-Ehm ok- cogió el teléfono de Oliver. Escuchó la voz cálida de Felicia al otro lado.
-Ei- sonrió levemente al saludarla, aunque ella no podía verlo, claro. Casi mejor.
-Sí, te lo mando por mensaje, no puedo decírtelo por aquí- contestó brevemente –¿Estás bien? Ten cuidado si te lo topas. No sabemos si solo sabe hacer esa cosa o sabe hacer más. Por si es lo segundo, mejor escóndete hasta que lleguemos. Los Abuelos son cool. Y no nombres donde estás mientras hablamos, por favor. Sé que suena raro, pero ya te lo contaré cuando nos veamos…
Farhad Heydari.
¿Donde estás exactamente? No te arriesgues. Es probable que tenga más trucos de magia o que use a Nirvana contra ti. Ten cuidado. Actúa solo si es imprescindible. Si no, espéranos. La abuela de Nirv es como ella. O algo similar. Doblega la realidad a su antojo. O algo así.
Todo este misterio no hace nada bueno por mi creciente curiosidad por la situación de los chicos, todas mis preguntas agolpándose al final de mi paladar.
— Sí, estoy bien, es sólo que el sitio es un poco “almacén de cadáveres de asesino en serie”… —decirlo, a la vez que miro el edificio, consigue que me estremezca con violencia. Me abrazo con el brazo que no me sostiene el móvil, empezando a caminar un poco alrededor hacia la entrada que había visto. — ¿Qué abuelos? —una vibración. Debe ser el mensaje con el nombre del tío. Oh y hay más. — Vale… Escucha, creo que veo luz en la parte de atrás, ¿no es posible que haya llegado incluso antes que yo? Sé que es arriesgado pero no estoy cómoda dejando a Nirvana en manos de ese hombre más de lo necesario…
Pues claro que preferiría esperarles y hacerlo juntos pero incluso en avión son ocho horas en las que podría pasar de todo. Si la abuela de Nirvana de verdad doblega la realidad también llegarán ellos antes. Menudo predicamento. Pongo el manos libres para poder responder al mensaje.
Voy a quedarme un ratito por aquí a ver qué observo, o si aparecen sus abuelos, pero iré buscando algún lugar cercano que usar de base. Es probable que tenga que pedirle a mis padres que hagan una reserva en mi nombre.
Si eso sale bien os enviaré la dirección para que tengáis a dónde ir al aterrizar.
-Shit…- murmuró Travis por lo bajo –Los de Nirvana- contestó brevemente. No quería decir más de la cuenta estando en el interior de un avión atestado de normies.
-Ko qa. No lo sé. No conozco las normas, no sé cuántos puede pedir. No sabemos su plan final. Por favor, ten mucho cuidado…- no iba a ser el marichulo que le dijera que no fuera hacia la luz y el peligro evidente sin su ayuda, como si fuera una damisela en apuros, incapaz de protegerse a sí misma. Probablemente, ella acabaría siendo la que lo defendiera a él y no al revés. Era una bruja y él apenas era capaz de empujar una estúpida bola de Bowling ya puesta en marcha. No era material de héroe precisamente.
-Nin~ Silinoke kanola- rectificó abruptamente -He de colgar. El avión va a salir ya.
Colgó la llamada y envió unos últimos mensajes antes de devolverle el móvil a Oliver.
Ok. De nuevo, vigila mucho. ¿Hablaste con tus padres? ¿Y no han mandado a los SWAT? Joer, que suerte… Nos vemos allí en unas horas (¿)
Eso es lo que me vendría bien averiguar de esta expedición, ¿no? Conocer al enemigo, quizás hasta descubrir sus planes. Nadie captura a un genio si no tiene algo que desee con desesperación, y la desesperación a menudo va de la mano con la obsesión. Poder acceder a su vivienda en su ausencia sería perfecto para eso.
Las cosas no pueden salir perfectas como en un guión bien trabajado. La luz en la ventana despierta tanta intriga como respeto por la posibilidad de que se trate de su habitante legítimo. Si fuera su familia, cambiaría algo? No creerían a una extraña a la que de costumbre toman por loca.
A lo mejor Travis tiene razón y no debería correr un riesgo innecesario sin ellos, pero...
No alcanzo ni a despedirme cuando él cuelga abruptamente pero no tarda en entrar un último mensaje en la conversación con Myers que claramente es de él. Sonrío sola, tecleando deprisa una respuesta que a lo mejor no verá tampoco en ocho horas. Luego pienso que es más probable que lo vea Myers antes que él al ser su móvil y borro el último antes de enviar mi ubicación a mis padres como prometí y ponerme a buscar hoteles y hostales cercanos.
Nuestro lenguaje de amor es la honestidad. Mientras mantenga el contacto y regrese a casa les parece bien que tenga asuntos que resolver.
Espero que no os metáis en líos con vuestros padres por este vuelo!
Fly safe!
En el timbre había dos apellidos:
Visser
Heydari
Estaba en el lugar correcto.
Felicia encontró hostales y hoteles en las cercanías, aunque los que le dan más confianza están un poco alejados, más cerca de una avenida principal.
Mientras hacía la reserva online, una mujer se le acerco por detrás. antes que verla la olio. vaya que si la olio. Parecía no haberse bañado en meses y el olor predominante era el de meado. Era una mujer mayor, llena de arrugas y alguna cicatriz, Le faltaban más dientes de los que quedaban. Le digo algo en idioma mendiga esquizofrénica con mono que no entendió y se le echo a llorar extendiendo la mano. Había granjas de setas con menos hongos que aquellas uñas y tenia varios marcas de pinchazos por el brazo. Entre sollozo y sollozo intercalaba alguna patada a la acera acompañada de un grito violento.
Podría probar. Es posible que la luz no sea del piso de Heydari, que sea el otro, que le esté dando demasiadas vueltas y esté perdiendo valioso tiempo con dudas. Encima el asunto de conseguir habitación, que parece que si no lo hago pronto no podrán hacerme check-in hasta la mañana. Excepto, claro, si opto por uno de estos hostales…
Dándole vueltas a mis opciones recibo el susto de mi vida cuando un fuerte olor a amoníaco se cuela sin aviso en mis narinas, justo antes de sentir su presencia en mi espalda ya sensible de tantas malas vibraciones que me da este lugar. No estoy nada acostumbrada a los mendigos; los pocos que he tratado en Old Truce o Marietta son tranquilos y generalmente amables pero esta mujer está muy dejada de la mano de sus dioses. Me da muchísima pena incluso si me pone los pelos de punta.
Seguro que tengo algo de suelto para ella en el bolso.
— Espere un momento, por favor, le daré unos dólares… —le pido, retrocediendo una distancia de seguridad para mi físico y mi sentido del olfato. Tengo dólares sueltos fuera de la cartera; uno, dos… ¡Tres! Tampoco es que sea asunto mío lo que pueda hacer ella con tres dólares.
Cuando le dio el dinero, la mendiga la intentó agarrar de la muñeca. Pero Felicia tenia buenos reflejos y se apartó a tiempo. Las monedas rodaron por la calzada. La mujer le grito más cosas, algo del gobierno y de unas naranjas y luego se tiro de rodillas al suelo a buscar a tientas las monedas mientras lloriqueaba de nuevo. Al levantar la vista y no ver a la joven se olvido por completo de ella y se marchó hacia unas tiendas de campaña que había montadas en la acera calle abajo.
Motivo: Reflejos
Dificultad: 0
Habilidad: 12
Tirada: 3 3 4
Total: 3 +12 = 15 Éxito
No habitúo a chillar. Una vida de películas de terror me han preparado para los sustos más impredecibles (siendo este de los más baratos y predecibles), y aún así he chillado como si me hubieran pisado cuando la sin techo ha hecho el amago de agarrarme el brazo. He brincado como un gato hacia atrás también. En todo ese segundo y medio la mujer ha recogido las monedas que me había tirado de la mano con el amago y corrido calle abajo. A mí el corazón me golpea el pecho y las orejas todavía cuando de ella solo queda un recuerdo difuso de orina y ranciedad.
¿Esto es normal en LA? Es muy triste...
Compruebo que mi teléfono sigue en su lugar y luego vuelvo a mirar hacia la ventana encendida, por si me hubiera perdido algo. Tengo que tomar una decisión, ¿pero es cobardía o supervivencia si decido esperar? Salir airosa de este encuentro me ha envalentonado un poco. Tengo al menos que saber si ha llegado el secuestrador desde Ohio o estoy perdiendo mi tiempo.
Antes de hacerlo confirmo la reserva en un hostal para una habitación de tres camas. Quepo de sobras en una cama infantil y en un principio debería poder hacer check-in yo sola mientras use la tarjeta de crédito de papá. Arreglado esto, me acerco al timbre y llamo al de Heydari.
Felicia estuvo yendo y viniendo, ya que las luces estaban encendidas al otro lado de la calle. Había varios edificios iguales uno junto a otro. En la fachada que daba a la calle eran un comercio en la parte inferior con una puerta privada lateral y un gran ventanal en el segundo piso. En la fachada posterior, que daba a un gran patio que era un parking publico, eran puro muro en la planta calle y ventanas pequeñas en la parte superior. Allí había un par de luces encendidas.
Una voz masculina con un marcado acento californiano contestó:
—¿Quién es?
Ay Diosa, que mal rollo...
— Buenas noches, estoy buscando a... —madre mía, tengo que revisarlo en el móvil porque no me acuerdo bien del nombre. Suena formal pero dulce, Feli. — al señor Farhad Heydari, ¿se encuentra en casa?
—Pasa
Le abrieron la puerta sin pedir más explicaciones. Dentro solo había una escalera estrecha que subía hasta la puerta de la única vivienda. Un tipo la abrió y salio a la escalera. Era un señor que rondaría los treinta y muchos o cuarenta y pocos. Pelo teñido rojo y peinado en una cresta, nada exagerado como una mohicana. Iba descalzo y una cadena salia de uno de sus bolsillos hasta el cinturón, Tenia dilataciones en las orejas, una muñequera de cuero y un pierzing de septum. La camiseta era un Rick (de la serie de animación "Rick and Morty") haciendo peineta a dos manos, aunque cientos de lavados habían cuarteado el dibujo.
—Hola. Farhad se fue hace una semana de vacaciones. No me dijo a donde ¿Te puedo ayudar en algo?
Tras él se veía un salón-cocina amplio aunque bastante viejo y desmejorado. Como diría el padre de Felicia: "Un espacio lleno de oportunidades" que significaba llamar a los albañiles y que se liasen a mazazos. La decoración de las paredes eran posters y cajas de vinilos a partes iguales. Todos grupos punkis o de rock muy duro.
No sé por qué he subido, supongo que por no decir que no ni dejar al hombre que me había abierto tan amablemente la puerta a posibles respuestas con la mano en el pomo, literal. Lo he hecho con congoja, un nudo estomacal rebotando con cada escalón que trepaba. Y al llegar a la planta superior, a la puerta abierta y ante la presencia del dueño de la voz del interfono me siento menos ansiosa. No lo sé, no me inspira nada de desconfianza, pese a lo descuidado tiene un estilo molón para un adulto, y hay vinilos la mar de chulos en la pared que llegó a ver desde el rellano.
Tengo que ser formal, me repito, y no despertar sospechas. Sólo soy una dulce muchacha inofensiva que busca a alguien, ¿pero para qué? Ahora al menos sé que lleva una semana fuera. Eso no garantiza que no pueda aparecerse aquí en cualquier momento ahora que tiene un djinn en una lámpara.
— Entonces supongo que tampoco dijo cuándo volvería... Pensaba que ya estaría aquí —trato de pensar en una excusa, un motivo que a la vez no levante alarmas si Farhad regresa en mi ausencia. Tampoco sé hacer amigos, es mucho pedirme... Lo único...
Me inclino hacia el lado con las manos cruzadas a mi espalda, curiosa.
— ¿Eso es un doce pulgadas original de London Calling de The Clash del 79?
Gracias Travis por la reciente visita a la sección de vinilos de la tienda de música.
Motivo: Persuasión? Vida social I guess
Dificultad: 0
Habilidad: 0+7
Tirada: 6 10 10
Total: 6 +7 = 13 Éxito
—Ni idea. Es tan educado como hermético, ya sabes...
Se volvió sobre su hombro y miró el disco.
—Sí. Tienes buen ojo para ser tan joven. Lo compré en un viaje a Londres por cuatro perras. En un mercadillo de calle. Una señora vendía todo lo que tenia por casa de su ex-marido y no sabes las joyas que tenía. Mira este se lo compre también a ella. Por cinco libras los dos.
Se hizo a un lado y señaló el Disco Ramones, de la banda Ramones de 1976.
—Lo siento si no puedo ayudarte. Es un poco raro que justo después de encontrar por fin la tumba de su hermana se marche fuera de la ciudad. Yo esperaba que después de encontrarla se dedicaría a limpiarla y llenarla de flores, no que se largase. Después del coñazo que ha dado con su hermana siempre.
Le sonó la alarma del móvil
—Perdona.
Se fue a la cocina y retiró una cazuela que humeaba al fuego
—Oye entra y cierra. Este barrio se ha ido a la mierda con el fentalino de los cojones y no me gusta tener la puerta abierta ni que haya luz en la escalera.
Mientras hablaba caco un escurridor de un armario
—¿Y tú de que lo conoces?¿Estás también en sus movidas de tarots y péndulos?
Si es que no hay nada como la música para entrar en los corazones de la gente. Es una lástima que no hayan dado tan buenos resultados hasta ahora pero tampoco creo que sea una coincidencia que el universo ponga en mi camino a otros amantes del viejo punk rock. Me consigue entrar en la vivienda, vaya. Como me pide, paso y cierro tras de mí sintiéndome de inmediato ya más segura que en la calle.
— ¡Oh sí, los mercadillos en Londres son una pasada! Hace muchos años que no regreso a la vieja patria pero de verdad que la gente nunca sabe lo que tiene acumulando polvo en sus casas centenarias —es un pequeño sueño mío pasear un domingo por Portobello y llenarme bolsas enteras de antigüedades victorianas. También lo es un día entero de compras en Camden. En el fondo no sé cómo me sentaría volver a Londres…
Le sigo unos pasos, aunque no va a alejarse mucho aunque se quede en la cocina terminando con lo que sea que se esté haciendo de cenar. Me siento una maleducada y aún así no puedo irme, no cuando parece tan dispuesto a hablar.
— Yo no… sabía que había encontrado la tumba… —por suerte no tengo que forzar mi expresión sorprendida; esto es información nueva y relevante. — ¿Y se marchó justo después? Es muy extraño…
Eso no lo es tanto. Obviamente debe estarse aferrando a cualquier hebra que le conecte con una hermana fallecida, incluso si esa hebra es la existencia de un djinn. Las personas, por la familia, harían cualquier cosa.
— Ehm sí, disculpe... —aprovecho para sacarme de dentro del cuello del vestido mi colgante de nudo de bruja. Si Farhad también conoce de esto es posible que él, amigo, compañero de piso o lo que sea, lo reconozca también. — Mi nombre es Felicia, no pretendía ser maleducada.
El tipo asintió al ver el colgante, aunque no por reconocerlo (De hecho no formaba parte del tipo de objetos que su compañero de piso empleaba) sino por entender que, en efecto, Felicia era parte de ese grupo de personas con fe en lo oculto y, por tanto, tragándose del todo que era una amiga de este.
—Si. Al final, tras darle vueltas y vueltas con el péndulo y recorrerse todos los cementerios del condado, encontró la tumba. Lo siguiente que hizo fue cogerse vacaciones y esfumarse. A lo mejor necesita despejar la mente. Tiene que ser horrible que un día tus padres te digan que tu hermana ha desaparecido durante una guerra y no saber nada más de ella. Aunque lo del secuestro y demás no me lo termino de creer. Con todos mis respetos a vuestros grupos ocultistas.
Escurrió los macarrones y los volvió a echar en la cazuela. Del armario saco dos botes de salsa precocinada.
—He cocinado de más. ¿Tienes hambre? Las opciones son carbonara o boloñesa.
Hermana desaparecida en una guerra, Irán está en la región de Arabia… ¿Secuestro? Claramente no se refiere al de Nirvana; ¿de la hermana? Si cree que está retenida en algún lado recurrir a un djinn no es tan arriesgado (no encontré nada concreto al respecto pero como ley mágica básica no se puede revivir a un muerto). ¿Entonces la tumba que encontró estaba vacía o no? Tantas preguntas…
Me he quedado meditativa, jugueteando con mi colgante entre los dedos y la mirada perdida en su forma de escurrir la pasta. Ahora que lo dice sí tengo hambre; con todo lo ocurrido no había pensado en comer nada. Pasta calentita estaría muy bien.
— No quisiera molestar, que bastante tarde he venido —sonrío de lado, mordiéndome el labio por dentro. Tengo que comprarme algo de camino al hostal antes de que cierre todo. — Ya ha sido muy amable invitándome a entrar tal como está el barrio y debería regresar. No me quedo más tranquila sabiendo que ha desaparecido también de su piso pero sólo queda esperar que regrese…
Se me ocurre algo de repente justo cuando me decido a marcharme.
— ¿Por casualidad… no le habrá visto un libro sobre mitología árabe? Se lo dejé hace un par de semanas y quería recuperarlo…
El tipo soltó una carcajada.
—¿Libros? Es lo único que tiene en su cuarto, pero ni idea. Tendrás que esperar a que vuelva. Los libros que trajo de su país se los ha llevado. Vaya vacaciones irse a leer libros viejos sobre genios. Pero cada uno elige su veneno.
—El barrio siempre fue pobre, pero con esta ultima oleada de drogadicción,... da todo pena. Puto sistema opresor.
Cuando Feli estaba casi saliendo, el tipo se acordó de algo:
—Oye. Dile al grupo de amigos esótericos que si hacemos colecta para comprar unas flores o algo para la tumba de su hermana algo puedo poner. Aunque no me dijo la tumba. Solo sé que es en el cementerio (NOMBRE DE CEMENTERIO LUEGO BUSCO QUE ME TENGO QUE IR) No creo en la vida después de la muerte y vuestras cosas, pero el tipo es el mejor compañero de piso que he tenido hasta ahora.
Es posible que cualquier libro con verdadera información (quiero decir, útil para este caso) se lo llevara Farhad para la búsqueda de Nirvana, inutilizando mi idea. Eso no quiere decir que no sienta curiosidad por otros libros que pudiera tener pero creo que es lógico asumir que si no se los llevó no le servirían para su propósito de capturar a un djinn. Además seguro que están la mayoría en farsi; ¡me faltan horas en el día para aprender idiomas!
— Es culpa de la inflación —eso es lo que suelen decir los adultos ahora, ¿no? Podría decir que es culpa de Biden pero sin saber la afiliación política de con quien hablas es jugarte el cuello innecesariamente.
He dado con un muro aquí. No conseguiré mucho más hoy y yo sola. Me ajusto la falda y la tira del bolso.
— Ha sido muy amable, se lo agradezco. Que pase buena noche.
Cuando iba a salir por la puerta me deja un dato extra muy importante. No sé exactamente dónde queda ese cementerio pero lo anoto deprisa en mi móvil para no olvidarlo y buscarlo con más calma. Es más probable que vaya directo al cementerio cuando llegue a California si lo que desea tiene que ver con su hermana.
— Lo miraremos, pero con algo de suerte Farhad regresará antes —giro la cabeza con una sonrisa algo apenada. No me gustan las promesas vacías y no puedo prometerle que haré llegar ese mensaje a los amigos del secuestrador. Este es un buen hombre y lamento mucho el engaño. — De nuevo gracias.
Con un toque de cabeza, ahora sí, salgo del piso y bajo las escaleras deprisa para buscar algún supermercado de camino al hostal.