La cocina había sufrido sus propios cambios y junto a un par de cestitos cucos con plantas aromáticas, había una pila de cupcakes imposiblemente decorados. Igual salía a cuenta que Lourdes se quedara sola si se entretenía haciendo esas cosas. Claro que igual el sabor no acompañaba al aspecto. Mientras tanto, la puerta se había abierto, y aunque no escuchabas al 100% lo que decían, podías captar palabras sueltas y algún tonillo de voz:
- Lourdes: - (...) - voz bajita y melosa
- Voz de hombre: - (...) - algo similar a un gruñido
- Lourdes: ¿ Dónde ... ?
- Voz de hombre: - No (...) contestarte. ¿Qué (...) haciendo? - ruido de fondo.
- Lourdes: Nada, nada. - voz sumisa. Se iban acercando hacia el salón.
- Voz de hombre: (...) hambre. Prepárame algo. - silencio incómodo - ¿Qué coño es eso? - tono más elevado y cabreado.
- Lourdes: No sé... - ella pareció quedarse sin habla, aunque ya llevaba un rato hablando sólo con un hilito de voz - No (...) enfades...
- Voz de hombre: ¡¿Qué me estás ocultando?! - preguntó la voz masculina, claramente cabreada. Y claramente también melodramática. - ¡Habla! O te juro qué... ¡No me obligues!