Nada. Absolutamente nada fue lo que recibí como respuesta, preguntándome si acaso había sido demasiado ruda, o si aquella extraña conexión que debía haberse mantenido no lo había hecho. Tras varios minutos hice que aquellas manifestaciones de la naturaleza que me arropaban en aquellos momentos retrocedieran, quedando tan sólo yo nuevamente en aquel lugar, lista para darme por vencida.
- Venir aquí ha sido una estupidez… - musité, dispuesta a levantarme, cuando me di cuenta de que varios remolinos de hojas se formaban a mi alrededor.
Los observé estupefacta un par de segundos, sin entender qué significaba aquello, y terminé poniéndome en pie; viendo como otros remolinos del mismo tipo se formaban de forma sucesiva, alejándose cada vez algo más, como si pretendieran que los siguiera. No entendía qué clase de juego era aquel, pero no vi más remedio que seguir el “rastro”. Ya que había llegado hasta el punto de contactar con Astarté, creí que debía hacer un esfuerzo más. Ella no se lo merecía, y no me gustaba estar allí, pero era algo que necesitaba para entender mejor quién era y de qué era capaz; o sería capaz.
Pasaron alrededor de veinte minutos cuando llegué junto a un río, de cuyas aguas vi asomarse a una joven con un curioso tocado en la cabeza; aunque lo más extraño era que su cabello estaba seco. No tardó en comenzar a hablar, dándome cuenta de que aquella no era la voz que había escuchado con anterioridad.
Aún desde el agua, aquella chica me dedicó unas palabras con las que dejaba claro que se trataba de Astarté empleando el cuerpo de… ¿Un hada de los ríos? Ni siquiera sabía que algo así fuera real. Había leído sobre seres similares, pero…
Todo lo relativo a adoptar una forma, ya fuera la suya u otra que se suponía sí podría soportar, me resultaba sumamente extraño; pero no quise preguntar por ello, no por el momento. Guardé silencio mientras vi al hada salir, completamente seca, y terminar tomando asiento en unas piedras cercanas. No sabía si acercarme o no, así que por el momento me mantuve donde me encontraba, volviendo aquella chica pronto a retomar la palabra.
Junto a algunos detalles más sobre aquella extraña capacidad, Astarté me instó con aquella voz que no era la suya a darme prisa, pues el tiempo del que disponía para responder mis posibles preguntas era limitado. Antes de pedirme que hablara, me hizo un gesto para que me sentara. Miré aquellas piedras con el ceño fruncido, y un poco a regañadientes terminé por acercarme y sentarme sobre una de aquellas rocas.
- No sé ni por dónde empezar... - reconocí, suspirando acto seguido, aunque no tardé demasiado en hallar por dónde. - Me gustaría que me dijeras que soy exactamente, por qué puedo hacer las cosas que hago. - señalé con seriedad, queriendo escuchar aquello de sus propios labios, o bueno, mejor dicho, de los de esa ninfa. Que fuera ella quien me lo dijera, en definitiva. - También querría saber si hay más como yo... - me atreví a preguntar, con incomodidad. - ¿Cuántos hijos tienes? - la diosa no había hecho mención alguna a que era mi madre, y mucho menos a su responsabilidad como tal, cosa por la que no pensaba preguntar; pero esperaba que al menos me respondiera aquello otro.
La ninfa te observa mientras preguntas, notas que tras esos ojos está tu madre.
- Eres una diosa menor, naciste del cuerpo y la sangre de una diosa. Pero tienes sangre mortal por tu aita. - dice tu madre usando la voz de la ninfa del agua - Tus poderes vienen por mi herencia, nuestra sangre y carne son diferentes a la de los seres humanos. Eres superior a ellos, pero no debes creerte superior. Entre ellos hay campeones que pueden rivalizar con nosotros, eso nos lo ha demostrado la historia... - ves que parece que va a comenzar a divagar pero parece reconducir la conversación a tus mismas preguntas - Tuve hijas e hijos antes de tenerte a ti, pero de eso hace ya siglos. La última murió hace siglos ya. - notas un tono de pena en su voz, aunque puede ser de la voz del hada que está usando para comunicarse contigo - Sí, hay más como tú. Muchos dioses han decidido tener descendencia mezclándose con los humanos. Algunos por puro ego, otros por curiosidad de vivir como un humano normal y otras veces porque sentimos algo por alguno de vosotros. Tu padre fue alguien muy especial para mí, y a la vez alguien que me provocada miedo y dolor al saber que terminará marchitándose como las hojas en otoño... - la voz parece sincera. - ¿Qué mas quieres saber? ¿Tu padre no te contó nada sobre mí? Antes de tener que marcharme tuvimos una charla...
Resultaba complicado hacer preguntas a mi madre tratando de obviar que era eso lo que era, como extraño resultaba saberla tras los ojos de aquella hada; porque no sabía de qué manera, pero tenía la certeza de que era Astarté quien hablaba por ella.
No tardó en comenzar a responder a mis preguntas, sorprendiéndome al referirse a mí como una diosa menor, algo que se apreciaría en mi rostro; y es que hasta el momento tan sólo había conseguido calificarme como una semidiosa, por pomposo que pudiera sonar, ¿serían acaso ambos conceptos lo mismo?
Escuché con atención cuanto me decía, sorprendiéndome cuando hizo mención a que a pesar de ser superior, no debía creerme tal. Fruncí mi ceño, mirándola con incredulidad, y es que aquella era una de las características que le había adjudicado ante su comportamiento. Mi padre y yo no habíamos sido suficientes para ella.
La mención de los campeones pareció ir a llevar la conversación por otro derrotero, pero Astarté en seguida retomó las preguntas que le había hecho. Al parecer había tenido hijos, y me pareció entender que no pocos, pero todos habían muerto hacía ya demasiado tiempo. Sentí cierta lástima por ella al captar el pesar en su voz, pues quizás este fuera auténtico, aunque…
¿A qué se debía ello?
Preferí no pensarlo, aunque conociéndome, cada vez tenía más la sensación de que en cualquier momento podía ponerme a echarle cosas en cara. Respiré profundamente, oyendo tras ello cómo me hablada de cómo existían otros como yo, bastantes al parecer.
- Vaya, y yo que me creía especial… - murmuré con ironía.
Una de mis cejas se enarcó de manera profusa al escucharle decir lo que mi padre había significado para ella, dando de algún modo un motivo para dejarle tirado, aunque muy vago bajo mi punto de vista. Siendo muy generosa, podría llegar a comprender aquello, pero… ¿Qué culpa tenía yo?
Me quedé totalmente anonadada cuando al preguntarme qué más quería saber hizo mención a si mi padre no me había hablado sobre ella, y a una conversación que habían mantenido antes de su marcha.
- ¿Qué conversación? ¿Qué marcha? – pregunté realmente inquieta, y es que aquello no encajaba para nada con lo que mi padre me había contado. – Hay más cosas que quiero preguntarte, pero contéstame primero a eso, por favor. – le pedí con urgencia.
Tu madré contestó a través de la ninfa:
- Las diosas y dioses no podemos habitar mucho tiempo entre vosotros, tenemos obligaciones y eso es algo que tu padre no comprendía... Pensé que estando con vosotros más tiempo me ayudaría a que lo comprendiese pero tuve que marcharme apresuradamente. Algo requirió mi presencia de manera urgente, al igual que la de otros dioses. Nigalión atacó el equilibrio del mundo y de ahí mi marcha. - Ese nombre no te suena, no es una deidad que conozcas - Antes de irme tuve una charla con tu padre, él no era capaz de entender cómo una madre podría abandonar así a su hija. Me fui por vuestra seguridad y para que este mundo siguiera como está...el problema es que no pude volver. Las heridas que sufrí me retuvieron y me retienen todavía aquí para sanar... Los humanos ya no me rezan como antes, y mi poder de curación es menor debido a ello...
Por la voz, infieres tristeza y pesar. Aunque también un orgullo por cumplir con su deber como diosa. Es difícil para ti interpretar esos sentimientos. Puede que sea causa de la dualidad de los dioses, tan diferentes pero a la vez tan iguales a los humanos.
- ¿Qué más preguntas tienes? El tiempo se agota pero aún puedo responderte a alguna más...
No podía creerme lo que Astarté me contaba. Aquello no tenía nada que ver con lo que mi aita me había dicho, pero ¿por qué me mentiría la diosa? ¿Por qué iba a pretender quedar bien conmigo ahora? Realmente, si hubiera querido que tuviera una buena opinión de ella, me habría visitado mucho antes, ¿no?
Me sentía muy confusa, y no quería creer que mi aita me había mentido. Sin embargo, me había ocultado mi origen, y quizás aquellos detalles que ahora no cuadraran se debían a eso. Tendría que tener una charla con mi aita, aquello estaba claro, pero a quien tenía delante ahora era a mi madre, y su tiempo en la tierra era limitado encontrándose usando el cuerpo de aquella ninfa.
Tenía preguntas que hacerle. Preguntas sobre mis poderes, sobre el desarrollo de los mismos, quería saber más acerca de mi condición de diosa menor; pero después de escucharla… No podía obviar ciertas cosas.
Y me preocupa. Aunque me joda, me preocupa.
- Sobre esas heridas… ¿Puedo hacer algo para que sanen antes? – pregunté, tratando de no mostrarme muy preocupada. – Y ese Nigalión no continuará siendo una amenaza, ¿no? Ya sea para el mundo, o para ti…
Aparté la mirada, y solté un pequeño y mudo suspiro. Continuaba confusa, y con una vorágine de sentimientos en mi interior con la que me resultaba difícil lidiar. Había notado triste a mi madre. ¿Significaba eso que yo le importaba aunque fuera mínimamente?
¿Y si he estado equivocada todo este tiempo?
- Me gustaría saber algo más. – retomé la palabra, volviendo a mirarla, al hada que en aquellos momentos era. - ¿Pudiste haberme visitado en algún momento? ¿Por qué no lo hiciste si era así? Veo que tus obligaciones están por encima de mi, pero, ¿ni un triste mensaje en todo este tiempo? – a pesar del rencor que albergaba en mi interior, mi voz no sonaría como un reproche, o no del todo; haciéndose evidente sobre todo el dolor que todo aquello me procuraba.
- Solo si logras que los humanos crean de nuevo en mí. Pocos hay ya que aún cumplen las antiguas tradiciones... - hace una pausa, notas cansancio en el tono de voz - Nigalión lo volverá a intentar en el futuro, pero ahora no es una amenaza. Fue derrotado y tardará en regresar.
Sobre tus últimas preguntas te contesta con calidez:
- Te visité a menudo mientras estabas entre la naturaleza, aunque no lo notaras conscientemente. Vi que te relacionaste con gente peligrosa para nuestro mundo, incluso ahora tienes a un señor del fuego cerca... - te comenta. - Y sí que intenté comunicarte, a través de sueños y de palabras en el viento. Cometí el error de ser soberbia y pensar que aprenderías sola cosas que son complejas solo porque mi sangre corre por tus venas. Pero, no cometeré el error de nuevo. - hace una pausa - Debo enseñarte a controlar tu don, y a comunicarte con los nuestros y el mundo espiritual. Aunque antes debes mostrar tu valía, un peligro se cierne sobre esta tierra y cuando logres vencerlo regresa aquí y comenzaremos con tu entrenamiento. Debo buscarme a alguien más poderoso para poder interactuar contigo, y eso requiere de tiempo y esfuerzo por mi parte...
Parece que vais a volver a veros, pero tu madre te deja con más preguntas que respuestas ahora. ¿Qué peligro debes enfrentar y por qué debes demostrar tu valía?
Tenía tantísimas preguntas… Pero el tiempo era limitado, tenía que escoger, y no pude evitar preguntar antes por el estado de mi madre que por cualquier otra cosa; queriendo ayudarla a sanar si ello estaba en mi mano. Y tras ello, fue la amenaza del tal Nigalión lo que más me preocupó. Con un evidente cansancio en su voz, aquella que brotaba de aquella ninfa, Astarté me hizo saber de qué modo podía sanar antes. Aquello me preocupó, pues no parecía fácil de lograr, y tampoco podía decir realmente si yo creía en mi madre… ¿Cómo iba a hacer que otros creyeran en ella?
Al menos Nigalión no suponía un peligro inminente, mas sí uno a tener en cuenta, pudiendo regresar en el futuro. Tome nota de ello, proponiéndome pensar de qué manera podía lograr que los humanos volvieran a creer en Astarté, pero aún había más cosas que tenía que decir. La forma en la que mi madre se expresaba me había generado otras dudas que me llevaron a dirigirle varias preguntas. No había sabido nada de ella en todo aquel tiempo, pero daba la impresión de que yo podía importarle algo.
Sus respuestas llegaron junto a un tono cálido, revelándome una realidad muy distinta a la que yo había conocido, y que hizo que el corazón se me acelerara. Mi madre, aquella que había creído siempre que se había desentendido completamente de mí, había estado visitándome aun sin ser yo consciente de ello, pareciendo además estar al tanto de algunos acontecimientos de mi vida, incluso de uno muy reciente.
- ¿Te refieres a Lume? – dije con extrañeza cuando hizo mención a un señor del fuego, creyendo que podía referirse a él al haber demostrado manejar aquel elemento.
El chico en ningún momento se había referido a sí mismo de aquel modo. ¿Era aquella una forma de decir que tenía poderes relacionados con el fuego, o ser un señor del fuego significaba algo más?
Mi madre continuó respondiendo a la preguntas que le había hecho, contándome que había tratado de comunicarse conmigo, pero que al parecer aquello no había podido ser por mi culpa. Astarté no me culpaba de ello, afirmando que había sido su error el asumir que aprendería por mi misma a hacer cosas que resultaban complejas, pero no pude evitar pensar que de haber sido más lista, habría podido comunicarme con mi madre. Me sentía confusa y triste, todo estaba resultando de lo más inesperado, como continuó siendo lo que mi madre terminó por decirme.
Mi mirada, que había descendido al agua sin darme cuenta, regresó a los ojos de la ninfa cuando Astarté empezó a hablar de que me entrenaría ella misma. Quería enseñarme aquello que ya debía saber, pero antes de ello me pedía demostrar mi valía, pareciendo haber una amenaza en ciernes; necesitando también ella tiempo para encontrar a alguien lo suficientemente poderoso que le permitiera interactuar conmigo.
- ¿De qué peligro hablas? ¿Y qué quieres decir exactamente cuando hablas de “tierra”? – siempre estaba dispuesta a ayudar ante las amenazas con las que me iba topando, pero aquello que Astarté mencionaba sonaba a algo demasiado grande. - ¿Y si no consigo mostrarte mi valía? ¿No volveremos a vernos y ya está? ¿Por qué me pides algo así? – añadí llena de confusión.
En un suspiro la ninfa que está siendo usada como transmisor de tu madre te dice:
- Mostrarás tu valía, tenlo por seguro. Nos veremos pronto...
No te contesta a tu pregunta peligro que está acechando a esta tierra, ni tampoco a qué se refería con "esta tierra". Eso es algo que deberás descubrir tú sola. Tampoco te dice lo de Lume, aunque entiendes que el fuego y la naturaleza no se llevan demasiado bien. Aunque hasta ese momento Lume demostró ser una persona tranquila y coherente.
La ninfa te mira y con un hilo de voz, en lo que notas que está completamente debilitada, se disculpa:
- Perdona por no haberte dado más tiempo con ella. - dicho esto ves como desaparece en el viento.
Sabía que el tiempo se nos agotaba, y así terminó siendo sin que Astarté pudiera responder a todas las preguntas que le había formulado. Sí respondió a alguna, sin embargo, aunque a su particular manera. Mi madre, aquella que no había estado presente para mí durante tanto tiempo, mostró su confianza en que podría demostrar mi valía, significara eso lo que significara para ella; por lo que afirmó que volveríamos a vernos pronto.
¿Cuánto tiempo era pronto para un ser inmortal? Aquello era algo que ya descubriría, como tendría que hacer con las otras cuestiones planteadas y que quedaron sin respuesta. En cuanto al mencionado señor del fuego, parecía bastante claro que sí se refería a Lume, aunque no sabía por qué este podía ser peligroso para nuestro mundo. Sí, el fuego causaba daños devastadores en la naturaleza, y yo misma había presenciado cómo aquel chico hacía arder algunos árboles, pero parecía haberlo hecho sin mala intención.
No parecía alguien que fuera a causar problemas, espero no equivocarme.
Astarté se había ido, pero la ninfa permaneció allí un poco más, lo justo para disculparse por el escaso tiempo con el que había contado para hablar con mi madre.
- No pasa nada, bastante has hecho ya, gracias por… - no me dio tiempo a terminar de hablar antes de que la ninfa desapareciera junto al viento, dejando escapar un suspiro de frustración antes de empezar a recoger mis cosas.
Me sentía triste y contenta al mismo tiempo, aunque también algo enfadada. Lo que acababa de vivir había resultado tan inesperado… El pasado se había visto transformado de alguna manera, y se me planteaba un futuro que me ofrecería muchos retos, pero también oportunidades. Una vez estuve lista para partir, saqué mi teléfono y comprobé la ruta que me había indicado Lume hasta aquel mesón. Más valía que no le perdiera la pista y me asegurara de que no se convertía en un enemigo más del bosque, así que puse rumbo hacia aquel lugar en seguida.
Te alejas del bosque, pero en la brisa que te acompaña escuchas a tu madre susurrar algo...no lo entiendes del todo ya que es una brisa tenue pero sabes que a partir de ahora te acompañará en tu día a día.
Lume te espera en el mesón y no tiene pinta de convertirse en un enemigo del bosque, al menos hoy. Quién sabe en el futuro, lo importante es que al fin pudiste hablar con ella, y algo te dice que volverás a saber de ella dentro de poco...
-. FIN .-