Algarrobo sentado en el banco escuchaba con atención de todo un poco, pero le llamo poderosamente la atención la conversación de un singular grupo, el de los cantantes y el del hombre con la hiena, el no había visto jamás un animal así, en las montañas invernales de donde provenía había otro tipo de criaturas, las que a decir verdad superaban en tamaño a la hiena, y algunas al dueño.
Se levanto y se acerco al extraño grupo, al llegar se saco la capucha y dejo ver su rostro, de piel blanca, cabellos rubios y unos singulares de color verde. Sonrió ante el grupo inclino su cabeza en gesto de respeto y hablo.
-Buenos días buenos hombres, y señorita, mi nombre es Algarrobo-dijo mientras levantaba la cabeza-me preguntaba si Uds. venían aquí por lo del orfanato, es decir, con el fin de ayudar-dijo en un tono amable y sincero. Mientras esperaba respuestas admiro con más detenimiento el gran animal.
-Por cierto, gran ejemplar-dijo sonriente.
Atento a las palabras de Susana, Scio escucha, al igual que cuando otras dos voces se añaden a la conversación, y cuando encuentra el momento pertinente, dice en una inclinación como muestra de respeto -Mi nombre es Scio Verum, el nombre de mi bella acompañante es Susana, espero que tengan ambos caballeros un buen día aquí en la Plaza Mayor, no se las razones que tuvo el destino, pero al parecer nos ha traido a este punto por alguna razón, yo justamente me siento atraído hacia lo que el letrero advierte, que querida amiga... - dice girándose hacia Susana. -
Es justo lo que habia llamado mi atencion, al parecer quien tenga el control del orfanato se encuentra en un apuro, uno suficientemente grande como para pedir ayuda a unos extraños, quie bien pudieran traer mas problemas de los que debieran resolver, pero por mi parte, quisiera averiguar de que se trata y ver si puedo hacer mi buena obra del dia...- dice con un gesto indicando el cartel en cuestión.
Después hace una reverencia hacia la hiena y hacia el druida diciendo -Si tan carismático y sonriente animal quisiera tener el gusto de acompañarnos con su dueño, estoy seguro que la conversación en el camino se vería muy entretenida, y lo mismo va para nuestro vecino...- dice girándose al final hacia Algarrobo. Despues, miro a Susana y dice -Seguro que mi compañera, como yo, sabe apreciar la gracia de una compañia tan variada e interesante, ¿o me equivoco?-
Sí, era la primera vez que Susana veía una hiena con su preciosa crin (hoy el estado natural de todas las cosas era precioso) que no estuviera dibujada en uno de los... vaya, ahora no los podría volver a hojear, deteniéndose con admiración ante las ilustraciones, pero ninguno de ellos podría compararse a ver las cosas por una misma. Adoraba jugar con esos seres de tierras remotas en sus sueños, que algún día no estarían en los oníricos mundos que su imaginación creaba, sino en la realidad. Y la suerte se estaba portando bien con ella. En cuanto viera un altar de Fharlanghn iría a dar gracias.
Si aquel animal había llamado su atención, su dueño no era para menos. Tuvo que estirar su cuello bastante para mirar su rostro, con curiosidad. No fue un gran esfuerzo, pero tuvo que contenerse para no abrir los ojos más de lo necesario, evitando que surgiese una mueca de sorpresa. Era tan grande, parecía tan fuerte. Y los ojos del extraño, que a pesar de la temperatura no se derretían, frío hielo. Tan... exótico. ¿Podría ser un aventurero? El tono oscuro de su piel le hizo pensar que probablemente vendría de muy lejos.
Por otra parte, Susana siempre dedicaba una sonrisa a quien le dejaba algo en el sombrero -el cual se encontraba ahora sobre su mochila-, por poco que fuese. Y recordaba que ese hombre había depositado ahí ni más ni menos que una moneda de oro. Y ahora le había llamado voz de quelea. ¿Pero cómo podía habérselo permitido? Ese acto tan generoso... claro, ¡seguro que era un aventurero que conseguía tesoros! ¿Quién sabe? O a lo mejor alguien con dinero que necesitaba de unos aventureros. No le dio tiempo a darse cuenta de lo reservado que parecía, y decidió responder al cumplido.
-Las grandes ciudades a veces son los lugares más salvajes –dijo en silvano. No era una frase suya, sino de alguien que la había utilizado para consolarla más de una vez. Continuaba: “si te sabes mover por una gran ciudad, no habrá terreno que se te resista”. Pero Susana no se la creía en realidad, y no sabía si el enorme hombre de la hiena le encontraría sentido.
No le dio tiempo a añadir más, pues resultó que un tipo que no conocía de nada se acercaba a ellos y se presentaba, diciendo ser el... ¿responsable de un orfanato que necesitaba ayuda y acudía a ellos? Desde luego pinta de trabajar en uno no tenía, sino más bien de ser hombre de espadas. Menos mal que Scio le sacó de dudas. ¡Así que era, efectivamente, otro aventurero! Y parecía tener en mente una misión. Fharlanghn le ofrecía un camino.
Susana se mostró encantada con las palabras de Scio. Ella no se hubiera atrevido a decirlo en voz alta tan claramente. ¡Seguro que él también se había dado cuenta de que eran aventureros y estaba pensando lo mismo que ella en ese momento!
- ¿Qué clase de ayuda necesitan en ese pobre orfanato? Estoy dispuesta a colaborar si es interesante... –de pronto se dio cuenta de lo que implicaba un orfanato. Niños pequeños, algunos muy pequeños, huérfanos o abandonados allí por a saber qué razón... ¿qué era mejor: eso o... no nacer? El dolor en su abdomen se intensificó de pronto. Pero esta ocasión era perfecta y no podía dejarla pasar. Mostró de nuevo su sonrisa; con suerte, su expresión se podía confundir perfectamente con una preocupación sincera por el problema del orfanato-. Me sentiría muy honrada si nos regalasen su compañía.
Susana reunió valor para preguntar al enorme hombre de la hiena, pues esto le confirmaría o desmentiría sus sospechas sobre él:
- ¿Vos también estáis enterado de lo del orfanato o interesado por ello?
Algarrobo soltó una pequeña risa y luego de recomponerse mira a la muchacha, era de pelos rojizos y una tez blanca, parecía que recién salía de casa, como una niña para jugar en la plaza.
-Disculpad, me habéis mal interpretado, lo que quise decir es que yo también vengo para ayudar, y me preguntaba ¿si Uds. también vienen en pos de ayuda?-dijo sonriente y alegre, era un hermoso día, eso lo ponía de un muy buen humor.
El gigante no contestó a Algarrobo en un principio cuando elogió a la hiena. Al fin y al cabo, no era una pregunta y por tanto, no exigía una respuesta.
—Yo soy Rhima-Ulisha-Milahir —dijo el druida, una vez se hubieron presentado los demás.
Ulisha estaba acostumbrado a que la mera mención de su nombre produjera sumisión, y notó el aguijonazo de la soberbia cuando no encontró nada de eso en los rostros de sus interlocutores. Sospechaba que una de las cosas que tenía que aprender en su viaje por aquellas extrañas tierras era la humildad y la paciencia. Señor y siervo eran cosas que podían cambiar según las circunstancias y la tierra. Lo que tenía importancia para una cultura, podría no ser importante para otra.
Sumido como estaba en sus propias cavilaciones Ulisha se perdió buena parte de la conversación. Era un hombre que se tomaba su tiempo para reflexionar las cosas y no se le daba bien lo de tener la cabeza en varias cosas a la vez.
—¿Qué queréis decir? —les preguntó, extrañado—. ¿Es que la ciudad no va a ayudarlos? Allí de donde yo vengo, el problema de uno es el problema de todos.
Algarrobo mira fijo a Ulisha y sin parpadear dice.
-Pues parece que no, según lo que he oído, el que está a cargo perdió hombres en los caminos-dijo seriamente y con un tono frio, dejo de mirar al hombre y observo el templo- no creen que deberíamos ir a ver qué pasa, en vez de esperar aquí-dijo mientras empezó a caminar hacia el templo.
Susana no sabía muy bien cómo llamar al hombre de la hiena. Supuso que usaría el nombre completo que había entendido.
La verdad es que Susana quería ir al orfanato ese. Ir sola no era su estilo, aunque últimamente no le quedaba más remedio.
- ¿La ciudad ayudarlos? Este es trabajo de aventureros. Mirad la ciudad, mirad este mercado: la mayoría de la gente no es capaz de ver más allá ya no de su muralla, sino de la puerta de su casa o incluso de su nariz. Solamente un aventurero sabe hacerlo. Ellos son los que ayudan a los que lo necesitan allá por donde pasan, los que buscan en recónditos lugares en los que nadie ha puesto antes un pie tesoros desconocidos, los que saben que la mejor vida es al otro lado de estos muros, más allá de sí mismos y lo conocido, consiguiendo así fama para forjarse un nombre, una leyenda y ser reconocidos entre los hombres -el idealismo de Susana alcanzó su cénit-. Nadie ayudará al orfanato excepto ellos. Y por ello serán reconocidos. La gente solamente conoce los problemas que no van más allá de la puerta de su hogar. Pero algunos se despiden de ellos con la mano, aceptando que, a partir de ese momento, sus problemas están ahí afuera, que son los de los demás, y se convierten en aventureros. Y, si ven que no los hay, ellos mismos van a buscarlos en lugares ignotos, sin explorar.
>> Espera, Algarrobo, que vamos para allá.
Scio hace una seña al rezagado Ulisha, y camina al unisono con Susana y Algarrobo -Vamos, la ayuda prestada no debe ser demorada- dice, entonando... mientras espera a que animal y amo decidan caminar hacia ellos...
Lo siento, no tengo mucho tiempo para planear mis textos, esta ocasión me toco pecar de breve...