Sarah, tras escuchar los golpes, se quedó asustada, esperando oir al señor Spellman.
Nada, el silencio tras la tormenta era incluso opresivo. Estar allí, encerrada en el baño, sin saber qué había ocurrido le ponía de los nervios. Tenía todavía la llamada en espera, era odioso llamar a esos sitios. ¿para qué se le llamaba emergencias si tardaban tanto?
Colgó y estaba a punto de volver a llamar cuando escuchó la voz de Kitty. Abrió rápidamente la puerta y asomó con cuidado la cabeza... Bien, todo despejado.
-¡¡ Estoy aquí!! - Gritó mientras desandaba nuevamente lo caminado y asomaba por el salón. Allí vio al señor Spellman en el suelo, con una postura bastante dolorosa. El hombre sollozaba y respiraba trabajosamente. Sarah se acercó un poco, y poniéndose de cuclillas observó al hombre con cara de asco.
Aliviada bajaba las escaleras para llegar junto a Sarah y cogerla del brazo para apartarla, con suavidad, ella nunca hacía las cosas a lo bruto.
Estás bien, ¿no? He llamado ya a las ambulancias... espero que no tarden en venir. - no podía dejar sola a Sarah, si llegaba su hermano y se la encontraba no quería imaginarse qué pasaría, con lo paranoico y gilipollas que era.
Debía mantener la calma, ahora era su padre que estaba bien jodido.
Vamos, papá, pronto estarás bien. - le decía quitándole la botella de ginebra de la mano y cogiendo un cojín para ponérselo debajo de la cabeza. A pesar de lo desgraciado que era, no podía evitar preocuparse por él, Kitty era así, no podía evitarlo. Miró un momento a Sarah - ¿Me acompañarás al hospital? Prometo invitarte a una súper comida mañana... para compensarte el desastre de hoy. - esbozó una sonrisa nerviosa mientras miraba las piernas de su padre y esbozaba una mueca de dolor.
Los servicios sanitarios llegan antes de lo esperado. Tras una explicación sucinta de vuestra parte se ponen manos a la obra. Es obvio que ven en todo esto indicios de violencia doméstica, pues piden a Kitty que los acompañe al hospital. Cuando uno de los técnicos examina a Martha, se vuelve hacia Kitty con la boca abierta.
—¿Ha hecho usted esto, señorita? —cuando Kitty asiente, el sanitario añade—. Le ha salvado la vida a su madre. Buen trabajo.
Con las palabras del médico aún flotando en el aire, el equipo se hace cargo de los padres de Kitty. Les aguarda una larga noche en el hospital.
Continuará...
Fin del primer capítulo. Podéis recapitular o poner pensamientos de lo que ha sucedido.
Kitty, añade un dado a tu reserva. Te olvidaste de sumarlo al pasar la segunda tirada y no elegir el monólogo de victoria =).
Kitty se mantuvo apartada mientras los sanitarios subían su madre y su padre a la camilla. No apartaba la mirada de ellos... y por sus caras sabía que habían adivinado lo de la violencia doméstica, le esperaba una noche larga de preguntas por parte también de la policia... Pero ya sabía que no podrían hacer nada, le sorprendería muchísimo que su madre quisiera denunciar.
No obstante, cuando escuchó las palabras del enfermero no pudo evitar sonreír contenta.
Gracias...
Se sentía bien consigo misma, era la primera vez que ponía en práctica sus conocimientos de medicina, y saber que aquellos años de estudiar habían servido para algo, era una sensación grata que le gustaba mucho. Sobre todo porque era lo que quería hacer en un futuro, esperando que no fuera muy lejano.
Se fue de camino al hospital, con Sarah, no podía dejarla sola.
Sarah no podía creer lo que Kitty estaba haciendo. ¡¡Ese hombre había intentado matar a su madre!! Y allí estaba ella, acomodándole para que estuviera mejor.
La joven se apartó un poco y se quedó a un lado. Buscó en su bolso y sacando el ipod se lo colocó para escuchar algo de música.
La música la sumergió. Llegó el sanitario y Sarah se quedó en su rincón, sin molestar. No tenía nada de ganas de ir a pasar la noche en el hospital, y se hubiera negado o se habría largado si no fuera por Kitty. Aunque no se lo demostrara le tenía un gran cariño, y no quería dejarla sola en ese momento.