Del infierno salían, pero no eran sombras. Poco a poco, con la oscuridad revoloteando a su alrededor, ambos salieron a la luz. Un final afortunado de Orfeo y Euridice en una versión tan sanguinaria como mortal: la vida misma en un mundo corrupto por el mal.
El serbio emergió de la oscuridad con una Halyre renqueante apoyada en él, pegados como dos refugiados huyendo del frío. Inconscientemente intentado ocupar el mínimo posible, empeñecerse y pasar desapercibidos ante un enemigo imbatible de ojos amarillos. El miedo, la muerte.
Eliam no parecía haber sufrido daño alguno, pendiente de reojo de cada paso dolorido de su compañera. Aquellos ojos violetas, tan fríos como siempre, no albergaban ningún signo de victoria. Pero en ellos había algo más importante y mucho más sutil: un atisbo de humanidad que todos creían había desaparecido para siempre, sumiéndose en una vorágine de cruel locura.
Alzando la vista al grupo sin mediar palabra, como si no hubiese nada que explicar, agradecer o pedir, hizo una señal muda a Fullen, el chico cantor. La sangre reseca recorría el brazo de la americana, y su pierna no parecía en buen estado. Estaba claro que necesitaba asistencia médica, y era demasiado arriesgado esperar hasta encontrarse con Red.
- Ya estamos en casa. fue lo único que dijo, volviendo la vista hacia Hal, ignorando una débil voz aguda, cargada de ira y rencor. Una voz tan muerta como viva, tan vulnerable como indestructible.
No Eliam...
Nosotros vivimos en el infierno.
Fullen asintió conforme en cuanto les vio aparecer entre la oscuridad. Asi que era eso... Y después tras comprobar su estado, pudo, por fin, darse cuenta de qué era lo que él pintaba en toda aquella historia. Al menos ahora seré de utilidad.
El chico se sintió más cómodo ahora que era capaz de hacer algo por ayudar, quizá no fuera algo de lo que enorgullecerse, alegrarse por las heridas de los demás, no era nada bueno, pero al menos ahora se sentía útil, y por consiguiente, se sentía mucho mejor.
Los cánticos de Fullen no se hicieron esperar, y en cuanto les vio aparecer, comenzó a susurrar una suave nana, que sanó parte de las heridas de quien desease escucharle.
Motivo: Curar
Tirada: 1d20
Resultado: 10
-Canto sanador: cura 1d20 a cualquier pj que pueda escucharla (previa tirada de Advertir/notar con DC 10 por parte de los oyentes)
Con la mandíbula apretada intentando ignorar el dolor de la pierna al apoyarla, Halyre se dejó guiar por Eliam. Silencioso, tenso como un cepo atrapaosos. Dejaron atrás uno junto a otro la oscuridad y esperaba que Kheydan se quedara en ella para no volver.
Suerte que realmente no pertenecieran a un mito de una religión desaparecida milenios atrás, cuando la mirada violácea de Eliam, que casi se cernía sobre ella, se encontró con la suya Halyre podría haberse desvanecido y formar parte de la oscuridad para no volver.
-Señor...- saludó con voz cansada aunque teñida del alivio de ver caras conocidas. Se enderezó tirando de la correa de la bolsa de munición... o más bien lo intentó, ese maldito tobillo flojo hizo de las suyas y acabó doblando la rodilla con brusquedad apoyándose en Eliam, que resultaba una especie de muro indestructible a su lado.
La voz del chico gorgorito del metro era simplemente encantadora... ¿Cuál era su nombre? No podía recordarlo y no le parecía momento para ponerse a soltar bravuconadas sobre su maravillosa aventura en la oscuridad así que procuró relajarse. No cantaba mal, eso se lo concedía aunque no había heridas que cerrar.
-Es menos aparatoso de lo que parece- dijo finalmente intentando tranquilizar al grupo ofensivo y al joven de apoyo. -Un mal tropiezo con algo que parecía un maniquí-probó a apoyar todo el peso en la pierna lastimada y, aunque no sabía como funcionaban los cantos y a sabiendas de que solo había restaurado la lesión, el dolor no había remitido del todo. Muchas horas cerca de la Krasni Nisa para saber que le esperaría reposo y no forzarlo durante unos días.
Se humedeció los labios resecos pasando la lengua por ellos y se rascó parte de la sangre seca del pantalón.
-Lamento las molestias- era lo mínimo que podía ofrecer tanto a Eliam, como al novato (que no era un novato), como a Dragunov. No olvidaba la contestación que le había soltado al llegar al edificio y que eso le pasaría factura.
-Gracias.
Bienvenida a casa, Hal.
Motivo: Advertir/notar
Dificultad: 10
Habilidad: 0+6
Tirada: 5 6 10
Total: 5 +6 = 11 Éxito
Motivo: cura
Tirada: 1d20
Resultado: 11
Sergey le sonríe a Halyre cuando la ve salir, menos mal que está bien. Sergey miró a su compañera de armas en ese estado y se lamentó un poco. Como le había podido suceder esto? Pero lo que más le preocupaba era... Qué habían sido esos ojos en las sombras?
Cuando Halyre se disculpó, Sergey negó con la cabeza. Eso no era necesario, ella habría hecho lo mismo por cualquier otro. A pesar que continuaban teniendo bajas, eran un grupo, y se cuidaban los unos de los otros.
-Deberíamos salir de aquí, señor. - comentó, evidentemente, a Dragunov mientras miraba hacia todos lados. Sobretodo en dirección a Halyre y Eliam, ahora mismo eran presas fáciles.
Andrew sonrió ante el agradecimiento de la mujer. Y contestó con un simple: De nada. Un placer. Asintió para después escuchar a su compañero.
Así que aquella era la misión para la que le habían solicitado. Una vez más, de poco había servido su ayuda, pero al menos, aquella mujer se encontraba bien, o bien dentro de lo que cabe. Aunque por suerte había sido un éxito, así que si no quedaba nada más que hacer, aquel tipo tendría razón: Es hora de volver con los demás...
Dragunov se quedó quieto un momento, con el arma medio alzada, como esperando a asegurarse que de verdad fueran ellos, como si temiera que se convirtieran en humo y algún ser extraño los atravesara y se abalanzara contra ellos. Pero no fue así, era su chica, su segunda, la única que había conseguido aguantar su ritmo durante tantos años y que le había acompañado cuando decidió largarse de ese colegio.
Enfundó la pistola sin escuchar lo que decían los demás, para él eran murmullos y susurros inteligibles. Tras un instante en el que se quedó quieto, avanzó a grandes zancadas hacia Halyre, apartando con poca delicadeza a Sergey y Andrew hasta llegar a ella. En ese momento la abrazó con algo de fuerza y dio una vuelta sobre sí mismo. Aquellos que lo conocían de hace tiempo estarían a punto de ver un hito.
Dragunov sonrió.
-Tú sola y sigues siendo capaz de sobrevivir. Eres la mejor -dijo mientras la bajaba de nuevo con cuidado para que no se lastimara más la pierna. Miró a Eliam- ayúdala, si tienes que cogerla al caballito, hazlo, ella no se dejará -dijo al serbio y luego se giró a los otros dos- Andrew, te quiero a un lado de Hal y Gaunt, Sergey, te toca cuidar la retaguardia. Emprendemos el camino de vuelta.
Desenfundó de nuevo la pistola y comenzó a caminar de vuelta.
Gruñó por la sorpresa del efusivo abrazo de Dragunov y cuando éste la dejó en el suelo se tambaleó ligeramente. Desde luego su superior no entendía que con las chicas había que ser más suave... aunque esa chica fuera Halyre.
-He recibido un buen entrenamiento, señor-respondió echando los hombros hacia atrás para enderezarse, después se le escapó una mueca de perplejidad e indignación casi propia de una niña.- No será necesario... eh...-miró a Eliam y le señaló con un dedo- no te atrevas, chico- sí, era una gran amenaza... o lo habría sido porque realmente no parecía muy amenazadora.
La singularidad del gesto de cariño de Dragunov, con un gozo tan desmedido que no cabía ni en su gigantesco cuerpo alterado, dejó a Eliam perplejo. En realidad la situación le daba envidia. No por el contacto físico ni mucho menos (aquello hubiese sido una estupidez) sino porque hasta una mala bestia como Dragunov, era capaz de sentir algo tan gratificante. Un ser, en el fondo, con tan poco aprecio por la vida humana como sed de sangre, creado y dedicado a matar. Era algo simple, algo que surgía sin esforzarse.
Él, por mucho que se esforzase, no conseguía sentir nada. Nada más allá de la comodidad y de, en cierta medida, la confianza. Dragunov era el León de Dorothy con el Coraje bien recuperado, y a Eliam le había tocado el Hombre de Hojalata a principio de su viaje. Resistente, frío y sin corazón. Y lamentablemente en esta historia no había un mago que pusiese solución a eso. Lo más parecido era una voz insidiosa, insistente, como unas uñas arañando el cristal del interior de su cabeza, murmurando palabras que olían a óxido y pólvora.
Pero fue otra voz la que le trajo de vuelta al mundo real: Dragunov pronunciando sus ordenes con voz grave. Eliam asintió mientras veía a Halyre protestar sin disimulo. Para lo que iba a valer...pensó, sintiendo un cosquilleo agradable en el estomago. En el fondo, eso era lo que lo hacía verdaderamente divertido.
- Lo siento, pero es una orden. Replicó el serbio con fingida seriedad, aunque una sonrisa torcida apareció en su rostro. Era una oportunidad única, desde luego, pero era aún más placentera al saber que pese a todo Halyre seguía viva. Se colocó delante de la chica y dobló las rodillas, para facilitarle la subida. Puedes mantener la dignidad y subir por ti misma...u obligarme a hacerlo, Caperucita. le tentó con sorna, recordando el hilo de vaciladas que habían mantenido desde antes de abandonar la escuela.
En el fondo era agradable ver que, pese a todo, había cosas que seguían igual...inmutables, seguras.
Sergey sintió júbilo tras la efusiva muestra de cariño de Dragunov. Con una sonrisa en la boca atendió a las palabras de su superior y avanzó unos pasos para cubrir perfectamente la espalda de la pareja.
Halyre entornó los ojos con aire amenazante, considerando seriamente el rebelarse contra todos ante tal humillación. De mala gana se descolgó el macuto con las armas y la munición.
-Esto no va a quedar así. Avisado jefe y lobo.- después de todo era razonable y la posibilidad de perder más tiempo cerca de donde podía estar ese psicópata de ojos dorados
Inspiró hondo y se arqueó hasta que notó crujir la espalda.
-Sergey, pilla- y sin esperar más le lanzó el macuto.-cuídamelas.
Sintiéndose absurdamente ridícula se acercó a Eliam y apoyó las manos en los amplios hombros del serbio. Durante unos segundos pareció dispuesta pero finalmente lo soltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
-...me vengaré de esto.- dijo muy convencida, estirándose a lo largo de la espalda encorvada de Eliam, apretando los muslos en los costados de él para afianzarse y rodeando su cuello con los brazos-me voy a vengar así que prepárate porque en cuanto pise el suelo de nuevo te las vas a ver con Caperucita-dijo por lo bajito con el tono agridulce de la derrota.