Pablo sería algo bueno seguro. Llegáis a este bar de carretera, que no parece especialmente concurrido.
El tarareo de Pablo hace que yo rechine mis dientes. No le soportaba ya de ninguna forma...No sabía si era tan normal que después de tanto tiempo ya le guardara tanto rencor. Quizá se tratase simplemente de que, al no haber tomado distancia después de la ruptura, la situación se ha vuelto tóxica y autodestructiva. Quizá fuera también la insistencia incansable de Pablo, a pesar de que sabía que siempre sería un cabrón infiel con la bragueta suelta.
Estaba a punto de apagar hasta la maldita radio, pero veo aquel restaurante y es como una brisa fresca ahora mismo. Suspiro para mis adentros y hago a un lado el coche en al carretera para aparcar en el parking.
- Necesito comer, tengo hambre - digo sin más, para luego bajar del coche. Tampoco le iba a dar explicaciones. Si no tenía hambre, que se quedara en el coche solo. No tendría tanta suerte...