Isora se detuvo un momento para coger aire y soltarlo despacio frente a la puerta de su casa.
Sobre sus hombros descansaba un peso que nunca antes había sentido, pero que se le hacía extrañamente familiar. Podría tamborilear con los pies. Podría gritar en el interior del pozo mágico y repartido flores a todas las personas que alguna vez la habían respondido con una sonrisa y aún así no hubiese alcanzado a empezar a expresar ni un ápice de lo contenta y emocionada que se sentía.
Aunque por supuesto... primero estaba aquel momento. En aquella casa.
¿Debería sentirse agradecida? Si, sin duda un poco, reflexionó. No la abandonaron. Casi siempre tenía un plato de comida en la mesa, aunque estuviese un poco frío y no se metían mucho con lo que hacía o dejaba de hacer. Su vida podría haber sido mucho peor. Y ahora era como si estuviese a punto de despedirse para siempre de una parte de todo aquello.
- Venga, vamos - La exhorta Abián pasando a su lado para entrar sin tantos miramientos como ella. Al parecer de alguna manera él también había sido aceptado, pero... eran tan diferentes que nunca creyó que le pudiese interesar empezar algo fuera del pueblo.
Siempre pensó que el destino de Abián sería quedarse allí. Y tal vez casarse con la hija del herrero después de que Dalia ignorase sus intentos de acercamiento y resignarse a una vida común en la que seguiría ayudando a su padre para que alcanzara la cifra de 42 familiares.
Cuando Isora finalmente entra a la casa, Abián ya está hablando con todos, explicando que no había mucho para largas despedidas y que tenía que empacar algunas cosas.
Mientras él daba órdenes a los hermanos más pequeños que no salían de su asombro, la azulada caminó hasta la mesa en la que estaba el cabeza de familia sentado, dejando la bolsa con cien monedas de oro frente a él.
Tras dudar, éste empieza a examinar su contenido.
- ¿Y dónde dicen que irán?
- Bueno... aún no lo sé. A una cueva a unos días de aquí - Una distancia inmensa para quien nunca había puesto un pie fuera del pueblo.
- ¿Y vas a ir así?
- Me... me la han regalado. Y tengo la hoz con la que me pagó Tysha una vez. Y voy con mis amigos, así que todo estará bien - Sonreía con más confianza de la que sentía
Pero el padre de familia ya no la miraba a ella. Miraba a su hijo primogénito, quien le mantuvo la mirada con una buena dosis de cabezonería.
Cuando se levanta y sale de la habitación, Isora hubiese podido jurar que estaba muy disgustado. Seguro que los dos lo habían decepcionado, y se sintió culpable por ello. Al menos hasta que lo vio regresar.
No tenían mucho lustre, pero en sus manos tenía dos armas. Una para cada uno de los hijos que partían. El corazón de Isora dio un vuelco al ver humedad en los ojos de su padre. El viejo no dijo nada más. Probablemente si lo intentaba se le rompería la voz, y él no era los que demostraban a menudo sus emociones. Siguiendo un impulso que no se molestó en refrenar, lo abrazó - Gracias... padre.
Y... cierre por mi parte, salvo que alguien quiera encontrarse con Isora antes de partir, o lo que sea.
Ben avanza con paso lento pero seguro, en posición defensiva, cuando el carapintada se abalanza a repartir palos como un árbol zarandeado en la tormenta. Gremus, aquella mole gigantesca, no tarda en deshacerse del chico y lo lanza volando por los aires, como a un trapo. No solo es grande, sino que su armadura y su resistencia parecen inabarcables. Abian trata de probarse como puede, pero cae con la misma suerte que Devin, y entonces el enorme mastodonte se vuelve hacia Ben y...
-¡Noysatig! -pronuncia el bueno de Pik a sus espaldas, lejos del combate pero lo suficientemente cerca para crear una sombra negra delante de Gremus.
No importa: el guerrero gigante ignora la magia del kobold con total tranquilidad y descarga un golpe contra Ben. El viejo levanta el escudo y bloquea como puede, aunque el ataque es tan fuerte que deja su brazo entumecido por completo y le hace retroceder tres pasos, tambaleante, pero no hay tiempo. El siguiente golpe cae ya sobre él, así que usa su espada para detenerlo. El arma sale volando y cae por el suelo rodando, mientras Ben nota el temblor en la mano, agarrotada. "Es una bestia" piensa, incapaz siquiera de haberle dado un golpe, cuando unas palabras extrañas, arcanas, resuenan en el lugar.
El viejo se vuelve para ver como Devin desde el suelo señala a Gremus, y unas llamas negras y horrendas envuelven al guerrero por completo. Este parece reírse, disfrutando de la emoción del combate: eso ha debido dolerle aunque fuera un poco, pero ha cegado al gigante y parece que no ve que Devin está inconsciente, así que levanta el arma y se prepara para golpear al muchacho...
Ben se cruza como puede e interpone el escudo entre ambos, para bloquear el ataque: su escudo cae rodando por el suelo y una patada de Gremus le lanza hacia el barro, dejando el orgullo del viejo guerrero muy maltrecho. Pero aún logra decir dos palabras.
-El chico está fuera de combate... -musita, advirtiendo a Gremus, antes de dejar caer su cabeza sobre el polvo.
Puede ver el cielo desde allí. Bonito. Quizás lo disfrute más cuando el dolor de sus extremidades desaparezca por completo.
-[¡Maeztro! ¡¿Eztá bien, maeztro?!] -pregunta Pik a su lado, nervioso.
Ben sonríe, sin levantarse, y asiente para tranquilizar a su aprendiz.
Motivo: Lucha
Tirada: 1d20
Dificultad: 18+
Resultado: 10 (Fracaso) [10]
Una vez fui aceptado y haber recibido la bolsa de oro sentí una gran emoción: No por la aventura (Aunque si tenía una pequeñísima parte de la razón de mi emoción), si no por tener tanto y asegurarle una buena vida a mi padre, y de volver con vida, a mi. Tal vez no era algo normal este tipo de pensamientos, pero la verdad desde siempre me preocupó mi padre desde... Eso, y al ser alguien joven y enérgico, me causaba una gran satisfacción el poder llegar a casa con gran cantidad de dinero para él.
Pero aún no iría a verlo, lo haría más tarde, de momento quería ver esas peleas a las que se iban a batir Abián, Ben y Devin contra Gremmus, el gigantesco guerrero. Al igual que el resto esperé afuera, mirando como Devin era despachado a pesar de haber logrado golpear al gigante y ahora venía el turno de Ben, que a pesar de su avanzada edad lograba mantenerse contra aquel titán, pero de pronto pude escuchar la voz de Devin diciendo unas palabras extrañas y unas llamas negras aparecieron desde dentro de la armadura de Gremmus. Rápidamente dejé de apoyarme en la pared y busqué a Devin con la mirada, notando como tenía los ojos completamente negros por alguna razón, antes de caer al suelo inconsciente, aunque de no ser por Ben tal vez y ahora tendría una buena herida en la cabeza, ese tal Gremmus si que era alguien implacable.
Ahora era mi turno. Pedí prestada la espada de Feldost que se hallaba en la posada y así salí, solamente armado con ella y mis puños, a lo que una vez lograron ayudar a Devin y Ben para alejarse de la pelea, fue entonces cuando los dos nos plantamos uno frente al otro.
Fruncí el ceño con una clara mirada de determinación, poniendo el pie izquierdo al frente y el derecho atrás, con la mano derecha donde sujetaba la espada la alcé encima de mi cabeza, mientras que la mano izquierda la tenía algo extendida al frente con la palma encarando a Gremmus, y luego de unos segundos, fui yo el que atacó. Pero a comparación de él, mis movimientos eran más lentos, mientras que Gremmus movía la suya con mucha destreza, desarmándome con el primer espadazo que dio, y los siguientes 3 los esquivaba con muchísima suerte, pero no por ello sin ningún rasguño. Me llevé un rasguño en el brazo izquierdo, el antebrazo y el otro logré doblar mi espalda hacia atrás evitando el corte de milagro. Mi corazón latía rápido y mi cuerpo actuó solo, concentrado, a lo que extendí mi brazo hacia atrás y rápidamente di una voltereta, logrando poner algo de distancia entre ambos. Pero él seguía, avanzando amenazante, y a este punto ya parecía que iba a perder, de eso estaba seguro, pero de pronto en el siguiente ataque de Gremmus que venía en forma de un gran arco con su espada hasta mi costado izquierdo que vi una abertura, una oportunidad.
Acorté aún más nuestra distancia, justo en la zona de peligro, y en mitad del ataque llevé rápidamente el revés de mi puño izquierdo. Ese era un "Parry", tal y como nos enseñó Feldost (O más bien que le enseñó a Ben, y luego fui victima de esa tecnica en nuestro otro combate), pero en lugar de chocar espada contra espada, un golpe en la muñeca justo en el momento indicado interrumpió su ataque, entorpeciendo este que me dio unos segundos más de ventaja, y mi cuerpo como si fuera una marioneta se movió, llevando milagrosamente mi puño derecho hasta todo la mejilla izquierda de Gremmus, logrando confundirlo un poco y haciendo que retrocediera. Era asombroso hasta para mi eso, pensaba que me rompería los nudillos si le le daba justo en la parte entre la empuñadura de la espada y el filo de la misma, o que me cortaría en la mitad si le daba en el filo, pero no fue así. Ese momento de gloria duró poco, ya que justo cuando apenas iba a alzar la vista ya el sonido de pisadas corriendo hacia mi era muy cerca, para luego ser embestido por Gremmus y terminar unos metros lejos de él, llevando conmigo polvo y dejando en el suelo una larga marca de mi aterrizaje. Derrotado, sin aire en los pulmones y con algo de dolor en la espalda me senté en el suelo, recuperándome de aquel choque, pero todos pudieron ver una amplia sonrisa en mi rostro mientras tenía la mano en mi pecho, recuperando despacio el aliento.
Pues gasto 1 PC para lograr golpear a Gremmus :)
Para antes de pasar a la siguiente escena, me gustaría una conversación con el padre de Leucis, Aezir su maestro, y por último Alani como una pequeña despedida
El gnomo contemplaba poniendo gestos y muecas desde lo alto de una tapia como los jóvenes (y no tan jóvenes) habitantes del pueblo eran despachados por aquel gigante. Mientras tanto, parecía tomar notas de lo que ocurría en un papel, o algo por el estilo.
Lo cierto es que no parecía que ese tipo fuese a caer, ni aunque todo el pueblo se juntase para golpearle. Ya había derrotado a todos los que habían logrado hacerle frente. Por un momento, el ladrón pensó que quizás debería ser él quien le plantase cara, aunque fuese por las risas. Pero de pronto, algo ocurrió.
—¡CUIDADO! —gritó el pequeño mientras saltaba de la tapia y guardaba el papel que había escrito en una de sus bolsas—. ¡Detrás te ti, no te muevas! —gritó al tiempo al que señalaba a una serpiente que había aparecido detrás del gigantón—. No hagas nada, le pediré que se marche. No tiene por qué sufrir daño.
Mientras decía esto, Cambiabolsa ya estaba a la altura del guerrero—. Déjame paso —dijo mientras apartaba al hombre a un lado como podía. Cuando llegó a la altura de la serpiente, dijo—. No, este no es tu sitio. Vuelve al campo, que aquí solo conseguirás que te maten o que te encuentres con ese estúpido gato.
Como pareciendo entender al gnomo, la serpiente, sin emitir sonido alguno, se fue reptando por el callejón, perdiéndose a la vista de todos y ante la atenta mirada del humano. Tras el trabajo hecho, y mientras regresaba a la tapia donde estaba subido, el gnomo dijo—. ¿Ves? No todo se soluciona con violencia.
Mientras se marchaba a lo alto de la tapia, una observadora elfa compañera de aquel gigantesco humano se había dado cuenta que ahora, del cinturón del gnomo colgaba una bolsa menos. Y que en el cinturón del guerrero había una bolsa más. Tal vez, cuando el guerrero se diese cuenta, encontraría la nota que había estado escribiendo Cambiabolsa mientras estaba en la tapia.
Gasto un PC (Punto Chachi) para hacer todo el paripé. Yo no quiero pegarle, solo usar mi truco de ilusión para distraerle creando la serpiente y colgarle la bolsa del cinto cuando le "aparto". Cuando se dé cuenta de que tiene una bolsa más (bien porque se lo diga la elfa o se dé cuenta por sí mismo) encontrará esto (ojo, metajuego xD):
https://i.ibb.co/480Lxfz/Sin-t-tulo-1.png
Ya dije que era pacifista xDDD
Dalia miró a Bran casi intentando que no se notara lo ilusionada que estaba al escuchar que había sido aceptada para la misión. Al fin podría embarcarse en una aventura que la permitiera comprender las historias que desde niña había escuchado de su padre. Aunque un pensamiento triste hizo presa de ella como un nubarrón en un día soleado. Debía hablar con su madre y ponerla al día de lo que había pasado y de lo que estaba por llegar.
El comentario de Bran hizo que pensara en su abuela por un momento. Lo cierto era que en ningún momento había pensado en ella durante la prueba ni cuando el aventurero le había dicho que contarían con sus servicios. Era grato para Dalia cerciorarse de que nada de todo aquello lo hacía por la presión de la anciana. Todo lo hacía por sí misma. Era su deseo y su decisión.
- Sí. Mi abuela es quien me ha enseñado. En su día fue una gran portadora de la magia. Pero bueno. - dijo tratando de cerrar el tema de su abuela lo antes posible. - Debo poner unos asuntos en regla antes de prepararme para partir. Imagino que lo comprenderás.
Dalia se dispuso a marcharse con un destino claro, el hostal. Debía decírselo a sus padres.
A pesar de que el camino no era demasiado largo, a la semielfa se le hizo eterno, mientras trataba de encontrar la mejor forma de decírselo a su madre para que lo entendiera.
Devin estaba inconsciente, las llamas sobre Gremus habían desaparecido y el combate había sido detenido con una brutal derrota de los "jóvenes". Cuando se despertó estaba sobre una de las mesas de la taberna de Kronen y el látido que sentía amenudo latía sobre él con mucha fuerza. Al principio estaba muy agitado recordando las palabras arcanas realizadas por reflejo, el movimiento somático de los dedos y el estallido de poder que sintió desencadenándose de su cuerpo. Poco a poco se fue tranquilizando. Nunca antes había destada un poder como ese pero a través de ese había descubierto como lanzar otro tipo de conjuros malditos.
Seguía confuso, atónito sin entender nada cuando Kronen se puso a su lado. - ¿Estas bien muchaho? Menudo osado eres. le dijo incluso sorprendido por lo que había oído aunque la aparición de poderes arcanos mayores preocupaba al enano. Se sentó en la mesa en la que Devin estaba tumbado y puso la bolsa de dinero que le habían confiado a él en nombre del muchacho pues había sido seleccionado. - Creo que si, pero hay algo raro en mí. le confesó, aun quedaban curiosos por el lugar pero eran los menos y había pasado algo de tiempo desde que los héroes habían quedado con ellos.
Abrió la bolsa y se sorprendió al ver tantas de aquellas monedas y miró Kronen con ilusión. Cogió una quinta parte de ellas y el resto se las dejó a Kronen. - Necesito que me hagas un favor. Ya sabes como son mis padres, no me aguantan a la vista por desgracia y mi presencia. Ya ni me hablan y creo que esta es la oportunidad que tengo de devolverles la vida. Muchas veces he oído lo félices que eran hasta que llegué yo y de como todo se complicó hasta el punto que hemos llegado hasta ahora. El muchacho lloraba de pena, su infancia no había sido fácil y ver consumirse a sus padres que le miraban con asco no era lo que un adolescente o niño necesitaba, sino amor y felicidad. - Con este dinero por favor contrata a alguien que les cuíde y quizá cuando se den cuenta de que partí y puede que no vuelva recuperer el seso que han perdido. Si fuera el caso y vuelven a ser como antes quizá sean capaces de transformar este dinero en comida abundante para el pueblo de nuevo y ser los de antes, aunque más viejos. Por favor Kronen, por favor. Hazlo por ellos y por vuestra antigua amistad.
La quinta parte restante la puso al otro lado de la mesa. - Estas monedas son para tí, por habernos cuidado, por habernos dado comida y por haber estado siempre que lo hemos necesitado. Si no hubiera sido por ti, no habría llegado hasta aquí. dijo ya sentandose a su lado, simplemente pasó unos minutos en silencio junto a Kronen, a modo de despedida.
Al rato se levantó y se marchó corriendo hacía su casa para recoger sus pertenencias, sabía que no sería el más elegante del grupo pero se las arreglaría. Al llegar no dijo nada a sus padres y fue directo a su cuarto. Cogió la mochila de las excursiones y metió todo lo que tenía a mano y cogió alguna cosa más del almacén de la casa. Cuando todo estuvo empaquetado se cogió la armadura de pieles que se había echo el mismo con los animales que había cazado, se colgó a la espalda la mochila y al hombro la ballesta y unos virotes que Feldost le regaló. Enganchó dos dagas en sus cinturones y finalmente cogió su premio, su lanza. Al tocarla volvió a sentir el latido del corazón en lo más profundo de su ser. Debía seguir avanzando.
Antes de marchar ni siquiera se atrevió a presentarse ante sus padres y les habló desde la puerta. - Padres, me marcho una temporada. Kronen mandará a alguien para que se ocupe de las tareas del hogar y cuidaros y él se ocupará también de la comida y de lo que necesitéis. Cuando os encontréis mejor pasad a visitadlo. les dijo. - Adios y cuidaos.
No encontró ni una sola palabras como respuesta, solo gruñidos de molestia. Sin embargo con el ánimo que le caracterizaba y habiéndose deshaogado con Kronen preparandose para este encuentro dejó todo atrás y sonrió hacia una nueva etapa que se abría ante él y la podría realizar junto a sus amigos, aunque también estaría Ben.