Antes de terminar de poner papel de cocina por lo mojado arranco otro montoncito y se lo ofrezco a Travis.
— No te he manchado, ¿verdad? He intentado hacerlo lo más limpio posible —es mi forma de disculparme un poco por el arranque. Con Amelia ya lo haré también pero ahora mismo prefiero que la imagen ante todos sea de nosotros limpiando y los ajedrecistas lejos.
A Doris le cambio lo poco del rollo de papel que queda por la fregona. También ha traído “sutilmente” una escoba y recogedor, una forma de dejar todo el trabajo en nuestras manos.
— Un placer, Baxter —pese a su chaqueta deportiva no se lo ha pensado dos veces para acercarse a ayudar, y eso a mis ojos ya le hace mejor que el resto de su gremio. Suficiente para que me alegre conocerle. Sólo me sonrojo un poquito porque me gusta oír de Nirvana que somos sus amigos con ese orgullo. — Por favor, cuida de ellos —me refiero a los chavales del club de ajedrez. — Cualquier represalia por esto debería ir a mí y estoy dispuesta a morir en esta colina.
Travis estaba acabando de recoger los trozos de platos rotos y vidrio del suelo y ponerlos en una bandeja para tirarlos al contenedor cuando Oliver pasó por el lado de la brigada de la limpieza. Al ponerse en pie se dio cuenta de que su amigo le estaba lanzando una mirada “significativa” de las suyas (vamos, la que no es “Acero Azul”) y le señalaba subrepticiamente hacia fuera. Hizo una mueca pensativa y le indicó tres minutos con los dedos de la mano derecha y señaló hacia la parte trasera de las cocinas con la mirada. Tras eso, puso la bandeja cargada en la partida de arriba del carro bandejero para llevárselo todo a la vez. Hizo una mueca de fastidio ante el comentario de Amelia, pero prefirió quedarse calladito. No era buen momento antes del torneo de exhibición. Se vio interrumpido por un momento por la llegada de Nirvana y su amigo, el otro deportista. Se giró hacia ésta.
-Siempre Dixon. Siempre. Ya sabes cómo me gusta el olor del caos por la mañana- continuó la broma de la chica.
-Ehm, un placer, supongo- saludó éste, sin más –Bueno, los de aquí no son mucho mejores, si eso te sirve de consuelo. Pero nos defendemos lo mejor que podemos.
-Nah. Estoy bien. A veces consigo tener reflejos de gato- contestó medio bromeando a la pregunta de Felicia acerca del salpique.
Le pareció raro que un deportista se preocupara por los de ajedrez y más siendo de cursos inferiores. Pero a lo mejor los “milagros” existían. Al echar una mirada a todo, decidió que más o menos estaba el tema bajo control así que decidió que era hora de ir a hablar con Oliver, fuera lo que fuera lo que quisiera. Dudaba de que fuera una disculpa por tener semejantes babuinos como amigos, pero a saber. Si en St. Andrew’s existían los milagros, igual aquí se obraba uno también…
-Voy a tirar esto afuera. En seguida vuelvo- dijo éste a Felicia y a Nirvana. Cogió el carro bandejero y lo empujó hacia el rincón donde solía dejarse. Luego cogió la bandeja superior con el material roto y se acercó a la cocina. Pidió una bolsa de basura para meterlos y tras cerrarla con todo aquello dentro, salió por la puerta trasera de las cocinas en dirección a los contenedores…
Esperé a Travis donde me indicó, o donde yo entendí que me indicaba, al menos. Esperaba que nos hubiéramos entendido bien al respecto.
Durante ese rato que tardó en llegar, recibí unos mensajes de Nirvana que leí pronto al tener el móvil en la mano, el cual usaba para entretenerme durante la espera. No respondí, porque aún estaba masticando todo lo que había visto y se me estaba haciendo bola así que guardé el teléfono en el bolsillo tras un soplido. Ahora me sentía mal porque estaba claramente emocionada por haberme visto con la pulsera y yo ya me la había guardado en el bolsillo hacía un rato. Pero mi mente siguió insistiendo en que si otro del equipo rival llevaba una similar, me daría mala suerte. Y además, no paraba de plantearme por qué él la conservaría todo ese tiempo.
Por suerte, Travis no tardó en aparecer para sacarme de todos aquellos pensamientos, así que traté de recomponerme al verle y me acerqué a él.
—Deja que te ayude – me ofrecí al verle cargar con la bolsa, y abrí el contenedor para empujarla ambos dentro — Listo — me sacudí las manos antes de seguir hablando — ¿Eso que has hecho es un inicio de rebelión? Porque tiene buena pinta — ladeé una sonrisa — Oye, ¿te acuerdas de la vampiresa pelirroja de la que te hablé? Por la que descubrí a Shadow. Bueno, pues es la nueva de Historia — le suelto sin demasiados preámbulos — Y cada vez que la tengo cerca, Shadow siente la imperiosa necesidad de aparecer y arrancarle la cabeza de un mordisco. Es desagradable, y una mierda para mi concentración. Quizás pida el cambio de profesor.
Travis enarcó una ceja, tampoco pesaba tanto la bolsa… ni él era tan flojo. Pero no dijo nada y dejó que cogiera la bolsa para tirarla al contenedor.
-Puede- contestó con indiferencia y sin especificar más, encogiéndose de hombros. Escuchó en silencio lo que parecía que ardía por salir de dentro de Oliver. Solo hizo una leve afirmación con la cabeza a su pregunta sobre si recordaba lo de la vampira. Claro que se acordaba. Como para olvidarse de eso…
-Tiene sentido. En cierto modo- hizo una mueca de reflexión acerca del tema –Y da miedo al mismo tiempo porque la luz del Sol no la afecta mucho que digamos. Eso es malo para nosotros. Y encima es una profe. Sexy y terrorífico al mismo tiempo- sentenció éste. Se quedó pensando unos segundos más antes de volver a retomar su brainstorming en voz alta –Peeeero, se debe al Pacto de los Fundadores y no puede chuparnos la sangre hasta dejarnos secos. Errrrgoo los Ancianos sí saben cómo acabar con ella en caso de que se pase de la raya. Bueno, claro, siempre está el fuego, eso acaba con cualquiera, o casi.
Eso lo dejaba más tranquilo, las reacciones más violentas de Olie no tanto.
-Bueno, creo que los lobos y los vampiros no suelen llevarse muy bien que digamos, en general. Ni siquiera en las pelis… Probablemente sea un odio visceral ancestral. Ya sabes, como mi abuela y este pueblo- sonrió torcidamente.
-Solo hay otro profe de historia y no te va a gustar, tío. Es más muermo que Tyler elevado al Cubo. Lo tuve el año pasado y casi muero en una de sus clases por inacción respiratoria. Igual deberíamos, no sé, ¿entrenar tu autocontrol? Como yo con lo de ya sabes, mi vudú con las bolsas de patatas fritas…- lo acompañó con unos gestos de dedos ondulantes a lo prestidigitador. Iba a probar suerte, a ver si estaba más receptivo esta vez.
Suspiro al escucharle. Estoy a punto de decirle, por enésima vez, que yo no soy un lobo sino un perro, pero decido callármelo a pesar de mi malhumor latente.
—Sé que me hablas de todas estas cosas para despertar mi interés sobre todo el tema sobrenatural pero... Me da igual. Me dan igual los Ancianos, el Pacto ese que has mencionado o lo que la chupasangres comentó acerca de que sólo quedan siete santuarios en el mundo y por eso no puede largarse tan fácilmente de Old Truce — voy enumerando — Odio que todos me habléis como si supiera cosas que no sé, como ese rollo de la Inquisición, que sigo sin saber qué mierda es. Paso — sentencio, dejando claro que no estoy de humor y que dudo estarlo nunca para este tema. Yo sólo quiero ser un chico normal, y que me dejen ser un chico normal — Respecto a lo de entrenar mi autocontrol... No sé, he podido controlarme, vamos; no le he arrancado la cabeza de un bocado — me encojo de hombros — Pero te lo agradezco, en serio. Eres un amigo guay. Sólo quería advertirte de la profesora, aunque es cierto que me ha asegurado que no volveré a verla de noche nunca más y que mis amigos están a salvo así que todo bien. Y desearte suerte en tu partida de ajedrez. Iré a verte aunque no entienda absolutamente nada de ese...¿juego de mesa? ¿Deporte? Me cuesta verlo como un deporte, la verdad.
Travis puso los ojos en blanco, exasperado con la tozudez de su amigo.
-No lo he dicho por eso. Ya lo pillé el otro día en mi casa. No quieres saber nada. Solo estaba razonando en voz alta, por si eso servía para que dieras más detalles de tu encuentro. Nada más.
Se encaminó al grifo que usaban en la cocina para limpiar los contenedores de basura cuando estaban vacíos. Lo abrió y se lavó las manos bajo el chorro de agua fría. Lo volvió a cerrar. Se sacudió las manos para eliminar parte del agua de sus manos y luego se las secó contra las perneras de sus pantalones tejanos.
“Siete Santuarios. Así que Old Truce no es el único. Y algo les impide irse… Eso es raro. La niebla no tiene esa función y no parece que haya ningún tipo de barrera. Si fuera así, ninguno de los Anómalos podríamos ir y venir alegremente. Fuimos a L.A. todos sin problema. Qué cojones, yo constantemente entro y salgo del pueblo para ir a la Comunidad, que está totalmente fuera del territorio de este pueblo. No tiene sentido”, se quedó elucubrando mentalmente.
-Y la Inquisición… imagino que debe ser el órgano de control y castigo de los Anómalos, para cuando no se portan bien- se encogió de hombros, con indiferencia. Su línea de pensamiento interno y hablado en voz alta se entremezclaba en su cabeza y se verbalizaba a medias. Era todo muy loco.
-Gracias por el aviso. En serio. Y por lo de desearme suerte, aunque en el ajedrez eso no es un componente decisivo a no ser que seas un principiante, que no es mi caso. Cosa que no quiere decir que no pueda perder, claro.
Se lo quedó mirando un momento ante su último comentario.
-Deporte. Se considera actualmente un deporte. Hay partidas que duran media hora y otras pueden durar horas, especialmente entre grandes contendientes. Y no puedes levantarte en mitad de la partida si no es por razón médica urgente. Así que la preparación física para eso también es necesaria y no todo el mundo es capaz de ello- contestó éste, muy seriamente. Luego recordó algo básico.
-Por cierto, antes de que te vayas con Markus y compañía, ¿cuantas preguntas le hiciste a la profe de historia?
Vale, me creeré que el ajedrez es un deporte aunque no haya un balón, pelota o similar. Me creeré que requiere mucha preparación física porque mi amigo, el listo, lo dice, y yo confío plenamente en él aunque sea un amigo de mierda (yo, obviamente, él es mucho mejor persona que yo).
—¿Preguntas? Ninguna. Sólo le dije que no se le ocurriera acercarse a mis amigos. Ella me odia, yo le odio. Me aseguró que no haría nada a mis amigos y con eso la dejé ir así que no le hice ninguna pregunta. ¿Por qué? — pregunto, sin saber bien la razón para hacerme tal pregunta él a mi. Después, caigo en algo — Espera, ¿has dicho que la partida de ajedrez puede durar HORAS? Me has matado, tio. Te quiero, pero ¿cuántas horas? Sabes que me aburro con facilidad si no estoy haciendo nada físico y que no entiendo nada de ajedrez — bufo. Horas, dice. Me da algo.
-¿Ninguna? ¿Y te dijo todo eso sin preguntarle nada?- Travis puso cara de incredulidad absoluta ante aquello –Joder, pues debes de ser un interrogador terrorífico para que la profesora Conradina hablara tanto… Igual te estás equivocando de futura profesión y deberías ser... "policía"- bromeó éste, acompañándolo de una sonrisa pícara.
-¿No has dicho que no querías saber nada sobre ello?- y le sacó la lengua en broma. Ya tenía las manos bien secas. No podía decir lo mismo de sus pantalones.
-Bueno, el récord está en 20 horas en 1989. Eso sin contar la maratón de 2015 de los noruegos que duró unas 40 horas- contestó éste, tratando de recordar las más largas de la historia que él supiera –Pero tranquilo- añadió en tono conciliador –Eso solo pasa entre grandes jugadores internacionales. No es el caso. La media suele ser de una hora y media si ambos jugadores son buenos. Menos si uno de ellos es un petardo.
Viendo la cara de Oliver de agobio ante la perspectiva de estar en las gradas sin hacer “nada”, suspiró resignado de forma involuntaria.
-Oye, no hace falta que vengas si no quieres. No pasa nada. Tampoco es como si estuviera acostumbrado a que venga nadie a verme. No es ningún drama. Antes solo lo hacía mi hermano y se quedaba siempre sobado a la media hora. Lo peor era la babilla cayéndole por el lado. Así que no vengas y ya- dijo con toda la indiferencia que fue capaz -De todos modos, hace dos años que no compito en serio. No te vas a perder nada extraordinario. Si juego esta tarde es por culpa de Johnson que me ha metido sin aviso previo y pasándose por el forro nuestro acuerdo. Así que no es importante- se encogió de hombros.
-Bueno, será mejor que vaya tirando, tendré que prepararme mentalmente para lo que sea que me caiga encima esta tarde- sonrió levemente.
Estuve con el cejo fruncido mientras decía aquello sobre las preguntas sin entender nada aún. Aunque la culpa es mía porque "no quiero saber nada" así que decido dejarlo estar por ahora. Odio todo esto, con lo fácil que sería ser un chico normal y preocuparme del siguiente tema: la partida de ajedrez de un buen amigo. ¿O de mi mejor amigo? Desde luego, con Travis podía ser yo mismo y hablar de lo que me apeteciera, cosa que con Markus no.
Tras soltarme toda esa retahíla sobre que no hacía falta que fuera, que su hermano también solía dormirse y blablabla... Se gira, despidiéndose, para irse. No me queda más remedio que avanzar tras él para detenerle.
—Espera, espera... Quiero ir, ¿vale? Y tú deberías decirme: "oye, idiota, tienes que ir y demostrar cosas como lo hago yo yendo a verte a ti jugar a ese estúpido deporte". Es importante para ti, aunque digas que no es nada extraordinario y que no me perderé nada. Quiero ir — repito — Estoy intentando ser buen amigo, a saber por qué, así que échame una mano, ¿quieres? — añado en broma — Iré. Y no me dormiré. Prometido.
Le sonrío y doy un paso atrás para indicarle que ahora sí que puede irse.
-Ehm… ¿vale?- respondió Travis algo dubitativo, con una sonrisa levemente forzada. No entendía que le estaba picando a Olie en ese momento.
-Pero luego no me eches la culpa por aburrirte o despertarte con el cuello torcido y dolorido por el asiento incómodo en el que te has quedado sobado- se encogió de hombros con indiferencia –Y por favor, si realmente vienes, no ronques, tío- bromeó éste –Se oye todo en el auditorio- soltó una carcajada por lo bajo.
-Hablamos luego- se despidió con un gesto de cabeza y sonriendo sinceramente. Tras eso, volvió al interior de la cocina y del comedor para ver si habían acabado de limpiar el desastre o no. Con suerte, le quedaría suficiente tiempo libre para poder aislarse un poco antes de la exhibición de Ajedrez.