Una barahúnda de chillidos copa la amplia sala, llevando a todos los guardias a corretear como gallo sin cabeza alrededor de las altas columnas en busca de los fugitivos.
Sobre todas las voces, sobresale la del Rey, que parece desgañitarse ante semejante guirigay.
Los únicos que parecen mantener su posición son los captores de Martin, que lo aferran con fuerza, arrastrando su pequeño cuerpo hacia uno de los rincones oscuros de la habitación, perdiéndolo de vista mientras salís por una de las puertas recorriendo los lóbregos pasillos...
Soy inmune a los ojitos de ratona. La victoria es solo para los valientes ;)