Partida Rol por web

Un barco llamado Infierno

John Remington: toda historia tiene un comienzo

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03/12/2011, 11:15
Director

Nueva York. 12 Octubre 1777. Mediodía.

Las tropas inglesas ocupan la ciudad. Allá donde mirases un casaca roja te devolvía la mirada con firmeza y desconfianza. En la bahía del Hudson la imponente flota formada por 400 buques ingleses se reparte como un manto sobre las aguas. Más de cuatro mil soldados leales a la corona han desembarcado en la ciudad para enfrentarse a los rebeldes, que han tenido que huir hacia el sur, hacia Pensilvania. En el aire todavía se guarda el recuerdo del gran incendio que a finales de septiembre devastó una cuarta parte de la ciudad. Los ingleses acusaron a un tal Nathan Hale por instigar la destrucción de la ciudad antes que entregársela a la corona pero todo son rumores.

Tras la ocupación militar los fieles realistas que había en las colonias han ido peregrinando poco a poco hacia la gran ciudad para huir de los ajusticiamientos de los rebeldes. Son leales siervos del rey Jorge III pero irónicamente considerados traidores por sus vecinos. Todo el mundo es supicaz en la ciudad. Nadie puede estar seguro de a que bando pertenece cada persona. Se rumorea que los rebeldes tienen espías por todos lados que se encargan de tomar nota de quienes apoyan a la corona para improbable caso de que, si ganan la guerra, ajusticiarlos por traición a una nación que todavía no existe.

Lejos de la ciudad, en lo alto de un cerro, una figura solitaria observa la bahía. Observa los barcos. Observa un único barco entre todo el conjunto. Luego saca un extraño objeto de entre sus ropajes. La figura no parece un colono, ni un soldado. Va cubierto de pies a cabeza por una especie de traje oscuro holgado, como una túnica, que no permite ver sus rasgos. El traje refleja la luz de un modo extraño de forma que, a veces, no llega a distinguirse del paisaje que lo rodea. Revisa el objeto que tiene en las manos - algo parecido a una caja con un reloj - y asiente. Luego vuelvo a guardarlo. La última mirada del observador se dirige a la ciudad. Está a punto de pasar algo. Algo que decidirá los acontecimientos posteriores.

Se levanta un remolino de viento que revuelve la tierra y las hojas. Cuando pasa la figura ya no está. Pero la ciudad queda. Y los silenciosos navíos siguen asediándola como perros hambrientos.

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03/12/2011, 11:16
Director

John pasea por una de esas callejas de la ciudad ocupada. Su única arma en estos momentos es un puñal que guarda en su bota derecha. Lleva un par de días en Nueva York intentando contactar con la resistencia. Si los casacas rojas lo descubriesen sería ejecutado como ese botarate de Nathan Hale. ¡Maldito novato! Se suponía que debían mantener un perfil bajo hasta contactar con el resto y ese idiota no tuvo mejor idea que intentar infiltrarse en medio de los casacas rojas. ¿Sería cierto el rumor de que fue el causante del incendio? A Remington eso le da igual. Lleva una temporada en la posada de Hardbury haciéndose pasar por comerciante arruinado buscando un pasaje de vuelta a Inglaterra para huir de la guerra pero su tapadera se está viniendo abajo. Hay un casa roja llamado Phil England - ¡vaya ocurrencia de apellido! - que le tiene echado el ojo. Ya lo ha acosado a preguntas un par de veces. ¡Tiene que moverse o salir de la ciudad! Pero John no contempla la derrota como una opción. Alguien le ha dicho que un sacerdote de la zona este acoge en ocasiones a rebeldes fugitivos, un tal John A. Sephard. Pero otra gente habla de ese tipo como un individuo neutral. Da igual, es la única pista que tiene por el momento...

Mientras pasea lamenta no llevar encima su mosquete y su sable, pero sabe que es mejor que permanezcan ocultos dentro del colchón de la posada. Un ciudadano armado sería detenido de inmediato.

Notas de juego

¡Empezamos! 

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03/12/2011, 13:07
John Remington
Sólo para el director

Dejando atrás tiendas y edificios particulares, John no aminora el paso ni un momento. Tiene en mente un objetivo claro, y como acostumbra a hacer siempre, va tras él sin dudarlo. Sin embargo, tampoco se apresura. Sabe demasiado bien lo sospechoso que parece en esos días un hombre que anda demasiado deprisa, y lo ansiosos que están los casacas rojas por meterse en los asuntos de los demás y detener a uno de esos hombres con cualquier excusa. Mejor no darles facilidades...

No obstante, John se siente acosado. Puede que incluso observado, aunque sabe que es una apreciación motivada por el clima opresivo de la ciudad y los acontecimientos recientes. No está cómodo con la situación, y su condición se ha vuelto peligrosa. Odia el hecho de tener que ocultarse, pero de no hacerlo no le sería muy útil a su causa. Habría tiempo para luchar mañana.

Piensa de nuevo en el nombre del sacerdote. John A. Shepard. ¿Será de fíar, o simplemente está cayendo en una trampa? Eso sería propio de los ingleses... Pero John no tiene otra opción. Decide arriesgarse, al fin y al cabo, aquél tipo se llama igual que él y eso le da buena espina. Sus pasos siguen conduciéndole al lugar en el que le han comentado que podrá encontrar a ese díscolo hombre de Dios.

Notas de juego

Guay, allá vamos... xD

Por cierto, master. ¿Tercera persona del presente? Lo digo porque inconscientemente mi mente se me va a la tercera persona del pasado como en la otra partida, y me ha parecido curioso. =P

Si lo quieres así por alguna razón, por mí perfecto. Sólo es que me ha llamado la atención, jejeje...

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04/12/2011, 20:52
Director

El paso decidido de Remington lo lleva hasta la capilla sin que ningún casaca roja intente siquiera preguntarle a donde se dirige. Avanza con el aspecto de un hombre que no tiene nada que ocultar, que sabe a donde va y que tiene la intención de llegar cuanto antes. El aspecto habitual de un hombre con asuntos importantes que tratar.

La capilla resulta ser una pequeña ermita separada de los otros edificios por una pequeña y descuidada plazuela. Cuando John se detiene ante la puerta comprueba que está cerrada. Echa un vistazo alrededor y comprueba que la parte trasera se corresponde con un pequeño camposanto. Hay varias tumbas y lápidas. Se sorprende al ver un par de ellas recién excavadas. De hecho en el interior de una de ellas se puede ver de espaldas a una figura alta y delgada que saca paladas de tierra: el enterrador está en plena faena.

Notas de juego

Ermita

La iglesia

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05/12/2011, 13:54
John Remington

John se detiene frente a la capilla, preguntándose por última vez si sería mejor darse la vuelta. Pero ha llegado hasta aquí, y sería una estupidez. Encontrará al sacerdote Shepard y en cuanto la ocasión sea propicia, volverá a la acción. Pero la capilla está cerrada...

"Maldición", piensa el soldado. Al mirar alrededor repara en el enterrador y se dirige hacia donde está. Quizá pueda decirle cómo entrar, o mejor aún dónde encontrar al sacerdote. De un par de zancadas se planta junto a las tumbas recién excavadas.

- Disculpe -dice para llamar la atención del hombre, aunque sin un ápice de suavidad en la voz-. ¿Dónde está el padre Shepard? Lo estoy buscando...
 

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05/12/2011, 20:31
Jonas Malkovich

El individuo detiene su palada pero durante un momento John piensa que no lo ha oído ya que no se gira. Finalmente lo hace como si el trabajo de atender a alguien vivo fuera una verdadera molestia. El tipo es un individuo viejo de pelo canoso y aspecto demacrado con un ojo de cristal que le confiere una mirada un tanto desasosegante. Las ropas negras llenas de barro y medio raídas no ayudan a mejorar el siniestro aspecto general. Cuando habla su voz suena rasposa como una pala clavada en la tierra: 

- El señor Sheperd no ha dormido esta noche en la capilla... la puerta estaba cerrada a cal y canto cuando llegué al despuntar el sol y así continuaba cuando empecé a cavar la segunda tumba. No es bueno que un hombre de Dios ande pululando por las noches sin que nadie sepa a donde va, no, no es bueno...

El tipo lanza un escupitajo de tabaco y se gira de nuevo para seguir cavando su tumba como si diera por hecho que John ha quedado satisfecho con la respuesta.

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07/12/2011, 15:57
John Remington

John tuerce el gesto ante la respuesta de aquél tipo. Maldita sea, eso es una complicación.

Aunque está seguro de que nadie lo sigue, continúa sin estar cómodo a la vista de cualquiera. Debe ocultarse cuanto antes o ese estúpido England volverá a dar con él y esta vez quizá no tenga tanta suerte. Si no consigue encontrar a ese sacerdote, lo más probable es que tenga que escapar de la ciudad, pero preferiría masticar tierra antes que hacer eso.

- ¿Está seguro de que no sabe dónde está? -le pregunta al sepulturero, sin dulcificar su tono ni molestarse en rodearlo para mirarle a la cara.

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07/12/2011, 20:37
Jonas Malkovich

- Si en su capilla no está y en esta tumba tampoco entonces puedo afirmar sin temor a equivocarme que no tengo ni jodida idea donde puede estar el paisano... Si va de putas o frecuenta tabernas se lo guarda bien guardado y conmigo no lo ha compartido.

Es evidente que el individuo no está en la tesitura de colaborar.

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07/12/2011, 20:43
John Remington

John bufa su desagrado y se vuelve para mirar una vez más la capilla. Ahora tiene un problema, ya que no contaba con que sería tan complicado encontrar a un simple cura. Aunque teniendo en cuenta que es un hombre comprometido con una causa no muy popular, es posible que haya tenido algún contratiempo... o quizá simplemente esté durmiendo la mona en un burdel como sugiere el sepulturero.

De todos modos, ¿por dónde empezar a buscarlo? Y lo primero, ¿será posible que a pesar de todo el sacerdote esté allí, en la capilla? A John se le ocurre de pronto la idea de que, si el padre Sheperd es un agente de los rebeldes y se dedica a esconder a sus hombres, tal vez esa capilla tenga una entrada secreta o algo parecido...

Discretamente, y sin despedirse del hosco sepulturero, John decide rodear la capilla, observando bien cualquier acceso que pueda haber a la misma. Quizá no sea mala idea investigar un poco su interior...

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08/12/2011, 20:49
Director

Cuando John se dispone a rodear la capilla se sorprende al ver que ahora la puerta está abierta. De hecho, en el umbral, hay un hombre que está observando una llave de gran tamaño. En su rostro se lee un cierto desconcierto. La imagen resulta un tanto ridícula si se tiene en cuenta que el individuo sostiene unas flores marchitas en la otra mano. ¿Será éste el cura que acaba de regresar?

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08/12/2011, 21:56
John Remington

John se detiene un momento al ver a ese hombre, donde antes sólo estaba la gruesa puerta de la capilla. ¿Estará empezando a tener suerte? No hay más que preguntar para averiguarlo.

- ¿El padre Sheperd? -pregunta John, acercándose despacio al sujeto para no alarmarlo.

Con todas sus fuerzas, ruega para que la respuesta sea afirmativa. No quiere perder ni un minuto más buscando a ese hombre mientras ahí fuera pueden descubrir su tapadera en cualquier momento.

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09/12/2011, 07:47
Director

El hombre aparta un momento su mirada de la llave para fijarse en el recién llegado. Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que parece no haberse dado cuenta de la presencia de John hasta que éste abre la boca.

Notas de juego

Pasamos a la escena de John A. Shepperd. En cuanto te conteste el otro jugador continuamos.

Cierro esta escena.