Isabel lo condujo de la mano hasta las escaleras que descendían al sótano. Estaban en el viejo edificio abandonado de la empresa que había explotado las minas hasta su agotamiento. Encendió una linterna y lo guió entre habitaciones abandonadas: archivos, vestuarios, cuartos de calderas,...
—Sé que no te he dicho una mierda, gracias por venir conmigo. Creo que este asunto te interesa.
Llegaron a una habitación más amplia. Había una mesa de reuniones con unas sillas alrededor. Alguien había cubierto cuatro de ellas con toallas para no tener que tocar el acolchado ya destrozado por el tiempo y la humedad. Isabel encendió varias velas que había por el lugar. La habitación tenia ecos de magia muy poderosa. Estaba llena de defensas de todo tipo y la mesa había sido empleada para varios rituales. Travis podía sentirlo sin esforzarse.
—Quiero que sepas que la decisión de invitarte aquí no tiene que ver con nuestras vivencias personales de los últimos días —se sonrojó un poco—, sino porque... encajas con el perfil.
Saco de su bolso una botella rellena de agua turbia con una mezcla de plantas y semillas.
—Esta es una poción para borrar la ultima hora de la memoria de alguien.
Se sentó en una de las sillas y lo miró. Le acarició la mano un momento mientras reunía determinación.
—La hechicera suprema está aquí cerca. Si quieres reunirte con ella solo dime que la llame y en quince minutos estará aquí sentada. Pero hay una condición: si volveís a discutir como cuando la partida de ajedrez, tendrás que beberte mi poción y olvidar tanto su identidad como el que yo sé quien es ella.
Suspiró y siguió hablando
—Si no quieres meterte en este asunto te pediría que bebieras igualmente y te olvides de que yo puedo contactar con ella. Desde que la alcaldesa ha regresado... no quiero ni pensar lo que le harían a ella si la descubre y lo que me harían a mi por ayudarla o para llegar hasta ella.
Los últimos días habían sido tremendamente raros para Travis. Por un lado, la amistad con Oliver y con Nirvana se había ido por el retrete. Y a Travis no le parecía que tuviera solución (o que quisiera encontrarla, no tenía muy claro eso todavía), sobre todo porque había acabado muy cabreado y frustrado con aquel asalto de medianoche a su casa. Y por otro, bueno, estaba Isabel. Habían sido unos días muy… interesantes y placenteros. Y las cosas con su familia habían mejorado mucho. Su vida ya no era tan mierda, la verdad. Aunque, aún no se había exactamente “atrevido” a llevar a Isa al Iron Horse a conocer a sus otros “hermanos”. Tampoco tenía muy claro si tenían una relación o qué tenían. Le daba demasiado miedo abrir la boca y cagarla de nuevo. Ya tenía dos strikes a sus espaldas llamados Felicia y Nirvana y eso que solo habían sido amigos. Así que, cuando la chica le pidió que la acompañara a aquel sitio, no dudó en aceptar, incluso sin saber a qué iban.
“A follar desde luego que no…”, pensó para sus adentros al mirar el interior del edificio a medida que penetraban en este. Iba a decirle a su guía femenina que no necesitaba esa linterna para verse en la oscuridad, pero se abstuvo. Si era la excusa para mantener la moñada de ir cogidos de la mano, pues adelante, era ciego, sordo y lelo. “Aunque no es que fueran mucho mejores que esto” decidió, recordando los sitios donde sí había practicado sexo. Miró de reojo a Isabel cuando dijo lo de “asunto que te interesa”.
-Hay muchos asuntos que me interesan… -bromeó y sonrió con algo de picardía. Cuando entraron en la sala, se le erizó el vello de la nuca. La carga de magia en aquel sitio era tremenda.
-Shit…- murmuró por lo bajo. Observó con detenimiento el lugar milímetro a milímetro y contó las sillas en uso. A su vez, escuchaba hablar a Isabel. Paró de mirar a su alrededor y clavó su mirada en la joven. Hizo una mueca con la boca, pensativo. Luego enarcó una ceja con la visión de la botella. No dijo nada y esperó a que acabara de dar las “instrucciones”.
-Entiendo.
Respiró hondo e hizo un mohín con la boca. No tenía muy claro que El “Amigo” de los Manitúes Oscuros fuera lo que ellas dos tenían exactamente en mente como “candidato” adecuado a reclutar en su Resistance. Estuvo tentado de preguntar qué cualidades eran esas, pero de nuevo, se abstuvo. Aquello parecía muy importante para Isabel, no quería fastidiárselo siendo el nerd cínico de mierda que nadie quería cerca.
-Auch. Perdón por eso. Culpable. La verdad es que no fue exactamente una pelea. Más bien la provoqué expresamente. Quería que se delatara…- puso cara de “perdón” –Soy un poco ganso, ya me conoces… Como con Caleb. No paro hasta que alcanzo mi objetivo- se encogió de hombros, a modo de disculpa –Sí que quiero conocerla y beberé esa pócima. Soy, sería una brecha de seguridad. No lo haré por ella, si no por ti. No quiero ponerte en peligro. Te ayudaré en todo lo que me pidas, aun no recordando el motivo. Tú solo dime que averigüé el enigma y que lo borré voluntariamente de mi cabeza cuando necesites frenarme, para que deje de indagar de nuevo. Sé mi Memento- sonrió con amabilidad y dulzura.
“Vale, han sido unos días increíbles, al menos después de la pelea con Dixon y Myers. Me conformo con haberlos vivido y ya…”, se reconoció a sí mismo mentalmente.
-A no ser que necesites compartir la carga de… esto, claro. Imagino, no- se rectificó a sí mismo -sé lo duro que puede ser llevar semejante secreto encima- lanzó una mirada a la mesa –Si es así, dímelo y no beberé. No soy malo guardando secretos- sonrió algo torcidamente –Y al menos podrás hablar con alguien más si te sientes, ya sabes, agobiada- recordó los que había estado guardando desde que empezó todo: sus mierdas, las de su hermano, lo de Dixon, lo de Myers, lo de Felicia… Sí, sabía lo que era llevar cargas solo. Y lo horrible que era no poder compartirlo con nadie, no poder desahogarse cuando el nudo apretaba demasiado.
-Pero, supongo que ya sabes que mi naturaleza es algo… rara en algunas cosas. Y ya te dije que tengo “extrañas” amistades… -se quedó en silencio un momento -Haré lo que me pidas- sentenció, sonriendo cariñosamente.
Isabel asintió.
—Me alaga que confíes tanto en mi, Lord Corvus. La acabo de llamar. No sabes lo culpable que me siento ocultandote cosas, pero no quiero que terminemos torturados y muertos.
Se sentó a su lado, enfrentados a las dos sillas vacías.
—Hola Travis. Espero que esta vez nos entendamos mejor. La verdad que la otra vez me sacaste un poco de las casillas. Y encima teniendo que fijarme en mover las piezas como si supiese realmente jugar.
Sonrió
Detras de ella se asomó Caleb.
—Esta vez llevaré yo la voz cantante. He traído vodka y doritos, mucho mejor que piezas de ajedrez, no te ofendas. ¡Y yo soy la hechicera suprema!
Isabel se rió
—No le hagas caso. Él solo es un tercio de la hechicera suprema. Los tres decidimos resucitar ese concepto para nuestra revolución y trabajamos en equipo.
Sonrió un poco.
—Y sois unos putos novatos haciendo hechizos. Sin mí, la hechicera suprema no podría hechizar.
Emma no abrió la boca. Sin embargo, travis escuchó claramente en su cabeza:
"Yo me ocupo del espionaje y la telepatía"
—Yo solo soy un pardillo fracasado sin poderes, pero resulta que puedo comerme la puta niebla. Por desgracia poco a poco. Pero si usamos mi poder en el momento y lugar adecuado, puedes que cambiemos el mundo. Tu cariñito Isabel es el cerebro detrás de nuestro plan.