La baronesa asintió brevemente como única respuesta, y centró su atención en otro invitado que se había acercado a conversar con ella. El Comandante Andros, sin moverse, mantenía la vista fija en la embajadora, como retándola a seguir malgastando el tiempo de su querida.
Parecía bastante claro porqué los embajadores solían tardar tan poco en ir rotando, ante aquel panorama... Así que la embajadora Antreri no tenía más opciones que retirarse y ceder su puesto a otro embajador que esperaba, impaciente, tras ella.
Bueno, tu dirás :)
La embajadora antreri se retiró y miró hacia la plataforma gravitacional de Arian para saber si aún estaba de descanso o había vuelto a subir para tocar.
El vistazo a la sala le permitió a la Antreri hacerse una idea de cómo estaban las cosas.
Arian Mathsan, con la que parecía haber cogeniado, había vuelto a subir a su plataforma y a su oficio. Concretamente, tocaba una deliciosa pieza de tono alegre con los ojos cerrados, como si disfrutara de todas y cada una de las notas que le sustraía con delicadeza y virtuosidad al instrumento que sotenía firme pero gentilmente entre sus manos.
Bajo la plataforma, hacia el fondo de la sala, la Mujer misteriosa seguía con su aparente despreocupación por todo y todos. Daba la sensación que más de un invitado (aparte de la Antreri y el embajador Oscuro) habían intentando hablar con ella, pero nadie duraba mucho más en una conversación con ella que los acólitos de la Baronesa.
No muy lejos de ella vagabundeaba arriba y abajo, tan silencioso como Illiath había podido comporobar que era, el Agente Daliar Mavdear, solitario y tranquilo. No muy lejos, Gurlon Verctor había vuelto a la contemplación de sus cuadros, acompañado esta vez por una cuadrilla de invitados, embajadores u otros artistas con los que parecía comentar las obras.
Merin Filgritch conversaba ahora con otro grupo de embajadores e invitados, posiblemente ocupándose de sus propios negocios, al igual que Velinda Orst, que seguía jugando con su corte de admiradores, indiferente al parecer a cualquiera que no fuera ella misma y sus asuntos con ellos.
Sospecho que era lo que querías, un informe de situación xD
Illiath observó el panorama, la música de Arian resultó una ayuda a su ánimo. Decidió ir por el momento con el grupo que rodeaba a Gurlon Verctor.
Decidió que se mantendría al margen, pero escucharía los comentarios sobre arte, y quizá con suerte podría aprender algo útil.
Sí, se agradece xD
El grupito que rodeaba al mecenas era variado y variable. Dos o tres de los invitados permanecían fijos en el grupo, conversando con Gurlon sobre texturas, luces, lápices y pinceles, intenciones del artista y sentimientos tras tal o cual pincelada o golpe de cincel. A este núcleo claramente artístico se añadían otros cuatro o cinco invitados de aspecto más tirando a diplomático. Algunos de ellos hacían aportaciones en el campo que el mecenas acogía con gusto y auténtico aprecio. Otros acababan recibiendo, tras un comentario poco inspirado o en opinión del artista nada aceptado, una mirada de reproche o una insinuación para que abandonara al grupo.
Desde lejos resultaba una escena curiosa y extraña: el líder de la manada con una opinión aparentemente voluble en cuanto a los miembros que admitía cerca y algunos embajadores intentando ganarse su favor o aceptación, presuntamente para poder hablar con él de temas "más serios" que el arte, aunque resultaba obvio que nada había más serio para Verctor que el arte.
Illiath permaneció al margen, escuchando y viendo cómo el grupo iba cambiando de integrantes con el tiempo. No tenía nada mejor que hacer, salvo esperar a que la gente comenzase a irse para marcharse ella también.
"A ver si con suerte puedo conversar un poco más con Arian... realmente parece buena gente."
La conversación en el grupo de los artistas se mantuvo en la misma linea a medida que trascurría la noche, de la misma forma que el resto de conversaciones "publicas" de las persona que rodeaban a la embajadora Antreri. El gran salón iba vaciándose lentamente, al ritmo que los invitados, diplomáticos o de otra índole, iban marchándose. No parecía haber una hora de cierre predefinida, pero eventualmente Gurlon Verctor salió por la puerta, acompañado de algunos de sus acólitos, y también se despidió la mujer misteriosa, saliendo de escena. Incluso Velinda Orst se había marchado, acompañada por uno de sus seguidores que, al parecer, podía pagar el precio que la viruniana pedía por su compañía.
La baronesa, desde la entrada, despedía a los invitados que cada vez con más frecuencia acudían a despedirse, acompañada en todo momento por el Comandante Andros.
Poco después Arian Mathesan descendió una vez más de su puesto elevado, y aunque la música seguía sonando desde la plataforma, era evidente que recogía para marcharse.
No te queda mucho que rascar xD
Illiath llamó a un lacayo y tomó una bebida verde como la que tomó Arian antes. Se acercó a ella con una gran sonrisa y se la ofreció.
-Toma Arian. Has estado magnífica.
Arian acabó de empaquetar sus instrumentos y se giró, al escuchar a la embajadora Antreri dirigirse a ella. Tomó la copa que le tendía con una sonrisa, y como antes hiciera, se sentó en la plataforma.
- Gracias. - Respondió, sencillamente. Parecía bastante cansada, incluso somnolienta. Bostezó disimuladamente antes de dar un trago a la bebida. - La verdad es que se agradece. Ha sido una noche verdaderamente larga... ¿Cómo te fue con la Baronesa?
Illiath se sentó junto a Arian y comenzó a juguetear con las manos.
-Bueno... digamoslo así. Cuando salgamos de aquí, lo hacemos por separado para que la baronesa no te relacione conmigo y no tenga nada en tu contra. -puso las manos sobre la plataforma y miró a Arian de arriba a abajo- Se te ve agotadísima... y yo que iba a invitarte a una fiesta de pijamas... -añadió con una media sonrisa, tratando de disimular lo decaída que se sentía.
Arian se echó a reír. Algo le decía que la insinuación de "salir separadas" no tenía nada de gracioso, pero la imagen mental era demasiado buena. Intentó contenerse.
- Lo cierto es que sí, lo creas o no tocar durante tantas horas agota al más entrenado, aunque... - cerró los ojos, como si degustara un manjar exótico y exquisito -... te deja con esa sensación de estar... llena, completa. Es difícil de explicar. En otras circunstancias posiblemente te dijera que sí.
Apuró su copa, que le había durado más bien poco, y sonrió en un intento de animar a la embajadora.
- En cuanto a la baronesa... me pregunto que le hiciste para que te sientas como un perro apaleado. Suele ser una persona sencilla de complacer, siempre y cuando le des lo que quiere. Vale, no es la mujer más generosa del mundo, pero tiene fama de ser justa en sus tratos.
Illiath abrió mucho los ojos.
-¡Oh! ¡No! Sí que ha sido muy justa, es solo que me temo que me fui demasiado por las ramas y no supe captar las señales... -dijo nerviosa- Me temo que hoy no ha sido una noche demasiado buena... y con el cambio horario creo que no voy a poder pegar ojo. -entonces sonrió a Arian- ¡Por lo menos pude conocerte! -recordó algo y puso cara interrogativa- Esto... y... ¿qué es un perro?
Arian abrió los ojos como platos durante un instante, hasta que recordó que Illiath venía de otro planeta donde, quizá, no tuvieran perros. Recordó como unas horas antes habían estado comentando, precisamente, el hecho de que el provenir de culturas tan distintas podía ocasionarles problemas, y esbozó una sonrisa sincera.
- Es un animal, generalmente de compañía, muy típico aquí en Imurian. Algunas especies son salvajes y algunos especímenes están asilvestrados, de la misma forma que la mayoría son domésticos y algunos, bueno, están abandonados. Lo del "perro apaleado" es un dicho, no tiene mayor importancia. En cuanto a la baronesa... tendrás que buscar una forma de congraciarte con ella más adelante, eso tenlo por seguro.
Un lacayo que pasaba cerca se detuvo a recoger la copa que tenía Arian en la mano y le sirvió otra llena, de la que bebió con más clama esta vez. Miró a la fémina que tan bien le caía antes de volver a hablar.
- Debería empezar a retirarme, Illiath. Es tarde, y mañana me espera un día tan agotador como hoy. Espero que nos volvamos a ver mientras estés en Imurian.
Illiath no supo exactamente qué clase de animal imaginar... ni cuántas patas, ni ojos... pero como no quería ser quisquillosa asintió cortésmente.
Arian se despidió.
-Yo también lo espero... supongo que nos veremos el día 4.
Arian se encogió de hombros en un "tal vez" poco convencido mientras recogía el par de maletas que conformaban su equipaje. Después de dedicarle una sonrisa a Illiath se dirigió a la Baronesa para despedirse y se marchó.
Cada vez quedaban menos invitados en la sala, pues cuantos más se marchaban, más eran los que sentían que debían hacerlo, y lentamente, uno a uno, se despedían y salían.
"En fin... yo también me iré."
Illiath se levantó y se dirigió a la puerta de salida dónde la baronesa se encontraba despidiendo a los invitados. Le hizo una pequeña reverencia.
-Mi señora baronesa, me despido de usted. Ha sido una fiesta magnífica pero mañana he de madrugar.
La Baronesa asintió cortésmente, con una sonrisa igualmente prefabricada en los labios.
- Me alegra que lo hayáis pasado bien, Señorita Coormuri. Buenas noches.
Tras la joven, los pocos invitados que quedaban se empezaban a agrupar para salir, mientras a fuera, uno a uno, los que ya habían salido eran recogidos por sus cocheros para volver a casa.
Pasas a escena privada ^^
Eran cerca de las cinco de la madrugada cuando por fin el último de los invitados se despidió de la baronesa y se marcho. Tras él, todo el pelotón de Soldados Imperiales que, durante toda la noche, habían formado en el jardín formó en columna tras el Comandante Andros y abandonaron la propiedad.
El silencio en la enorme mansión solo estaba interrumpido por la miríada de lacayos y esclavos que, en ese momento, se pusieron en silenciosa pero frenética acción para recogerlo todo. Con calma y cierto regocijo, la baronesa los observaba.
Tras dar un par de indicaciones totalmente innecesarias al responsable de los mismos, que asintió frenéticamente, la baronesa salió del salón hacia sus aposentos.
Sí aquella había sido una gran noche o un completo desastre, era algo que sólo cada uno de los invitados sabía. El nivel de satisfacción de la Baronesa, sin embargo, era algo que tarde o temprano todos y cada uno de los invitados descubrirían a lo largo de aquel largo año que acababa de empezar.
Fin de la Recepción Diplomática en la Mansión Mavriss.