Partida Rol por web

Calaveras y Grilletes

Prólogo: Puerto Peligro y sus peligrosas tabernas

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19/08/2016, 17:23
Kissia Fastclaw

Vaya, que el hombre del látigo estaba haciendo una gran campaña a favor de su capitán. Al principio, creyó que Harrigan era el tipo de pirata que buscaba, pero con el tiempo, el hombre seguía contando historias una tras otra, hasta que se fueron volviendo inverosímiles. Eso de arrojarse a las fauces de un kraken era un poco extremo, salvo que hubiera abordado la embarcación y no hubiera riesgo de caer al mar.

- Y Harrigan, ¿cómo de generoso es, amigo?

Era una de las preguntas que le interesaban. Más que nada sentía curiosidad por cómo lo intentaban vender. Si el charlatán se ponía a decir que daba fortunas a diestro y siniestro, sería un buen motivo para sospechar.

Mientras, se fijaba en el joven del pañuelo azul, pues le parecía que debía de estar buscando algo que hacer. El otro hombre, el de los veintisiete, le resultaba más misterioso.
 

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20/08/2016, 19:12
Jask Smizt

Se acercó para escuchar el relato del hombre del látigo. Aquella historia le recordaba a las que el propio Jask utilizaba una y otra vez para ganar unas monedas en tabernas y bares de mala muerte como lo era aquel mismo. De pronto, mientras paraba unos segundos para coger aliento el narrador, vió como una félido preguntaba, queriendo saber más sobre aquella historia. Era bien conocida esa faceta de los de su raza, pensaba. Esperaba, desde una distancia prudencial, que aquello no fuese tomado por una interrupción y comenzasen a volar golpes y mobiliario por el local. La experiencia había hecho del delgado espadachín un desconfiado y siempre pensaba en lo peor, cosa que por otra parte, le había servido para librar a las heridas y a la propia muerte. Al menos, hasta ahora.

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20/08/2016, 20:25
kosarev

El hombre si giró ante la pregunta de la felina inquisitiva. Con una mueca de desagrado la miró, para en un instante cambiar su rictus por un amago de sonrisa que dejaba entrever un dentadura repleta de dientes de oro.

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20/08/2016, 20:27
Maestro Azotes

Generoso? Acaso no ves que su fortuna esta pagando tus bebidas y las de toda la chusma de esta taberna? Ningún marinero bajo el mando de Harrigan esta falto de dinero con el que disfrutar en tierra.

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20/08/2016, 21:53
Kissia Fastclaw

La respuesta del tipo del látigo le había gustado. Precísamente al nombrar el dinero, se había ofendido y aunque luego había corregido, no había intentado mentir de primeras. Eso le venía a decir a la félido que no era una estafa. Vamos, que el hombre estaba convencido de lo que decía.

No estaba mal como primera opción. Ahora pensó que si se quedaba a la espera, se terminaría enterando del resto.

- Adelante, sigue hablando.

Sonrió zalameramente.

 

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20/08/2016, 23:14
Padre Ramah

El hombre relegado a un rincón de la barra observa complacido la interrupción de la félida. Así el bocazas que le ha interrumpido a él prueba su propia medicina. De todas maneras, no ha estado mal la pregunta...

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21/08/2016, 10:41
Jask Smizt

Sin duda, ese tal Harrigan tenia que tener mucho oro, pues uno de los suyos poseía una bolsa de oro para pagar, como había dicho, toda la bebida del local. El pequeño Jask se acercó a un lugar próximo en la barra, no quería perder detalle sobre ese tal Harrigan. Puede que necesitase más tripulación y podría ofrecer sus servicios. Una buena paga como la que prometían era suficiente para el.

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22/08/2016, 13:58
kosarev

Satisfecho de que la felina se hubiese callado, Azotes volvió a glosar las virtudes y cantar alabanzas sobre Harrigan mientras sus dos acompañantes repartían jarras llenas a rebosar.

La cerveza siguió corriendo y toda la muchedumbre comenzaba a estar bastante bebida. Los que aguantaron hasta las últimas horas de la noche comenzaron a pagar los excesos. Algunos, incluso, se encontraban en un extrañamente profundo sueño.

Al amanecer unos cuantos se dirigieron tambaleantes hacia sus casas pagando los excesos de la noche previa. Sin embargo, no había rastro de Azotes ni de sus acompañantes, que habían partido mientras aún la oscuridad permitía desplazarse sin ser visto a bordo de un carro desde cuya parte de atrás podían oírse ronquidos.