El hombre permaneció un buen rato en silencio como si quisiera poner en orden todos sus pensamientos.
- Entiendo que habrán visto cosas... increíbles. Casi ni recuerdo como fue la primera vez que yo mismo tuve que enfrentarme a la Realidad. Nuestro mundo se vuelve cada día más racional y desdeñamos ciertos aspectos como meras fábulas o leyendas. Por supuesto que mantenemos la fe en el Altísimo pero incluso en este caso no tenemos claro qué es cierto y qué es pura invención humana. Espero que no se ofenda por lo que digo padre Shepperd.
Continuó sin esperar la respuesta del sacerdote:
- Piensen en ustedes mismos. Quizás con la salvedad de Otombo esta misma mañana podrían estar seguros de que comprendían la naturaleza del mundo en el que viven y que las sombras y demonios no son más que cuentos para engañar a los niños. Pero ese desconocimiento no les da seguridad. Hoy han pasado un terrible rito de iniciación y pueden comprender la magnitud de nuestra labor. Nuestra Orden tiene como misión preservar a la humanidad de dichos horrores. Seguramente hayan oído hablar de brujería, magia negra o blanca. Incluso hay quienes ponen la fe dentro de este ámbito. Pero deben saber que lo que llamamos magia no es más que un método. Para un iniciado cualquier logro se obtiene por la magia. La tecnología no deja de ser magia mecánica. Pero no toda la magia tiene el mismo coste. Y lo que nosotros pretendemos es evitar que se utilice la magia más poderosa: la magia pura... porque es tan poderosa como incontrolable. Es lo que, probablemente, habrán visto hoy en el interior de ese barco.
Escuchaba con atención aquellas locuras, aquellas patrañas. Al menos me costaba integrar en mis pensamientos y mi alma que todo lo vivido en aquel infernal barco tuviera un porqué, o alguien le sacara lógica o razón. En principio me costaba asimliarlo. Aún no había comentado nada acerca de su identidad, pero aquel tipo parecía estar integrado en una especie de Logia, una "Orden", según sus palabras.
-Y esa Orden... ¿quiere el sello de Judah para contener esa terrible magia? ¿Cómo una joya puede encerrar con cinturón o cuerdas una magia tan poderosa como de la que habláis? ¿Y quien es usted, le repito? -pregunté rápidamente intentando descolocarle un poco-.
Cientos de preguntas se me asomaban a la mente, aunque debía centrarme en preguntar aquellas que tuviera relación con el lugar y la misión que nos atañía.
Remington resopló. Él era un hombre de acción, un hombre práctico, y a pesar de lo que habían vivido esa noche, aún le costaba tragar todo lo que Wardren decía.
- No creería una palabra de todo eso -refunfuñó-, de no ser porque yo mismo he presenciado esos horrores. Pero las explicaciones que nos da me parecen cuentos para asustar a los niños. He oído a borrachos relatar visiones aún más extrañas e infernales, y todo lo que hemos vivido hoy bien podría ser producto de alguna droga o artimaña.
Aquellas palabras salieron de su boca más para tratar de convencerse a sí mismo que para discutir, pero se notaba que no le ayudaban demasiado. Desde luego, no había nada que deseara más en ese momento que volver a preocuparse sólo de la revolución. Pero dudaba de que nunca más pudiera ver las cosas como antes...
- Disculpe maese Revere... mi nombre es Paul Warden. Aquí el padre Shepperd me conoce y he caído en el error de dar por hecho que los demás también deberían saber de mi. Pero mi presencia en la comunidad, como comerciante, no le dará ninguna información sobre lo que estamos hablando. Somos discreto, como comprenderá, precisamente por lo que el señor Remington menciona. Si ustedes que han vivido una experiencia como la que han vivido todavía le buscan una explicación dentro de lo que consideran racional ¡imagínese el resto de la gente!
Asintió dando a entender que comprendía perfectamente las reticencias del grupo:
- El problema es que el término 'racional' es un término sesgado. Gran parte de la Realidad nos ha sido ocultada por nuestro propio bien. Y así debe seguir estando. Jugar con ciertos poderes puede tener desastrosos resultados como habrán visto durante su misión. Y no,- dijo mirando nuevamente a Revere - el camafeo no detiene nada. El camafeo es un mapa que nos ayudará a encontrar esa biblioteca. Y entonces nosotros podremos asegurarla para que no caiga en malas manos. Precisamente tal era su misión ¿Qué les dijo exactamente Judah al respecto sobre eso?
En los resúmenes lo puse de pasada pero por si acaso os detallo lo que os dijo Judah:
- El sello es una reliquia circular con tres ópalos en su vértice. Tiene un grabado que...
La descripción del hombre sobre la joya fue sorprendentemente detallada, incluyendo incluso información sobre la composición de cada parte. Los demás parecían no comprender la mayor parte de las indicaciones que daba el prisionero, pero Revere asentía ante cada punto. Cuando finalizó la explicación Judah concluyó:
- Si es usted un orfebre habría posibilidad de replicarlo. Es por eso que lo conozco tan bien... el sello abre la puerta pero más allá de su estructura no tiene otra característica que lo haga especial. Lo hicimos así para que no pudieran localizarlo por métodos arcanos.
[...]
- La ubicación del lugar se puede determinar por la posición de las distintas constelaciones con respecto a la puerta norte de la ciudad. A las ocho en punto la posición de Betelgeuse marca el punto de inicio del recorrido. Deberán entonces...
El hombre se sumió en una detallada descripción de los pasos a seguir según las estrellas para llegar a un punto determinado en medio de los montes que se ubicaban al norte de la ciudad. Aquella manera de describir el recorrido siguiendo a las estrellas no pudo por menos que sorprender a los rescatadores que a duras penas eran capaces de retener los nombres de las constelaciones indicadas.
- Es la única forma de encontrar la puerta.- comentó Judah al ver el rostro sorprendido de sus interlocutores - ¡No puede haber ninguna referencia local en el terreno! ¡Sería temerario!
Sepherd esuchaba con atención las explicaciones del comerciante. Contuvo una mueca de desaprobación ante la clara blasfemia que estaba escuchando y se guardó de interrumpirle hasta que les preguntó abiertamente por el mensaje del bibliotecario.
- ¿Podremos asegurarla para que no caiga en malas manos? ¿O tal vez hacernos con el libro? - preguntó suspicaz. Al libro se le atribuía un gran poder y sin duda muchas personas querrían aprovecharlo. Aún recordaba cómo un enmascarado les había animado a embarcarse en esa locura diciéndoles que el Raerum daría la vuelta a la guerra, algo muy diferente a "asegurar una biblioteca". Sin embargo, rebajó inmediatamente el tono suspicaz para proseguir conciliador - Dígame, señor Warden, ¿Cómo podemos confiar en ustedes?
El hombre pareció sorprendido por la última pregunta de Shepperd:
- No le entiendo padre. Usted es de un rango mayor al mío. ¿A qué se refiere con la confianza? Imagino que habla por estos otros hombres. Y ya sabe cual es la respuesta: no se debe confiar en nadie. En esta guerra la confianza no es un valor gratuito como en otras, donde los bandos creen saber por lo que luchan. Aquí luchamos por contener la Realidad, por intentar evitar que afecte a los inocentes. La verdad os hará libres es una bonita máxima. Pero la verdad en manos inadecuadas puede llevarnos a la destrucción, porque elegir la destrucción es una forma de libertad. Por eso debemos asegurarnos de que el contenido de esa biblioteca quede en buenas manos.
Negó con la cabeza:
- Es pura filosofía. No puedo convencerles de que nuestra causa sea la mejor. Sólo puedo preguntarles: ¿han visto lo que sucedía en ese barco? Esos son nuestros enemigos. Pueden desconfiar de nuestra causa si lo desean. Es más: ¡les sugiero que lo hagan! ¡desconfíen siempre de todo lo que hayan dado como cierto en sus vidas! Pero por mucho que desconfíen ¿no creen que lo que había en ese barco justifica cualquier oposición?
Remington había permanecido callado, dejando que aquél tipo hablase. Las cuestiones esotéricas nunca le habían importado lo más mínimo... hasta esa noche. Sin embargo, por algún motivo, las últimas palabras de Wardren hicieron que su entrecejo se relajara un poco. "Desconfiar de lo que se daba por sentado", era precisamente la filosofía de su padre. La misma que le había ayudado a abrir los ojos y ver que los ingleses sólo les explotaban para su propio beneficio, y la que había hecho que se uniera a los revolucionarios.
—Estoy de acuerdo en lo de desconfiar —dijo—. Tanto que puede usted estar seguro de que a la mínima señal de que nos la esté jugando, me aseguraré de que sea lo último que haga. Pero sí... también creo que hay que hacer todo lo posible por no volver a ver algo tan horrible como lo que he visto en ese inmundo barco.
Se aferró a su disciplina, lo único que le daba seguridad en aquél momento.
—Todas sus discusiones me superan —masculló—. Terminen pronto y dígannos simplemente qué quieren de nosotros. Ya decidiremos hasta dónde llega nuestra "confianza".
Esperé a que Paul Warden respondiera a Remington. Yo sospechaba que lo que quería de nosotros era nuestro esfuerzo, nuestros pies y manos para buscar el sello y llegar hasta la puerta... ¿Cabezas de turco tal vez? Aquel hombre, Remington, hablaba realmente lo que yo estaba pensando. Por muchos datos y formas y técnicas que hubiera podido recopilar de Judah a duras penas en referencia a fabricar un sello, no pretendía colaborar si no fuera por algún atisbo de realidad. Estaba muy bien aquella pseudo-filosofía del Bien y del Mal, de lo Visible y lo Invisible, pero para eso ya estaba Dios y su palabra, para calmar a los hombres y mujeres de la Tierra... Si había algo más que atisbar, necesitábamos una mínima prueba (no una revelación, pero algo por lo que poder seguir avanzando en esta empresa).
- Necesitamos saber la ubicación de la biblioteca. Y eso, espero, lo sabrán ustedes después de haberse encontrado con Judah. Si el señor Revere atendió a las descripciones del camafeo podría intentar eplicarlo. Tenemos un taller a su disposición en mi propia mansión. Pero también necesitamos saber como debemos interpretar ese medallón para encontrar la biblioteca. Todo eso, espero, se lo habrá contado el anterior bibliotecario, ya que tal era su misión cuando los enviamos al HMS Victory. ¿Han tenido éxito en ella?
El hombre parecía ansioso por escuchar una respuesta afirmativa.
Si la pregunta de Sepherd había sorprendido a Wardren, su sorpresa hizo lo mismo con el reverendo.
- ¿Cómo? ¿Que tengo un rango superior al suyo? ¿Guerra? - preguntó confundido. No parecía tener sentido, fuera cual fuere la organización de la que hablaba Wardren era algo ajeno a Sepherd. Y, a parte de la sublevación no sabía de ninguna guerra. A parte, el ánsia aparente del comerciante no hacía sinó avivar el nerviosismo que sentía tras aquella noche terrible.
Sin embargo, tampoco podía pasar por alto lo que oía decir a sus compañeros. No estaba dispuesto a dejar que se amenazase de muerte a la gente, especialmente en su capilla. - ¡Señores, por favor! ¡Seamos cívicos! - amonestó.
Sepherd empezaba a atar cabos pero por cada cabo que ataba aparecían dos más. La biblioteca que contenía el Raerum estaba escondida y sólo se podía llegar a ella con las señas que había dado el bibliotecario y sólo se abriría su acceso con un camafeo como el que había descrito. Wardren decía que su grupo quería mantener los secretos del Raerum protegidos para evitar que pasase lo que habían presenciado esa noche, pero el mismo Judah había dicho que habían liberado algo en el barco para vengarse y que no habían podido atarlo... ¿No habría sido un miembro de la Logia el que había desatado el infierno que habían presenciado esa noche?
- Pues indíquenos el lugar de su taller, señor Wardren -le propuse-. ¿Tienen allí orfebres o aprendices? Recomponer la joya que Judah me confió al oido puede ser posible, pero es trabajo fino y delicado: nada de herreros o similares. Si a todos os parece bien, deberíamos poner pies hacia allí cuanto antes, y tal vez olvidarnos del quinto hombre -me refería al tipo estirado que parecía no fiarse de nosotros*-. Si la joya es reproducida, tal vez indique de alguna manera el lugar de la biblioteca, como este señor dice -mirando a Wardren-.
*Frank Hoyle.
Estoy un poco bloqueado. A ver si vemos un poco de luz pronto.
- Sí. Disponemos de un taller con un aprendiz que le podrá ayudar y todo tipo de herramienta. Pero sabemos que el camafeo es una parte del 'mapa' a la biblioteca. ¿Qué otra indicación les dio Judah para llegar a su destino? Me da la sensación de que esquivan mi pregunta. ¿Es por algún motivo?
Es la tercera vez que el pobre hombre os pregunta lo mismo XD
-Judah dijo algo sobre unas... constelaciones -recordé entonces lo que había dicho aquel malogrado tipo en el barco del Infierno: La ubicación del lugar se puede determinar por la posición de las distintas constelaciones con respecto a la puerta norte de la ciudad. A las ocho en punto la posición de Betelgeuse marca el punto de inicio del recorrido-. La ubicación, señor Wardren, es... -entonces lo pensé mejor-. Aún no sabía quienes eran los actores de aquella obra de teatro en la que estábamos inmersos. Dilucidar quien era quien o qué quería cada cual era harto imposible, un juego de azar en toda potencia. Mejor venga con nosotros, y lo verá. Claro que primero habríamos de "componer" la llave maestra...
Dudas:
-¿Qué hora es?
-¿Podemos ir ya mismo al taller?
Es el amanecer.
No hay ninguna traba para que vayáis de inmediato al taller, o a cualquier otro sitio que los personajes consideren necesario.
- Nos hemos encontrado a un hombre esta noche... una... persona peculiar - respondió Sepherd - que nos ha recomendado desconfiar tras recibirnos en la playa encañonarnos con pistolas.
Al menos aquel encuentro no había acabado violentamente ni de manera sobrenatural, se consoló el reverendo.
- ¿Pero por qué tanta prisa por encontrar el libro? Si está terriblemente bien oculto... ¿no debería permanecer así para que no caiga en malas manos?
yo no se lo decía porque no me fiaba de él :P
- No estará oculto para siempre. Igual que nosotros lo buscamos otros lo hacen. Una cosa perdida no está protegida, puede ser encontrada por cualquiera. Lo que nosotros buscamos es custodiarlo. Hay una diferencia abismal entre los conceptos de ocultar y proteger.
Se extrañó ante la mención de la figura misteriosa:
- ¿Se encontraron con un desconocido que les dijo que debían desconfiar? ¿De qué? ¿Y por qué les encañonó? ¿Qué hacía en ese lugar justo esta noche?