Aquello le había rechistado un poco: -¿Por casualidad?- ¿Es que el hombre no era un experto en armas o creía el objetivo demasiado lejos?
Decidió que discutirlo o seguir dando vueltas a ello no aportaba nada. –No sé que vamos a conseguir de una comida en una ciudad abandonada, pero tenéis razón, al menos nos ofrecerá un cobijo sólido. Lleguemos como podamos y aguantemos lo que queda de viaje, luego veremos como nos organizamos.-
-Pero si tienes oportunidad de dar con uno… hazlo. Nos llevaremos con nosotros lo que podamos cargar, por si acaso. Y antes de morirme me lo como ni que sea crudo.-
Miró a Sarah y se encogió de hombros, quizás tenían razón y era mejor seguir juntos y esperar un poco más a ver que encontraban.
-¿Y qué, Hahn?¿Sabes como funciona?- La Roche era un hombre de acción tras unos minutos se habría puesto de inmediato otra vez sobre el camino.
Bluma les miró a todos, se encogió de hombros y volvió a ponerse en pie. Veía que aquello acabaría en que seguirían el camino a la ciudad, y en realidad no lo vio tan mal porque era más fácil (o eso suponía) buscar un punto concreto en un lugar organizado por el hombre, aunque la jungla parecía estárselo comiendo.
Se puso a caminar tras Maximilien con aire algo resignado y la boca demasiado pastosa para hacer ningún comentario.
Hahn examinó el aparato. No tenía botones con lo cual era bastante complicado saber cómo se encendía. Llegó rápidamente a una conclusión.
- Tenemos que esperar a que se cargue la batería entera. Entonces funcionará, y deberemos seguir sus indicaciones antes de que se vuelva a gastar la bateria, pues seguramente tendríamos que esperar a que se cargue otra vez para poder encenderla de nuevo. Es una jodienda que se haga así, pero seguramente su razón se ser tendrá. Quizás ya sabian que ibamos a perder la memoria, quizás necesite unas horas del dia para cargarse y asi indicarnos donde pasar la noche cuando lo siguieramos, como si todo estuviese perfectamente calculado - concluyó pensando en voz alta. - Quizás esto no sea fruto del azar después de todo...
Tendió la mano a Sara, para ofrecerle su comprensión y para que se sintiese apoyada en todo momento. Pero no era momento de irse. Tenían que averiguar cómo funcionaba aquel localizador. Y averiguar a qué lugar les llevaría.
Voto por esperar a que se encienda el aparato. ^^
Sara asintió, pues no le parecía mala idea ir a la ciudad.
Tenéis razón. Sabía reconocerlo, no tenía ningun problema. Por lo que puedo ver a simple vista, parece que la vegetación ha conseguido adaptarse y veo bastante variedad. Además, seguramente en el pueblo haya un río o cualquier otra fuente de alimentación pues las ciudades suelen formarse alrededor de uno. Pero estoy de acuerdo con Hahn, démosle una oportunidad al localizador y esperemos a que se cargue la batería. No nos viene de un rato más. Es importante saber dónde estamos para poder partir de una base. Sostiene la mano de Hahn y le sonríe, agradeciéndole el apoyo. Pero cuando se menciona lo de cazar ciervos, la aprieta levemente y apenas puede tragar saliva. Se notaba a leguas que no era una opción que le hiciese mucha gracia.
Como ya habréis adivinado a estas alturas, sentarse a esperar no era una de las virtudes de Maximilien. Ante las palabras de Hahn detuvo su avance y resopló para sus adentros. Por lo visto, el descanso se prolongaría.
El hombre tendía a la acción y en ese instante se sentía impotente, inútil, viéndose sin nada más que hacer que sentarse. –De acuerdo… Esperemos a que el dichoso trasto se cargue.- Se exclamó sin entusiasmo, ya ni ánimos tenía para debatir aquellas conjeturas planteadas.
Asintió con la cabeza y guiñó un ojo a Laroche cuando trató el asunto del ciervo, él había sido un soldado, o eso creía, en lo que en la cabeza de Marc se empezaba a conocer como “la otra vida”, y no un cazador, además, el arma que llevaba no le resultaba la más adecuada para la caza, pero por lo menos le consoló saber que la idea de matar al animal no le suponía ningún problema, después de todo podía darse el caso de que fuera un asunto de supervivencia. Esperaba no tener que comprobar que pasaba si lo que había al otro lado del cañón era una persona.
Iba a continuar, sin prisa excesiva, pero le pareció excelente la idea y así se lo hizo ver a los demás con un gesto, a ver si el maldito aparato funcionaba o había cargado inútilmente con él, y en vez de sentarse de nuevo, lo que hizo fue dirigirse al lugar donde se encontraba Bluma con un suspiro, y se encaró con ella, la cabeza ligeramente ladeada y los azules ojos entornados.
¿Te encuentras bien? El tono no había sido demasiado suave, incluso parecía que a las palabras le hubiera costado salir de su boca. Se relamió los labios, ásperos y agrietados, en busca de un poco de húmedad ¿Podrás continuar hasta la ciudad?
El pequeño grupo de desconocidos decidió esperar a que aquel artefacto se cargara y encendieran. Todos acomodaron sus cansados cuerpos como pudieron en aquel valle mientras dejaban pasar el tiempo.
Tragaban con dificultad, apenas podían producir saliva y la humedad del ambiente aumentaba conforme el sol estaba más alto, empapando de sudor lentamente, grandes porciones de sus ropas.
La duda sobre si aquel aparato estaría estropeado o no le bastara un día para cargarse del todo, empezó a invadir a algunos. Y esta duda se hacía más resonante cuando empezaron a tener dolores de cabeza y mareos cuando se incorporaban para cambiar de postura. El hecho de sentirse cada vez mas débiles no alentaba mucho la esperanza que digamos, aunque lo más desalentador fue ver como quedaban pocas horas para la puesta de sol, quizás dos, con suerte 3, era difícil de orientarse en esa situación.
Todos sufriréis penalizadores a vuestras tiradas mientras estéis en este estado, los cuales dependerán de las acciones que llevéis a cabo.
Debe de ser un efecto secundario de la criogenización. El calor del sol, el haber forzado tanto nuestros músculos habiendo estado tanto tiempo parados.
Pero lo cierto era que Hahn no era un experto en materia biosanitaria. Por otro lado, estaba convencido de que el aparato funcionaría cuando termianara de cargarse la batería. Algo que parecía que no iba a llegar nunca. Entendía las malas miradas de algunos de sus compañeros. Sobretodo de aquellos que parecían tenerle en mala estima.
Se apartó el sudor de la frente y agarró el aparato, con ciertas ganas de gritarle mil improperios. ¿Cuánto le quedaba? Si al menos tuviera una barrita que indicara el porcentaje del progreso de cargado.
El aparato que tenía Hahn no parecía cargarse nunca, así que ahí se quedaron esperando, dejando que el sol ejerciera sus efectos negativos sobre los cuerpos recién reactivados del grupo.
Bluma lo sabía, de cierta manera. Podía notar cómo se estaba deshidratando progresivamente según caía el sol y no se movían para buscar agua, como ella había propuesto. También sabía que no era la única, por la forma en que cerraban los demás sus ojos al moverse, mareados, y sus bufidos.
La doctora probó a levantarse, intentando ver aproximadamente si se veía capaz como para buscar, ni que fuera ella sola.
-No...no quiero sonar pesada...-la boca pastosa no le permitía hablar muy bien, y su voz sonaba como si se acabase de fumar un cartón entero de puros.-Pero necesitamos agua. Ya.
Sara también se limpiaba el sudor, pero en silencio. Viendo como Hahn se agobiaba un poco por la mirada de sus compañeros, ella le puso la mano encima de la de él y la apretó suavemente, en señal de apoyo. Ella sólo se iría cuando él se rindiese.
Mientras tanto, se acordó de algo y se dispuso a mirar dentro de su mochila, el interior de las cajas que había cogido de su maletín. En estos momentos necesitaba saber exactamente que llevaba encima.
La modorra se había impuesto, de una manera tan estúpida que Debecker no acertaba a comprender, y es que sentarse había sido un error, había devuelto su cuerpo al agradable estado de letargo que debía sentir en el liquidito azul. Pero claro, eso es fácil de pensar ahora, decírselo a tus jodidas piernas después del día de caminata y que estás no te mandaran a tomar por culo era otra cuestión.
Se concentró en levantarse mientras las palabras de los demás le llegaban difusas a través del pesado aire, quería quedarse allí, y lo único que hizo que se levantará fue la visión de botella de agua bien fría, respirando poros de aguas a través del plástico, pero claro, aquello no fue nada más que un vil truco de su revoltosa cabeza. Pero por lo menos ahora estaba de pie, un gran paso.
Aquí la chica tiene razón aquellas palabras le sonaron raras en su boca, y no lo decía por el tono nos movemos a la ciudad ahora, mañana seguramente también habrá sol y si bebemos y tal vez comamos algo pensaremos mejor así que dio ejemplo y se echó la mochila al hombro ¿Quién cojones me la ha llenado de piedras? Un crujido nada agradable le indicó que su espalda se cagaba en él y que la mochila estaba en el lugar adecuado.
Vamos, intentaremos llegar a la ciudad, e intentaremos hacerlo antes de que se haga de noche, atentos por si alguien oye la mínima señal de agua corriendo.
Debería haberse parado a preguntarse si los demás iban a seguirle, pero no lo hizo, sino que comenzó a andar el primero, y al pasar junto a Maximilien se señaló la pistola y asintió con la cabeza, si algo se ponía a tiro, intentaría recrear los hábitos del hombre prehistórico.
Frecuentemente la incertidumbre puede ser de lo peor que un ser humano tiene que afrontar. Maximilien esperó con semblante templado a que el dichoso trasto se cargara sin embargo sentía sus nervios ir en aumento y el ambiente crispándose entre sus compañeros. El sol les atacaba sin piedad alguna y aquello era lo más próximo a sentarse a morir, algo muy contrario a su naturaleza, pero el hombre no era estúpido y entendía el objetivo de aquella demora así que no le quedaba otra que “rezar” para que Hahn supiera lo que se hacía.
Al cabo de un largo rato, las palabras de Bluma les alcanzaron. Al menos aquello podía hacerlo, si bien arriesgado, era mejor que quedarse sin hacer nada. –Tiene razón.- Dijo levantándose con convicción a la vez que lo hacía el soldado. Su cabeza dio una vuelta involuntaria, estaba claro que el sol y la demora les había afectado sin embargo no se permitió translucir debilidad alguna.
A pesar de ello, Debecker fue el primero a expresar su opinión. De hecho él se había incorporado con la decisión de ser el mismo quién, solo, se aventurara a buscar agua, pero el improvisado compañero había cambiado los hechos. Ahora había que decidir si lo que cual camino era el más sensato y LaRoche no era un hombre que le gustase la indecisión.
Se acercó al científico y le puso una mano sobre el hombro. –No dudo de tus ideas. Pero él tiene razón, el aparato aún puede tardar en cargarse. Si avanzamos podrá seguir haciéndolo mientras caminamos.- Cargó a la espalda su mochila. -Si quieres puedo llevarlo yo en mano.- Le dedicó una sonrisa con intención de reconfortarlo. –Mejor nos acercamos un poco más, estar aquí expuestos en la nada, no ayuda, cuando el maldito chisme esté cargado ya seguiremos sus indicaciones. ¿Te parece?-
¿Como me siento? ¿Cansado? ¿Ultracansado? Dependiendo de eso decidiré hacer una cosa u otra. :D
Te sientes cansado, casi sin fuerzas, a veces se te nubla la vista y te mareas cuando cambias de postura.
Hahn sonrió a Maximilien. Agradecía su apoyo. Y, sobretodo, el de Sara. Ella era la que más le había entendido desde el primer momento. Pero negó con la cabeza.
- No puedo más. - dijo mirandose a sí mismo tirado en el suelo - Vosotros sois fuertes y robustos, pero mi cuerpo es enclenque y estoy muy débil. Creo que no sería capaz de llegar a la ciudad sin desfallecer.
Miró a las chicas. Bulma tenía una aplastante determinación en la vista. Y Sara... Sí... ellas eran fuertes también. Se sentía idiota por ser el más débil del grupo. Pero no podía moverse.
Aclaración:
Mi personaje va a ir a piñón a por Sara. Es mujeriego y aunque ambas le parecen atractivas, ve a Sara más dispuesta y mucho más "jóven y guapa" xD
Porque pienso que Hahn es un hombre de recursos y sabe que mantener al grupo vivo es una ventaja para él. Pero realmente Marc le da miedo, y como le dé mucho la tabarra, acabará tomando medidas en el asunto. No puede dormir, si piensa que un tipo que duerme a su lado está armado y tiene tan mala leche. Y tanto odio por él.
Finalmente, a Hahn no le da la gana de moverse. Sabe que la respuesta está en el aparato. Pero no quiere ponerse más en contra de los otros dos. Se hace la víctima. Trata de manipularles para que sean benévolos y no le vean como una amenaza. Realmente llevo un arma en la mochila asi que no me siento para nada indefenso. Y soy consciente de que todos estan igual de débiles que yo, o más. ^^
Es un hijoputa de mucho cuidao, pero me encanta XD
Ante aquella protesta, Maximilien detuvo su avance y volvió sobre aquel par de pasos que les separaba. -Si quieres, puedo cargar con tu equipaje, o parte de él.- Se ofreció, luego relajó su rostro que por naturaleza mostraba siempre duro y frío. -Por qué sino... ¿qué propones? ¿Sentarnos a morir?- en su tono no pretendía tutearlo sino más bien alentarlo. -No es una posibilidad. Hahn hay momentos que un ser humano tiene que sacar fuerzas donde no las hay y luchar para tener algo mejor. Si te sientas ahora indefinidamente cada vez tendrás menos fuerzas para seguir.-
-Venga vamos, cuando lleguemos a un lugar con sombra y hayamos refrescado un poco el gaznate lo verás mejor.-