Partida Rol por web

Harvaka 2, el Capítulo Final.

Prólogo. La Costa del Destino.

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26/03/2019, 16:29
Narrador

En los Albores de una Gran Guerra...

La fragata Tormenta del Desierto, capitaneada por el bueno del capitán Sid Ben Jezheri, les había conducido al encuentro con su destino. Ben había sido un buen amigo para Nadja y aunque la amaba y no había sido correspondido, decidió ayudarla hasta las últimas consecuencias. Al fin y al cabo, Daito era un buen hombre y ambos parecían entenderse y de hecho, con toda probabilidad el hijo que la pelirroja portaba en su interior era del norteño.

Sid hubiera aceptado cuidar de aquel niño si Nadja le hubiera correspondido, pero al no ser así... ¿Qué podía hacer más que guiarla hasta el fin del mundo en busca de un premio extraño? Poco o nada, podía hacer el marinero sundallí. Al fin y al cabo, Nadja había demostrado estar rozando la demencia, porqué... ¿Por que ir a una muerte segura en busca de la prometida de la persona a la que amas y junto a ella? Sobre todo si la persona a la que amas dice corresponderte y tú estar embarazada... No tenía nada demasiado sentido para Ben.

El amor era precisamente el motor que impulso la cruzada de Daito en un primer momento. El norteño, buscaba a su prometida tras la desolación causada en su aldea natal, por unos desalmados trasgos que esclavizaron a su pueblo. Partió casi cuatro años atrás junto a los pocos supervivientes de Kornvaskr y uno a uno fueron hundiendo hasta nueve naves trasgas y ahora, los supervivientes de aquellas hazañas, andaban tras la última pista que tenían.

Grudvik y Ragnar, habían tenido suerte. Una vez llegaron a Alejandría lograron tras mucho esfuerzo dar con Dalla e Idunna y ahora los cuatro navegaban abordo de aquel buque. Elsabeth, la prometida de Daito en cambio, fue raptada durante la fiesta celebrada en Peregasto por Ediberto Dolfini, un extraño noble que se reveló al final como un gran aliado. Fue Dolfini quien posibilitó que Dalla e Idunna se marcharan junto a los norteños y fue quien les llenó las bodegas del barco con víveres y armas y ahora cruzaban el mar de Tildas camino de un destino incierto junto a nuevos y extraños amigos que buscaban, venganza, amor y lealtad.

Porque lo cierto fue que no conocían las intenciones de aquel extraño elfo de ojos oscuros como la noche. Aquel pavoroso elfo que raptó a Elsabeth justo en el momento en que Daito le cogía de la mano para compartir una danza en medio del salón de baile de aquella enorme mansión. No supieron de su reencuentro hasta que se desató el caos. Una muerte. La del propio rey de Catán. Una muerte violenta en una de las habitaciones y la gente huyó despavorida en todas direcciones fruto del pánico.

Se atribuyó la muerte a unos trasgos encontrados muertos en los pasillos y horas después se le declaró la guerra al reino de Angarkok, con Ediberto a la cabeza. Todo olía muy mal. Olía a algo preparado para hacer reinar la confusión y ese algo tenía un claro autor. El extraño elfo de ojos negros. El mismo elfo que raptó a la joven Elsabeth de las manos de Daito y el mismo elfo que estaba conduciendo a la norteña hacia el centro del submundo llamado Angarkok.

Y fue así como cinco valerosos e inconscientes héroes acabaron uniéndose para salvar a la joven norteña, que ninguna culpa tenía de nada y que suficiente había sufrido ya. Fue por ello que Daito, Nadja. Gorbagog, Tulius y Kronan, se estaban despidiendo en esos momentos del resto de la tripulación, del capitán Sid Jezheri, de los norteños y de los sureños que tripulaban la nave. Pues su destino era funesto y muy posiblemente mortal.

Daito perseguía a su prometida, pese a estar ahora enamorado de Nadja. Lo hacía por justica, lo hacía por devolver la libertad a la última persona de su aldea robada por los trasgos y vendida como esclava. Lo hacía por cabezonería, honor y venganza pero sobre todo lo hacía por el temor de arrepentirse en su lecho de muerte, por haber cesado en su empeño y abandonado su cruzada.

Nadja lo hacía por Daito. Daito le había ayudado a sobrevivir. Le salvó de su prisión en la isla donde fue abandonada. Una isla donde encontró el amor y lo perdió y donde ayudó a un pueblo a liberarse del yugo de una bruja salvaje. Lo hacía porque Daito le ayudó a recuperar el Yacaré, su amado balandro. Lo hacía porque Daito le ayudó a matar a Huesomuerto, ese vil traidor y lo hacía porque Daito necesitaba zanjar aquel asunto y de esa forma igual ambos podrían ser felices juntos.

Gorbagog... hubiera muerto en Angarkok de no ser por Elsabeth. Fue él quien por encargó de su amo, fue a la lonja de esclavos y cuando vio esos preciosos ojos verdes, se enamoró para siempre de aquella humana. Le juró amor eterno y aunque se lo dijo demasiado tarde y no fue correspondido, la única razón por la que logró salir adelante una vez fue hecho prisionero por Grulb III rey de Angarkok y logró escapar de las minas fue para volver a verla a ella. Ahora que era Elsabeth quien estaba allí, no se rendiría hasta liberarla.

Kronan sólo buscaba venganza. Era quien más conocía a Anwalën Manewë, el elfo de ojos oscuros como la noche. Sabía que era un ser perverso y poderoso. Un ser que podía leer las mentes, un ser que podía modificar los recuerdos y un ser que se alimentaba de las almas de otros para seguir sobre Gea y no morir nunca. Si la existencia de un ser como aquel no era suficiente razón como para querer eliminarlo, si lo era el hecho de haber sido engañado por él para trabajar a su lado, ayudándole a cumplir sus objetivos y finalmente, siendo inducidos él y sus compañeros a matarse entre sí. Por eso murió Ronan, su hermano...

Y Tulius... Tulius no buscaba la gloria. No buscaba el amor. No buscaba la venganza. No buscaba zanjar asuntos pendientes. Tulius estaba allí únicamente por Gorbagog. Aquel gran trasgo era su amigo, su único y verdadero amigo. Estaba allí por él, para ayudarle a llegar hasta el final de aquel asunto y estaba allí además, porqué no le quedaba mucho más remedio. El capitán Tuberius, negoció su libertad con Ediberto a cambio de que aceptara acompañar a aquellos locos al inframundo y tratar de salvar a Elsabeth de las garras del elfo. Nunca debió ir a esa estúpida fiesta en Peregasto. De no haber ido, nunca hubiera sido acusado de conspirar contra el rey y de asesinarle junto a un grupo de trasgos de Angarkok...