Partida Rol por web

Esta partida está en revisión. Si el director no da señales de vida o es aprobada por un cuervo será borrada esta noche

Tierras Altas

Conspiraciones

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12/05/2009, 09:17
La Sombra
Sólo para el director

Notas de juego

Ehm... Me perdí con lo de las tiradas... ¿Ella se esconde? ¿Yo la veo? Avisa para poder escribir en función de lo que me digas.

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12/05/2009, 10:00
Hypatia

Notas de juego

Ella se esconde, pero te darás cuenta que ella no está al interior del carruaje cuando llegues a éste y abras la puerta o algo xDD

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13/05/2009, 23:21
La Sombra

La Sombra avanzaba entre los árboles en dirección al carruaje. Hasta sus oídos llegó lo que parecía el canto de un ave. Sin embargo, supo por sus años de experiencia que aquello era un aviso. Fuera quien fuese quien esperara en aquel lugar, ya sabía que él iba para allá...

Por fin el carruaje queda a la vista. El asesino, oculto entre sombras y árboles, observa su objetivo.

"Mmm... Un conductor. No hay guardias a la vista. Mierda... No alcanzo a ver el interior... Tendré que acercarme más..."

Sin mediar más, La Sombra comienza a avanzar a hurtadillas hasta la parte trasera del vehículo. Lejos del alcance de conductor. Despacio, muy despacio, se acerca hasta una de las ventanillas para mirar en su interior...

"¿Vacío? ¿¡Una trampa!? ¡Grr...! Voy a matar a ese perrito faldero..."

Con el mismo sigilo con el que llegó, el asesino comenzó a internarse de nuevo en la arboleda. Sus sentidos al máximo, analizando cualquier sonido, cualquier movimiento. Sus manos en la empuñadura de sus cuchillos. Aún los mantenía enfundados para evitar delatar su posición con un destello inoportuno, aunque había quitado el seguro de la vaina para no perder un segundo a la hora de utilizarlos. Mantenía su capucha puesta y el pañuelo aún cubría su rostro. Sus ojos oscuros escudriñaban cada rincón mientras pegaba su espalda contra un tronco. Si iban a atacarle, los vería venir. De lo contrario, el árbol haría de cobertura...

"¿Dónde estáis? ¡Mostráos de una vez!"

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13/05/2009, 23:57
Yngvar de Bernicca

En el rostro de la mujer se dibujó una sonrisa, mas ésta debido al pañuelo no era visible, sin embargo el brillo de sus ojos no dejaba lugar a dudas respecto a la satisfacción que le provocaba toda esa situación.

Vió cómo el hombre se internaba en la espesura, directo hacia ella, pero no temió, se quedó allí, oculta, esperando a tenerle más cerca. Cuando aquello ocurrió y mientras él pegaba la espalda al tronco de un grueso árbol, dió un par de pasos y se situó bajo la ténue luz que se filtraba por entre las ramas, adrede, quedando frente a él.

-¿Me buscáis?

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14/05/2009, 00:05
La Sombra

La oyó antes de verla, pero su cuerpo ya había reaccionado antes que su propia mente. En un par de pasos, el asesino se colocó a medio metro escaso de la figura que se alzaba ante él. Su brazo extendido sujetaba la punta del cuchillo a la altura del cuello de lo que ahora podía distinguir como una mujer.

Ella también cubre su rostro, pero sus ojos... Unos ojos claros que lo miran sin temor. La Sombra inclina la cabeza hacia un lado y es su propio pañuelo el que cubre su expresión divertida...

"Vaya... Así que a la señora importante le gusta jugar... Jajaja... Está bien, veamos hasta donde es capaz de llegar..."

- ¿Me buscáis? -dice ella.

- Creo que sois vos quien me habéis estado buscando, señora... -susurra con voz gélida, cuchillo aún en alto...

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14/05/2009, 00:24
Yngvar de Bernicca

Ella avanzó un poco más, provocando que le punta del cuchillo se clavara un poco más en su blanca piel. Un hilillo de sangre corrió por su cuello, pero no se inmutó.

-Tal vez -respondió-, fui yo quien os buscó en principio, pero quien os esperaba ahora he sido yo, no vos y quien se escabulló entre las sombras y me buscó al interior del carruaje habéis sido vos, así que no me retracto, sois vos el que me busca.

Yngvar alzó su mano con delicadeza y empujó suave y delicadamente la mano de aquel hombre para que la bajara.

-Pensad bien lo que vais a hacer porque de eso depende vuestra vida -su voz era calma y a la vez desafiante-... Si no aceptáis hacer negocios conmigo podréis iros sin más, pero si además de no aceptar hacer negocios intentáis dañarme mis hombres se encargaran de vos y mi rostro será lo último que vuestros ojos vean.

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14/05/2009, 00:41
La Sombra

Ella se acerca hundiendo levemente la hoja en su piel, provocando una pequeña gota de sangre que se desliza por su cuello hasta su pecho. Es entonces cuando el asesino se fija por primera vez en la mujer en sí.

"En verdad sería una lástima tener que matarla... Parece que esos ropajes ocultan un importante tesoro..."

Cedió ante la presión de la mujer y bajó el brazo. Sin embargo, lejos de darse por vencido, el asesino se acerca aún más a ella. Las fragancias de la dama atraviesan la tela del pañuelo e inundan los sentidos de La Sombra. Aunque los aromas le embriagan, no lo deja entrever.

- Escúcheme bien, señora -le susurra casi en el oído- Llevo años dedicándome a esto y si nunca me han cogido es por que tengo una forma de hacer las cosas -con la otra mano desliza otra de sus hojas hasta el vientre de la mujer, aunque esta vez sin intención hostil, sólo como salvaguarda- En cuanto a lo de hacerle daño, no penséis ni por un segundo que vuestros guardias me asustan. Si os quisiera muerta, lo único que verán será vuestro noble rostro sin vida y un par de monedas para el barquero... Y ahora, dejemos de perder el tiempo. ¿Para qué necesita una mujer como vos a alguien como yo? -su tono continuaba siendo gélido y susurrante...

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14/05/2009, 03:47
Yngvar de Bernicca

Yngvar volvió a sonreír, le gustaba e incitaba la actitud desafiante de ese hombre. Sintió la leve, pero no menos peligrosa, presión que ejercía la hoja que él acababa de ponerle en el vientre y escuchó las palabras que éste le susurró al oído. Si La Sombra hubiese podido ver la cara de la duquesa en ese momento, habría visto que era de todo menos de miedo, es más, era de clara satisfacción.

-Eso es porque nuestros caminos nunca se cruzaron antes -le respondió sin apartarse ni un centrímetro, por el contrario, se acercó a la oreja de él provocando que al hablar sus labios, aún tras el fino pañuelo que le cubría el rostro, se la rozaran.

Retrocedió apenas lo justo para que sus rostros quedaran frente a frente y lo miró directo a los ojos, mientras que ponía su mano a la altura de la de él y deslizaba el dedo índice por ella, dibujando la forma hasta topar con el filo del arma para luego deslizar el dedo por éste también.

-No penséis ni por un segundo que vuestras palabras me intimidan -respondió con igual tono-, pues si os quisiera muerto desde el momento en que mi hombre os señaló el punto en el que me encontraba lo estaríais, pero ya véis, seguís aquí -alzó la ceja izquierda al decir eso, sus ojos tienen un brillo especial, inquietante dirían muchos.

Guardó silencio un breve instante, estudiando al hombre que tenía frente a sus ojos, preguntándose cómo sería el rostro que se ocultaba tras ese pañuelo. Como fuera estaba segura le resultaría igual de excitante que lo que le estaba resultando su mirada y voz susurrante.

-Necesito que eliminéis a un hombre, es muy importante y os puedo asegurar que está muy bien protegido -acercó su rostro al de él, tanto que el hombre podía sentir la calidez de su aliento-... Se trata del rey.

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15/05/2009, 18:16
La Sombra

Kane dio gracias a estar cubierto por su capucha y por aquél pañuelo. Aquél roce en su oreja había hecho que su piel se erizase y su testosterona se disparase. Aquél leve roce de sus labios a través de la tela le recordó al asesino cuanto tiempo había pasado desde la última vez que había estado con una mujer.

"Demasiado tiempo... Pero tampoco es algo que me pueda permitir con este trabajo..."

En el breve instante que ella guardó silencio, tras rebatir su amenaza, La Sombra lanzó su comentario con sorna:

- No espero inspirar temor con mis palabras. Son únicamente una advertencia. Al igual que la vuestra, deduzco. Digamos que por ahora, ninguno de los dos nos queremos muertos, así que os escucho...

¿Acaso era una broma los que acababa de pronuciar aquél hombre? Quizá hubiera sonado así de no ser el frío tono en el que continuaba hablando. A pesar de todo, bajó el arma hasta dejar colgando su brazo, aún con la hoja en la mano.

- Necesito que eliminéis a un hombre, es muy importante y os puedo asegurar que está muy bien protegido -ella acercó su rostro al de él, tanto que el hombre podía sentir la calidez de su aliento- ... Se trata del rey.

El asesino estuvo a punto de estallar en carcajadas. Sin embargo, la mirada de la mujer y aquél brillo extraño en sus ojos lo frenó. La observó con curiosidad. Si el conocer a su víctima le afectó en algo, sólo lo mostró con un leve y rápido abrir de ojos. No se separó de ella.

- ¿Arthas? Aspirais alto, mujer... Pero entiendo por qué habeis acudido a mí y no al perro faldero... -añade sarcástico.

La distancia que los separaba a ambos era mínima. La tela de aquellos pañuelos ya casi impedía el roce de sus rostros. La Sombra advirtió el aumento de su propia temperatura corporal. En breve comenzaría a sudar. Su voz volvió a brotar de sus labios, sugerente esta vez...

- Sabeis que eso aumentará mi precio de forma considerable sólo por el hecho de ser quien es... -susurra- Y más aún si queréis que muera de alguna forma en concreto. Decidme, milady, ¿cuánto estaríais dispuesta a pagar? -Kane fija su mirada en los ojos de la mujer, como si pudiera escrutar en su interior...

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15/05/2009, 19:20
Yngvar de Bernicca

-El modo en que el trabajo se haga me da lo mismo, lo que me interesa es el resultado.

Otro largo silencio se hizo entre ambos. Yngvar mantenía la mirada fija en él, hacía mucho tiempo que un hombre no le despertaba interés de ese modo, ni siquiera Jarm lo había hecho, aunque bueno, eso era normal, Jarm lo que despertaba en ella respondía al más primigenio instinto y si a eso le sumaba la ambición, pues ya tenía una mezcla bastante potente, casi que irresistible y sin embargo lo que ese hombre le provocaba, sin saber bien qué era, estaba superando a lo anterior.

-Mi hombre debió habéroslo dicho, el precio lo ponéis vos -esbozó una sonrisa-. Si lo hago yo puedo terminar ofreciéndoos más de lo que habéis pensado cobrar y regalar mi dinero no es algo que me guste hacer.

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15/05/2009, 20:54
La Sombra

La Sombra permaneció inmóvil, clavando su mirada en los profundos ojos de la mujer. La tensión crecía en el ambiente por momentos...

"Asesinar al rey... ¡Ésta sí que es buena! Aunque, por un golpe como éste, podría exigirle toda una fortuna... Mmm... Quizá podría retirarme, comprarme una pequeña propiedad y vivir disfrutando de la fama de ser el mejor asesino del reino... La Sombra, Asesino de Reyes... Mmm... Pero, ¿y ella? ¿Qué interés puede tener en matar a Arthas? ... Debería indagar un poco más en ello. Quizá, a la larga, me sea útil..."

El asesino se retira bruscamente unos pasos, dándole la espalda y se detiene. Se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano y contempló un instante el cuchillo que portaba. Despacio se dio la vuelta hacia la mujer. En los ojos de La Sombra ya no había lujuria. En su lugar, una fría determinación iluminaba su semblante.

- Dos mil -susurra y añade mientras camina en círculos alrededor de ella, como una fiera que cerca a su presa- Infiltrarme en el castillo, evitar al ejército, a los sirvientes, a la guardia real, eliminar a alguno de ellos en caso de ser necesario, colarme en los aposentos reales y asesinar al rey de un lugar en el que soy la persona más buscada del reino...

Mientras habla, mueve también la manos para dar énfasis a su explicación. A su vez, los cuchillos aún desenvainados parecen meras extensiones de sus brazos. Finalmente, se vuelve de nuevo hacia la mujer. El sudor había desaparecido. En parte lo agradecía. No sabía qué poseía pero ella conseguía perturbar su serenidad, su frialdad. Aquella mujer de caros ropajes y exóticas fragancias conseguía despertar un irrefrenable deseo hacia ella. Y eso era algo que un asesino no se podía permitir.

- Me parece una cantidad más que justa. El Barquero estará complacido de cruzar a tan insigne pasajero. Por cierto... -una vez más, no pudo resistir el impulso de acercarse a la mujer, pero esta vez lo hizo por su espalda- Vuestro "perro" os habrá informado que cobro la mitad por adelantado -mientras habla envaina uno de sus cuchillos e introduce lentamente dos dedos bajo la capucha de la mujer, atrapando entre ellosun mechón de su oscuro cabello- Dudo que supierais cuánto os iba a pedir y tampoco creo que llevéis toda vuestra fortuna en ese carruaje -roza deliberadamente la piel de su cuello con los dedos- Así que, decidme señora, ¿tendremos el placer de otra reunión? -esa última frase sí que había sido involuntaria.

"¡Mierda, Kane! ¿¡Qué haces!? Nunca te has permitido esta clase de sentimientos en el trabajo. ¡Con gusto le rebanaría el cuello si la situación fuera otra! Su blanco, suave y cálido cuello... ¡Mierda!"

Se obligó a apartar los ojos de su piel, unicamente para caer en la profundidad de su mirada. Un gota de sudor comenzó a deslizarse por la sien del asesino...

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15/05/2009, 21:50
Yngvar de Bernicca

Yngvar, mientras él hablaba y la rodeaba, lo seguía con la mirada hasta dónde el movimiento del cuello se lo permitía. Escuchó el precio, era una cantidad elevada, muy elevada pero lo que ganaría con ello lo valía.

-Me parece un precio justo -dice apenas él le dió a conocer el valor.

Por un instante se quedó sin habla y fue en el momento que él volvió a acercársele. Por suerte que el pañuelo que le cubría medio rostro seguía en su lugar, porque así él no pudo verla lamerse ni morderse el labio cuando sus dedos se colaron bajo la capucha y le rozaron la piel.

-Sí, volveremos a vernos -le dijo deslizando la mano por el brazo que él mantenía abajo y sintiendo la tensión de sus músculos-, pero antes de que acordemos cuándo y dónde, necesito saber hasta dónde estáis dispuesto a llegar... conmigo.

La última palabra no la pronunció, pero estaba claro que aquella interrogante guardaba una segunda intención.

-Lo que quiero es deshacerme de toda la familia real, sois el único verdaderamente capacitado para ese trabajo, así que en lugar de poner precio sólo por la cabeza del rey, ponédlo por todos. El orden en que ocurran las muertes lo dejo a vuestra discresión...

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15/05/2009, 22:28
La Sombra

- Sí, volveremos a vernos -le dijo ella deslizando la mano por el brazo que él mantenía abajo y sintiendo la tensión de sus músculos-, pero antes de que acordemos cuándo y dónde, necesito saber hasta dónde estáis dispuesto a llegar...

"¿Por ti? ¡Le mataría gratis!"

Sus labios estuvieron a punto de pronunciar fatídicas palabras. Sin embargo, lo siguiente que dijo la mujer hizo que al asesino le recorriera un escalofrío por la espalda. Aquella sensación que había tenido durante toda la noche volvió a asediarle, estavez de forma implacable. Su sexto sentido no se equivocaba. Este trabajo era EL trabajo. Su fama alcanzaría hasta los reinos más lejanos. Y con lo que sacaría por aquello, se compraría su propio feudo...

- Señora... ¿Quién sois que tanto rencor guardáis a la "realeza"? -La Sombra sonríe bajo el pañuelo- Bien... Veamos. Arthas y su esposa. Las princesas, Anahí y Dana. Van cuatro. El hermano del Rey, Jarm y el capullo de su hijo... Son seis...

De nuevo, su mirada se pierde en cálculos y estrategias...

"Dos mil por los monarcas, mil por cabeza para el resto... Eso nos deja en ocho mil... ¡Ja!"

- Ocho mil. La mitad por adelantado. Comenzaré a trabajar cuando disponga del dinero... Espero... -se interrumpe para colocarse de nuevo frente a ella, tan cerca que apenas corre aire entre ambos...

Lentamente, desliza sus dedos desde su cuello hasta la pequeña herida que se hiciera antes. Le limpia la sangre con delicadeza, usando los mismos dos dedos. De arriba hacia abajo, acercándose peligrosamente a su pecho.

- Espero que en nuestro próximo encuentro estemos solos... -su voz pierde el tono gélido empleado hasta ahora- Prometo guardar mis cuchillos si dejas a tu perro fuera de esto... -hace un leve gesto con la cabeza hacia donde aguarda Nigel con la cerbatana.

Detiene sus dedos donde muere la gota de sangre, pero no los aparta de su piel. Nota su contacto a través de la mano que le toca el brazo. Un contacto suave y cálido. Por una vez, Kane temió perder el control. Pues no sabría decir cuánto más aguantaría sin utilizar su propio cuchillo para rasgar las vestiduras de aquella misteriosa y ambiciosa mujer...

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15/05/2009, 23:49
Yngvar de Bernicca

-¿Quién habló de rencor? -Yngvar rió interrumpiendo de paso las palabras de La Sombra, pero fue algo inevitable, la carcajada surgió con fuerza propia-... Yo no he hablado de rencor, mis motivaciones van mucho más allá pero no son algo de lo que vaya a conversar con vos -añadió poniéndose seria y dejando que él continuara, mas cuando mencionó que en lugar de cuatro personas contabilizaba seis, la mirada de Yngvar adquirió un frío glacial- ¡Cuatro! -dijo y el tono de su voz dejó claro que era una orden- Los reyes y sus hijas, Jarm y su hijo no están contemplados en el trato... de ellos me ocuparé después.

La voz de la mujer había vuelto a adquirir ese tono incitante.

-Ocho mil no, seis mil -no dejaba de mirarlo-. Me pedísteis dos mil por la cabeza de Arthas, deduzco que el mismo valor le habéis dado a la de Constance y mil a las cabezas restantes, pero acabo de quitar dos de vuestra lista, así que seis mil obtendréis, ni una moneda más...

Entonces notó los dedos de él deslizándose por la piel de su cuello, respiró profundo y lentamente, provocando que su pecho subiera para luego bajar con igual calma.

-Seis mil -volvió a repetir-, la mitad en nuestra próxima reunión y el resto cuando el trabajo esté terminado. No obtendréis nada más de mí... no monetario al menos.

Dejó en el aire la última frase y dio media vuelta para caminar hasta su carruaje.

-Volveré a buscaros cuando tenga el dinero -se volvió para mirarlo una última vez-... Pronto volveremos a vernos.

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16/05/2009, 00:23
La Sombra

- Seis mil, entonces... -susurra divertido el asesino.

Ya le había dado la información que necesitaba. Su reacción ante la idea de matar a Jarm fue la clave.

"Ya sé a qué juegas, señora. Y también sé quién te envía..."

Tras el pañuelo esboza una siniestra sonrisa.

- ¿Y quién dice que lo que quiero de vos es monetario? -susurra socarrón mientras ella camina hacia su carruaje- Esperaré ese encuentro con impaciencia... -dice cuando ella se vuelve a mirarlo de nuevo- Milady... -añade pomposo mientras hace una leve reverencia extendiendo los brazos, uno de ellos aún armado.

Cuando recupera la verticalidad, contempla a la dama con un siniestro brillo en los ojos. Aún bajo su pañuelo mantenía aquella sonrisa de satisfacción...

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16/05/2009, 01:34
La Sombra

La luna se alzaba alta. La noche transcurría tranquila en el castillo y sus alrededores. Tan tranquila que los guardias se habían relajado y no prestaban la atención que debieran. Pero aunque lo hubieran hecho, no habrían sido capaces de detectar el furtivo movimiento de una figura más oscura que la propia sombra.

Habían transcurrido dos días desde el encuentro entre el asesino y la dama que habitaba en este castillo. Tiempo más que suficiente para que La Sombra pudiera corroborar sus sospechas. La mujer misteriosa era la Duquesa Yngvar de Bernicca...

Y allí estaba él, sorteando a los incautos y confiados guardias. Jóvenes en su mayoría. Ninguno con suficiente experiencia como para conocer los trucos y secretos de las sombras. Una rápida carrera, un salto y una voltereta le sirvieron para cruzar el patio sin ser visto. Se había colocado bajo la ventana de su habitación. Estudió un instante la pared. Esbozó una leve sonrisa y desenvainó dos de sus cuhillos. Con sorprendente agilidad, comenzó a trepar por la pared intercalando las hojas entre la piedras. Había ascendido unos seis metros cuando escuchó el metálico sonido de las armaduras de una patrulla, hablaban entre ellos. Miró a un lado y a otro. No había sombra donde cobijarse así que decidió permanecer inmóvil, colgado únicamente con la fuerza de sus brazos. Abajo, la patrulla continuó su rumbo con normalidad...

"Nunca miran hacia arriba..."

Siguió subiendo unos metros más hasta que alcanzó su objetivo. Echó un vistazo al interior, se cercioró que nadie le veía y se encaramó al bordillo de la ventana. Antes de entrar, buscó con la mirada por la habitación y encontró lo que buscaba. Un rincón oscuro en el que ocultarse y a ella...

La Duquesa yacía en su lecho, cubriendo su cuerpo con las finas sábanas. Empujó y en un rápido movimiento, saltó al interior y rodó hacia la oscuridad del rincón. Había conseguido lo que quería. Estaba dentro, la ventana quedaba abierta y junto a ella había dejado su propio cuchillo. Yngvar no tardaría en despertarse por el frío. Entonces habría caído en las garras de La Sombra.

El asesino se limitó a esperar, envuelto en sus ropajes, oculto en la oscuridad...

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16/05/2009, 22:47
Yngvar de Bernicca

Dormía plácidamente. Estaba de lado, dando la espalda a la ventana. La ropa de cama la cubría parcialmente, la piel desnuda de su espalda estaba al descubierto.

El viento se colaba por la ahora abierta ventana, haciendo que la temperatura de la habitación descendiera. Yngvar despertó a causa del frío y frunció el ceño al darse cuenta de lo ocurrido. Su mano se deslizó lentamente bajo la almohada para coger la daga que ocultaba allí cada noche.

Se enderezó, quedando sentada de medio lado, Kane pudo darse cuenta que estaba por completo desnuda. La mujer se movió con calma, como si nada sospechara, pero estaba claro que así no era, ella misma había cerrado la ventana antes de irse a dormir y estaba segura de haberlo hecho bien, además de haber corrido las gruesas cortinas.

El aire olía diferente, y no sólo por el aroma que se colaba desde el exterior, no, olía a algo más, era un aroma sutil e intenso a la vez, un aroma que ya había percibido antes y que no había olvidado. Esbozó una sonrisa, no podía ser otro que él, ¿quién más sería capaz de burlar a su guardia?

Se cogió el cabello y lo sacudió, provocando que las notas de su propio aroma, volvieran a flotar en el aire. Cogió entonces la fina bata de tul que descansaba a sus pies y la pasó por detrás de sus hombros, entonces y sólo entonces, descendió de la cama, descalza, y se aproximó a la ventana. No llevaba la daga, momentos antes la había devuelto a su escondite, sabía que no la necesitaba.