- Nada que deba preocuparnos - respondió el joven, tranquilizando a su compañero, mientras se sentaba junto a el - Tres viajeros a caballo se toparon con un tigre hambriento, mas le eludieron sin problemas - O al menos eso creía, pues no había visto mas restos de sangre o indicios de pelea que los dejados por él mismo - El tigre ya no volverá a atacar a nadie, pero las huellas de los caballos parecen dirigirse hacia el suroeste. Tal vez también piensen tomar el paso, pero no creo que sean bandidos ni que debamos preocuparnos por ellos - De hecho le preocupaba más que el trio de viajeros, ansiosos por escapar del tigre, cayesen en alguna emboscada o hiciesen lesionarse a alguno de sus caballos montando en la oscuridad, si bien suponía que serían lo bastante inteligentes como para no adentrarse de noche en el paso. En cualquier caso no estaba en situación de porder permitirse el lujo de pensar en el bienestar de unos completos desconocidos, y, ahora que estaban más cerca de su destino, sería preferible cruzarse con el menor número de gente posible.
- ¿Todo bien por aquí, entonces? - Enkidu había hechado un rápido vistazo al llegar, pero prefirió asegurarse - Terminad de descansar si quereis, Mutsu-san, yo terminaré de hacer la guardia - El joven tejón tenía demasiadas cosas en la cabeza como para acostarse ahora y deseaba sacar tiempo antes del desayuno para realizar los ejercicos recomendados por su sensei.
Lo que quedaba de noche transcurrió con normalidad, y al día siguiente retomasteis el camino tras tus ejercicios y el desayuno. El ascenso al paso era abrupto, pero todos venís de una región montañosa, y el camino os hizo sentiros vivos, más que agotaros. Las grandes rocas os recordaban a vuestra tierra, y los ascensos os insuflaban de energía para seguir. Saludáis a los viajeros que se cruzan con vosotros, y con paso firme seguís vuestro ascenso.
Cuando queréis daros cuenta, os encontráis en la cima. Dos casas pueblan la superficie llana, cada una a un lado del camino que cruza las montañas que cortan Rokugan en dos. Una de ellas, vuestro siguiente destino: la casa del Magistrado Esmeralda. Como es costumbre, tendréis que registraros, y pagar las tasas del paso. Después, si lo deseáis, podréis tomar un almuerzo en el otro edificio, la posada.
- Quizá sea buena idea que vos esperéis apartado mientras nos registramos, Kihongo-dono - dice el maestro Tejón una vez os acercáis al edificio Imperial -. Enkidu y yo haremos la tediosa cola y el papeleo, vos os podéis quedar con Mutsu y Ando.
El anciano se gira hacia ti, esperando tu aprobación.
Enkidu lo consideró durante un segundo, antes de sentir a las palabras de Tashimi. Por buen ejemplo de burocracia que aquello pudiese suponer para su joven daymio, lo mas importante en aquel momento era pasar desapercibidos.
- Sería mucha cuasualidad que el magistrado os reconociera, pero es mejor ser cuidadosos. Por favor, quedaos esperando, Kihongo-dono -
Mientras se acercaba a la casa junto con su sensei el joven samurai medito sombre lo que le contaría al magistrado. Obviamente no podían contarselo todo, pero la prespectiva de ocultar información a un oficial imperial tampoco le apetecía demasiado. Aún seguía dandole vueltas al tema cuando llegarón finalmente a la casa y esperaron pacientemente a poder hablar con el magistrado.
Mas o menos. Siento mucho el retraso. ¿Que tal estais?
Tras la espera, llegáis frente a la mesa del magistrado, un hombre adulto y cansado de su trabajo, a pesar de su posición. Con la monotonía de quien repite la misma frase cientos de veces cada día, empapa su pluma en tinta, se prepara para escribir vuestros nombres en el registro, y dice:
- Necesito vuestros nombres completos. La tasa de paso para los Samurai es de 2 Zeni por persona.
Y entonces levanta la vista hacia vosotros por primera vez desde que estáis delante de él.
No estamos mal, aunque podríamos estar mejor si consiguieramos algo de trabajo remunerado ;) Tú qué tal? A ver si algún día podemos quedar, que hace mil que no nos vemos!
Afortunadamente no hubo que esperar demasiado a que el magistrado les diese audiencia y, aunque su pregunta resultó algo conflictiva, el joven tejón encontró una manera de sortearla con un mínimo de decencia.
- Buenos dias, magistrado-sama - saludo con una leve reverencia, procurando resultar natural y relajado - Somos Ichiro-Tashimi e Ichiro-Enkidu, del clan tejón, y nuestros compañeros de viaje, Ichiro-Ando, Ichiro-Mutsu e Ichiro-* se encuentran en la posada - o al menos eso pensaba - Aqui tiene usted los 10 zenis -
Ciertamente el magistrado no parecía estar demasiado concentrado en su trabajo, pero Enkidu no pudo por menos que elevar una plegaria a los Kami porque su paso tuviese lugar sin incidentes.
*Dado que kithongo es nombre adulto doy el infantil, el que tuviese antes del Gempukku.
Siento la tardanza (de nuevo :( Dime si hace falta que tire alguna cosa.
Yo ando igual, buscando por todos lados :P. Y si, a ver si quedamos algún día para comprobar que realmente somos nosotros los que andamos escribiendo estos mensajes y no hemos sido suplantados por alienígenas XD
El magistrado, sin levantar la vista de sus pergaminos, empieza a apuntar los nombres con delicadeza.
- Ichiro Tashimi, Ichiro Enkidu, Ichiro Ando, Ichiro Mutsu e Ichiro Dogai. ¿Son estos los kanji correctos, o hay alguna falta en vuestros nombres?
Los nombres están todos correctamente escritos, y no hay ninguna equivocación en la caligrafía. Tras tu asentimiento, el Magistrado alza la cabeza. Toma el dinero de tu mano, y escudriña vuestros rostros.
- Todo en orden, Samurais. Podéis proseguir vuestro camino.
Y almacena los 10 zeni en un pequeño saco de dinero bajo sus pies. Parece que habéis llegado más rápido que las noticias, afortunadamente para vosotros.
El hombre os hace una reverencia, y vuelve a bajar su rostro hacia los papeles. Tras registraros, salís al exterior.
Cuando salís, Tashimi se dirige a vosotros.
- Si estáis cansados, podemos tomar algo en la posada de enfrente. Así recuperaremos fuerzas para el descenso, aunque no deberíamos entretenernos demasiado, o caería la noche sobre nosotros antes de que llegáramos abajo. ¿Os parece bien hacer la parada, o creéis más adecuado iniciar el descenso ya mismo?
Enkidu respiro aliviado cuando finalmente salieron de la casa del magistrado, contento de haber pasado aquel escollo. Desde luego no podía quejarse, todo había ido como la seda y ahora tenían los papeles en regla.
- Será mejor entrar y hacer una breve parada- su mirada fue del paso a la posada, mientras consideraba la propuesta de su sensei - Según lo que podamos averiguar del estado del paso veremos si seguimos o si pasamos la noche aquí - No pensaba arriesgarse a pasar la noche en el paso, pero tenía especial interes por saber las noticias que podía darles el posadero.
- Antes o despues la noticia de lo sucedido llegará a estas tierras, así que procuremos no llamar demasiado la atención y usar nuestros nombres lo menos posible -
La puerta se abrió, y dio paso al calor del interior de la posada. Una enorme chimenea ardía en un rincón, y mesas desperdigadas por el gran salón soportaban los vasos de los visitantes. Pocas mesas quedaban libres, y tratasteis de buscar una apartada, en un rincón. Al igual que antes, tu maestro y tú decidís tomar la palabra por el grupo, en cuanto localizarais un lugar en el que poder descansar las piernas.
Los cinco, ignorando las miradas indiscretas de los no-samurai presentes en la sala, localizasteis una mesa libre, cerca de una de las paredes. Entonces te dispusiste a girarte hacia la barra junto con tu maestro cuando la mirada de una de las personas de la sala, sentada cerca de la mesa que habíais escogido, atrajo tu atención.
Nunca habrías esperado encontrarte con esa persona justo aquí. En ningún momento te planteaste que durante tu viaje pudierais cruzaros. Pero allí estaba, observándote fijamente.
Cierro la escena y abro otra nueva, que el viaje se anima y es momento de estrenar escena ;)