El primer recuerdo de Shinjaro es a lomos de un caballo. Y los recuerdos en los años sucesivos no fueron tan diferentes. Como primogénito de Otaku Toshi, capitán de los guardias fronterizos dentro del territorio Unicornio, recibió una educación tradicional, aprendiendo a cabalgar, incluso antes de aprender a caminar. Desde bien pequeño recorrió todos los caminos de Rokugan, aprendiendo y amando sus muchos y variados paisajes.
Recibió la formación militar como samurai montado, siendo rápido y preciso como una centella, convirtiendo la lanza en un arma terrible con la que castigar a los enemigos del Imperio.
Sin embargo, hace dos años, con apenas cumplidos doce años se vio separado de su grupo cuando recorrían un sendero colindante al bosque de Shinome Mori, el bosque más grande de Rokugan. Se vio atraído por la figura blanquecina de una doncella. La joven lo atrajo a una cabaña escondida en la floresta y allí lo sedujo. En mitad del acto la criatura trató de acabar con él y casi lo consiguió. Le dejó cicatrices en el rostro, en la pierna y en el alma, y le habría arrancado esta última de no ser por la intervención de su padre y de su tío, que lograron ahuyendar a aquel demonio.
Las heridas sanaron por fuera, pero la ponzoña quedó dentro de Otaku Shinjaro. De alguna forma, todo el que se cruza lo encuentra incómodo, sin saber exáctamente la causa de la repulsa. La cortesía se suele tornar pronto en un tensión desagradable por quienes lo reciben e incluso la elaborada educación que muestra Shinjaro suele ser insuficiente.
A pesar de su juventud es un guerrero fiero con ansias por demostrar su valor y alcanzar la mayoría de edad con honores durante su genpukku.
A mitad mañana tú y tu padre llegáis a Obo, un pequeño poblado en medio de la frontera entre el clan León y el clan Grulla. Normalmente viajáis en una compañía de cinco jinetes, pero tu padre, contra toda costumbre ha ordenado a sus hombres de armas que sigan el camino que tenían trazado y, mientras, padre e hijo, habéis tomado un desvío hasta el diminuto poblado.
No te has atrevido a preguntarle el motivo de tales órdenes. Otaku Toshi siempre te ha dado respuesta a las preguntas, pero cuando él las ha considerado convenientes.
Como viajero consumado llegas a la conclusión de que el poblado es poca cosa, un conjunto de casas apiñadas junto al camino, que no llega a estar ni siquiera empedrado. Desde algún lugar se escucha el sonido de varios martillos y voces de hombres trabajando, sin lugar a duda, una fragua o herrería. También distingues el techo de alguna clase de edificación extraña en la distancia, parcialmente oculta por las ramas de los árboles. No recuerdas haber visto nada parecido.
–Debo encontrarme con alguien. Tardaré por lo menos una varilla así que puedes visitar la aldea, pero no te alejes –dice Otaku Toshi, y te parece notar una tensión en particular en su tono de voz cuando dice que no te alejes. Sin duda, no ha olvidado el "accidente" que sufriste en el Gran Bosque Oculto.
Varilla es una unidad de medida de tiempo que equivale a una hora, lo que aproximadamente tarda en consumirse una varilla de incienso.
Extraño comportamiento el de mi padre, he de obedecerlo pero no comprendo el porqué de mantenerme al margen, al fin y al cabo soy su heredero. Quizá si me acerco ha esa extraña edificación podría enterarme de algo. Así pues desmonto y me dirijo hacia el edificio. ¿ Que tramará mi honorable padre?
Disculpa la tardanza. A partir de ahora cogeré el habito de una entrada por semana.
Recorres el diminuto pueblo. Debes dar un rodeo para esquivar una densa arboleda antes de alcanzar el extraño edificio. Éste se alza solitario, con una forma singular y ajena a la mayoría de construcciones que conoces. Es alargado, con una puerta de doble hoja, sin ninguna de las típicas puertas corredizas o de papel. Toda la estructura es de madera, recubierta con una pintura blanca. Pero lo más extraño es la forma alargada y puntiaguda en que termina el pequeño torreón que corona la entrada. Sobre la punta hay un objeto que parece de metal. Dos barras cruzadas.
Te quedas hipnotizado ante sus extrañas formas, pero el ensimismamiento te es arrancado de golpe cuando el sonido de una campana, con sus lentos y parsimoniosos tañidos, empieza a resonar desde lo alto del edificio. Te pones alerta, como si hubieras cometido algún delito o fueras a ser atacado por enemigos, aunque en realidad nada de esto ocurre. En su lugar, la amplia puerta blanca se abre y varios campesinos, hombres y mujeres, empiezan a salir del interior. Tras un minuto de ver como marchan de vuelta al pueblo ves en el marco de la puerta a un ser extraño.
Parece un hombre, pero es mucho más alto. Viste una túnica larga negra, con un cinturón de cuerda de cáñamo atada a la cintura. Sin embargo, sus ropajes no son lo más extraño, sino su rostro. Un rostro salvaje, con una espesa barba rojiza, hirsuta, que solo deja al descubierto una pequeña parte de las mejillas y la frente. Sus cabellos, también del color del fuego, están arremolinados, formando unos rizos que jamás habías visto.
No te preocupes, me alegro de que sigas adelante ^^
Un bárbaro!, había oído hablar de ellos pero es la primera vez que tengo uno tan cerca.Que le llevará irse tan lejos de su hogar,me pregunto. Y toda esta gente de la aldea que hará dentro de ese edificio.
me gustaría encontrar respuesta a todas las preguntas que me han surgido,por otra parte debo de estar atento de lo que me ha dicho mi amado padre. Bueno,m e acercaré a preguntarle que es lo que le ha llevado a venir a aquí.