Esta partida está en revisión. Si el director no da señales de vida o es aprobada por un cuervo será borrada esta noche
Alzbeta, como si no escuchara los deseos de su hija, camina con toda calma por el salón, revisando la calidad de las cortinas, el tapizado de los sillones e incluso tomando un libro que hay sobre el escritorio para hojearlo. Se está tomando su tiempo, es cierto, bastante más de lo normal.
¿Qué es lo prentendéis, hija mía?.- La voz de Alzbeta es claramente maternal. ¿Se ha nublado vuestro juicio o es que no sois capaz de aprender de los errores del pasado? ¿Olvidasteis a esa inocente que lleva nuestra sangre y a la cual nunca me habéis dejado ver? Es mi nieta y vuestra hija, aunque estéis empeñada en olvidarla manteniéndola encerrada en esa torre.-
Alzbeta habla a Constance mirándola a los ojos, sus palabras son de bastante intensidad, pese a que sus ojos puedan dar la impresión de que no.
Me diréis que está loca, pero mucho me temo que la causante de esa locura no sea otra más que vos. ¿Qué más cuerda podría estar esa pobre criatura si desde que nació no conoce más que las miserables cuatro paredes que la rodean? ¿Qué más cuerda puede estar esa alma pura y sin mella que salió de vuestras entrañas pero que es tratada peor que vuestros perros de caza? Nunca he logrado entender por qué no permitisteis que yo me hiciera cargo de ella, bien podría haber dicho que era mi protegida pero os empeñasteis en ocultarla y no me extrañaría si me dijerais que incluso deseasteis su muerte.-
Alzbeta guarda silencio y ocupa el asiento que está frente al escritorio. Cruzan las manos sobre el regazo y se queda observando fijamente el rostro de Constance. En ocasiones su hija no pareciera ser su hija y aquello le causa un profundo dolor.
¿Os parece poco vuestro pecado que aún así queréis agravarlo con lo de Iovannos? ¿Qué va a pasar si de esta nueva aventura también resultais en cinta? ¿Qué va a pasar entonces, Constance? ¿Haréis que esa criatura corra la misma desgraciada suerte de la anterior y así hasta que vuestro vientre se seque y no pueda dar vida?.-
Madre no fue breve pero claro, ella era así y yo lo sabía perfectamente, escuché cada una de sus palabras, negando suavemente con la cabeza. Ni me entendía, ni me iba a entender nunca y el que tocara el tema de Sophié me hizo sentir una puñalada en el corazón y no porque fuera a traición sino porque ni siquiera venía al tema. Ella no sabía lo que yo tenía con Zlatan y por mucho que intentara explicarlo, seguramente terminaríamos igual o peor que antes.
-¿Lo que pretendo, madre...? ¿Podríais acaso entender lo que pretendo si os lo dijera? Yo creo que no-respondo en tono suave.-Mi juicio no se ha nublado, madre, sé perfectamente lo que estoy haciendo y no, no cometeré el mismo error del pasado. Quizás otro, pero no el de antes, madre. No debisteis meter a Sophié en esto, sé que lleva mi sangre y si no la habéis visto, será porque no queráis. Sólo vos, Arthas y yo y claro, la gente que la cuida sabe dónde esta.
Mi respiración empieza a ser irregular, la cabeza me hierve, tengo un mundo de cosas para decir que sé que se quedarán allí donde están porque fui educada para ello. No puedo dejar de pensar en Sophié, no era el destino que quería para ella pero me obligaron y nada pude hacer, mucho peor era si se sabía, ella podía morir y... Sé que me engaño con todas estas cosas, quizás sea hora de liberarla.
-¡Yo no deseé la muerte de Sophié, madre!-grité furiosa y con lágrimas en los ojos.-No pude evitar su locura, no pude evitar que Arthas la arrancara de mí por consejo de quién sabe quién. No pude. Así como tampoco puedo evitar lo que siento por Iovanos.
Había vuelto a retomar mi compostura y ahora hablaba con calma, mirándola a los ojos, no tenía nada que ocultar o al menos eso creía, al menos creía que en ella podía confiar. Había muchos pecados, mi madre estaba enterada de muy pocos y mío suyo no era el peor de todos, no bajé la mirada, no me haría sentir vergüenza por lo que sentía por el conde, eso no. Me puse en pie lentamente, puse ambas manos sobre el escritorio y me decidí a contestarle.
-Quizás esté buscando al heredero de la corona de Arthas, madre... Antes que su hermano o su sobrino lo maten y él está tan ocupado con sus amantes que no tiene tiempo para mí. Pero no os preocupeis, os aseguro que Zlatan es un buen hombre, capaz de dar hijos fuertes y sanos y no locos como Sophié. No os preocupéis, madre, no va a pasar nada y si pasara, cargaré con ello como debe ser.
La miré a los ojos y le sonreí, la quería a pesar de todo y de lo que fuera, era mi madre, ya arreglaría yo aquel asunto pues ella no era capaz de comprender lo que pasaba por mi cabeza y mi corazón, con esfuerzos lo entendía yo que lo estaba viviendo y en absoluto estaba siendo como lo sucedido con aquel cura padre de Sophié.
-Necesito volver a la cena o Arthas me echará en falta. ¿Vamos?
¿Por qué estais tan segura que no podría entenderos? ¿Habéis intentado explicármelo siquiera? Estais dando las cosas por hecho conmigo y caéis en yerro por eso.- Mira a su hija, la ve llorar pero está molesta por lo de Sophiè, Constance dice que no ve a su nieta porque no quiere y no es así. ¿Que no veo a mi nieta porque yo no quiero? Quiero creer que hay cosas que se os escapan, Constance, porque os aseguro que no se me permite acercar siquiera a esa torre.-
Alzbeta respira profundo y se acerca a su hija, ve en sus ojos sufrimiento y no es indiferente a éste. Quizás aún pueda ayudarla a salvarse.
Buscad ese heredero con vuestro esposo, Constance, la persona que causó el que yo os sorprendiera aquí sabe de lo vuestro con Iovanos y si cometéis el error de engrendar un hijo con él y luego engañais a todo un reino haciéndole creer que es hijo de su rey...- Meneó la cabeza, las consecuencias de que un engaño como ese saliera a la luz eran demasiadas como para siquiera poder dimensionarlas correctamente. Quizás no podais dar a Arthas ese hijo tan deseado, pero no por eso Northumbría caerá en manos del duque o de su hijo. Northumbría tiene una heredera y esa heredera es Anahí.- Alza la mano y acaricia la mejilla de su hija. Dios puede que os esté negando ese varón, pero no se lo negará a ella. Buscad un buen enlace para mi nieta, uno con un hombre digno de reinar junto a ella, que os de nietos sanos, fuertes y bellos, un hombre noble que ayude a forjar una dinastía.-
Respiró profundo y se puso de pie. Mantuvo las manos tomadas a la altura de su vientre y esperó que su hija se situara junto a ella.
Continuaremos esta conversación en otro momento, como bien decís vuestro esposo pronto os echará en falta.- Esbozó una sonrisa. Regresaremos juntas a ese salón y vos lo haréis con la frente bien en alto, digna ante todo, Constance, no dejéis que vuestras pasiones os ceguen el juicio, porque el día que eso ocurra será el fin.-