Con paso firme, Sayuki camina delante de tí, con feminidad y buen porte. Nunca la habias visto de igual forma, pero te parecia que aquella niña que conociste hace años habia desaparecido casi sin darte cuenta. No sabias si era por el quimono, por el conjunto, o porque ella habia crecido de verdad.
Entrasteis en el salon, allí os abrieron las puertas las sirvientas del Daimyo Fénix, con una reverencia que hacia que sus frentes rozaran el suelo.
Un de ellas se levanta y os pide con agrado que la acompañeis, llevandoros a un lugar cercano al que supusisteis seria el lugar que opcupara el Daimyo, junto con su hija.
- Es bonito no crees? - dijo Sayuki mientras se sentaba en su lugar, mirandote con su aniñada cara y una sonrisa de oreja a oreja.
Sabias que ella estaba feliz de estar en las Tierras Fenix, pues seria la primera vez que representaria a su clan en tierras ajenas, su padre le habia depositado gran confianza y no queria fallar, por lo que los nervios en su persona eran patentes. Te mira, nerviosa, y baja la mirada, para luego mirar a las puertas esperando la entrada de algun que otro samurai.
Kansuke tomó asiento en el punto que le indicaron, intentando evitar que en sus facciones se mostrase el contagioso entusiasmo de Sayuki. Jugueteó un rato con el pequeño paquetito que llevaba en su manga; un regalo para sus anfitriones, como mandaban las leyes de la etiqueta. Le sorprendía que les sentasen cerca de la cabecera; esperaba que este lugar estuviese reservado a la Grulla, los tradicionales aliados en la corte del fénix. La parte cínica de él no podía dejar de evitar pensar que le estaban tendiendo una emboscada, y se mantenía vigilante.
- He de reconocerlo, los artesanos Shiba tienen talento.- Respondió en voz baja al comentario de Sayuki. Kansuke intentó desactivar la parte baja de sus piernas. Podía empezar a notar el hormigueo en sus talones que siempre le acompañaba en los procesos formales. Prefería la intensidad de la caza, y se sentía más a gusto corriendo por el bosque o la ciudad a la búsqueda de una presa. Pero ahora sus presas eran de una naturaleza distinta, y el arco no le valía para cazarlas.