Rod, por razones que aquí no explicaré, fue expulsado de su región natal. Viajó como un vagabundo por las regiones colindantes visitando posadas y durmiendo en bosques y calles putrefactas; vivía de las recompensas como mercenario, no importaba ni a quien debía torturar o matar ni para quien trabajaba, solo el dinero importaba..
Harto de su vida.., oyó rumores de una ciudad algo especial, donde muchos hombres podían cambiar e incluso alcanzar el éxito y otros muchos probablemente morían en el intento. En realidad eso es lo que siempre a buscado siempre: alcanzar el éxito y comprar su perdón o el castigo eterno, sin medias tintas.
Características:
● Físico 10
● Destreza 6
● Mente 4
● Percepción 10
16 = 6 (P) Reflejos
15 = 5 (F) Armas Cuerpo a Cuerpo
15 = 5 (P) Advertir/Notar
11 = 5 (D) Esquivar
10 = 4 (M) Supervivencia/Cazar
14 = 4 (P) Buscar
14 = 4 (P) Rastrear
13 = 3 (P) Callejeo
9 = 3 (D) Atletismo
9 = 3 (D) Armas a Distancia
12 = 2 (P) Disfraz
12 = 2 (P) Comerciar
8 = 2 (D) Sigilo
7 = 1 (D) Cabalgar
7 = 1 (D) Nadar
7 = 1 (D) Escalar
Rápido (P9+): +2 a iniciativa..
Mandoble 2d6+2 Requiere Físico 8 @ 15co.
Arco Largo 1d6+2 25m / 50m / 100m Requiere Físico 8 @ 15co.
Armadura ligera Absorción 1 @ 20co.
Daga 1d6 @ 2co. Daga para desollar pellejos...
Mordheim, también llamada la ciudad de los condandos.
Muchos eran los rumores que se escuchaban por el imperio acerca de esta ruinas, acerca de ellas y lo que había en ellas, la valorada piedra bruja. Al alcance de todo aquel con suficientes huevos o estupidez para irla a buscar, por no decir de que posiblemente hayan cosas interesantes entre las ruinas de las antiguas villas de los difuntos nobles que en Mordheim habían residido.
Hace cosa de un mes y medio la tierra tembló bajo el peso de la Ira de Sigmar según dicen esos desquiciados flagelantes que torturan sus cuerpos por las calles del Imperio, pero acaso un castigo de los dioses traería consigo la riqueza y los milagros que se les atribuye a los fragmentos de esa materia de la estrella que cayó.
En cualquier caso a ti lo que te interesa es lo que están dispuestos a pagar, quien tenga pasta para ello, por esos fragmentos. Forrarte y vivir a cuerpo de rey el resto de tu vida.
Pero las tierras del Imperio no son tan seguras como para cruzarlas solo y mejor viajar en compañía por las carreteras que comunican las ciudades y que atraviesan, bosques y párramos. Desde que las diferentes provincias están alzadas en armas unas contra otras, el hambre y las desgracias abundan y no son pocos los que se dedican a la vida del bandidaje para malvivir un tiempo más.
Así fue como buscaste una forma de irte a Mordheim en compañía de alguien. Y que suerte la tuya conado en una posada viste el anuncio de un tal Omar Shinshin, un mercader que se dirigía a Mordheim y que buscaba espadas de alquiler para que guardaran la caravana hasta alcanzar la ciudad.
Sin dudarlo fuiste a ver al tipo este, resulto ser un mercader llegado de las tierras de Arabia, pero que hablaba con fluidez la lengua civilizada del Imperio, estaba acompañado de un guardaespaldas de aquellas exóticas tierras. El caso es que fue directamente al grano, 25 coronas, gastos de comida pagados para defender la carvana hasta su llegada a Mordheim.
- Dudo que realmente tengas que sacar tu acero de la vaina, pocos se atreverán a alzarse en armas ante una caravana protegida y acompañada por hombres armados. Pero si llega el caso espero que sepas blandir tu acero, mercenario.
Rod no expresa nada, sus facciones son inquebrantables. Simplemente responde con extrema normalidad y mirando fijamente al mercader.
- Tus 25 coronas lo valdran mercader, quien ose enterponerse degustará el sabor de mi acero y sucumbirá a no ser que tu decidas otro destino mejor; tenlo por seguro, soy hombre de palabra!
..demasiado pronto para decir nada más..
El mercader asiente satisfecho ante tal ofrecimiento y deterinación.
- Si estuvieras interesado, tengo otro trabajito por hacer, este es algo más delicado. Y tan sangriento como lucrativo.- La expresión del ancho mercader adopta un matiz hosco y un tanto tenebroso.- Hablamos de 150 coronas. ¿Te interesa escuchar más?
Rod se acerca entre miradas al oir "150 coronas",
- evidentemente me interesa. Soy todo oidos.
Ante tu predisposición te comenta.
- Bien, pues se trata de un asunto personal. Hay un par de canallas, que hace tiempo me traicionaron, les pagué para que me sirvieran de escorta, pero los muy cretinos intentaron jugármela. El caso es que me ha llegado cierta información, de que esos tipejos se encuentran entre los campamentos que rodean Mordheim.- Su expresión va cobrando determinación a medida que va hablando.- Se llaman Marquand Volker y Ulli Leitpold. El peor es Marquand, un espadachín Marienburgués. Suele vestir bastante ortera, y usa cualquier comentario acerca de sus vestimentas como pretexto para enterrar un par de palmos de su acero en el cuerpo del bocazas. El otro, Ulli, es un Midenheimmer, un tipo grandote y fortachón, no tiene mucha iniciativa pero se lleva bien con Volker. Traeme una muestra de que los has enviado al infierno y las 150 cornas serán tuyas. Si aceptas el trabajo, vigila, intentarán alguna treta para tomarte con la guardia baja, son unas viles y tracioneras ratas de cloaca.
- De acuerdo, confío en tus palabras. Volveré a por las 150 coronas. Y por cierto.. como te la jugaron? debo saber todo antes de ir.
Rod mira fijamente.. de la respuesta de ese mercader dependerá su futuro.. no es la primera vez que se la intentan
jugar a Rod y toda precaución es poca.. si denota nerviosismo o palabreria absurda..
El ancho comerciante se recuesta un poco en su sillón, su diestra cierra el puño con firmeza.
- Hace cosa de medio año me encontraba en una situación similar a esta, tenía que aventurarme por tierras peligrosas y contraté el servicio de unos custodios. No tuve mucha suerta y me confomré con lo que había, un par de mercenarios, fueron ellos. Emprendimos la marcha y nos fuimos en dirección Kislev para vender unas sédas de Arabia, que interesaban a la reina de las tierras del frío. Durante el viaje la caravana fue asaltada por unos bandidos. Y cuando representaba que ellos tenían que protegerme a mí y a las mercancías, se cambiaron de bando y me robaron todo lo que tenía, tan solo me dejaron la vida, para que viviera con la vergüenza de ese día en mi conciencia. Juré que les haría pagar.
Rod asiente con la cabeza cuando Omar finaliza su relato -bien parece verdadero y sin dudas, probemoslo-
- Además arruinan la reputación, más si cabe, de nuestra profesión. Van a pagarlo también de paso.
Una sonrisa maliciosa se le escapa;
Luego le saluda y ajustándose el sombrero, se levanta y se gira bruscamente, volteando su polvorienta capa y se dirige hacia la salida. Mientras camina añade: - Ya te encontraré cuando este hecho y ten lo mio a punto, espero no tardar.
Hay algo debido a mi incultura que no tengo claro:
Cita:
Estoy cerca de este sitio o representa que durante el trayecto vamos a pasar por esos lugares? en otras palabras puedo/debo hacer esta missión ahora o es mas lógico ir con la caravana y una vez en destino ya luego se vera? (si es esto último: El último párrafo de mi post es simplemente que va a tomar el aire..xdd)
Pocos son los que se atreven a residir o siquiera a pernoctar en la ciudad de los condenados, eso ha hecho que se alcen varios campamentos y/o refugios en las cercanías de Mordheim.
Vosotros llegareís a las cercanías y visitareís varios campamentos.
Alguno de la posada se parece a estos que me comentaron??
Se llaman Marquand Volker y Ulli Leitpold. El peor es Marquand, un espadachín Marienburgués. Suele vestir bastante ortera, y usa cualquier comentario acerca de sus vestimentas como pretexto para enterrar un par de palmos de su acero en el cuerpo del bocazas. El otro, Ulli, es un Midenheimmer, un tipo grandote y fortachón, no tiene mucha iniciativa pero se lleva bien con Volker. Traeme una muestra de que los has enviado al infierno y las 150 cornas serán tuyas. Si aceptas el trabajo, vigila, intentarán alguna treta para tomarte con la guardia baja, son unas viles y tracioneras ratas de cloaca.
No, no te parece verle entre los presentes. Aunque si quisieras y te atrevieras a arriesgarte, parece ser que el tal Gordon sabe muchas cosas.