Fue el enmascarado quien contestó. En ese momento Otombo tuvo la sensación de que realmente era Benjamin el que se estaba quedando en un segundo plano, dejando el protagonismo al prófugo.
- Sí. Hay otros que irán contigo Otombo. Esos galeones - señaló los barcos amarrados - están protegidos y necesitas a alguien que te diga como pueden abordarse y que, en el peor de los casos, pueda ayudarte a defenderte de los guardianes. También será requisito que os acompañe alguien capaz de enfrentarse a las miserias que encontaréis a bordo, no todas ellas terrenales. Y quizás una tercera persona que pueda entender lo que Judah os explique sobre el paradero del libro.
Otombo contemplo a lo lejos unos mastodontes de madera. Eran enormes y estaban amarrados en lo que llamaban puerto. Parecian pequeños pueblos flotantes. Debian de contener espacio para cientos de personas sin duda alguna.
Un leve asentimiento basto para dar a entender que comprendia el proposito de enviar a mas gente.
Ante la vision del muelle un escalofrio subio por su espalda. Algo alrededor de esos barcos no le gustaba. Un presentimiento, una sensacion... no lo tenia claro.Se tapo como pudo con los ropajes ante esa sensacion.
Intento pensar en como intentarian entrar para evadirse de ese aura de malestar. Mientras pensaba, se centro en la brisa marina, que era extrañamente reconfortante.
Se alejo un poco, sin decir nada, y en un tronco barado en la orilla se sento. Saco su bolsita de ingredientes y comenzo a prepararse para lo que les esperaba.
El enmascarado asintió ante los preparativos de Otombo, como si aprobara aquella acción. Permaneció en silencio observando los barcos amarrados. Por su parte el predicador se sentó en una de las rocas abriendo su biblia para leer en silencio, en la oscuridad. Resultaba una imagen peculiar el encuentro entre dos religiones ancestrales conviviendo en aquel pequeño espacio. Pero por una vez no hubo reproches de uno u otro lado. A su manera cada uno de los dos chamanes se preparaba para lo que se avecinaba.
Esperaban. Otombo no estaba muy seguro de que o a quien esperaban pero lo hacían en silencio.
Pues eso. Una pequeña pausa para sincronizar escenas ;)
Mientras esperaban Otombo recordaba como se había metido en todo aquel lío. Los tiempos en la hacienda de sus amos, los maltratos, pero sobre todo volvían a la noche cuando había sido descubierto realizando el ritual. ¡Había sucedido apenas una semana antes y parecía tan lejos en el tiempo!
Otrombo se deslizó fuera del barracón de los esclavos intentando no despertar a nadie. La infecta caseta se encontraba en la zona sur de la hacienda, justo al lado de la plantación de algodón. De hecho la plantación, una enorme extensión de varias hectáreas, separaba a los esclavos de la mansión de los amos. Sabiendo que por las noches guardianes armados con perros vigilaban el perímetro el esclavo era consciente de que se arriesgaba a ser descubierto... pero no sólo a los guardianes temía Otombo. Había cosas más terribles que acechaban en la oscuridad de la noche. ¡Y él iba a invocarlas!
Vamos a darle un poco de vidilla a tu escena mientras esperamos a los demás jugando un mini-flashback.
Estamos en la hacienda, la noche en la que te pillaron haciendo el ritual. Tú sabrás donde tenías guardados los elementos que usaste para el mismo y dónde te pusiste a hacer vudú. Describe la escena inicial tú mismo...
Otombo se deslizo hasta la puerta del barracon. Abrio lentamente la puerta haciendo un suave sonido del crujir de la madera seca.
El sonido hizo que Numal se revolviese en el camastro de paja y el corazon de Otombo comenzo a bombear a gran velocidad. No podia permitirse que le viese nadie, nisiquiera sus conocidos. Las habladurias corren como el viento y los amos podrian enterarse, ademas de las "recompensas" en forma de raciones extra por delatar todo tipo de actividades no permitidas.
Se quedo un par de minutos esperando y comprobo que todo seguia en calma. Traspaso el quicio y salio a la fria noche. Noto la brisa de la madrugada refrescandole los cansados musculos por la faena monotona y diaria. No podia distraerse, debia ir rapidamente y volver antes del amanecer y la media noche habia pasado hacia un rato.
Su bolsa estaba donde la dejo. Debajo de los peldaños del barracon, semienterrada en el barro. Se la colgo al cuello y puso rumbo al "cuarto de enseres de faena". Extraño nombre que daban los amos a una caseta llena de azadas y cestas de recogida.
Para llegar alli debia atravesar la zona de barracones y parte de la plantacion, pero se conocia el camino de memoria de tantas veces que lo habia hecho en su infancia junto a su abuelo al amparo de la noche.
Comenzo a rodear los barracones, moviendose por los puntos ciegos de las patrullas. El olor de decenas de esclavos acinados evitaba que los perros lograsen olfatearle. Al llegar al extremo de los barracones tenia que cruzar la explanada hasta la plantacion, donde quedaria oculto por el tupido campo de algodon. Se agacho ligeramente y aprobechando el hueco entre patrullas, corrio sin dudar. Debia apurarse. Las nubes movidas por el viento taparian pronto la luna y necesitaba su poder para el ritual que le esperaba.
Sin embargo Otombo no sabia lo que le iba a esperar esa noche y el motivo del ritual seria sin duda su perdicion.
La luna llena proyectaba su luz sobre la plantacion. En uno de los balcones de la hacienda Jonah luchaba por no dormirse en su ronda. El monotono trabajo de centinela comenzaba a hacer mella en el. Miro a la plantacion, que con la luz de la luna tenia un aspecto bello y a la vez inquietante. Movio la mirada hacia los barracones de los esclavos. "Pobres infelices" penso por un momento. La idea se fue de su cabeza a ver una sombra correr. Estaba cruzando en direccion a la plantacion. ¿Seria un zorro? no... demasiado grande. Al salir de la sombra de los barracones quedo expuesta la silueta de un hombre.
Sin dudarlo, entro corriendo en la hacienda para avisar a su capataz. Un esclavo intentaba escapar y habia que darle caza.
Otombo llego hasta el linde de la plantacion y se agazapo entre los cultivos. Recorrio las hileras en direccion a la casucha.
Al llegar, el ventanuco lateral estaba tal y como lo dejo, sin el cerrojo puesto y se colo al interior.
Una vez dentro comenzo a preparar todo para el ritual. Debia comunicarse con los espiritus con la luna llena para que le avisasen de los males venideros en el proximo ciclo lunar.
Esq se quedo ahi como si narrase yo todo:P era para plantear la causa de que el pillasen y para que lo pospusieses hasta que haga el ritual. Mañana posteo ritual y tal y si quieres puedes añadir lo que hacen los patronos y tal
De pronto, antes siquiera de que comenzase el ritual, un escalofrío recorrió la espina dorsal de Otombo. El negro sabía que significaba aquello: había una presencia en aquel chamizo. Pero no se trataba de una presencia viva. Sintió el nuevo escalofrío que presagiaba el encuentro con lo desconocido, el miedo ancestral a la presencia de los muertos.
Cuando se giró vio a una figura pálida de pie en el umbral. Era una mujer blanca, semitransparente. En vida debió ser bella pero ahora su rostro estaba demacrado y ojeroso, el pelo negro enredado y el cuerpo abultado, como si hubiera permanecido mucho tiempo bajo el agua.
No era la primera vez que Otombo veía el espíritu de un muerto pero sí la primera que lo veía tan de cerca. Y también era la primera vez que un espíritu lo veía a él.
Jeje. He estado un poco liado con la parte técnica de la web estos días.
Otombo no salia de su asombro, no habia ni comenzado el ritual y un espiritu habia venido a el. Lo que mas le sorprendio es que podia verlo sin estar en trance, y este parecia verlo a el en su forma fisica y no en la espiritual.
Miro fijamente al espiritu, de forma inquisitiva. Sin duda estaba alli por alguna razon.
-¿Quien eres?- logro pregunta ra duras penas. Todabia no habia salido de su asombro.
La mujer habló. No. En realidad movía los labios pero su voz se introducía en la cabeza de Otombo sin atravesar el aire que los separaba. Le hablaba directa al corazón. Y el negro sentía un dolor desgarrador en cada palabra, el lamento frío de aquellos que están más allá de la vida pero no han sabido abrazar la muerte. El contacto con un espíritu muerto siempre era doloroso para el chamán que contactaba con ellos. Otombo sentía el peso del agua en sus pulmones, la asfixia y la oscuridad en sus ojos. Aquella mujer había muerto ahogada.
- Tu suerte se acaba joven chamán.- dijo la voz muerta en su mente - No saldrás bien parado de este viaje y el próximo que emprenderás no tendrá retorno. Tu alma no encontrará la paz que ansías y tu muerte será como la mía: ahogándote en la oscuridad, entre cadáveres.
En ese momento la joven desapareció y fue cuando Otombo vio las luces de las antorchas en el exterior de la cabaña. ¡Lo habían descubierto! El esclavo sintió un escalofrío de terror más agudo que el que le había provocado la presencia de la mujer muerta. Los muertos poco daño pueden hacer desde su lado pero los vivos... ay, los vivos pueden causar todo el que quisieran.
Intento moverse, pero no pudo. Las palabras del espiritu y la sensacion de ahogarse hicieron que se paralizase por completo, con la angustia latente al ver las antorchas. Poco a poco logro respirar y con cada bocanada de aire sentia que recuperaba el control de su cuerpo.
¿Me han visto? penso asomandose por el ventanuco de forma discreta.
Otombo intento recoger sus bartulos lo mas rapido que pudo. Habia demasiadas cosas... Un estruendo hizo que brincase del susto. En su frenetico intento por esconder sus cosas, habia empujado varias hazadas haciendo que callesen y volcasen una carretilla.
Las antorchas se agitaron fuera y parecia que se acercaban. Oia voces, insultos, ladridos... Logro a duras penas guardar los materiales mas importantes y dejarlos escondidos tras las cajas de repuestos de aparejos.
El castigo por no estar en los barracones pasado el atardecer estaba claro... 5 latigazos. Esta vez no volveria a su camastro... quizas el espiritu se equivocaba y su muerte estaba mas cercana de lo que habia predicho, habia visto morir compañeros con menos latigazos. Curarlos y pagar un cirujano para cerrar los cortes era demasiado caro y un esclavo siempre se podia reemplazar. Se hizo un ovillo y espero el infierno.
Otombo no habia caido en dos detalles que serian su total perdicion, la pintura seguia estando en su cuerpo y gran parte de los materiales "poco importantes" eran considerados por los amos como "paganos" significase lo que significase eso.
Mientras recordaba Otombo no pudo evitar fijar su mirada en el mar.
No saldrás bien parado de este viaje y el próximo que emprenderás no tendrá retorno. Tu alma no encontrará la paz que ansías y tu muerte será como la mía: ahogándote en la oscuridad, entre cadáveres.
Allí había agua suficiente para cumplir el funesto presagio. Pero Otombo también sabía que los espíritus eran envidiosos e intentaban quebrar la voluntad de los vivos provocándoles el miedo a su destino.
Pero si quería pensar en sus miedos era tarde ya. Vio unas sombras que salían de entre las rocas. Parecía que llegaban los que faltaban a aquella reunión.
Salimos del flashback.
A la tarde redactaré la escena con la llegada de los otros PJs. Esta escena ha finalizado :)