Las palabras de la joven avispa tranquilizaron los ánimos. Damaru estaba preparado para una lucha entre el ronin y la bella samuraiko, lucha que no sucedió por fortuna.
-Ahora es inútil discutir sobre las motivaciones del enemigo. No sabemos si lucha por sí mismo, si ha sido dominado por la magia de la sangre o si otro ser lo domina. Lo importante es centrarnos en lo que sabemos y averiguar lo que ignoramos. Propongo que vayamos a casa de Kitsu-sama a intentar abrir el escondite y ver que ha ocultado allí. Además como ha dicho Tetsu podré revisar la biblioteca más tarde, pero aprovechemos ahora que la mayoría de la gente se encuentra en la final para poder obrar más discretamente, si hay alguien que nos vigila será más evidente.
Ienari al escuchar la conversacion, permanecio callada pensando en la infancia y en su padre, en la primera vez que la sento a meditar frente a la plaza de mercado con toda la algarabia evitando que se concentrara, es una leccion que aun no ha terminado de asimilar, mantenerse lucida y equilibrada en el mayor de los caos, la habitacion a su manera se convirtio en un lugar caotico, lleno de dudas, de incomodidades, nada de lo que le interesara a la samurai-ko.
meditando permanecio un buen tiempo antes de intervenir.
¿Que estamos esperando Isawa-san?, es poco lo que se sobre magia pero puedo colaborarle en lo que necesite, siempre es mas fuerte el bambú cuando esta unido que cuando una vara sola se mece al viento.
aunque las cosas hay que dejarlas fluir, en este momento el tiempo no era de gran ayuda y la eficiencia del equipo influira bastante en la captura de los criminales.
Damaru observó a la silenciosa Mirumoto, casi había olvidado su presencia.
- Vamos pues, Mirumoto-san, tenía la débil esperanza de que no fuese necesario romper la intimidad de Kitsu-sama desvelando sus secretos, pero es inevitable. Cuando queráis podemos partir. Tsuruchi-san, ¿puedes acompañarnos?, no es necesario que vengas si tus heridas te lo impiden, es mejor que te repongas por completo, tu arco nos será más necesario en el futuro me temo que en la casa de Kitsu-sama. Además la hija de Kitsu-sama está en la casa, quizás ella sepa algo de las investigaciones de su padre.
Damaru estaba dispuesto a irse inmediatamente y se levantó para demostrarlo, invitando a los que quisieran a acompañarlo con un gesto.
Ienari al ver el gesto del Isawa lo secunda y espera la respuesta de sus compañeros.
-Creo que ire tambien.... Aunque no se nada del magia, tengo interes en que puede haber en esa caja... Tal vez explique el extraño mensaje de Hanao, o algo sobre el Grulla... en fin. +murmura, levantandose y poniendose la katana en la espalda, al estilo ronin. El wakizashi esta en su cinto como corresponde, y lleva la armadura ashigaru, para presentar un aspecto mas formal que su raido kimono, en la ceremonia de la final. No necesita más... y ciertamente, tampoco tiene mucho más.+ Cuando gusten.
si nos da el ratito antes de ir a la final, master, claro :)
Damaru los observa espera la respuesta de la Tsuruchi con paciencia.
- Ume-san, ¿nos acompañas?
El shugenja está deseoso de seguir con la investigación y está deseoso de ver que hay en la biblioteca, oculto de ojos indiscretos por el gran Kitsu.
Ume niega con la cabeza.
No, descansaré, aún no me siento recuperada del todo y cuatro personas escarbando en los recuerdos de un difunto quizá seria demasiado.
Ume realizó una reverencia y se quedó sentada en la casa, en silencio, mirando como los demás samurais partían.
Para ser sinceros esta semana (y la anterior) voy de puto culo con el trabajo, con lo que, aprovecho y "descanso" como mi personaje ... así no entorpezco el ritmo. Cuando terminéis ya me comentareis que habéis encontrado.
Ume se encontraba descansando, a solas en su habitación, bueno la habitación de su padre, cuando la puerta sonó débilmente. Ume se reincorporó y dió el paso a su visita.
Las puertas se abrieron lentamente, y en la puerta apareció una joven de sonrisa alegre y suave voz. Siento molestaros, Ume-san, pero he oido hablar de vuestro accidente y me gustaría poder ayudaros.
Tu has sido visitada por los mejores shugenja, o tal habías oído de tu propio padre, que habías sido atendido por los mejores shugenja en las proximidades. ¿Qué podría cambiar aquella mujer?
Ume sonrió amablemente.
Ya he sido atendida por otros hombres santos, solo necesito un tiempo de reposo. - Rehusó amablemente la oferta de la Isawa. - Pero gracias por el interés.
Por supuesto que no menosprecio la labor de los siervos del Emperador. Contesto la joven a la par que se iba sonrojando por un aparente insulto que parecia haber realizado ella. Sus manos se entrecruzaron nerviosas delante de ella, aunque se mantuvo firme en el umbral de la puerta. Sin embargo, mis sensei dicen que poseo un especial don con la magia de agua, y sobre todo en la magia sanadora, y me gustaria poder revisar vuestras heridas. Podeis confiar en mi.
Ume enarcó una ceja.
Pasado unos segundos se resignó.
- De acuerdo ... -
La joven samurai-ko se aproximó a la avispa con pasos calmados y una sonrisa suave en su cara. Ume pudo comprobar que aquella mujer poseía una belleza extraña e insólita. Por alguna razón provocaba una sensación de paz y tranquilidad a quien la mirase, y relajaba los músculos y la expresión de Ume. La confianza hacia ella era algo fácil de sentir.
Chihoko se acercó a la cama de Bokuro, donde Ume descansaba. Sus ojos observaron el cuerpo de la mujer, a pesar de estar tapado por la manta que la cubría. Su mano se posó sobre el hombro derecho de la samurai-ko herida, y cerró los ojos. Durante un instante Ume se sintió en ridículo en aquella situación. No comprendía la magia o los flujos de energía ni nada parecido, pero sabía que aquella mano no estaba consiguiendo mucho.
Creo que... Comenzó a decir la malherida samurai-ko cuando de repente un pulso se esparció por su cuerpo. Sus ojos se abrieron de par en par y sintió que sus músculos se desentumecían y se relajaban como nunca antes. Su corazón se relajó y sus párpados cayeron lentamente, como embriagada. Intentó evitar aquella sensación, pero era poderosa y atractiva. Cuando consiguió despejar aquella sensación vió que su padre y Chihoko se encontraban en la habitación hablando. Había pasado un tiempo.
Ume se sentía mucho mejor. Por alguna razón sus heridas no le dolían en absoluto y su cuerpo se sentía en plena forma, además sus heridas estaban cerradas y sin ningún tipo de cicatriz.
Ume se levantó sorprendida por la mejora.
- Tienes un extraño don. - Solo atinó a decir.
Se levantó y estiró levemente los músculos para comprobar que nada le doliera y realizó una afirmación con la cabeza. Luego realizó una reverencia hacia su padre y hacia Chihoko.
Chihoko pareció sonrojecerse un instante antes de inclinarse y despedirse de la joven Ume, dejandola a solas con su padre. Él parecia realmente agotad y demacrado. Su corpulenta estructura había menguado, puede que más de lo debido, para el poco tiempo que había pasado, aunque su talante y carisma aun se veían bajo aquella fatiga.
Me alegro de que estes mejor hija. Hablo el Suzume, con un tono profundo y lastimero. Estaba preocupado por ti, pero parece que has conseguido reponerte, y sin duda esa samurai-ko es una extraña mujer con un poderoso don.
Apenas en una hora se han recuperado tus heridas y vuelves a estar en plena forma. Chihoko-sama es una excelente mujer y muy poderosa con el agua.