El consejero de los rumores mueve el panecillo que tiene en la mano arriba y abajo con lentitud, está dudando entre comérselo o dejarlo en la mesa. Finalmente lo deja de nuevo en la gran cesta de pan recién horneado. Sin embargo coge el de al lado y se lo lleva a la boca sin dilación, mordiendo un crujiente pedazo.
-Lady Valera, la corte está llena de insectos, larvas gordas que se arrastran, mariposas descoloridas y...- hace un movimiento de hastío- bueno, creo que ya has entendido la metáfora, te tomo por alguien si no especialmente inteligente, si alguien despierta cuanto menos. ¿Sabéis lo que dicen de la vida de la realeza?- no espera una contestación- Esta es la vida real, esta es una vida que merece ser vivida, lujos, fiestas, banquetes. Las otras vidas son vidas monótonas, comunes, repetitivas y cansadas.
Varys sirve vino aguado con especias, muy ligero para el desayuno, y seguro, que calentará tu cuerpo.
-Bebed por favor, decís-mordisco- que tenéis ambición, loable, aunque muy común en la corte-Mordisco-Quieres que tu padre esté contento, me parece una pérdida de tiempo y esfuerzo, pero ya se os pasará-mordisco- Queréis escalar, en eso puedo ayudaros, porque estáis escalando una montaña llena de escaladores, todos queriendo llegar a lo más alto- Escupe los pedazos porque tenía demasiados en la boca y os sonríe mostrándolos- os voy a ayudar, porque creo que en vos, pero os voy a poner deberes.
Hace una pausa para que puedas expresar algo si quieres, está claro que le gusta oírse, pero también disfruta de una buena compañía.
Me gustaría que fuera una conversación más fluída pero ya sabes como es esto de la red, hay que simplificar un poco. Varys es más de conversar que de soliloquios, pero me permitirás esta licencia ^^.
Cuando alzó la mano, no pude evitar pensar que mi final estaba cerca. Las imágenes que aparecieron en mi mente fueron de lo más desoladoras, pues, de hecho, poco en mi vida había conseguido hacer como para sentirme orgullosa de mí misma. Pero, en cuanto reconocí a Lord Varys un rayo fulminante se me pasó por la mirada.
Por un lado, sentí sosiego, una tranquilidad y quietud me invadió el cuerpo como un baño caliente. No era mi final. No, al menos, en aquella ocasión. La respiración que había estado conteniendo fue expulsada en un suspiro de alivio el cual intenté disimular. Y, por otro lado, sentí algo de temor. Había evitado estrechar relaciones con la Araña. No tenía apariencia de ser un hombre malvado o enfermizo, pero, por alguna extraña razón, nunca me sentí cómoda a su alrededor ni cerca de él. Evitaba coincidir con él en la medida de lo posible, aunque eso fuera difícil en muchas ocasiones en las que servía a la Reina, pues le consultaba con frecuencia. Pero, evitaba mirarlo, como si en el momento en que nuestras miradas se cruzaran pudiera leerme el pensamiento y saber lo que a mi mente llegaba.
Tragué saliva con dificultad, mientras escuchaba su diatriba. En ningún momento quise demostrar que aquel encuentro me pillaba por sorpresa, aunque fuera cierto. Por lo que seguí cerca de la antorcha, dejando que las sombras de las llamas bailaran en mi rostro, dejando que la imaginación de Varys hiciera el resto.
-Lord Varys- comencé, moviéndome alrededor de aquel improvisado merendero, andando cerca de las antorchas, rodeando, a cada paso que daba, al consejero de los rumores-, ¿cómo me vais a ayudar si ni siquiera podéis ayudaros a vos mismo?- pregunté de forma sibilina, frunciendo el ceño a medida que mis palabras salían de mi boca-. No me toméis por una niña con pájaros en la cabeza cuyo único sueño es agradar a la realeza, obtener el favor de la Reina, y, más tarde, como culmen, obtener un buen pretendiente para casarme.
Chasqué la lengua repetidas veces al tiempo que negaba con la cabeza, mirando al suelo, mientras caminaba, sin detenerme. Quería demostrar que, si bien su red me interesaba, no iba a caer de forma inconsciente. Me imaginaba de lo que ello podía derivarse, y sus consecuencias. Y debía actuar con discreción. No quería deberle nada a nadie en un mundo como aquel, y menos en un mundo de realeza. En ese instante, yo sólo servía de moneda de cambio pues no podía ofrecer nada por mí. No podía dar una contraoferta. Tampoco era que quisiera, sino el hecho de que no podía. No tenía a nadie quien me protegiera en aquel tablero de ajedrez y vagaba por sus escaques sin estrategia alguna. Pensé que Varys, quizá, podía ser aquella pieza que me faltaba para estar protegida… o aquella que pudiera sacrificar en el momento oportuno.
Alcé la mirada y la fijé en aquella figura patética. Sonreí de lado. Una sonrisa lobuna. Levanté la cabeza lentamente sin dejar de mirar a Varys.
-Claro- murmuré, aceptando finalmente su oferta-. ¿Cuáles son esos deberes?- pregunté, sentándome de nuevo con parsimonia.
Okita ^^
Licencia concedida :P
Varys cabecea ante varios de tus comentarios. Parece estar completamente conforme con todo lo que dices. Nada le inmuta lo más mínimo, ni tus medidos gestos ni tus palabras sibilinas en algunos casos. Parece inmune a todo, no sabes que pensar de él.
- No soy Lord, Lady Valera, es un título que no ostento, llamármelo es completamente opcional- se sirve vino-quizás ayudándola a vos me esté ayudando a mi mismo- encoge los hombros- pero por favor sentaros y dejar de deambular como una luciérnaga. Me vais a perdonar mi torpeza al creer que vuestras aspiraciones eran las que me habéis dicho un momento atrás - hace una pausa y cruza los brazos sobre su regazo para mirarte- De este modo y para que todo quede bien claro antes de continuar. ¿Cuales son tus aspiraciones?, te lo preguntaré una vez más, ¿que hacéis en Desembarco del Rey?
Es directo, no se anda con rodeos y eso es algo irritante e intimidante. Demasiada confianza.
Sentía la boca seca, mi estómago rugir y mis párpados caer. Sedienta, hambrienta y cansada, traté de ser impecable en la conversación con Varys, pero su diatriba me adormecía. De forma bochornosa, tomé, finalmente, algo de vino, y refresqué mi garganta, agradeciéndomelo dándome una voz más dulce.
Aunque no quería dulzura en aquel momento. Varys era una persona que se asemejaba a un cuchillo de doble filo. Si bien la jugada con él podía salir exitosa, también podía venir con un infortunio a su espalda. Hacer tratos con un hombre como él podía ser peligroso. Pero tampoco tenía nada que perder. Sí, era cierto. Quería escalar, quería llegar a ser alguien, pero por mí misma. Quería conocer el mundo de la corte, empaparme de ella, conocer los juegos de la reina, sus movimientos, ver cómo los Siete Reinos cambiaban al son de sus palabras. Ser una sombra en Desembarco del Rey para después resplandecer fuerte. El yugo que tenía impuesto la familia Lannister a mi padre era un peso que dolía. Lo sentía como una humillación. Pero, mi padre parecía contento con ellos. Se hacían favores. Uno lo estaba disfrutando yo, mientras mi padre podía morir en cualquier momento por no sacar el suficiente oro de las minas.
La cabeza me daba vueltas con todos estos pensamientos, y las preguntas de Varys resonaban como un eco en el fondo de mi mente. ¿Qué quería? ¿Qué hacía en Desembarco del Rey?
¿Qué contar?, pensé, mordiéndome el labio inferior, dubitativa.
-Varys- dije, sonriendo de lado al quitarle el “lord”-, quiero lo que toda mujer en Desembarco del Rey querría: poder.
Nunca me atrevería a decir que me gustaría que otra familia gobernara los Siete Reinos, aunque lo hubiera pensado en alguna ocasión, cuando estaba harta de los caprichos de Cersei, de las tonterías de su hermano gemelo medio lelo o de su esposo lascivo. Pero, no eran Cersei, ni Jaime ni Robert los causantes del destino de mi padre. El patriarca de los Lannister, Tywin, era el culpable de todo ello. Y si tuviera poder y una daga en mi mano…
-Nada más- añadí, escueta, sonriendo abiertamente de forma fría.