Agradecí al dios de la oscuridad por sus ropas cálidas... pero ahora mismo lo sucedido nos hizo enfocarnos en aquello que estaba pasando por el espejo en aquel momento. Comprobaría que Lana estaba bien... a diferencia que el espejo, que obviamente no estaba preparado del todo para que lo usara una diosa... Pero por suerte, cumplió su cometido -¡Sitaara!- exclamaría acercándome a ella... viéndola hecha una mierda dicho de forma clara.
De un momento a otro, habíamos abandonado ese lugar para aparecer en la casa de un árbol... Posiblemente la habitación de aquella diosa juvenil. Ya tendría otro momento para apreciar la belleza de este sitio lleno de polvo pese a ser bello... pero aquella imagen de la diosa llorando me daba entender que el asqueroso dios se aprovechó de ella hasta el último momento.
Sería una simple humana... pero aquella imagen me hacía sentir una enorme empatía por ella. Y es por eso que buscaría sentarme al lado de la cansada diosa y, con cuidado de no tocar sus heridas no fuera que la hiciera daño, sacudiría polvo que habría sobre ella y la abrazaría -Ya ha pasado Sitaara... ya ha pasado... ya no estás con él...- buscaría calmarla... En mi cabeza rezando a su madre, a ver si eso la avisaba de que ella ya estaba fuera del reino del Dios caído.
Afuera, el clima cambió rápidamente, cubriéndose el cielo de densas nubes negras. Un poderoso trueno resonó entre ellas, y una pesada e intensa lluvia de gruesas gotas comenzó a caer, sin que hubiera viento que la agitase en una u otra dirección. Tanto Betty como Sanya sabían que en el Reino Divino, el humor del Dios influía en el clima.
La lluvia reflejaba el intensísimo pesar y pena de Sitaara, en aquel momento.
La Diosa no dejó de llorar a pesar del abrazo de Betty, e incluso, con dolor muscular y varios huesos rotos de los dedos, la rodeó con un brazo, necesitando el consuelo de quien fuera. Rhea no pareció responder a las plegarias de Betty. Sanya sabía que un Dios no podía aparecerse en el Reino de otro sin su invitación expresa... y posiblemente Sitaara no querría que la viera en ese estado.
Y conociendo a Rhea, quizá fuera mejor así.
Lana, la monja, estaba demasiado superada por tantas novedades y sensaciones contrapuestas. Ver a su diosa era uno de sus mayores deseos en la vida, pero verla en ese estado le partía el alma, haciendo que quitarse los trozos de cristal pasase al final en su lista de prioridades. Lo mismo con visitar el Reino Divino. Era un sueño hecho realidad... uno cubierto por el polvo de trescientos años de abandono (Aunque nada se había roto o estropeado por el paso del tiempo)
M-mi señora... Lana no era capaz de acercarse. Qué... qué le han hecho...? Resuelta, empezó a buscar en aquél lugar algo con lo que limpiarla o aliviarle el dolor de sus heridas.
Sin duda se notaba que Sitaara no estaba bien. No era solo viéndola a ella sino que el propio clima reflejó lo que seguramente estaba pasando por sus sentimientos y por su cabeza. Aquello me hizo pensar más todavía en que debía de buscar consolarla y buscar aliviarla como fuese, aunque fuera un poco... Si ella no quería que su madre viniera todavía, lo intentaríamos nosotras... Porque aunque seguramente era una diosa de siglos de existencia y más poder que todos nosotros, la veía como una Masumi y seguramente su forma de ser sería así también. Tengo experiencia en consolar a jóvenes y a mujeres de dos metros...
Aunque le doliese, ella correspondió mi abrazo... así que tendría que esforzarme en darle consuelo acariciando su cabello y limpiando el semen asqueroso de este o de su cara -Ya ha pasado Sitaara... ya ha pasado... Si alguno de nosotros podemos evitarlo... no te volverá a tocar nunca más...- era prácticamente una promesa que intentaría cumplir con todas mis fuerzas... aunque costase.
Miraría a Lana... que obviamente estaba viendo como un sueño se cumplía, a la vez este era opacado por el estado de Sitaara -Lo que le han hecho... Es darnos más ganas de acabar con ese malnacido de Kermen- diría con seriedad, obviamente queriendo aliviar a la diosa... y a la vez queriendo castrar a Kermen, cogerle la polla, metersela en la boca y que se la tragase, obligarla a cagarla para repetir el proceso mientras se desangra y obligarle a comer todo lo que saliera de su cuerpo -Se que es el cuerpo de una diosa, no se si funcionará igual que el nuestro; pero si me dais aguja e hilo puedo coser sus heridas... Hielo para los moratones y bajar la inflamación... Vendas para mantener los huesos en su sitio. Y vendría bien prepararla un baño para limpiarla y que se pueda relajar...- comentaría a Sanya y Lana más o menos para saber que les parecía y si podían encontrar eso por ahí -Nos tienes para lo que necesites Sitaara... tu pide... ¿vale?
El estado de la diosa daba a lástima a cualquiera, Sanya no era una excepción, aunque dejó a Betty que es quien ya la conocía las palabras y gestos de consuelo, por aquello de la confianza. Quedó mas como en un segundo plano junto la monja.
Myharus. Ahora sufría por el en silencio pensando que lo llegara a atrapar aquel monstruo y que recibiera un castigo como el que había sufrido Sitaara.
- Sí, busquemos a ver que encontramos que pueda ser útil por aquí. Le dijo a la monja tras la idea de Bettry, dejando así a la diosa a su cuidado mientras tiraba de la manga de la sotana de la monja.
- Al menos agua y cualquier tela para limpiarla, incluso para los vendajes. Pensó que como mínimo darían con eso. El hilo, aguja y el alcohol sería ya mas complicado.
Buscarían por aquella enorme casa en el árbol a sabiendas que abajo había todo un extenso bosque que no podían descartar tampoco.
Entre las tres encontraron maravillosísimas telas que se libraron de la capa de polvo por estar en cajones cerrados. Aguja, hilo y demás lo obtuvieron de cajas de costura con las que la Diosa confeccionaba antiguamente vestidos y otras prendas. Por el agua no tenían que preocuparse, tan sólo necesitaban sacar un recipiente por la ventana, y la gruesa lluvia hacía el resto.
Abajo en el bosque, se encendieron unas cuantas luces. Desde la espesura y a pesar de la lluvia, voces juveniles gritaban de alegría: "Sitaara ha vuelto!!" con una felicidad en la voz que aún no lograba calar en su señora. Incluso empezaron a tocar música, que apenas se oía con el incesante golpeteo de las gotas.
Sitaara se abrazaba indistintamente a cualquiera de las tres, agradeciendo sus cuidados, salvo por sus partes íntimas que prefirió taparlas y esperar a recuperar su poder para que sanasen solas. Tardó mucho en dejar de llorar... Y para entonces, el tiempo de poscombate terminaba.
La Diosa las miró, cogiendo de la mano a Betty y a Sanya.
Os sacaré de ahí... lo juro. Gracias, amigas...
Pocos segundos después, las dos se desvanecían.
Desde luego no me esperaba que hubiese gente viviendo en aquel lugar... felices de que Sitaara volviese; pero a la vez siendo que la única habitante de este plano que no estaba feliz era la propia diosa. Al conseguir la caja de costura, intentaría empezar a acercarme a sus heridas y cerrarlas... también queriendo que aquello fuera lo más indoloro posible. No se si las diosas tendrán cicatrices... Pero si las pueden tener, aquella experiencia se la dejará... pero espero que también la haga más dura y fuerte.
Viendo su pudor, con alguna de las telas que trajeron, improvisé una falda alrededor de su cintura para taparla y que pudiera encontrarse mejor, además de ir limpiando sus lágrimas de cuando en cuando. Sitaara, pese a sus nuevas cicatrices... ahora estaba más limpia y mejor... solo habría que esperar a que ella misma terminase de curarse a si misma.
Una vez acabamos, noté que la diosa nos tomaba de las manos... -De nada... ahora descansa...- terminaría diciendo... antes de desvanecer. Al final no pudimos pasar un rato divertido Sanya y yo... pero ya tendríamos otra oportunidad en otro momento.
A pesar de todo el dolor y las heridas, la Diosa, aquel hermoso lugar y lo que representaba era el reflejo de esperanza que necesitaba Sanya. Ahora sabía que pasara lo que pasara al regresar al terreno del torneo, se había iniciado un comienzo hacia un futuro mejor y opuesto a lo que el Dios Loco deseaba.
Sanya ayudó en lo posible con las heridas, limpiando su cuerpo sucio o confeccionando un vestido digno, y se sorprendió del cariño y afecto con que correspondía Sitaara. Aunque estaba en un momento de debilidad, sus reacciones eran muy nobles y agradecidas.
No había palabras suficientes para agradecer a Sitaara, y en cambio ella era la agradecida, quien nos prometía devolvernos el favor .
- Prevalece... cueste lo que cueste..- Conseguí decir justo cuando me desvanecí.