Ninguno de los dos conoce demasiado Lleida, que por otro lado parece que va camino de convertirse en una ciudad de paso más para vosotros. Una parada en el camino necesaria, eso sí, para rebasteceros de comida, descansar y hacer negocios, sean del tipo que sean. Por suerte es día de mercado, y eso significa una plaza bien llena de hortalizas, pan y carne. La gente grita y regatea, un grupo de niño juega y, como casi cada semana, un carnicero cristiano se pelea con el carnicero judío, que le quiere vender una pieza de carnero, que ha resultado no ser casher, a un precio que no es de su agrado. En los alrededores de la plaza se ramifican infinidad de calles, llenas por los artesanos y sus talleres. Sabéis que, además de comunidad judía, hay otra musulmana en el lugar, pero de momento no habéis topado con ninguno de sus barrios.
Desde lo alto, domina imponente la catedral de la Seu Vella, en el mismo lugar donde antes se alzaba la mezquita. Sólo por eso ya merecería tenerse en cuenta a la ciudad, probablemente la más importante que os encontraréis hasta que lleguéis a Barcelona. Pero además, sabeís que Lleida cuenta con un Estudio General de muy reciente creación, toda una novedad por esos lares.
Vuestros caminos se cruzan en la plaza, como una transacción más de las que allí se hacen. Uno necesita alguien que sepa manejar una espada y no se corte con ella, el otro necesita dinero y una excusa para usar la espada. No os hace falta ni llevaros bien aunque, bueno, nunca está de más, ¿no?
Podéis aprovechar que todavía estáis en Lleida para:
- comprar cositas
- visitar furcias
- haceros amigotes
- ninguna de las anteriores
- todas las anteriores
- ¿quién eres tú para decirme lo que puedo o no puedo hacer?
Con un firme apretón de manos García dio por sellado el trato. La baja de uno de los guardianes de su caravana por malas aguas había supuesto un contratiempo que sólo la Divina Providencia de su Pilarica habían enmendado poniendo en su camino al buen hombre con el que ahora compartía mesa.
-Maese Urrieta, si os place me gustaría regar este acuerdo con un caldo local-el motivo, mucho más prosaico era que tanta charla y el polvo del lugar hacían que su ganzate se pareciera más a una alpargata-¿cuento con vos para acompañarme pues?-no se refería a la caravana, eso estaba más que hablado, sino al alegre beber que anhelaba como agua de mayo.-Partiremos en un día o dos, dependiendo de cómo vayan los negocios-y lo que le durase la resaca a los otros integrantes de la caravana-tiempo tendréis de contarme esa historia vuestra; ¡no todos los días uno se encuentra con un Vascongado por estos lares!-