Yakartukut numerosas veces había sufrido heridas a lo largo de su vida, pero en este caso comenzó a sentir un leve adormecimiento, el cuerpo le indicaba que posiblemente habría algo en la lanza que lo golpeó, pero la alarma no era tan grande como para indicar que no pudiera purgar lo que fuera.
Su misterioso compañero le arrojó una fruta, la observó con detenimiento, parecía un simple pomelo. Al morderlo, el sabor era mucho más amargo que el de cualquier otra cosa que había comido, pero dejaba un rastro dulzón en la boca, en cierta forma era placentero pasar el mal momento solo por lo que venía después, así que la terminó con voracidad. No pasó mucho para que ese dejo en su boca se traspasara al resto de su cuerpo, sintiéndose no del todo bien, pero al menos sus heridas no le dolían tanto.
Fue por ese momento que comenzó a prestar atención al camino que atravesaban, los muros del pasillo estaban hechos de ladrillos, pero extrañamente no presentaban telas de araña ni ninguna otra marca que indicaba que alguna vez fueran mellados, ya sea por algo vivo, o simplemente por el tiempo. Su orden se repetía en ciclos continuos, lo que causaba que el único cambio fueran las recurrentes antorchas, pero fuera de eso la monotonía no se rompía. Su color era extraño, ya que eran muy oscuros, pero a un grado en que era imposible definir como los contornos entre uno y otro estaban tan marcados, y claramente se podía definir que eran ladrillos, aunque parecieran de pura oscuridad. A medida que pasaba el tiempo, esto se volvía mas extraño, ya que aunque las antorchas seguían firmes, sus llamas se volvían cada vez más pequeñas, y por ende, iluminaban menos el lugar, pero nunca dejaban de estar prendidas.
Ya habían dejado atrás hacia tiempo la puerta, en lo que parecía un camino eterno y monótono, cuando Yakartukut dirigió su mirada al piso, el mismo no era de ladrillo, cosa que se notaba al tacto de sus pies, que indicaban algo similar a la hierba solo que mas blando, y presentaba el mismo color negro que las paredes, aunque la poca iluminación de las antorchas ya no llegaba a él como para estar seguro. sin embargo, lo más interesante era como su sangre, que aun manaba aunque en pocas cantidades, resaltaba enormemente, un rojo tan brillante que a la vez no iluminaba nada a su alrededor, solo resplandecía, formando un camino que se extendía hacia atrás, a veces marcando un relieve irregular.
Pese al extraño lugar, Yakartukut había visto cosas raras con anterioridad, y no se sorprendía con facilidad, ninguno de sus instintos le indicaban que pudiera haber algo malo allí, ni tampoco en su acompañante, así que simplemente siguió adelante en la oscuridad.
—Le vendría bien una decoración a este sitio, y tal vez mas luz —el sonido de su voz repiqueteó en sus oídos, pero no era por eco, ya que hasta era difícil definir si realmente las palabras habían salido de su boca, o simplemente murieron allí.
I don't know what I'm doing, solo espero que vos si cuando tengas que justificar las cosas que pongo.
Tus deseos son órdenes para mi - respondió Shinomune con una sonrisa, al pararse delante de una pared. Este tocó algo en la pared, y esta empezó a abrirse - Espero que ya estés mejor, por que lo de antes fue un entrenamiento, ahora es cuando podrás divertirte de verdad... - dijo mientras cruzaba la abertura, y Yakartukut le siguió, encontrándose a un montón de gente en un lugar que parecía recrear a la Jungla Tarver, aunque de forma artificial...
Recuerda como se escriben aquí las peleas, si es pnj según a quien ataques te daré el placer de acertar, si es a un jugador tendrás que esperar a que él lo permita. Si lo permite, se bueno y déjale que te devuelva el mismo número de golpes que le hayas podido darle. Eso si, incluso en los pnj, aquí nada de matar, incluido a los guardias prescindibles :P