Markus recogió la ropa de Oliver y se marchó despacio, sin dejar de mirar al perro enorme. Cuando los tres se fueron, Oliver pudo tranquilizarse. Su mente seguía siendo la de siempre, pero ahora se mezclaba con unos nuevos instintos. Podía oír y oler toda clase de criaturas que se movían en la oscuridad, evitando a los humanos y hurgando entre cubos de basura o volando entre los árboles. Ahí afuera había un mundo lleno de olores que explorar. Por suerte, la parte humana era la que estaba al cargo.
Concentrándose pudo, de algún modo, revertir los cambios. Era como abrir un paraguas viejo. Al principio iba duro, pero luego los muelles lo hacían todo. Los olores perdieron intensidad conforme la vista recuperaba colores. Empezó a crecer teniendo que readaptar su posición, ya que tenía las puntas de los pies y los nudillos de la mano en el suelo. Pero dejar caer las rodillas para no estirar la espalda como un maestro de yoga no era un gran drama. Poder regresar a su cuerpo era una alegría.
Toda su ropa, incluida la interior, estaba sobre una de las tumbonas. Markus y Claudia estaban mirando a Samantha que se lavaba el cuello con agua de la piscina.
—No hay ninguna herida, pero te juro que estabas llena de sangre.
Miraba el cuello de la otra y le aparto los pelos en busca de una herida sin encontrar nada.
—Que estoy bien, pesados. Vamos a encontrar a Oliver y largarnos de aquí. Ya nos hemos divertido bastante por hoy.
Esto ha sido la cosa más puto loca que me ha pasado en la vida. ¿Cómo ha sucedido? ¿Desde cuándo los vampiros tienen miedo de los perros? Teniendo en cuenta que fuera un perro, claro, porque Markus y las chicas me han tratado como tal. Yo me sentía... No sé, con algunos sentidos muy agudizados, pero tampoco me he visto en un espejo. Joder, sólo espero ser un perro de esos grandes, de los que dan miedo, y no un puto Yorkshire o un Chihuahua; eso sería terrible.
El problema ahora, una vez he vuelto a mi cuerpo humano, es que estoy completamente desnudo y con mi ropa custodiada por mis amigos. Si sólo estuviera Markus, sería fácil, porque nos hemos visto desnudos en los vestuarios y eso, pero las chicas... En fin, supongo que después de haberle hecho frente a una vampiresa, no debería tener reparos en esto, pero... Puta adolescencia. Hablando de la vampiresa, Sam no parece afectada, ni siquiera herida, ¿cómo puede ser posible? Debo hablar con ella pronto, a solas.
Vuelvo a echarle valor y salgo de detrás de la caseta, desnudo, con mi mano tapando mi parte más íntima y aparentando normalidad frente a mis colegas.
–Eeeh... – saludo, intentando pasar desapercibido antes de recuperar mis gayumbos y ponérmelos. Mucho mejor. Ahora puedo vestirme más tranquilamente – ¿Qué miráis? Me ha entrado un apretón y he tenido que salir corriendo. El puto alcohol – disimulo, chasqueando la lengua – ¿Algo interesante en mi ausencia? – ahora sí miro directamente a Sam.
"Venga, Sam, no me creo que no recuerdes que te ha mordido una puta vampiresa".
Los otros tres se giraron cuando les habló. De inmediato sintió la descarada mirada de Claudia justamente donde tapaba con la mano.
—Samanta, tenía sangre en el cuello, pero no tiene heridas. Ni idea de donde ha salido
—A lo mejor era caca de Oliver. Si fue un apretón muy fuerte, puede que se haya roto una vena en el culo y la explosión salpicase como un aspersor.
Samantha se levantó con cara de resignación ante tanta tontería.
—Markus, eres retrasado mental. Venga vámonos de aquí, ya ha sido bastante piscineo por hoy.
Samantha afirmó encontrarse bien. La interrogaron un par de veces en el camino a casa, pero ella solo recordaba haber ido a mirar porque le pareció ver algo y encontrarse al perro enorme.
Fin