Un par de rezos después...
El sacerdote hizo un gesto al de Muel para que se levantase. Don Antón se levantó y respetuosamente caminó hacia el altar, todos contuvieron el aliento cuando los dos monaguillos extrajeron el guantelete del brasero y lo colocaron sobre un mueble cubierto con una hermosa tela de finas hebras doradas y el Vizconde introdujo su mano derecha (pues era el guantelete derecho, pues el Hijo se sienta a la derecha del Padre) en el guantelete ardiendo...
Vamos con las tiradas a ver si hay suerte.
Haz una tirada de Templanza (tienes 52%) y otra de Resistencia x4 (tienes 56%)
Motivo: Templanza
Tirada: 1d100
Dificultad: 52-
Resultado: 45 (Exito)
Motivo: Resistencia
Tirada: 1d100
Dificultad: 56-
Resultado: 25 (Exito)
Aaaaaw yeah!
En tu cara!
(Al cura)
El gesto de Don Antón apenas cambió mientras introdujo la mano en el guantelete, metió la mano como si tal cosa, con la mano en su interior miró al sacerdote y al Marqués de forma desafiante. El Marqués pareció aliviado al ver el gesto del Vizconde, pero en cambio el sacerdote pareció sorprendido y diríais que incluso decepcionado.
Tras unos segundos, Don Antón sacó la mano del guantelete y levantó la mano sobre el altar con gesto triunfal. Apenas pudísteis controlar la alegría, en cambio los campesinos no disimularon al expresar su desconcierto y la iglesia pronto se inundó de murmullos de asombro.
- Di...Dios ha determinado que éstos hombres son inocentes de todos los cargos -dijo casi con pesar -ha pasado la prueba como un hombre inocente. ¡DIOS LO QUIERE ! -gritó a pleno pulmón y un coro de voces contestó desde los bancos. Y acto seguido, se retiró a la sacristía dejando a todos allí.
Don Antón, tras haber pasado la ordalía por la gracia de Dios, dirigió la mirada a Don Iñigo con el ceño fruncido.
- Bien, nosotros ahora nos marchamos y esperamos no tener que volver jamás a estas tierras. Más el camino es largo y peligroso y llevamos un herido con nosotros. Espero que cumpláis vuestra palabra y hagáis algo por los insultos que hacia nosotros han sido cometidos-dijo serio esperando que Don Iñigo fuera un hombre de palabra.
- Os doy ahora mi palabra aquí, en la casa de Dios de que buscaremos a los culpables de las ignominias cometidas y serán severamente castigados- con un brillo en la mirada, lo que significaba que los culpables serían horriblemente torturados antes de ser pasados por las armas claro -habéis reparado vuestro honor y lo mínimo que puedo hacer es procuraros buenas monturas y provisiones para el resto del viaje- hizo un gesto para que saliérais al exterior con él -acompañadme, dispondremos todo en seguida.