Partida Rol por web

La Guerra de los Clanes

Un inesperado reencuentro

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12/02/2012, 23:07
Director

Un único cruce de miradas bastó para reconoceros. La Doncella de Batalla, sentada en la mesa, le observaba a él, en la puerta de la posada. Por su lado, el joven tardó un poco más en cerciorarse de que ella estaba allí, pero una vez la avistó, la reconoció inmediatamente.

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13/02/2012, 00:35
Otaku Mizuki

- ¡Enkidu-sama!

Mizuki deja caer los palillos sobre la mesa y se levanta, boquiabierta por la sorpresa, casi dejando caer la silla. Sin pensárselo dos veces se acerca hasta él y coge las manos del muchacho, frías por la inclemencia invernal, entre las suyas.

- Enkidu-sama, qué... ¡qué alegría encontraros aquí! Es decir... -la carta de Enkidu todavía pesaba en su corazón. Recordaba la sensación que había tenido al leerla, como si la vitela estuviera hecha de un material increíblemente pesado, y los kanji fueran de plomo y se hubieran instalado en sus entrañas, con su pleno significado-. Lamento las circunstancias en las que hemos de encontrarnos, pero me alegro de veros.

La voz de Mizuki siempre le había resultado dulce y conciliadora, como una nana. Y aunque Hirotomo a veces la sacaba de sus casillas, nunca había pronunciado una palabra más alta que la otra. Quizá fuera el reencuentro con la antigua compañera o quizá su voz... o quizá el calor de la posada. Algo le hacía sentir reconfortado.

- Nosotras íbamos a partir pero... podemos compartir mesa. Le contaré a mis compañeras quién sois y no tendrán problema en quedarse un momento y reanudar la marcha más tarde o incluso mañana, como necesitéis.

Aprieta las manos del joven tejón.

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15/02/2012, 11:20
Ichiro Enkidu

 - ¡Mizuki-sama! -

El ceño fruncido con el que había escrutado la posada al entrar y las arrugas de preocupación de los últimos tiempos desaparecierón de la cara del tejón, sustituidos por una sincera y genuina sonrisa. Por unos momentos volvió a ser el joven samuraí que había vagado con sus compañeros por los caminos, siguiendo sus convicciones y sentimientos.

 - Yo tambien me alegro - Enkidu apretó las manos de la unicornio - Sois la última persona que esperaba encontrarme aquí, Mizuki-sama, pero nunca me había alegrado tanto de ver a nadie - Mientras las pronunciaba pudo comprobar la veracidad de aquellas palabras, pues, de entre todos sus amigos y compañeros, siempre se había sentido más cómodo en compañia de la samurai-ko. Sayuri, con su estatus superior, sus dotes de sughuenja y más tarde con su maternidad, siempre había sido algo distante; y Hirotomo y Kenta... bueno, eran Hirotomo y Kenta.

Permaneció así durante un momento, dejándose reconfortar por la calidez de la doncella de batalla, hasta que subitamente soltó sus manos y dió un paso atras. Ya fuese por las miradas que atraía su saludo, por su propia consciencia o por el sutil cambió de postura del anciano que permanecía a su espalda Enkidu recordó su posición y modales.

 - Es para mí un placer encontrarme con vos de nuevo, Otaku Mizuki-sama - saludo con una leve inclinación - Y nada me gustaría más que aceptar vuestra invitación, pero dudo que una sola mesa pueda acomodarnos a todos - giró brevemente su cabeza hacía sus compañeros de viaje, dos bushis, un anciano y un muchacho, su mirada demorandose casi imperceptiblemente en este último - Más será para mí un honor hablar con vos una vez tomemos un refrigério - Miro a su amiga con una muda disculpa en los ojos, su rosotro reflejando una gravedad nunca antes mostrada, y tan solo ella y el anciano pudieron escuchale susurrar sus últimas palabras - En un lugar más discreto -

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15/02/2012, 19:41
Otaku Mizuki

Mizuki asiente con una levísima inclinación de su cabeza y un brillo singular en los ojos con el que da a entender que ha escuchado esta última puntualización. Con el júbilo inicial aún palpitando fuertemente en su pecho, tiene que obligarse a sí misma a centrar su mente en los asuntos de verdadera importancia del momento. Por ejemplo, la gravedad de su amigo, los compañeros de éste, los distintivos de sus kimonos...

- Allí hay una mesa que podría acogeros a todos, a los cinco -dice haciendo una reverencia bastante profunda a los integrantes del grupo (ya que desconoce el estatus y el cargo de los hombres), por asegurarse de que ésta cumple con el protocolo debido, después de echarle un vistazo rápido al lugar-, cercana a la nuestra. No parecéis muy exhaustos, pero seguro que estáis deseando tomar algo para entrar en calor, así que dejaremos las presentaciones para más tarde, si no es molestia...

Mizuki, que casi se siente una anfitriona por estar en territorio Unicornio, invita con un gesto y después conduce a los hombres cerrando su paso hasta la mesa, tan atípica de Rokugan: alta y con sillas igualmente elevadas. Ciertamente poco común, pero muy útil en lugares montañosos de paso en los que la nieve enfanga el suelo y en los que descalzarse para entrar es prácticamente un despropósito. La Unicornio repara en que sus compañeras no han ocultado su abierta curiosidad por los recién llegados y que incluso Jin-Lao sonríe a uno de los bushi. Quizá no sea muy difícil convencerlas, después de todo...

- Enkidu-sama, ahora si queréis, podéis venir conmigo a pedir guisado para vuestros compañeros. Ichiro Enkidu es el joven del Clan Tejón del que tanto os hablé -explica a sus dos compañeras samurái-ko para dar énfasis a su petición-: ¿Os importa que hagamos algo de tiempo? ¿Queréis que os pida más té? -Hay súplica en sus ojos de leopardo.

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15/02/2012, 22:19
Otaku Jin-Lao

Otaku Jin-Lao ha seguido con la mirada toda la escena. Cuando Mizuki se acerca, hace una reverencia formal a los cinco recién llegados, al igual que su compañera Otaku Shiori.

- Será un placer compartir mesa con vosotros - dice como respuesta a la pregunta de Mizuki -. Podremos llegar al final del paso de día incluso si salimos un poco más tarde de lo planeado.

Jin-Lao desplaza ligeramente su silla hacia la de sus compañeras, para hacer hueco en la mesa a los recién llegados. La mesa era grande, y no había problemas de espacio, pero las tres Shiotome estaban ocupando casi toda la mesa mientras estaban solas.

- Por favor, compañeros, tomad asiento - dijo con una encantadora sonrisa. Como casi todas las mujeres Unicornio, sus rasgos exóticos le conferían un toque distinto, y a la vez atractivo -. Si admitís una recomendación, el té de esta posada es excelente. También podéis comprarlo al peso para el viaje.

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27/02/2012, 22:43
Director

Notas de juego

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