Bienvenida a tu escena. Puedes asaltarme a dudas.
Sugerencia de Caodin para tu historia:
Antes incluso de que al pueblo de Kawalapiti se le pudiera llamar pueblo, la familia de Dalia ya estaba allí establecida.
La joven semielfa creció bajo el techo de su tía Lis, donde nunca le faltó de nada y bajo el cuidado de Garrim, un bardo enano que parecía haber hecho amistad con el dueño de la posada y la tía de la muchacha.
El hostal no era demasiado grande. Más bien se trataba de una herencia familiar que había sido modificada y ampliada por cada generación y parte de la cual se había vendido en el pasado a Kronen Maderaoscura para que se encargase de montar y abrir su taberna. Dos habitaciones pequeñas, destinadas a Lis y Dalia, varias habitaciones para los cansados viajeros que pudieran llegar, y una cocina lo bastante grande como para abastecer de pan al pueblo y la taberna servida.
La buena de Lis no era parca en elogios cuando hablaba de la madre de Dalia, esforzándose en mantener su memoria viva. Bien querida por todos en el pueblo, todas las mañanas se formaba cola en la puerta desde donde servía el pan. Una mujer que se llevaba bien con todo el mundo, que nunca tuvo problemas con nadie y que siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitaba.
Las pocas historias que conocía de su padre venían de boca de Garrim, quien había llegado a apreciar a aquel elfo como si de un hermano se tratase.
Desde muy pequeña se acostumbró a ver muchas caras nuevas y diferentes paseando por el lugar al que ella consideraba su hogar. Disfrutaba sentándose junto a los viajeros mientras comían en el comedor. Preguntaba por sus nombres, de dónde venían y a dónde iban. La gran mayoría veían a la joven como una niña curiosa y sociable y no dudaban en contarles sus historias y aventuras. Para Dalia todas aquellas historias eran como cuentos reales que vivían otras personas, pero lo que más llegó a atesorar eran los libros que algunos de ellos traían. El primero fue un regalo de un cliente al que cayó en gracia. El segundo lo cambió por el primero y poco a poco fue devorando con avidez todos aquellos relatos que caían en sus manos
Pero sin duda nada hacía competencia al viejo Garrim. A pesar de que nunca podía saberse con seguridad dónde estaría el enano de un día para otro, visitaba el hostal con asiduidad. Le encantaba la soledad y la paz para escribir sus baladas con las que después agasajaba a las gentes del pueblo con su laúd, llegando a ganarse una cierta fama. Cada noche que aparecía, la clientela era mayor y las consumiciones se multiplicaban. Garrim había sido aventurero en otros tiempos, había conocido grandes y poderosos héroes, había combatido con ellos mano a mano contra temibles criaturas y había vivido un sinfín de aventuras. Las historias que cantaba cada noche eran únicas y diferentes, logrando llenar de esperanzas los corazones de los más jóvenes y aliviando el peso sobre los corazones de los mayores. La semielfa jamás se hubiese cansado de escucharlas.
Todas sonaban tan apasionantes y divertidas que ella misma empezaba a fantasear con tener su propia aventura. Salía a jugar con los otros niños y niñas del pueblo poniendo en funcionamiento su imaginación alimentada por las historias del bardo. Pero le gustaba aún más cuando sus amigos añadían cosas.
No hacía falta decir que la imaginación de aquellos muchachos daba para mucho.
Los años fueron pasando y con ellos, Dalia fue madurando, serenándose y cogiendo responsabilidad en el hostal e incluso ayudando en la taberna, aunque en el fondo seguía siendo la misma. Continuaba siendo una joven risueña, extremadamente sociable y con una imaginación desbordante que empezaba a verse de alguna manera atrapada por las obligaciones del negocio familiar.
Aunque al menos tenía las historias de Garrim y los libros. Casi parecían ser pequeños salvoconductos de la tediosa vida que llevaba y que parecía que llevaría el resto de su vida. Aunque al cumplir los trece años eso cambió.
Por primera vez, Garrim le habló de su padre. Durante tantos años había escuchado las historias del enano y nunca se hubiese imaginado que él hubiese formado parte. De esas aventuras nació la amistad que tuvieron y que hizo que el enano quisiera quedarse cerca de Dalia cuando nació.
Garrim le entregó un pequeño montón de pergaminos y dos libros llenos de notas, versos tachados y muchas anotaciones. Todas aquellas canciones que durante los años había compuesto el enano pero que nunca sacó a la luz debido a que el padre de Dalia tenía un papel importante en aquellas gestas. Tal vez fuera el momento adecuado para que Dalia supiera de sus raíces. Un misterio que la joven semielfa se tomó como personal. Podía pasarse horas leyendo y releyendo aquellas líneas. Algunas formaban canciones completas, otras solo eran versos sueltos y otros estaban empezados pero no terminados.
Se trataba de aventurero y un mago de gran nivel. Aunque eso no fue todo. Al tiempo, Garrim le hizo otro regalo, uno más personal. Le entregó un libro de cuero color pardo, algo raído en algunas partes y con alguna esquina en mal estado. Un libro de conjuros que, por lo que dijo, perteneció a su padre. El libro estaba lleno de notas, dibujos, garabatos y ampliaciones del enano. Aunque lo más sorprendente de todo fue el ofrecimiento del enano a enseñarla todo lo que él sabía de la magia. Enseñarla su significado, sus ramas, cómo controlar ese poder y cómo liberarlo, entre otras cosas.
Durante los siguientes años, Dalia ayudaba en el hostal a su tía y jugaba con los niños del pueblo por las tardes y por las mañanas era instruida por el enano en su cabaña del bosque. Un lugar donde el impacto negativo de su formación no ocasionara peligro para las personas del pueblo. Casi desde el principio demostró tener cierta facilidad para comprender las lecciones. No solo comprendía las instrucciones del bardo, sino que pronto fue capaz de corregir los errores en sus anotaciones..
Al cumplir los veintidós años, Dalia había aprendido prácticamente todo lo que Garrim le podía enseñar. El enano, consciente de ello, cogió el bastón de madera con el que Dalia había practicado durante tantos años y la hizo entrega de un bastón blanco hecho de marfil y con unos acabados muy detallados. Aquella era su herencia, guardado junto al libro durante largos años por Garrim bajo la promesa de que formaría a la joven y se los entregaría cuando estuviera preparada. Aquel regalo significaba que su padre hubiera querido que siguiera sus pasos cuando llegara el momento.
Aunque todo aquello tenía sentido para la joven, lo cierto era que no sabía cómo empezar. Garrim la había enseñado y Lis la había apoyado en todo momento pero Dalia no tenía ni idea de cuál debía ser el primer paso de un aventurero. Sentía náuseas solo con pensar en marcharse del único lugar en el que había vivido, dejar atrás todo y a todos, e iniciar la marcha ella sola.
Resolvió que no tenía por qué darse prisa. Aún podía quedarse en el pueblo ayudando a su tía en el hostal, disfrutando de la compañía de Garrim y sus amigos hasta que llegara el momento en el que su aventura empezara. Se convenció de que si era su destino, recibiría una señal. Y en el caso de que la señal no llegara nunca, siempre podría pasar el resto de sus días en el pueblo, viviendo aquella vida que tan poco le gustaba cuando era niña, pero que con el paso de los años había aprendido a valorar.
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Poco se sabía del pasado de Garrim antes de conocer al padre de Dalia. Tan solo pequeñas pinceladas que se podían sacar de algunos de sus versos. Curiosamente de los más tristes y oscuros.
Cuando no tenía nada más que su laúd, un pequeño grupo bastante variopinto llegó para hacer noche en una taberna cercana. Al acercarse, pudo escucharles hablar de sus planes, de una vida llena de aventuras y reconocimiento. Todo lo que el enano deseaba estaba ante él. Lo único que tenía que hacer era armarse de valor y pedirles que le dejaran acompañarles.
Le ofrecieron un trato injusto, pero al menos le permitía escapar de la vida que había llevado.
Y así es como el padre de Dalia, Angrod, y Garrim se conocieron, formando parte del mismo grupo de aventureros, donde se cimentó una fuerte amistad que los acercó como hermanos dejanto de lado las disputas raciales.
Parecía que el grupo estaba destinado a hacer grandes cosas y acabar siendo reconocidos por todo el mundo, pero todo cambió de repente. Podría haber sido una misión como otra cualquiera. Ir a unas ruinas a recuperar un viejo artefacto que pertenecía a un mercader... pero al llegar fueron emboscados por un grupo de trasgos y trolls. Todos murieron salvo Angrod y Garrim
Heridos y exhaustos, caminaron durante horas buscando algún refugio donde les prestaran ayuda y así es como llegaron sin querer a Kawalapiti.
Fueron atendidos y llevados al hostal donde descansaron días y noches hasta que se recuperaron. Para ese momento, Angrod había encontrado algo que nunca hubiera pensado encontrar en un lugar tan apartado. El amor. Las charlas con Dalma mientras estaba en cama pasaron a convertirse en charlas mientras paseaban por el pueblo y los bosques cercanos. El elfo empezaba a encontrarse cómodo con aquella vida tranquila, llegando a dejar de lado lo que había sido en el pasado.
Finalmente decidió quedarse con Dalma en el pueblo. Garrim hizo lo propio aunque a su manera. Construyó una pequeña cabaña en el bosque cercano para tener la paz y tranquilidad necesaria para componer, y al mismo tiempo no perder la amistad con Androg, Dalma y la hermana de ésta, Lis, a la cual comenzaba a coger un cierto cariño.
Los años fueron pasando hasta que Dalma se quedó embarazada. La pareja estaba llena de felicidad con la idea de traer una vida al mundo, pero cuanto más avanzaba el embarazo, más enferma y débil se sentía Dalma hasta que finalmente, el día en que dio a luz a Dalia, murió.
El dolor de la pérdida de su amada fue una losa que cambió a Angrod. Ni siquiera la llegaba de la que era su única hija cambió su pesar. Las sombras se cernieron sobre él y fue a más con el paso de los días.
Un día Angrod llegó a la cabaña de Garrim. Parecía una persona hueca, sin esperanzas ni fuerzas para seguir adelante. Una persona superada por todo lo que le rodeaba, incapaz de quedarse en el pueblo ni de ver a su propia hija sin recordar a Dalma.
Angrod le entregó su libro y su bastón al enano con la condición de que cuidara a Dalia junto con Lis, que la enseñara el camino de la magia cuando llegara el momento y que le entregara ambos objetos cuando estuviera lista.
Garrim trató de convencerle para que se quedara y le diera una oportunidad a su hija, pero Angrod se dio media vuelta y se marchó. Al enano le sobrevino un mal presentimiento. Ya nada quedaba del poderoso mago que un día fue, ni de la gran persona en la que se convirtió cuando conoció a Dalma. No era más que una cáscara sin ganas de seguir viviendo y que, sin su libro y su bastón, no tardaría mucho en morir si se marchaba vagando por el mundo como un alma en pena. No pudo hacer más que ver como su amigo se alejaba con paso lento y pesado hacia lo más profundo del bosque.
A mí me parece que está guay y no contradice nada de lo dicho. Si igualmente no te convence, quizá mañana por la mañana podamos definir algo entre los dos que sí lo haga.
Ya sabes, pero puedes preguntar. :)
La Mano del Destino.
Se trata de una Hermandad compuesta por magos, brujos y hechiceros con grandes conocimientos del mundo sobrenatural y la magia.
Durante muchos años han ido surgido leyendas y rumores acerca de esta Hermandad. Se dice que a simple vista es imposible reconocer a aquellos que pertenecen a ella. Se dice que están presentes un todas las grandes ciudades, pero que nadie ha conseguido dar con ellos nunca. Incluso en algunas zonas más rurales, se cree que la Hermandad se nutre de nuevos acólitos secuestrando niños en los pueblos.
Muchos dicen que persiguen un mundo en el que el caos reine en cada rincón. No hay mayor fuente de caos que la magia y por lo tanto ésta debe tener un papel vital en toda sociedad.
Todo son habladurías y dentro de ellas se encuentran muchas opiniones.
Están las de aquellos que los ven como un grupo radical que lucha por una sociedad clasista donde las personas hábiles en el mundo de la magia deben gozar de los estatus más altos y tener potestad absoluta sobre los demás. Llegando incluso a considerar como esclavos a aquellos no hábiles en la magia.
Otros dicen que tienen un papel más sutil, acechando entre las sombras, usando el chantaje con aquellos líderes débiles y fácilmente corruptibles, o incluso asesinando a personas de influencia de manera puntual.
Y otros dicen que se trata de una Hermandad que persigue un tipo de caos distinto. Un caos positivo que alienta a los individuos a ser más de lo que son y a mejorar.
Independientemente del punto de vista, aquellos que creen en la existencia de la Hermandad piensan que todo cambio de régimen o cambio en la organización de una sociedad está orquestada por La Mano del Destino. Mientras que la gran mayoría creen que la Hermandad ni siquiera existe y que todos los actos que se les atribuyen son responsabilidad de otros que no quieren manchar su imagen. El resto creen que todo cambio de régimen o cambio en la organización de una ciudad está orquestada por La Mano del Destino.
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Rumores de un heraldo
Se rumorea que hace mucho tiempo, un mercader encontró un misterioso cofre en uno de sus viajes. Sin duda se trataba de un cofre muy antiguo hecho principalmente de madera aunque con adornos de hierro.
El mercader abrió el cofre a la fuerza y en su interior solo encontró un pergamino en un estado particularmente bueno. Se dice que en el mismo momento en el que el mercader abrió el cofre, aparecieron pergaminos idénticos en los tablones de las principales ciudades.
El pergamino estaba escrito por alguien que se presentaba como uno de los miembros fundadores de La Mano del Destino y heraldo de la Tejedora, Sastre de Destinos. Hablaba de un regalo para aquellos a los que la suerte guiara su destino. Seis artefactos de gran poder con una gema en su centro habían sido repartidas por el mundo a la espera de que fueran reclamadas por los seis elegidos de la Dama Caprichosa.
Durante muchos años multitud de personas trataron de encontrar esos artefactos que se creía que dotaban de capacidades sobrenaturales a quien los poseyera. Pero ni siquiera se llegó a encontrar una, dejando el rumor en una historia inventada por aquellos empeñados en creer que la Hermandad de La Mano del Destino existía realmente.
Mercado Negro de esclavos.
A pesar de que la compraventa de personas y animales inteligentes está prohibida, todo el mundo sabe que en determinados barrios de las principales ciudades existen puntos donde se comercia con este tipo de cosas.
La mayoría de la gente busca pequeños elementos distintivos, desde un pico de grifo hasta las orejas de elfo, pasando por alas de Aasimar, huevos de Cocatriz o, incluso, corazones de Elementales de Piedra.
Evidentemente, nunca se ha visto a nadie vendiendo personas encadenadas, pero se rumorea que en los sótanos de algunas tabernas retienen jóvenes de todas las razas a la espera de un comprador adecuado.
Ya sea por la falta de certezas o la cantidad de rumores, nadie con poder ha decidido llevar a cabo una cruzada contra este tipo de negocio. E incluso, algunos dicen que la única razón de que los Mercados Negros sigan existiendo es que aquellos que tienen el poder se llevan una parte.
Comunicación aérea.
Desde el principio de los tiempos, siempre ha sido común ver pajareras en todos los palacios, ciudades, templos, santuarios o pueblos de importancia. No se debía a una pasión compartida por todos, sino a la necesidad de mantenerse informado de todo lo que ocurría en los reinos.
En todas esas pajareras, se criaban, adiestraban y utilizaban halcones peregrinos para llevar mensajes de un sitio a otro. Los mensajes, escritos en pequeños trozos de pergamino y atados a la pata de estos halcones viajaban de punta a punta, a veces portando invitaciones para bodas, a veces para solicitar alimentos o tropas a una ciudad o pueblo del territorio, e incluso para declarar guerras entre reinos.
En proceso
No tengo anotado que hayas gastado puntos ¿verdad?
Dalia intenta recordar el nombre del libro donde encontró la historia de Nomb.
Motivo: Historia o Religión (lo que sea necesario para ello... y tengo lo mismo en las dos)
Tirada: 1d20
Resultado: 12(+5)=17 [12]
Un mensaje aquí bastará para sacar de revisión la partida?
Probemos.
No, pero dejé el mensaje para meterme presión y retomar la partida... ahora me tocará tener presión mental propia y no externa. XD