Partida Rol por web

SKTCU

Epílogos

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16/09/2022, 00:00
Director

~~~~~~~~~~~ FIN ~~~~~~~~~~~

Han pasado ya varios años desde lo que se conoce como “La Caída de las Estatuas”, la batalla que se libró en el desierto. Otros simplemente hablan del “Tratado de Paz con los Gigantes”.

En algunos círculos de poder se conoce la historia real e incluso se ha escrito acerca de la trayectoria de los héroes que viajaron de punta a punta de los Reinos para enderezar el Orden. Para mucha otra gente, fue un esfuerzo conjunto de los distintos gobiernos, entidades y grupos que puso fin a la destrucción. Los estudiosos que indaguen suficiente llegarán a vuestros nombres, a vuestra leyenda.

En Phandalin el tiempo ha pasado. El proyecto de Gundren de reabrir la Mina de Phandelver resultó en una ruina absoluta, pues en una de las primeras excavaciones se abrió un acceso a la Infraoscuridad y con ello multitud de criaturas peligrosas inundaron de nuevo las Minas. Pero no hay mal que por bien no venga, Phandalin se ha convertido en una especie de Bastión donde grupos de aventureros se reúnen y se adentran en busca de tesoros perdidos y aventuras. El pueblo ahora vive de eso. Gundren lidera el Gremio de Aventureros local.

Tras la batalla en Triboar hubo unos meses de paz, pero un fuerte destacamento de Gigantes de Fuego volvió a la Aldea masacrando a la mayoría de sus habitantes y creando un lugar de excavación. Sin nadie que les hiciera frente consiguieron su objetivo y recuperaron todas las partes del Vonindod, el gran titan acorazado. Será un problema para el Rey Hekaton en el futuro, de eso no hay duda.

La familia Margaster que mantienen secretamente un poderoso culto a Asmodeos por todas las ciudades de los Reinos están consiguiendo cada vez nuevos adeptos. Se están haciendo fuerte y urdiendo nuevos y malvados planes. El hermano de Xamlyn Margaster que también era su amante ha jurado venganza y ha realizado un peligroso pacto con el propio Asmodeus.

Los Zymorven, liderados por Jaime, uno de los rostros mas famosos ahora en el norte de Faerun, han sido erigidos como protectores de los Evermoores y han recibido competencias como lideres territoriales. El paladín, elegido de su Dios, se encarga de mantener a raya la nueva amenaza de los Gigantes de Fuego y el poderoso Duque Zalto.

Loudwater resurgió de las cenizas al paso de los años, pero los Zhentarim aprovecharon todo lo ocurrido con los Gigantes de Piedra y han labrado ahí una Gran Ciudad del crimen, controlado por ellos y siendo un autentico punto neuralgico de mercado negro, contrabando y todo tipo de negocios turbios. Ahora tienen el control de la zona y algunos dicen que hasta se han aliado con el nuevo líder de los Gigantes de las Piedras, una especie de Oráculo medio enloquecido con presagios de su Dios. Si, el Conde Braxow.

En cuanto a los participantes de las batallas..

El Rey Hekaton terminará sus años de vida restableciendo el Orden de nuevo, no es una tarea fácil pero ahora cuenta con la ayuda de la “gente pequeña”, cumpliendo así con el proyecto de vida de su amada esposa, la Reina Neri.
Los Arpistas siguen siendo una orden secretiva que trata de mantener el Orden por los Reinos Olvidados. Ellos han hecho lo posible para borrar toda presencia y participación en la guerra, tratando de mantener así su neutralidad.

Aurelius volvió a desaparecer muchos años, como siempre había hecho. Dice que ha reclamado el territorio de la extinta Iymrith y sus hijos. Los dragones del Reino respetan ese territorio aunque nadie sabe seguro si es Aurelius u otra entidad quien controla el lugar.

Y en cuanto los verdaderos héroes.. solo ellos lo saben

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16/09/2022, 00:00
Thörasthälriel (Thöras)

Con las ganancias que le reportó su vida de aventurero y tras numerosos pleitos perdidos contra Gundren reclamando la co-propiedad de la mina de Phandelver, restauró modestamente el castillo Bocapeñasco y ha visto fracasar uno tras otro todos sus intentos de hacer negocio en él. Como casa rural el lugar no ha funcionado, como restaurante de comida vegetariana ha sido un completo fiasco y como lugar turístico no consiguió atraer más que a unos pocos visitantes los primeros años.

Pero ya hace mucho tiempo que nadie viene a admirar el azul de sus escamas, ni el portentoso arco Mirak colgado de la pared, ni la decorada pipa de madera de Mormesk, ni las cabezas disecadas de Grol Bocapeñasco y Brughor Muerdehachas, ni la capa escarlata de la Marca Roja, ni las dagas de Vorndar el drow, ni la máscara del líder cultista de la orden del Kraken, ni las espadas de Weevil la Mangosta, ni el fabuloso colmillo de Ymrith, ni las runas de los gigantes que todavía conserva en su poder. Ni siquiera su valioso reloj "Colex" dorado.

Sus botas voladoras, aquellas que antaño le hacían literalmente invulnerable, todavía las sigue usando. Aunque ahora tienen algunos agujeros por los que asoman los dedos de los pies, las suelas están bastante gastadas y solo sirven para llegar sin esfuerzo a las ramas más altas de los frutales que crecen en las inmediaciones. Unos árboles que dan unas frutas riquísimas con las que elabora toda suerte de repostería.

En Aguasprofundas nunca llegaron a levantar una estatua en su honor, ni los Arpistas convirtieron su Mirak en un arco juramentado y tampoco ningún viajero despistado que ha llegado al castillo se ha creído jamás que Thöras conociera a los famosísimos héroes de Aguas Profundas: Borg, Kurma, Irina y Kyrien la Gárgola.

Aun así, está orgulloso de haber comprado en el Ámbula Escudo de León de Triboar los pocos caballos famélicos que quedaron del negocio de Othovir. Ahora, los descendientes de aquellos pastan libremente en los alrededores del castillo y echan carreras al infatigable y chirriante Imperioso II. Sin Tassae para ocuparse de su mantenimiento, el oxidado pegaso mecánico hace ya muchos años que no es capaz de alzar el vuelo.

Thöras lleva ahora una vida sencilla, tranquila y feliz, sin sobresaltos. Aunque las malas lenguas dicen que, a veces, se sienta en la sala del trono vestido con su lujoso chándal comprado en Yartar (con Isidoro el tresymm en su regazo y la inagotable vasija alquímica llena de cerveza entre las manos) y recuerda con nostalgia los tiempos en los que era un gran héroe.

El emblema de los Buscatrufas ondea siempre a media asta en las almenas, en memoria de Darumg.

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16/09/2022, 01:22
Lagartija

 Studio Ghibli

La idea de una vida tranquila nunca estuvo entre los planes de Tassae, pero si bien la gnoma adoraba ser el centro de atención, no le gustaba tanto la fama que acarreaban sus aventuras pasadas. Esa fama hacía que la gente se pusiese demasiado tiesa y que la tomasen en serio. De pronto, aquella gnoma que incluso su loca familia hacía apuestas sobre cuanto iba a tardar en morir de una forma absurda y memorable, se había convertido en una persona respetada. Aquello era algo que había buscado toda su vida, pero que ahora que lo tenía veía que era soberanamente aburrido. ¿Dónde estaba la diversión de dejar a la gente boca abierta si ya te creían capaz de todo? Ni siquiera los arpistas le proporcionaban la suficiente emoción. Seguía colaborando con ellos de cuando en cuando, pero a su manera. Los Arpistas sabían que Tassae era leal y que nunca revelaría ningún secreto, pero también eran conscientes de que la gnoma era tan útil como voluble y que, en el fondo, tenían que dejarla libre si querían obtener su ayuda cuando la necesitasen. De hecho, ni siquiera acudió el día que hicieron una pequeña ceremonia para hacerla miembro. La gnoma dejó plantado a Krowen y compañía, pues sus compañeros de aventuras se habían dispersado y Tassae no veía interés en vivir un momento como aquel sin sus amigos.

Por ello, la gnoma nunca dejó sus aventuras, igual que nunca dejo del todo a sus amigos. Cada día que pasaba se proponía objetivos nuevos, cada vez más complicados y, a ojos de algunos, absurdos. De este modo, la hiperactiva hechicera conseguía no quedarse demasiado inmersa en sus pensamientos. Parecía casi que quería seguir siendo una niña despreocupada toda su vida. ¿Su último objetivo? Encontrar la guarida de su tío, simplemente para demostrarse que había logrado hacerlo, igual que se había demostrado a sí misma que era poderosa. Una autentica dragona recubierta de escamas cobrizas. Por supuesto, había pensado en llevarle parte del tesoro como regalo... y como disculpa por haberle encontrado, claro está. Puede que tuviese sangre de dragón, pero no había heredado su avaricia por el oro.  

Por supuesto, jamás dejó de visitar a sus amigos y de intentar meterlos en líos. La mayor parte de las visitas eran con su aspecto original pero otras... ay... otras hacía uso de sus hechizos, de la máscara mágica y de sus habilidades para tomar el pelo a sus compañeros. Como era de esperar, Ajo, su más antiguo amigo y con quien había vivido todas las aventuras posibles, era su víctima favorita y había acudido a él muchísimas veces con diferentes aspectos solo para ver como le iba y para divertirse un rato. Se había hecho pasar, entre otras cosas, por un mediano vendedor de ovejas que "quería demasiado al ganado", por un cetrero que quería emparejar a Bruno con otro búho, que en realidad era un murciélago, para tener crías o, por una elfa que iba buscando a Thoras para reclamar una paterninad y por niños que iban extasiados a que le contasen su historia. Por supuesto, también acudía sin disfraz para rememorar viejos tiempos o intentar que se uniese alguna aventura. Evidentemente, ninguna de estas visitas terminaban sin conseguir un "¡Tassae!" cargado de frustración saliendo de la boca su amigo. 

Con Izztyl la cosa era más complicada ya que el drow seguía siendo tan esquivo como siempre. Pero Izztyl se había ganado, por alguna razón, el cariño y amor incondicional de la gnoma desde el primer momento y eso significaba que le sería imposible librarse de ella por mucho tiempo. Al fin y al cabo, no lo había conseguido muriéndose ni convirtiéndose en estatua de piedra. Alejarse del mundo no era nada en comparación, por lo que no era raro que de vez en cuando apareciese a su lado, quien sabía como, para intentar meterse en sus asuntos o intentar que él se metiese en los suyos y le acompañase en su última ideas. La gnoma incluso llegó a hablarle de animales increíbles, con enormes colmillos, casi una mezcla entre un pollo y un dragón, pero sin escupir fuego ni volar, intentando que así le acompañase a otros lugares.

Además de hacerle visitas, alguna incluso transformada en un tressym tricolor, Tassae también trató de, a escondidas, ayudar a Thoras, pero aquello era más complicado ya que cualquier cosa que intentase el dracoelfo solía acabar mal. Como sus caballos. Afortunadamente, Isidoro había sobrevivido a la maldición de las mascotas y los caballos que había comprado seguían vivos. Incluido Imperioso II. Tassae había llegado tarde a impedir que se estropease el mecanismo de las alas, que al fin y al cabo no había puesto ella, pero si fue capaz de hacer una reparación para que continuase, chirriante, pero sin explotar. Y era una lástima, porque Tassae adoraba las explosiones, pero quería más a Thoras.

Lo cierto era que no era sencillo pasar desapercibida en los pueblos y ciudades siendo la dueña de un castillo volador gigante. Le costó mucho oro, esfuerzos y una gran aventura (que no narraremos aquí pero que incluye un basilisco, un zapato y el ojo de cerdo podrido que había estado a punto de comerse durante la batalla con el kraken), pero finalmente consiguió un dispositivo para volverlo invisible. Por desgracia, un día mientras se huía de una turba a quien había tomado el pelo por encima de sus posibilidades y a quien no quería hacer daño, se dio cuenta de que se había olvidado de donde estaba. ¿Cómo era posible?

Mientras huía, con pequeños teletransportes, risas y haciendo estallar pequeñas piras de fuego o ácido, jugueteando con sus perseguidores antes de hacerse invisible y darlos definitivamente esquinazo, se dijo que la búsqueda de aquel castillo sería la excusa perfecta para tratar de reunir a la antigua pandilla. Solo necesitaba convencerlos. Y en liar a la gente, no había ser en todos los siempre peligrosos Reinos Olvidados que igualase a la gnoma.

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18/09/2022, 11:41
Izztyl

En las tierras prometidas, bajo el amparo y la protección de los lanzas-largas, los drows renegados erigieron el templo a Eilistraee que acogería a todos los elfos negros que ansiaran una segunda oportunidad en la superficie.

El templo se volvería un centro de peregrinaje para los nuevos druidas de la Raíz Oscura que podrían acudir a ver con sus propios ojos la reliquia sagrada de su altar central: el bastón de Vezsrack. Bastón ante el que se celebró el matrimonio entre la matriarca Phaere Mizzrim y el druida Izztyl, oficiado por Reidoth y con los mejores padrinos de boda: Thoras, Ajo y Tassae.

Lamentablemente Izztyl no supo prescindir de la tradición y tantos los años de sumisión varonil. Chapado a la antigua, rechazó tomar el liderazgo de aquel nuevo pueblo, dejando a su esposa al cargo de los aspirantes a druida, cuya prueba final sería la misma que enfrentó el mismo archidruida: encontrar el Oasis de Eldath.

Y allí nos desplazaremos si queremos echar un último vistazo a nuestro drow:

 

El Oasis de Eldath surca veloz las olas;

Unas velas púrpura cuyos mástiles curvados recuerdan los nervios de alguna flor oscura de esas que solo crecen en las profundidades de la tierra, se llenan con poderosas ráfagas de viento. 

Si nos acercamos, podemos ver su tripulación: humanos y elfos, hombres y mujeres de piel curtida moviendo cabos ajetreados. Una cara conocida maneja el timón: Zaldar Floshin y dos miembros de su tripulación mantienen una posición recta en la toldilla, con los ojos cerrados y las palmas abiertas hacia el velamen. 

Pero hay que bajar más para encontrar a nuestro héroe. 

En las entrañas del bajel, un grupo de marineros meditan alrededor de un círculo de tiza y huesos. Entre murmullos recitan un conjuro, o mejor dicho: un ritual. Pero tampoco está Izztyl entre ellos. Solo sus enseñanzas.

Bajamos más para encontrarlo y ahora si lo vemos, en su forma de tiburón negro junto a otros escualos: más druidas y compañeros animales que pastorean a la velocidad del barco un banco de peces gigante.

El esquivo Oasis de Eldath y su tripulación, vigilan desde los mares que el equilibrio y la supervivencia de los mejores prevalezca. La verdadera libertad que el drow siempre había soñado y no encontró ni en los cielos, ni bajo tierra.

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30/09/2022, 23:18
Archibarbaro Ajo, El Sabio

Cerca de Phandalin se hallan las que ahora los Lanzaslargas reclaman como sus tierras y nadie en su sano juicio atrevería a disputar. La tribu es pequeña aún, asombra ver la cantidad de niños que recorren sus tiendas de campaña y las cabañas de aquellos que aceptaron mejor la idea de asentarse como sugería su amado líder Ajo el sabio, archibárbaro, Ejecutor de los Muchaflechas, Libertador de Aguas Profundas, Azote de la Reina del Desierto y su prole, maestro del Guja-fu. Pero todos siguen el primer dictado que les dio Ajo: creced y multiplicaos, porque somos poquísimos, cojones, así que a follar como conejos.

El mismo Ajo tomó una esposa y varias co-esposas, viviendo cada una en su propia cabaña cuidando de sus cuatro o cinco niños. Ninguna es que tomará de buena gana tener un marido que se dedicará al fornicio con otras por ahí, pero sí que aceptaban de buena gana no tener que atarse a ningún hombre y poder criar a sus hijos, a la vez que disfrutaban de la protección de grandes guerreros.

Es esta vida cómoda la que le ha acabado pasando factura a Ajo. Lo vemos sentado en su sillón frente al fuego, bebiendo cerveza tibia del cuerno de uno de los hijos de Imrith; el de ella cuelga orgulloso encima de la chimenea. Podemos ver como su cara es más redondeada que cuando iba de aventuras, sus piernas más gruesas y su barriga más prominente. Aún es capaz de levantar su guja y acudir al rescate de Phandalin cuando las huestes de los infiernos que salen de allí son demasiado para los novatos de Gundren. Puede que algún día no vuelva. O puede que vuelva transformado en un hermoso mini dragón de plata, tal y como Thoras regresó como un mini dragón azul. Cuenta con Reidoth para ello, si es que son capaces de encontrar a ese viejo loco que anda siempre de aquí para allá, igual que el otro viejo loco de Izztyl.

Ajo nunca lo admitiría, pero la marcha continua de Izztyl se le clavó como un puñal en el corazón. Él les cedió tierras a los drow, como le prometió ante el rey de los gigantes. Lo que el insoportable drow siempre había querido y ¿cómo se lo pagó él? Marchándose a los pocos meses en ese velero suyo con una crisis de del vigésimo centenario. Se podría haber comprado un caballo nuevo, como todos.

Ahhh, Izztyl. Siempre asegurará que les cedió las tierras a los drow para poder vigilarlos y estar allí cuando demostraran que su naturaleza era vil y no podían cambiar, que sería el momento de decir su mayor “OS LO DIJE” de todos los tiempos… pero la verdad es que Izztyl se había ganado su corazón. Ver como creció, como maduró, como aprendió a ser un druida de verdad y dejarse de zarandajas de la oscuridad y la infraoscuridad, le arrebató el corazón. Era la misma sensación que tenía cada vez que veía a uno de sus hijos e hijas dar sus primeros pasos, sostener su primer arco, reventar su primer cráneo con su mini-guja. Ahhh, los niños… daba igual que tuvieran 2, 6, 12 que 200 años, te arrebataban el corazón. Igual que ese mini-dragon azul de Thoras.

Seguía visitando a su viejo amigo de vez en cuando. Con el paso del tiempo cada vez con menos frecuencia. Una cosa lleva a la otra, las responsabilidades de dirigir el destino de tu pueblo, la obligación de repoblar tu tribu, sacrificios y sacrificios que cada vez le dejaban menos tiempo para visitar a su amigo, poder sentarse frente al fuego a beber cerveza y recordar buenos viejos tiempos como cuando mató a ese maldito drow de Vodnar. Ahh, los buenos viejos sencillos tiempos en que estaba claro quienes eran los buenos y quienes los malos. Ahora si veía un drow tenía que preguntar antes sobre Eilistraee para asegurarse de que no le cortaba la cabeza al drow equivocado.

La única que le seguía trayendo alegrías era la loca de Tassae que con su caos siempre lograba que Ajo rejuveneciese años. La pequeña gnoma siempre lograba enredarlo para que lo acompañara en alguno de sus alocados viajes sin sentido, pero es que Ajo necesitaba poco para que lo convencieran viendo en ella una válvula de escape de su rutina y el peso del liderazgo. Con ella podía volver a ser aquel despreocupado bárbaro que lanzaba a su amiga a los tejados de Phandalin para que volara como el dragón que decía ser y la volvía a coger antes de que se estampara contra el suelo.

Su mirada se dirige a la ventana donde el hermoso pegaso Lagarto le espera. El mismo pegaso que luchó junto a él para acabar con Imrith. Después de la batalla trató de convencerlo para que regresara con los Zimorven, pero tras mucho esfuerzo lograron que Ajo entendiera que aquellos nobles celestiales se unían a su jinete de por vida. Miró el fuego. Volvió a mirar a pegaso. En la habitación del lado se oían los ronquidos de sus siete hijes y su mujer. Miró al pegaso. Sólo serían un par de horas… se dijo.

Allá a lo lejos vemos la silueta de pegaso y jinete sobrevolando Phandalin y sus alrededores esperando encontrar alguna criatura peligrosa que le sirva de entretenimiento un pequeño ratito y le ayude a sentirse joven de nuevo aunque sólo sea un par de minutos.