Partida Rol por web

The Last Blade 2

Epílogo: Atardecer

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08/08/2019, 10:28
Okina

Ante la petición de Kaede, el maestro Shigen pareció sorprendido y frunció un poco el ceño. Fue a decir algo, pero Okina lo detuvo con un gesto del brazo.

Tranquilo, viejo amigo —le dijo en voz baja—. Creo que es una buena idea. El chico tiene razón, no sirven de nada las viejas rencillas. Si de verdad Kagami ha sacado una lección de todo esto, es su oportunidad de demostrarlo. Y enseñar a veces también ayuda a aprender...

Ambos observaron al portador de Suzaku, esperando la respuesta de este.

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08/08/2019, 10:31
Kagami

Kagami, por su parte, había recibido la petición de Kaede con incredulidad. Esperaba que, al igual que Moriya, el chico se dejara llevar por sus sentimientos y le odiara de por vida. Y sin embargo, la sabiduría de su hermana parecía haber calado en él. El portador de Suzaku, apoyado en su espada, se mantuvo en silencio durante un momento con la vista fija en el horizonte.

Supongo que es lo justo —dijo al fin—. He ayudado a enmendar el daño que hice un año atrás... pero no la deuda que contraje contigo y tu hermano. Tú me das ahora una oportunidad. Te arrebaté a tu padre, y eso nunca podré resarcirlo. Pero también te arrebaté a tu maestro...

Miró a Kaede con gravedad.

Eso sí puedo remediarlo, de algún modo. Tienes razón, somos Guardianes por un motivo. Y cuando Shigen y Okina no estén, otros tomarán su lugar. Será responsabilidad nuestra guiar a los jóvenes que se conviertan en los nuevos portadores de Byakko y Genbu. Porque los tiempos cambian, pero los Guardianes permanecen protegiendo el mundo. Aunque yo lo olvidara hace un año... 

Kagami asintió, dando a entender que aceptaba enseñar a Kaede. El joven dominaría el poder de Seiryu, y al mismo tiempo Kagami recordaría lo que significaba ser uno de los Cuatro Guardianes.

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08/08/2019, 10:43
- Narrador -

El cielo se había despejado casi por completo de aquellas nubes antinaturales cuando el grupo, en silencio, emprendió la vuelta a casa. El sacrificio de Yuki no se iba de sus cabezas, y todos sabían que sentirían ese dolor durante algún tiempo. Kaede, Moriya, Akari, Juzoh... ellos lo sentirían especialmente, pero en algún momento se mezclaría con el orgullo por lo que la joven había hecho por todos los demás, dando sentido y valor a las dos ocasiones en que todos habían combatido por el bien de aquél mundo en el que habían nacido.

Se separaron en varios puntos del trayecto, pues una vez recuperada la normalidad, cada uno debía continuar con sus vidas. Zantetsu regresaría a su clan para vivir sus últimos años transmitiendo unas tradiciones que se perdían, pero de las que el anciano ninja aún se sentía orgulloso. Lee volvería a China y retomaría su vida de monje shaolín, aunque no olvidaría lo aprendido durante sus dos viajes a las islas del sol naciente. Amano, como había dicho Yuki, efectivamente cambiaría, y sería en gran parte gracias a Hibiki. Entre ambos se formaría una fuerte amistad, y la chica le ayudaría a enderezarse para que siguiese siendo un hombre valiente, pero además abandonase los vicios que lo lastraban. Ella, por su parte recuperaría la forja de su padre y se esforzaría por mantenerse a la altura de su legado, convirtiéndose en una hábil artesana del metal.

Muerto Shikyoh, la venganza de Kaori estaba completada, y tanto ella como el capitán Washizuka seguirían sirviendo a Japón... aunque serían años duros para ellos. Akari y Juzoh volverían al templo Ichijo, donde en efecto les esperaban Hikari y Genbo, orgullosos de lo mucho que los dos habían crecido y aprendido. Continuarían como siempre, discutiendo y peleando por lo vago y despreocupado que era Juzoh y lo mucho que esto irritaba a Akari, pero inseparables a pesar de todo. Moriya se dedicaría a viajar en solitario, explorando la senda del guerrero en la que Gaisei lo había iniciado, tratando de buscar la paz para su tormentoso interior. Kaede recorrería el camino que había escogido junto a su nuevo maestro, y dominaría el poder del Guardián que albergaba para transmitirlo a otros cuando llegara el momento.

Japón cambiaría mucho durante los años siguientes, y cuando terminase el siglo XIX, el mundo sería muy diferente al que habían conocido de niños. Siempre sujeto al devenir, el imperfecto mundo humano cambiaría cada vez más rápido y no siempre para bien... pero todos ellos sabían que había maneras de protegerlo y mantenerlo a salvo. La Puerta del Infierno continuaría cerrada, pero otras vías de destrucción amenazarían siempre con abrirse para engullirlo todo y sumirlo en la oscuridad. Lo importante sería siempre que, al igual que Yuki, aquellos que podían sacrificarse por el bien de los demás estuvieran tan dispuestos a hacerlo como la portadora de la Dama del Invierno.

 

 

- FIN -