Esto ocurre despues del baile del sabado y despues del encuentro con Isabel collins (domingo) Podría ser el domingo noche o el lunes por la mañana o principio de la tarde. Ese lunes por la tarde es la luna del cazador, la fiesta que Valentina organiza en el campo de golf y a la que ha invitado a max y felicia.
Aunque suene raro que felicia no participe mucho, solo os escribirá algun mensaje en plan coordinar la hora y tal. Max si que puede estar por alli y estar más activo.
(Fuera de juego: no me apetece pnjtizar mucho a felicia y admás pega mucho con su personalidad de los ultimos posts que si empieza a desarrollar sus poderes de golpe pase de todo y esté centradisima en sus rituales y poderes)
El domingo por la noche seguían sin oír nada de Travis. Nirvana estaba un poco inquieta, pero eso era poco comparado con lo estresado que estaba Oli al respecto; había que tomar cartas en el asunto. Le avisó al atleta que la pasara a buscar en quince minutos para invadir a Trav. Había pensado en ir a buscarlo ella para ir juntos, pero no tenía sentido hacerlo cuando la casa del medicine man. Mashkikiiwinini en ojibwa, según le había dicho Wikipedia.
Cuando Oli llegó, Nirv estaba en la hamaca dibujando mientras esperaba. Sin embargo, en cuanto oyó sus pasos se puso de pie de un salto con una sonrisa en la cara y fue hacia él para saludarlo de un beso. Aunque no hubieran aclarado mucho al respecto, no veía razón para contenerse de dárselo. Ya sabía que le daba igual quién los viera.
Una vez llegaron a la casa de Trav, Nirv le mandó un mensaje.
Entrega especial para Don Medesaparezcoynoleavisoanadie. Por favor, diríjase a la cocina y abra la ventana.
Con eso listo, puso la lámpara en el marco de la ventana de la cocina e hizo que los absorbiera a ambos mientras esperaban que Travis fuera a recogerlos.
Ya le valía a Travis. Ni una llamada ni un mensaje al respecto de por qué desapareció. Estaba bien si había tenido algún lío pero al menos podría haberme respondido al ver mis llamadas y mensajes, que digo yo que los vería. Me sentaba un poco mal porque era él el que había insistido en recuperar la amistad, y resulta que cada dos por tres me dejaba al margen de lo que fuera que andaba haciendo.
Estaba a punto de dejarlo por imposible cuando Nirvana me avisó de su plan del domingo noche, y sin preguntar más me planté en su caravana para terminar juntos en la ventana de Travis esperando dentro de la lámpara.
—Más te vale no sacarme de la lámpara porque pienso matarle cuando le vea — le digo a Nini, aunque no era cierto. A ver, ganas no me faltaban pero dudo que llegara a más que darle una colleja por idiota. También esperaba que no tardara en atendernos, porque seguramente el cabreo en mi fuera in crescendo.
Travis hacía un rato que había llegado a casa con Iris. Saw X había sido pasable, al menos se habían echado unas risas con tanto chorro de sangre y equívocos anatómicos. Daba lo que prometía, entretenimiento tonto. Se habían inflado a palomitas en el cine, así que ni cenó al llegar. Le dio las buenas noches a su madre y bajó las escaleras hacia el sótano, su dominio. Necesitaba dormir y mañana madrugar para hacer sus 4 horas de meditación. De madrugada era el único momento seguro del día para que nada le interrumpiera…
Nada más aterrizar en su caótica habitación, se había dejado caer en la cama como un fardo. Y ahí murió temporalmente hasta que la notificación de mensajes lo despertó. Entreabrió ligeramente un ojo para mirar la pantalla de su móvil. Leyó el mensaje pasivo-agresivo de Nirvana.
-Shit…- gruñó por lo bajo. Estaba cabreada. No la culpaba. “¿La ventana?”. Estaba tan agotado del fin de semana que ya ni las neuronas le iban a velocidad media. Se quedó mirando la pantalla un rato, sin saber qué hacer con ello.
-Vale… tengo que levantarme…- masculló entre dientes, con la cara todavía pegada a la almohada. Le costó la vida moverse lo suficiente como para escribir una respuesta.
“Creía que estarías entretenida babeando con Olie. No me digas que me echaste de menos ;P”
Mandado.
Se incorporó de la cama, medio muerto. En algún momento, se debía haber quitado las Converse porque estaban desaparecidas por el suelo. Con la camiseta de manga corta de los Pantera, los tejanos anchos y descalzo subió las escaleras. Medio zombi, se fue en dirección hacia la cocina. Llevaba todo el pelo medio revuelto y despeinado, en su estado natural. Abrió la nevera para coger una botella de agua y luego abrió la ventana. Cogió la lámpara.
-¿Estáis locos, lo sabíais?- dijo con voz soñolienta y cansada, hacia la lámpara, como mirando hacia una cámara inexistente. Y ahora, ¿qué? Lo lógico sería ir a la caseta, pero allí había escaso sitio para dos personas, menos para tres. Suspiró, resignado. Volvió a bajar las escaleras hacia el sótano. Rezó porque la planta baja fuera suficiente cámara de aire para evitar que llegaran las voces a sus padres que dormían arriba. Al entrar en su dormitorio, dejó la lámpara sobre su escritorio y se sentó en su butaca vieja, delante de la mesita-tablero de ajedrez. Abrió la botella de agua que se había traído consigo y dio un buen trago.
-Cuando gustéis…
Bueno, llamar a aquello dormitorio era sobreestimar el sitio. Parecía más un taller mecánico de genio loco con un camastro grande mal puesto en un rincón, al que hubieran volado por los aires por error. Montañas de libros por todas partes, la cama revuelta, alguna camiseta tirada por ahí… figuritas y horror vacui en las paredes, lleno de posters y dos tablones: uno de fotos de sus amigos y con su hermano y otro en plan truecrimeboard. Lo único que no parecía haber pasado un tornado por encima era el escritorio con su ordenador de dos pantallas y la mesa de ajedrez. Estaban impecables.
—No desesperes, te saco en un momento —Le avisó a Oli antes de salir. Sin ella no se podía ver afuera, pero no tardaría más de treinta segundos.
El mensaje de texto no le llegó hasta que salió de la lámpara, pero no lo miró enseguida. En vez de eso fue a Trav, le dio un abrazo fuerte, y se separó dándole un golpecito en su brazo con la palma de la mano.
—Idiota, me tenías preocupada. ¡Podrías haberme avisado que no ibas al baile! —En cualquier caso, no le dejó tiempo de responder —Oli viene cabreado, así que ve pensando como disculparte.
Y con eso sacó a Oliver también.
No me dio tiempo a decirle a Nirvana que me sacara a su vez, aunque la culpa es mía por decirle que era mejor que no me sacara de la lámpara si no quería que matara a Travis, para la próxima debería meterme la lengua en el culo y ya.
Bufo y espero pacientemente, o lo intento; por suerte la hippie no tarda nada en "soltarme".
—¿Estás tonto o qué te pasa? — le espeto a mi colega nada más salir y tenerle delante — ¿Ni siquiera un puto mensaje? ¿En serio? ¿Para esto querías que volviéramos a ser amigos? ¿Para intentar que me implique y luego pasar de todo e ir por tu cuenta? Porque menuda mierda — sigo, sin a penas pararme a coger aire.
Travis se encontró de sopetón con el abrazo de Nirvana y no le dio tiempo a reaccionar como una persona normal. Se quedó algo rígido hasta que ésta lo soltó.
-¿Disculparme?- preguntó, confuso. Entendía que Nirvana pudiera recriminarle algo por lo del baile, pero no lo de Olie. Era verdad que no había cumplido el trato a rajatabla, pero estaba convencido de que el cambio había sido más que placentero para ella. Claramente, era más beneficioso que las condiciones iniciales. Lo que no le calaba era lo de Olie.
Cuando el otro chico salió de la lámpara y empezó a increparlo, la respuesta inicial fue hacer una mueca pensativa, mientras Oliver continuaba diciendo la suya.
-Te mandé un mensaje. ¿Qué más querías?- dijo con indiferencia –Que seamos amigos, no implica que yo sea de tu propiedad. Te recuerdo lo “bien” que les ha ido a todos los antepasados blanquitos del pueblo con los míos, cuando intentaron eso. Te avisé de que no iba. Tengo vida privada, como tú. No sé qué te puede hacer pensar lo contrario…
A Travis empezaba a cansarle que Olie siempre usara las mismas acusaciones cada vez que había algo que no le gustaba de él. Pero no le apetecía nada discutir a esas horas. Estaba cansado. Así que se quedó mirando a ambos, sin más, con indiferencia, esperando a… no sé, algún argumento que le entretuviera más y que justificara que no le dejaran dormir.
-Estoy seguro de que puedes hacerlo mejor, Olie. ¿Venís a mi casa en vísperas de clase solo para soltarme eso? ¿En serio?- añadió con voz cansada. Se puso en pie, como acto reflejo - Ni un estás bien- empezó a caminar por el sótano, dando vueltas y gesticulando con los brazos -te ha pasado algo, como está tu psicosis, ¿la llevas bien? Pues ahora que lo preguntas, pues oye, algo mejor, aunque probablemente mis pesadillas suban de nivel, pero nada que las drogas no puedan arreglar… Al menos ahora ya sé que las voces de mi cabeza eran reales y no “invents” de mi mente- dijo, añadiendo ciertos tintes de cinismo absoluto a su cansancio –Gracias por preguntar por mi salud física o mental o por mi familia. Es muy amable de tu parte, se nota que eres un gran amigo, siempre te preocupas tanto por mí… Pues mira, es que en la Reserva no hay cobertura, es lo que tiene vivir en la miseria absoluta, sin agua corriente, con un cableado eléctrico deficiente, que si no sale ardiendo un día el poblado será un milagro, o sin servicio médico ni nada de nada… Eres un gran amigo- le dio una palmada en el hombro –De verdad. Y yo un indio de mierda del que no te puedes fiar, un puto banditti*- sonrió burlonamente –Y ahora, si solo habéis venido a esto ya podéis iros tranquilos. Estoy bien, todo está bien. El mundo es solo un poco más terrorífico que ayer y menos que mañana. Si no os importa, necesito morirme temporalmente en la cama. Apenas he dormido en todo el finde y no tengo las energías para pelear contigo, la verdad.
Se quedó callado, pensando.
-Ah y no me fui por mi cuenta, simplemente a donde iba, no podíais venir. Y no veo cuan interesante podía ser para ambos un asunto puramente familiar, con pañales y potitos implicados.
Nota: banditti es un término despectivo que usaban los colonos blancos estadounidenses para llamar a los indios shawnee por asaltar sus colonias, robarles ganado y caballos... etc, en territorios que supuestamente en los tratados con la Nación Shawnee y el Gobernador yankie, ponía que eran territorio indio que debía ser respetado por los que se asentasen en Ohio. Pero, los colonos ocupaban alegremente lo que querían, pasándoselo por el forro, para obtener más tierra que cultivar. Y así es como llamaban los "milicianos" que defendían estas colonias y "cazaban" a esos nativos "salvajes".
Debo decir que no me esperaba esas respuesta y reacción de Travis. ¿En serio? ¿Para tanto ha sido lo que he dicho? Porque a mi no me lo parece, y menos cuando denotaba claramente que era por pura preocupación.
Y me cabreo, me cabreo tanto que alzo una mano y le saco el dedo corazón. Se acabó.
—Qué te jodan. ¿Me llamas tú a mi psicótico, en serio? ¿Tú a mi? — sonrío de medio lado, bastante frio en comparación con cómo me siento realmente por dentro — Si tantos odias este pueblo de mierda. Y a esta gente de mierda. Y los que, según tú, esclavizaron y mierdas a tu pueblo. Que, por cierto, yo no tengo nada que ver en eso: no sé si tu psicopatía de mierda es capaz de separarlo, porque por tu reacción creo que no. Si tantos nos odias a todos, lárgate a tu reserva de mierda con tus amigos de mierda. Lo mismo así eres feliz, ¿eh? Porque a mi no me llegó ningún mensaje diciéndome que no ibas a venir a la fiesta, la verdad. Pero este amigo de mierda te ha escrito y llamado para saber si estabas bien, eso que me echas en cara que no he hecho, mucho más que tú a mi, que si no nos plantamos aquí ni siquiera sé si estás muerto o vivo. Porque también es de muy buen amigo ver todas mis notificaciones y ni siquiera escribirme un: "estoy bien, tranquilo. Mañana nos vemos y hablamos". Y ahora, qué te jodan — repito — Qué te den, Travis. Paso de ti y de tu mierda. No vuelvas a hablarme en tu puta vida.
Sin añadir nada más, me giro para largarme, subiendo por las escaleras. No le digo nada a Nirvana porque tampoco quiero que vengan detrás de mi. Quiero estar sólo.
Joder. Con lo fácil que se habría arreglado esto con un «perdón por no avisar» y un «no pasa nada, bro».
Nirvana se había quedado estupefacta con la forma impredecible en que había escalado todo y hasta que punto lo había hecho. Sinceramente, no entendía nada. Ni de por qué había pasado, o cómo habían surgido los temas de esclavitud de los pueblos nativos.
Fuera como fuera, no se dio por aludida ante la invitación a marcharse. Y aunque le preocupó la manera en que lo hizo Oli, no tuvo intención alguna de seguirlo. Había poco y nada que pudiera decirle, y sabía que se calmaría solo una vez le diera un poco el aire. Lo que no quería decir que al atleta fuera a dolerle menos o que cambiara de opinión, claro, pero ya le hablaría más tarde.
Se sentó en el suelo, cruzada de piernas, mientras botaba aire por la boca para relajar un poco. Luego sacó un porro, porque seguro le vendría bien tanto a ella como a Trav, pero no llegó a prenderlo.
—¿Se puede, o mejor no? —El olor era fuerte, y no sabía hasta que punto los padres del chico lo permitían.
Travis era consciente de que se había pasado tres pueblos, pero le habían tocado mucho los huevos y encima en su propia casa. Y con el finde que había tenido, la paciencia la había agotado por completo hacía mucho rato. No dijo nada mientras Oliver soltaba sus mierdas, ni siquiera lo de “si tanto te gusta tu pueblo, pues vuélvete a él”. Miró, impasible, como se marchaba, una vez más, enfurruñado porque las cosas no cedían a su deseo. Es lo que hacía últimamente cada vez que alguien decía no a sus malas maneras. Y Travis se había cansado de eso, de comerse sus mierdas sin más.
Se giró hacia Nirvana. Estaba convencido de que ella saldría corriendo detrás de él. Le sorprendió que se quedara.
-El detector de humos está apagado. No te preocupes. No entran nunca aquí mis padres- respondió éste. Continuó mirando a la chica, sin entender por qué seguía ahí –¿Estás segura de que no quieres ir detrás de tu novio?- preguntó, dudoso. Miró hacia el tablero que tenía detrás de su ordenador, luego a su mesa de trabajo llena de cacharros y herramientas, como si buscara una respuesta en ellos. Se mordió el labio inferior y luego respiró hondo, para calmarse.
-Siento mucho no haber respondido a tu mensaje, pero para cuando lo recibí, no estaba en condiciones de contestar, la verdad. Si no hubierais entrado tan a saco, os lo habría dicho. Pero, no me disteis ni el beneficio de la duda ni de explicarme- consiguió finalmente decir con calma y el semblante serio.
Ya que tenía vía libre para fumar, Nirvana encendió el porro y le dio una calada profunda. Mientras mantenía el humo en los pulmones, alzó una ceja a la primera pregunta de Travis cuestionando su pregunta sin decir palabra.
Una vez el chico se disculpó y se refirió a la discusión de hace unos segundos, Nirvana sopló a un lado para botar el humo lentamente. Entonces le ofreció el porro al chico, por si quería fumar él también.
—Oliver estará bien, ya hablaré con él luego —dijo con voz tranquila —. Quería hablar contigo. De asuntos personales y sobrenaturales. Así que primero lo más importante.
Si había aceptado el porro, Nirv lo recuperó luego de que el chico fumara y le dio una breve calada. Volvió a hablar con el mismo tono suave, aunque firme, para comunicar lo que pensaba y sentía.
—Espero que sepas que el rollo que tenemos con Oli, sea más o menos serio, no me hace un apéndice de él y que sigo siendo una persona con opinión propia. Habría apreciado que, al menos, me hubieras preguntado con quién prefería ir al baile en vez de pasarme como paquete sin siquiera avisarme. Quizás, yo te habría dicho que me hacía ilusión ir con mis amigos. O, si no querías ir, habría estado bien que me hubieses dicho eso, que también habría estado bien por mí.
Siendo justos, Travis no la había tratado como otra cosa que una propiedad traspasable al tomar esas decisiones sin consultarle, avisarle, ni darle explicaciones.
Volvió a ofrecerle el porro, por si quería otra calada.
—En cualquier caso, acepto las disculpas por no responder a mi mensaje. Entiendo que no pudieras contestar, desde luego, aunque me hubiera gustado que lo hubieras hecho cuando llegaste a casa entero y bien... por paz mental, más que nada.
Lo que la llevaba también a lo último que le había dicho Trav, sobre entrar a saco y no darle el beneficio de la duda.
—Sobre Oli... Mira, no te voy a mentir, ambos sabemos que Oli no es la persona más asertiva y que, como diría Hermione, tiene el rango emocional de una cucharilla. Y más o menos la misma inteligencia para expresarla. Hasta ahí tiene que hacerse responsable él. Pero... —Y este era un pero importante— Creo que no estás midiendo lo que significó ese silencio radial para nosotros, y lo justificado que estaba para estar así de preocupado. Llevamos dos días sin saber nada de ti, y él estuvo mandándote mensajes y llamándote sin parar desde que llegamos al baile. Preguntamos a otras personas sobre ti, y alguien nos dijo algo sobre que no irías, pero tampoco demasiado y nada de después. Y con las cosas que han estado pasando últimamente, y las amenazas que se ciernen sobre nosotros... ¿Cómo no iba a estar preocupado? Si nosotros mismos nos encontramos con vampiros que iban atacando a muerte en el mismo instituto en pleno baile. ¿Qué nos decía que no te había pasado algo malo a ti también?
»Luego te encontramos en casa, en apariencia tranquilo y bien... No puedes negarme que podrías haber mandando un mensaje al ver los mil mensajes de texto y llamadas que te había dejado Oli, que pensaba que te había pasado algo. Y con esto no quiero subestimar lo que te pueda haber pasado, Trav, entiéndeme. Quizás lo pasaste fatal, y no tengo dudas de que no podías contestar entonces. Pero cuando llegaste a casa, tuviste que recibir la alerta de los mil mensajes y llamadas. Es normal que esté enfadado, porque aunque él te trató como un amigo y se preocupó por ti, tú no le diste la importancia que merecía: treinta segundos para mandarle un mensaje. O, ahora que vino a verte por miedo a que te hubiese pasado algo grave, un simple «perdón por no avisar». Ahí se habría acabado el tema, de seguro. No se trata de propiedad ni ínfulas de superioridad, se trata de amistad y cariño. Estoy segura de que tú también te habrías puesto enfermo de preocupación si Oliver quedara contigo y desapareciera por dos días sin contestar mensajes ni llamadas.
Frunció un poco los labios.
—¿Sabes lo que te digo?
No se puede ver la imagen :(
-No, gracias- contestó al ofrecimiento del porro. Travis se quedó, en silencio, escuchando lo que Nirvana quería soltar desde el segundo 0, nada más salir de su lámpara. Apoyado contra la esquina de la mesa de trabajo y con los brazos cruzados delante de su pecho, puso su mejor cara de póker.
“Y ahora ya sabemos porque se ha quedado”.
-Tienes razón- fue su respuesta inicial –Debí caer en hacer eso. Está claro que soy un inepto para estas cosas. Siento mucho que te hayas sentido “cosificada”, no era mi intención. Solo quise cumplir con la promesa dada y porque sinceramente, creía que lo pasarías mejor yendo con él. Fue un craso error por mi parte y te pido disculpas por ello.
Se quedó callado tras decir eso. Thomas estaría batiendo palmas si escuchara todo esto. Como le reventaba tener que darle la razón. Respiró hondo y trató de buscar un modo menos brusco de llevar aquella conversación. Le estaba costando sobrellevar la tristeza y la ira que estaban nublando su mente a partes iguales.
-Así que vampiros… Cool- dijo sin entusiasmo, mientras clavaba su mirada en Nirvana.
Se quedó mirándolo en silencio durante unos segundos, intentando decidir qué pensar. La disculpa parecía ensayada y casi defensiva, y sin duda no esperaba que un encuentro peligroso lo clasificara como «cool» sin más. ¿No acababa de decirle que iban a muerte?
En cualquier caso, sonrió con la comisura de los labios y negó con la cabeza, restándole importancia a la situación con la graduación. Ella se quedaba conforme con que lo hablaran y entendiera que nadie podía tomar decisiones por ella, no necesitaba más.
Por lo demás, le costaba entenderlo. No porque no pudiera estar triste, enfadado, o porque le faltaran motivos para decirle lo que quisiera, sino porque... Parecía que, en realidad, ni la estaba escuchando ni le interesaba lo que le decía. O lo que intentaba decirle, al menos.
La actitud del chico hasta la tentó utilizar su poder para leer sus emociones. Sin embargo, jamás le haría eso a alguien que consideraba su amigo.
—Trav, ¿estás bien? Es que parece que no estuvieras aquí en absoluto.
Travis continuó mirándola con detenimiento. “No. No estoy bien, pero tú no viniste para eso. Ni tampoco Olie”. Estuvo tentado de soltarle lo que realmente pensaba, pero se vio frenándose a sí mismo. Ya había sido suficientemente cruel antes, no quería volver a serlo. No era una versión de sí mismo que le encantase precisamente.
-No, pero no importa- dijo algo bruscamente -¿Qué querían esos vampiros? Aparte de comer, claro. ¿O fue la profe? Y el baile, ¿al final fue bien?- optó por la conversación más inofensiva. Era eso o acabar explotando en la cara a la chica. Y si eso pasaba, solo terminaría de una manera. Y ya estaba muy al borde de eso.
No había que ser particularmente observadora para notar que Travis estaba molesto con ella también, aunque no acababa de entender por qué. Ladeó un poco la cabeza, frunciendo un poquito el ceño en un gesto de pregunta implícita, pero decidió responder con palabras también.
—Claro que sí importa, Trav —Sonrió con algo de desconcierto —¿A qué crees que vinimos? Si es por contarnos rollos sobrenaturales, podíamos esperar hasta mañana. Nos aparecimos aquí precisamente por saber si estabas bien... No te lo pregunto en vano.
Por hablar, sí, pero sobretodo por eso. Por si acaso, prefirió añadir algo más para que no se sintiera presionado.
—Ahora, si no quieres hablar de eso, lo respeto. No pasa nada —Se llevó el porro a los labios una vez más y dio una breve calada. Entonces se lamió el pulgar y el índice, y con ellos apagó el fuego para guardarse el resto para más tarde.
—¿De verdad quieres hablar de vampiros y bailes? —preguntó, mirándolo a los ojos.
Travis enarcó una ceja, algo escéptico. No era lo que a él le había parecido con aquel asalto a la yugular, por parte de ambos, nada más pisar el suelo de su casa.
-No, tienes razón, de nuevo. No me interesa especialmente el tema Baile y se me quitaron las ganas de hablar de mis experiencias extra-corpóreas con nadie- respondió con indiferencia. Miró con tristeza a Nirvana. Aquello no le parecía que tuviera una salida, al menos no una buena. Suspiró con resignación.
-Voy a serte completamente sincero- respondió con voz cansada y triste -Si me hubieras dicho primero eso, en vez de lo de “ve pensando una buena disculpa”, te habría contado todo lo que me ha pasado y más, como buenos amigos. A ambos. Pero, en cambio, optasteis por usarme como excusa para vaciar toda la mierda y miedos, que lleváis dentro, encima de mí. Y no te molestes en negarlo. Seré un inepto social, pero no idiota- cuanto más hablaba, más cansado se sentía y menos tapujos tenía. No tenía ya ni ganas de intentar justificarse ni nada. Es que ya le daba todo igual.
-Echo de menos la Nirvana del primer día de clase- añadió, con sinceridad en la voz -me gustaba más esa versión de abraza-árboles y paz mundial. Al menos, esa otra tú me habría dejado explicarme antes de exigirme disculpas y no habría dado por sentado, que no tenía motivo alguno que justificara mis 24 horas de radio silence. O es lo que quiero creer, porque es lo mismo que yo habría hecho por vosotros, daros el beneficio de la duda antes de pegaros la bronca- se encogió de hombros, con indiferencia. No es que creyera que iba a servir de nada todo aquello, pero era eso o echarla de su casa a patadas. Y esa era una decisión que le estaba costando tomar...
Aunque apreciaba la sinceridad del chico, el tono era una cosa distinta. Y, por supuesto, no solo no estaba de acuerdo en absoluto con él, sino que tenía opiniones bastante fuertes sobre su punto de vista. Sin embargo, Nirvana ya tenía guerra suficiente fuera como para además ir declarándola a quien se suponía que fuera su amigo.
—Travis, lo primero que hice fue abrazarte y decirte lo preocupada que estaba —Dejó que calara eso un segundo —. Te he dicho una y otra vez que no desmerezco lo que te haya pasado este fin de semana, que seguro fue grave, y que quiero escucharte.
Se humedeció los labios, pensando bien en qué decir. No quería seguir el ejemplo de los dos chicos, que hablaban antes de pensar llevándose a quién fuera por delante. Por lo mismo, mientras hablaba, lo hacía con un tono suave, que esperaba hacer entender más que provocarlo.
—Te he preguntado varias veces si estás bien, qué te pasó, y hasta me quedé contigo luego de la cantidad de insultos que le soltaste a quién se suponía que era tu amigo. Insultos que, si es por ser completamente sinceros, me parecen ofensivos no solo para él sino que para tu propia comunidad. Yo me cortaría la lengua antes de comparar la preocupación de un amigo con el sufrimiento que provocó la esclavitud en los míos. Me cortaría las manos antes de señalar con un dedo a quien estuvo a mi lado antes de compararlo con los responsables de los genocidios en África o Medio Oriente, que ocurrieron mucho antes de que él, o su padre, o su abuelo, hubieran siquiera nacido. Me daría vergüenza que cualquiera hablara de mis antepasados y los usara para una minucia así de absurda como tú usaste a los tuyos. Y más aún cuando tú mismo deberías reconocer que hay un problema bastante presente entre la población nativoamericana: las desapariciones, de las que la policía pasa como la mierda. Tú tienes amigos preocupados, que te buscaban sin parar, que habrían quemado la comisaría si no volvías hoy, que son conscientes del peligro presente que corre tu comunidad. Pero tú decidiste que uno de ellos te veía como un esclavo.
»No te voy a negar tu herencia ni tu cultura, porque son tuyas en todo derecho, pero te voy a decir una cosa: de nosotros tres, el único que se mira en menos por su sangre y que le atribuye la responsabilidad de todos sus males eres tú mismo. Ni Oliver ni yo te miramos en menos por ello, como nadie debería, y siempre te hemos tratado con el respeto que te mereces. De hecho, me atrevería a decir que no hablo solo por mí cuando digo que ambos iríamos a la guerra por ti si alguien te menospreciara.
Apretó los labios, tomándose un momento. Al final igual había acabado cabreándose un poco, pero es que era imposible no hacerlo cuando pensaba en la actitud que mantenía el chico.
—Tú no eres el único que sufre, pero sí el único que no deja de pensar solo en sí mismo. No sé si has pensado bien en lo que todos hemos dicho hoy, pero el único que se ha vaciado mierda, miedos e inseguridades has sido tú mismo. Oliver se marchó sin más, yo me quedé e intenté mediar. Tú eres el que se empeña en culparnos de todo, cuando hemos sido los únicos que nos aparecimos en tu casa solo para ver que estuvieras bien.
»Nosotros no fuimos los que llamamos «cool» a que estuvieras en peligro, como sí hiciste tú. Yo no he tenido experiencias extra corpóreas, pero sí llevo unos días horribles y tú no me has preguntado cómo estoy ni una sola vez. Aunque no te importe, te lo cuento igual: Me enteré de que mis padres fueron asesinados, de quienes fueron los asesinos de mis padres, y de que probablemente vengan a por mí también. «Cool» o no, estoy cagada de miedo, de rabia, y con el puto corazón partido en dos. Y pienso recibirlos con un fuego mil veces más ardiente que aquel que usaron para prender en llamas a mis padres y marcarme con cicatrices.
En realidad, hablando de si vendrían o no, más que «probable» era seguro. Sin darse cuenta, la piel le ardía otra vez y en los ojos le bailaban llamas.
—A todo el mundo le gusta la Nirvana que cierra la boca, no opina, y no dice nada a nadie, pero pensé que tú entre todos sabrías desde el primer día que esa Nirvana no existe. No hay un mundo donde vaya a quedarme callada si alguien me trata de una forma que no me parece justa, ni un mundo donde no vaya a decirle a un amigo que la está cagando antes de que sea demasiado tarde.
»Lo cierto es, Trav, que sí nos preocupamos por ti. ME preocupe por ti. De hecho, aún me preocupo por ti, porque no sé qué coño te pasa. Y aunque te pregunté varias veces si estabas bien, o si querías hablar de lo que había pasado, has sido tú quién me ha tratado como una extraña sorda, ciega y, por lo que dices, preferiblemente muda.
Se puso de pie con un suspiro, y caminó hasta su lámpara para tomarla.
—No sé si sea en un día o un año, pero yo me iré de aquí. Este pueblo me importa tanto como el siguiente, y no tengo nada que perder o que ganar con lo que pienses de mí. Vine aquí porque te quiero, y porque estaba preocupada, así que quería asegurarme de que estabas bien. Me quedé aquí porque sé que no lo estás.
»Sea como sea, cuando vuelvas a pasar por peligros, ten en cuenta esto: Este pueblo no es un santuario, es una trampa. Es lo que le da poder a los que nos odian, y lo que hace que nos olviden. La niebla es lo que borra la historia y da poder y armas a nuestros enemigos en la forma más literal posible, y aunque lo parezca, no es nuestra amiga. Aunque tampoco lo es la hechicera, desde luego.
Se dirigió a la salida.
—Si en algún momento quieres hablar, sabes dónde encontrarme. Si no, lo entenderé también. Espero que sea lo que sea que te pase, busques ayuda en la gente en la que confías para que todo resulte bien. Para que tú estés bien.
»Nos vemos en clases.
Sin más que decir, se marchó por la puerta.