Travis se había quedado perplejo ante toda la tonelada de información rara que dio Felicia en escasos dos minutos, de lo acelerada que hablaba. Algunas cosas le sonaban de sus búsquedas nocturnas por la Darkweb, pero otras le sonaban a totalmente extraterrestres. Ya le costaba aceptar todo lo que le contó Janice, como para intentar asimilar todo eso de una sola atacada. Los datos que encontró extras sobre la fundación del pueblo y que por supuesto, no se contaban así en la escuela a los niños, en cierto modo, lo cabrearon.
-Shit y así perdimos nuestro territorio… ¿En serio?- murmuró en voz baja mientras leía, entre sorprendido y ofendido. No podía creérselo, sus ancestros y su comunidad no tenían ni donde caerse muertos en el poblado semiilegal del Wayne National Forest y estos putos cabrones compraron a bajo precio su hogar y los echaron a patadas como si fuera suyo. Increíble. Vale, estaba más cabreado que sorprendido para cuando acabó de leer.
-Bueno, mucha casualidad que tuviera esta forma pentagonal- se encogió de hombros cuando Felicia explicó los puntos de unión del pueblo. Y luego ya se le escapó un I told you so cuando Nirvana les enseñó aquel cuento infantil.
-Santuario.
Aunque volvió a cabrearse con la frase conjunta de los avatares del cuento:
Y si otros como nosotros vienen a visitarnos tendrán que vivir en paz con nosotros y con los humanos.
-Ya claro, pero no tuvieron reparos en echarnos y luego plantar sus chozas encima de nuestros muertos.
Vale, definitivamente estaba cabreado con esa gente. Empezaba a ver un poquito mejor el lado de la H.S.
-Por mí que vuele el pueblo entero si quiere- dijo bajito y en tono cínico -Tiene mi voto para presidenta por muy pedante que sea- se echó hacia atrás en su asiento, visiblemente molesto. Ahora ya entendía todo el puto desprecio de su abuela por Old Truce y porque no le gustaba poner ni un pie allí. Al final iba a tener razón en todo…
Como siempre he investigado sola reconozco que mentalmente he desaparecido tan pronto he encontrado mi hilo, no he escuchado nada más que mis pensamientos y me he quedado encorvada sobre mapas y mapas, la regla más grande de mi estuche, un libro de historia de la zona que tenía también mapas y otro de carreteras de los años setenta. Por eso me quité las lentillas antes de venir a la biblioteca, porque me conozco y éste es el motivo porque necesito gafas desde los siete años.
— Lo sabía… —voy mascullando a ratos con cada sospecha confirmada. No he vuelto a la realidad hasta que me han empezado a picar los ojos de no parpadear y de cansancio, me he recostado en el respaldo de la silla frotándomelos bajo las gafas y he visto a Nirvana volver con un cuento. ¿Cuándo se ha ido? ¿Qué hora es?
— Bueno, como os dije, la ubicación de Old Truce no es arbitraria: la avenida está directamente encima de una Línea Ley, y por supuesto, los pueblos indígenas de la zona ya la habían marcado. Necesito mapas más antiguos pero tengo teorías de lo que podía haber bajo esta misma biblioteca, por ejemplo.
Teorías que me callo con la excusa de mirarme el cuento que ha traído Nirvana. Más allá de lo mono de las ilustraciones, el asunto del tratado. Un tratado iniciado en Europa y trasladado al Nuevo Mundo, donde hallaron y fundaron ese santuario para ellos.
Durante la investigación que estaba haciendo me he ido oliendo que sería un tema complicado para Travis como nativo, y para mí como europea. Incómoda a la vez que fascinada por el descubrimiento voy mordiéndome el labio y jugando con mis uñas, paseando la mirada por nuestro despliegue de documentos.
— Tienes razón, es una hipocresía asquerosa por parte de los llamados “diferentes” aceptar dormir sobre las tumbas de otros —concedo a Travis. Puede que haya una pizca de white guilt, pero sobre todo mi aversión hacia la discriminación, el abuso y la falsedad. — Pero lo de la H.S. no suena a esa clase de venganza, su magia de momento parece europea… Cargarse el santuario nos pone en peligro a todos, a ella incluida, si ese era el objetivo de Old Truce.
Cuanto más voy descendiendo en la espiral de dudas más vuelvo a encerrarme en todas mis teorías pasando en oleadas por mi mente. Cruzo los dedos sobre uno de los mapas, de nuevo viajando con los ojos por todo.
— Tiene que ser un tema de ego. Alguien que se hace llamar Hechicera Suprema dudo que sea feliz con la idea de que sea capaz de recordar su magia excepto los que, bueno, “podemos”. Si viniera de alguna de las familias fundadoras debería haber aprendido a respetar la tregua, entonces podría ser literalmente cualquiera…
Mentalmente cansada empiezo a masajearme la sien con la nariz arrugada.
— No me atrevía a hacerlo sola pero tendré que recurrir al registro de compras de la tienda de magia…
No podía sino entender la rabia de Travis. Era una que ella había sentido muchas veces también, y que estaba más que justificada. Luego del abuso sistemático durante siglos, le parecía insensato creer que no tendría repercusiones en quienes seguían sufriendo las consecuencias. Gente como ella, como Trav, como tantos otros.
No quiso entrar demasiado en ese tema, porque se conocía y sabía que acabaría por dejar la investigación de lado. En otros momentos podría considerarlo no solo aceptable, sino necesario, pero entre ellos tres no parecía haber mucha discusión respecto a la nocividad de la intervención colonialista.
—No lo sé. Yo no votaría por ella más de lo que lo haría por Hitler, Trump o Bolsonaro —Alzó ambas cejas. Nombrar líderes que reinaban esgrimiendo odio y miedo siempre tenía el mismo resultado, si bien a distintos niveles de intensidad. Y siempre, pero siempre, pagaban inocentes —No se puede liderar una revolución desde un puesto de privilegio y poder respecto a tus pares. Entonces la revolución deja de serlo, y volvemos al autoritarismo.
»Además, estoy de acuerdo con Felix. No me parece que lo haga por justicia, sino por soberbia o ambición. El peor tipo de persona para darle siquiera un poquito de poder sobre el resto... O para darle magia.
Respiró profundo.
—En realidad, tampoco «tiene» que haber aprendido a respetar la tregua. A nosotros nadie nos dijo quien estaba del bando de quién. Y hay una razón para eso.
»Old Truce tiene reglas. No solo las que pone aquí, sino algunas más.
Quizás debía habérselos dicho, sí, pero las palabras y las acciones nacían cuando debían hacerlo y no antes ni después.
—Si una persona sobrenatural ataca a otra, o a un humano, el consejo puede tomar medidas contra ella. Eso, claro, restando algunos «ataques» necesarios y con otras restricciones. Por ejemplo, los vampiros necesitan atacar para beber de sus víctimas, pero tienen prohibido desangrarlas. Como pone aquí en el cuento.
»Y los ataques no solo pueden ser físicos. También consideran un ataque el estorbar el desarrollo mágico con acciones, como puede ser robar libros de conjuros o cosas así. En cualquier caso, cuando decides asentarte en el pueblo, aceptas al autoridad del consejo. Está implícito.
Lo que prefería enfatizar por sí, llegado el caso, intentaban detener así a la Hechicera Suprema. Era algo que debían tener en cuenta, independiente de la decisión que tomaran.
—Otra regla es que no se puede llamar la atención de los mundanos hacia lo sobrenatural, porque la niebla a veces falla.
El cómo o por qué fallaba quedaba fuera de su alcance.
—Y por último, que es a lo que iba, los mayores tienen prohibido intervenir en nuestro desarrollo. Cuando descubrimos la magia pueden contestarnos solo tres preguntas, como hizo mi abuela, pero no pueden influirnos con opiniones personales o intentar orientarnos en una dirección.
»Así, si dos tipos de criatura tienen algún conflicto, sus hijos podrían crecer siendo amigos y renunciar a continuar con la dinámica que les precedía. Tampoco pueden obligarnos a elegir alguna senda o tipo de poderes, porque debemos encontrar nuestro propio camino. Al parecer, en la vieja Europa los vampiros usaban a su prole como peones en guerras, y las familias de magos se diezmaban unas a otras por cosas que habían hecho sus antepasados y que ya ni recordaban, así que quisieron poner un alto a eso.
En teoría, la idea era fantástica. Solo le quedaba preguntarse qué tan estrictos serían para llevarla a la práctica, o cómo podrían monitorear que nadie intentara influir sobre sus hijos para hacerles sentir de determinada manera.
—La idea es que podamos ser tan libres como cualquiera, independiente de la historia de nuestra especie y las decisiones de nuestros antepasados. Tanto así, que es obligatorio enviarnos al instituto para que conozcamos a otra gente de nuestra edad... Lo que explica por qué ya no estudio en casa. Ahora, claro, nada de eso nos libra de las consecuencias de todo lo que ocurrió en el pasado.
»Por eso creo que, si es una adolescente como nosotros, hay dos opciones. O realmente no sabe nada y se vino arribísima por ego, o alguien más rompió una de las reglas al alimentar su odio. Porque, en realidad, dudo que tres preguntas le dieran suficiente para declarar una guerra sin emociones intensas de por medio.
-Ese era yo siendo extremadamente sarcástico, Nirv. No votaría por esa cretina más de lo que lo haría por el resto de colonos- seguía muy mosqueado por todo eso. No es que no supiera lo de la expulsión. Era obvio. Conocía su historia. Su abuela se aseguró de eso cuando eran niños. Pero joder, ¿unos putos exiliados sobrenaturales? Era excesivo. Del todo.
-¿Revolución? No es la palabra en la que estoy pensando precisamente…- gruñó por lo bajo. Más bien pensaba en el concepto “quemar hasta los cimientos el puto pueblo entero hasta reducirlo a cenizas”. Enarcó una ceja al escuchar todo lo que vino después.
-Alguien ha recibido información extra de vital importancia…- sonrió pícaramente. Aunque cuando acabó, Travis volvió a repasar mentalmente todo lo que había dicho: esas “normas”. Estaba bastante seguro que no se aplicaban a él o a su familia. Ni siquiera estaban en esa tregua de los cojones, por razones obvias. Y tampoco estaba seguro de que realmente hubiera hecho tres preguntas a Janice. Nah. No tendría sentido, no sería coherente que los propios expulsados tuvieran que encima acogerse a eso. Encima de burros, apaleados.
los mayores tienen prohibido intervenir en nuestro desarrollo. Cuando descubrimos la magia pueden contestarnos solo tres preguntas, como hizo mi abuela, pero no pueden influirnos con opiniones personales o intentar orientarnos en una dirección.
Uff esa seguro que no, se la ha saltado de pleno. Ni de coña. Respiró aliviado con aquello. Se sentiría muy decepcionado si hubiera resultado que aceptaban esa mierda de directrices.
-Depende de que haya preguntado. Puede que con tres haya tenido suficiente para encaminarla hacia donde ella quería llegar…- se encogió de hombros –Todo depende de cómo las haya formulado o cuan específicas fueran. Aunque sí tenemos un problema, como bien has dicho. Podrían pensar que nos saltamos las reglas si le paramos los pies. Pero tampoco hicieron nada para frenarla… Cosa que me lleva a pensar que o bien son unos incompetentes, o nos estaban poniendo a prueba. O, mejor dicho, os están poniendo a prueba- y puede que a Olie también. Pero se abstuvo de decir nada al respecto. El único que era un elemento al azar era el propio Travis. Él no formaba parte de la ecuación de los fundadores. Aunque no dudaba de que eran muy capaces de intentar aplicar sus normas si hacía algo que… no les gustase.
Ahora soy yo la que tiene que comerse un kilo de información nueva de golpe, ésta sobre las “reglas” de la nombrada tregua. Por cómo lo cuenta Nirvana suena a información transmitida por sus abuelos, si son normas no escritas.
Comprendo el cabreo de Travis, de verdad, pero preferiría poder enfadarme como él en lugar de la sensación de alien que se me está instalando en el cuerpo. He vuelto a mirarme el cuento pero ni una sola mención de lo que pudiera ser mi gente, ni una pista sobre la explicación de mi existencia. La eterna Extranjera.
Desierto tenía razón, soy un hada. Condenada a no pertenecer, sin vínculos.
Me subo las gafas a la cabeza y me froto los ojos por debajo varias veces, suspirando exhausta.
— Sólo necesitas hacer cinco preguntas para redactar una noticia completa; con tres tienes de sobras para designar a un enemigo y explicar por qué —acabo de frotarme pero me quedo encorvada en mi silla. Se me está empezando a hacer una bola todo este asunto. — Pero Travis tiene razón, no tiene sentido que si existen estas normas hayamos tenido que intervenir nosotros con lo de Carla. Y no quiero ser abogada del diablo, ¿pero nos afectan igual? Nini, tú eres una djinni, los tuyos fueron expulsados de su propia tierra —miro a Travis— y yo soy adoptada. A lo mejor es eso, una prueba. En cuyo caso habría estado bien una explicación en algún momento en lugar de dejarnos investigar a ciegas por nuestra cuenta.
De hecho, como estoy frustrada y dolida, cierro uno de mis libros con el límite de fuerza y respeto que puedo tener por un texto de los años cuarenta.
Nirvana escuchó con atención, aunque acabó por ladear la cabeza confundida ante lo que los chicos decían de necesitar pocas preguntas. A ella no le parecía tan sencillo en absoluto. En cualquier caso, la posibilidad de que los estuvieran poniendo a prueba le pareció tan posible como indignante, lo que resultó en que frunciera el ceño con molestia. Más le valía al consejo aquel que no se tratara de eso, o tendría un par de cosas que decirles.
—Trav, tú también estás asentado en Old Truce. Si «nos» están poniendo a prueba, a ti también.
Aunque fuera parte de una comunidad externa, las reglas decían que si te asentabas en Old Truce estabas sujeto al juicio del consejo. No parecía que hubiese espacio a excepciones por motivos históricos, ni le daba la impresión de que les importara si uno quería ser parte de su evaluación o no.
—De todas formas, estoy de acuerdo con que es una gilipollez, y más aún si no tuvimos ni opción ni contexto.
Suspiró, sentándose por fin.
—Con respecto a las preguntas, no estoy tan segura. Para hacer las preguntas correctas, tienes que saber sobre qué preguntar. Y para saber eso, tienes que haber escuchado al respecto antes. Cuando eres la parte ignorante del asunto y no tienes ninguna pista, cinco o tres preguntas son ninguna.
»Distinto sería si habláramos de que, en vez de preguntar, solo pudieran decirte tres cosas. Entonces sí que le daría de sobra sin duda alguna. Pero si tiene que preguntarlas ella... Me parece que debe haber sabido algo de antes. O alguien rompió las reglas inculcándole odio desde antes de descubrir su poder, o las rompió hablando más de la cuenta.
»O no sabe nada y lo hace por ego, o por vengarse de alguna tontería. En cualquier caso, lo averiguaremos cuando sepamos de quién se trata.
Al final, esa parte era en realidad un ejercicio teórico, pues no creía que consiguieran mucho de adivinar sus motivaciones.
—Tal vez deberíamos buscar en los periódicos recientes. Puede que lo de Carla no fuera el primer incidente, solo el primero del que nos enteramos.
Era peor que ser expulsados de su tierra. Habían literalmente plantado el pueblo encima de terreno sagrado. Pero esta vez se quedó callado y no protestó. Dejó que las dos chicas hablaran libremente sin interrumpirlas más. Enarcó una ceja ante la rectificación de Nirvana sobre los sujetos puestos a prueba.
“Yo viviré aquí y no digo que no quieran saber cuál es mi alineamiento en toda esta historia. Pero me huele que estaba solo encaminado a ver si soy un buen indio que se estará quietecito acatando sus mierdas o bien si seré una molestia como mi…”. Se quedó paralizado antes de acabar ese pensamiento. ¿Y si…? Pero podría ser… Casi ni escuchó lo siguiente que dijo Nirvana. La oía ahí, de fondo, como un murmullo o un zumbido de abeja. Cuando salió de su ensimismamiento se quedó mirando a las chicas, primero a una y luego a la otra.
-Ehm… Claro. Pero para eso habría que mejor mirar en el periódico escolar. En las noticias locales no van a salir los incidentes estúpidos entre alumnos de un instituto. O incluso en los anuarios… - se encogió de hombros con indiferencia. Debía explorar el hilo que fantasmagóricamente se le había plantado ante sus ojos. Y para eso, no necesitaba periódicos ni libros, solo preguntar a la persona correcta. Más, primero debía encontrar pruebas de ambas cosas. Tendría que empezar por las posibles excavaciones arqueológicas o no que se hubieran practicado en el pueblo. Aunque eso lo haría cuando terminasen con lo que tenían ahora entre manos. No dejaba de ser un proyecto personal y no debía entrometerse en el del grupo.
No estoy convencida de todo esto… En todo caso, para la tregua inicial Travis podría incluso ser considerado una amenaza a la misma si su gente no se ató a la misma.
La razón por la que la H.S. haga lo que hace no me preocupa tanto como encontrarla. Si bien nos ayudaría a hacerlo, a plantarle quizás una trampa que la lleve hacia lo que ella desea, no tenemos la suficiente información.
— ¿Y tú has hecho tus tres preguntas, Nini? —pregunto con curiosidad. Si le quedase alguna podríamos ayudarla a plantear una que sea de gran ayuda.
Buscar en la hemeroteca del instituto es otro buen plan pero comenzaremos dando palos de ciego otra vez.
— El periódico escolar está lleno de morralla, pero si algo puedo garantizaros es que no publicamos algo sin haber conseguido antes las pruebas; es lo que tenemos a favor. Otro asunto será la relevancia de lo publicado —ruedo los ojos. — Eso sí puedo hacerlo, no necesito hacer nada ilegal como en la tienda de magia.
Travis había aprovechado cada interludio de las chicas hablando, para tomar notas de todo en la misma libreta de antes. Tanto la información que habían encontrado como la que les estaba dando Nirvana de su propia voz. Entonces vio la hora en el móvil de Felicia.
-Shit. Tengo que irme. Lo siento, señoritas, pero he de marcharme. Toque de queda- recogió sus cosas y las metió en su mochila.
-Ha sido un completo placer. Espero que volvamos a repetir otro día. Si hay novedades en el frente, por favor, hacédmelo saber. Nos vemos mañana en clase- sonrió a las dos chicas y les guiñó un ojo de forma cómplice. Dejó la silla en su sitio y a paso acelerado fue al mostrador de la biblioteca, rellenó a toda prisa un par de impresos de solicitud de dos libros que no estaban en aquel momento en el depósito de la biblioteca: uno de física y otro de química. Se lo entregó al bibliotecario, el señor Miles, y salió a toda prisa de la biblioteca municipal en dirección a casa. Las cosas allí no estaban como para llegar tarde. Se había prometido a sí mismo que se comportaría por un tiempo hasta que las aguas volvieran a su cauce, por el bien de todos.
El bibliotecario, que salia del agobiante ascensor que nadie empleaba con un carrito lleno de libros, saludó a Travis a la que se dirigía a la puerta principal.
—Buenas tardes.
Después se dirigió a la mesa de las jóvenes.
—Lamentablemente vamos a cerrar en media hora. Ya saben que pueden llevarse dos ejemplares prestados si no han acabado sus estudios. Pero, siendo nuestra estimada Señorita Backer una de nuestras usuarias más responsables y asiduas, quizá pueda hacer algo en la base datos para que se lleven cuatro cada una si así lo desean. Como suele decirse: Hecha la ley, hecha la trampa.
Fin