Cocinar para otros siempre se siente bien, ojalá tuviera más ocasiones de hacerlo. Con amplia sonrisa acepto los cumplidos, y sólo después me siento con confianza de coger yo una de las galletas. Aún se siente calentita al tacto pero cruje bajo mis dientes, y sí, las tres masas se han cocinado bien manteniendo el sabor correcto. ¡Estoy muy orgullosa de mí misma!
Lo que no entiendo de todo es por qué Travis se ha acabado sentando en el suelo cuando los otros dos ya han dejado de jugar.
— ¿Quieres un cojín, Travis? —ofrezco tras tragarme la media galleta. Vale que hay alfombra pero quiero que esté lo más cómodo posible.
Como Myers dijo que quería leche de chocolate, y yo también quiero, le sirvo a él primero antes de poner para mí en una taza. Tiene pinta de que acompañará muy bien la mezcla de las napolitanas.
— Bien, ahora que estamos cómodos y juntos, he estado pensando… —algo que no suele acabar bien últimamente. Doy un sorbo a mi taza antes de levantarme como una oradora preparada sin ser yo nada de eso. Por suerte el tema acompaña. — Estamos en un lío sobrenatural de narices del que todavía sabemos entre poco y nada, y por caprichos del universo nos ha juntado a cuatro jóvenes con habilidades o mínimo sensibilidad por lo mágico. Creo que lo dije ya pero no creo en las casualidades y lo que le ocurrió a Nirvana no fue delante de tres extraños ignorantes. Profecía o no, tengo confianza en que algo nos ha conectado a la vez que una tal Hechicera Suprema ha decidido que repartir magia por nuestro instituto es razonable.
Misiones inconcretas a parte, todavía no sabemos las complicaciones que esto puede traernos a la larga. De la misma manera que Farhad descubrió que Nini es una djinn -perdona, ¿es djinn o djinni? ¿O ifrit? ¿Lo sabes? Porque a mí no me quedó muy claro- y su poder pueden hacerlo otros, y aunque me parece que el resto no puede conceder deseos no sabemos qué utilidad podría vernos cualquier otra persona con peores intenciones. Tampoco quiero dármelas de experta ni mucho menos pero tengo bastantes recursos sobre un montón de temas sobrenaturales o sé dónde encontrarlos así que se me ha ocurrido que podríamos investigar un poco más sobre nosotros y lo que podemos hacer. La preparación y el conocimiento pueden sacarnos de un apuro futuro, ¿no?
Sonrío con una pausa efectista, aunque en verdad lo que hago es prepararme. Sé cómo acceder a mi poder pero para cosas más vistosas todavía necesito concentrarme mucho hasta encontrarlo.
— Por ejemplo, ahora con casi toda certeza puedo decir que soy una fey —chasqueo los dedos con los brazos estirados a los lados para cambiar mi aspecto. Aunque afecta a todo el cuerpo sólo uso la ilusión para enredarme florecillas en el pelo, alargarlo y desplegar a mi espalda un par de alas puntiagudas e irisadas de insecto. — Lo que se conoce popularmente como un hada. No puedo hacer demasiado: esto es sólo una ilusión.
Con el mismo chasquido la elimino y me dejo caer en el sillón. Ha drenado bastante de mi energía pero sé que otra galleta y un trago de leche de chocolate lo arreglarán.
— Puedo abrir puertas donde no las hay, disfrazarme con ilusiones y crear un círculo de tréboles que puedo usar para viajar desde cualquier lugar a él; así es como volvimos de Los Ángeles. He… comenzado a recordar en sueños, pero es algo inexacto y a veces tengo que probar las cosas por mí misma. Por supuesto, no tengo familia alguna a la que preguntar sobre el origen de mi poder y tengo que recurrir a mis libros. Por eso sé que puedo hacerlo por vosotros, si lo necesitáis.
Nirvana soltó una carcajada con el manotazo que le dio Oliver y le quitó las piernas de encima para volver a sentarse con estas cruzadas. Cuando por fin se llevó una galleta a la boca, sonrió contenta y reafirmó lo buenas que estaban dándole el pulgar arriba a Felicia.
Pronto hubo que ponerse manos a la obra con el tema del día, así que robó otra galleta que se dejó sobre el regazo y se sentó un poco más atrás en el sofá para escuchar con atención en vez de distraerse con la comida.
Ahora que lo pensaba, no tenía ni idea de qué tipo de «bruja» eran Travis, Oliver o Felicia. Del primero sabía que podía mover cosas con la mente, y de Feli que podía teletransportarlos, pero de Oli no sabía nada. Suponía que, tarde o temprano en aquella reunión, se enteraría.
—Djinni singular, djinn plural. Ifrit es el tipo de djinni que soy yo, pero hay otros tres —Le explicó a la rápida para no interrumpirla. Luego ya les contaría más de los djinn o los ifrit si querían.
Guardó silencio mientras la escuchaba, incluso a través de su pausa, pues intuía que no había acabado. Y su intuición, como siempre decía, nunca fallaba. Abrió los ojos con sorpresa al ver las alas surgir de la espalda de Felix, asombrada por lo bonito de su poder, y asintió a medida que esta enumeraba sus poderes.
—Yo les puedo contar lo que sé de djinn si sirve de algo —ofreció, pues no estaba muy segura de que el lado histórico y teórico del asunto sirviera, pero en este punto ¿qué era solo teórico y qué no? De todas formas, prefería confirmar para no darles una charla innecesaria —En cuanto a mí, por ahora solo he hecho explotar un árbol con fuego. Y... Sé, por lo que he leído, que puedo hacer unas cuantas cosas más, pero no las he puesto a prueba aún. Lo que sí tengo claro es que todo eso de los deseos no puedo hacerlo de gratis. Y probablemente sea para mejor, porque presiento que siempre sale mal.
Travis simplemente hizo ojos ciegos a las danzas de reproducción neozelandesas entre Oliver y Nirvana. Ya estaba acostumbrado, aunque era cierto que habían subido de nivel. Se abstuvo de meter mierda como otras veces, no estaba de humor para eso. Se quitó la sudadera y a dejó caer detrás de sí, en el suelo, quedándose en manga corta.
-¿Eh?- levantó la cabeza ante la pregunta de Felicia sobre el cojín. Igual no le hacía gracia que le ensuciara la alfombra –No, gracias. Soy indio, tenemos el culo carpeta hecho al suelo. Es genético, ya sabes. Nuestra posición natural- bromeó en tono sarcástico. Se acabó la galleta tricolor y cogió otra. Se sirvió algo de leche en una taza y dio un trago.
-Ehm, no tendrás café por un casual, ¿no?- preguntó. Lo suyo era más la cafeína –De ese instantáneo…- hizo el gesto de remover una cucharilla encima de la taza. Como Felicia se puso seria, de pie, no insistió en su petición de droga legal y se quedó callado. Suficiente la había liado últimamente cada vez que abría la boca.
Se quedó mirando el despliegue de palabras y alas de Felicia. “¿Son de libélula o de mariposa?”. No supo decirlo, los insectos no eran su especialidad. Pero le fascinó su misma existencia.
Fey. Hada. Shit. ¿Qué sabía él sobre hadas? Lo que les contó Iris a su hermano y él cuando eran pequeños.
Caprichosas. Volubles. Nunca acababan de encajar en el mundo humano mortal.
SHIT. Eso encajaba con algunas cosas… Si le hubieran dado sapos Bufos para tragar se habría atascado menos su garganta y su mente. Mierdamierdamierdamierda. Se puso a toser cuando la galleta que se estaba comiendo se le atragantó. Y más cuando parecía que esperaban que él hiciera lo mismo.
Y eso le hacía muy poca o nada de gracia. Las dos chicas le recordaron demasiado a la terapia de grupo en el psiquiátrico. No le gustó entonces, no le estaba gustando ahora.
-No sabía que esto fuera una sesión de AA- gruñó por lo bajo.
Dio un trago a la leche de su taza sin café para dejar de ahogarse. Al volver a dejarla en la mesita, lanzó una mirada hacia Oliver. Si Travis lo tenía jodido, Olie mucho más porque claramente Felicia lo había pillado de algún modo. Había dicho cuatro anómalos, los cuatro presentes en ese momento en su salón. No había escapatoria.
Hizo una mueca de molestia con la boca antes de ponerse serio y decidir qué contaba realmente.
-Hola mi nombre es Travis y soy culpable de delitos contra lámparas ajenas y latas de refresco.
Se quedó callado unos segundos.
-Y sé perfectamente quién o qué soy, no necesito ayuda con eso. Gracias por el ofrecimiento- volvió a callarse unos escasos segundos, los que tardó en darse cuenta de que había sido igual un poco demasiado cortante y borde. Suspiró resignado. No le quedaba otra.
-Vale, me rindo- alzó las manos ligeramente en gesto universal de rendición -Tengo el enorme honor de ser el último descendiente de una honesta línea familiar de Medicinemen o como los blancos mal llamáis chamanes. Eso es de mucho más al sur, pero supongo que es más fácil para vosotros entenderlo así. No importa- se puso a jugar con el anillo de su hermano, rodándolo por su dedo.
-Mi clan siempre ha provisto de líderes espirituales a mi nación. Como ya visteis puedo mover cosas con la mente, cosa que no tenía prevista ni avisada. Se supone que mi papel es más de intermediario entre el mundo espiritual y el material. Y los humanos no son un problema para mí, no soy precisamente útil para ellos. Podéis descartarme de esa lista- hizo otra mueca con la boca.
-Estoy en proceso de aprendizaje y no os ofendáis, vuestros libros no me servirían de nada. Mi gente en general no transfiere el conocimiento por métodos escritos. ¿Qué somos, salvajes asesinos de árboles?- añadió algo cínicamente.
Ahora sí se calló de golpe y se puso a desmembrar la nueva galleta que atrapó a la velocidad de un Velociraptor. Clavó su mirada en los ojos de Oliver: ¿qué vas a hacer? No le quedaba otra que salir del armario del sobrenatural…
Igual su padre tenía razón, no debería estar aquí.
El discurso tan directo de Baker me incomoda y me intimida a la vez que me sorprende por lo directo y serio que suenan sus palabras. Yo siempre he dicho que la chica no es lo que parece, y cada encuentro que tengo con ella me convenzo más. Parece frágil, inocente e incluso inmadura, pero luego tiene otras salidas que chocan frontalmente contra ese aspecto frágil que muestra. Me desconcierta y me hace desconfiar. No me gusta. Pero tengo que aguantarme porque a Travis sí le gusta y creo que me la tendré que comer quiera o no. Por mucho que prefiera yo comerme simple y llanamente las galletas.
Su truco de las alas es bastante impresionante, pero si no tienen un uso real y es sólo una ilusión como ella asegura, su utilidad no es más que la de engañar. Y yo no sé absolutamente nada sobre las hadas, pero sí sé que la de Peter Pan, Campanilla, era caprichosa, celosa y bastante tóxica. Vaya, lo mismo va por el mismo camino. Je. Pero no puedo decir algo así en alto porque, como Shadow, le prometí a Baker que la trataría mejor así que mejor cojo otra galleta y me estoy callandito. Con suerte, si me quedo muy quieto no me verán y no tendré que hablar (?).
La siguiente en hablar "de lo suyo" es Nirvana. Con ella ya sabíamos un poco de qué iba el tema, y tengo claro que pedir que cumpla algún deseo sería terrible. Lo del fuego mola bastante, por otra parte, pero mejor que no haga una demostración como ha hecho Baker por si salimos de aquí en llamas.
Cuando habla Travis, sé que necesita una conversación de amigos en breves porque claramente está arisco y de mala leche. No le culpo, seguramente su casa sea un infierno desde lo de L.A., y yo no es que sea el mejor amigo del mundo pero supongo...que puedo intentarlo. No ser el mejor amigo del mundo porque creo que eso no se me daría especialmente bien, pero quizás ser un buen amigo sea suficiente. De esos con los que hablas y te desahogas sin miedo de ser juzgado. Al fin y al cabo, él hizo el esfuerzo de recuperar nuestras amistad así que al menos le debo eso.
Aunque le odio cuando termina de hablar y se me queda mirando.
–¿Qué? – murmuro, mirando a mi amigo a los ojos también: "Ya sé que estoy atrapado, idiota, deja de mirarme así". Me trago la galleta acompañada de un sorbo de chocolate y carraspeo antes de hablar – Muy chulo todo: bonitas alas, lo del fuego es chachi, y eso de la telequinesia mola que te cagas. Pero lo siento, yo no tengo ningún poder de ese palo – no es mentira del todo. O sea, yo me convierto en perro. Y ya. No hay poder tras eso. Es como...un disfraz. Punto.
Vale, esto es muy útil. Nini es una ifrit, confirmado por su poder explosivo; Travis ha estado a punto de cerrarse a cal y canto pero ha acabado revelando que es un chamán y que además es hereditario; Myers… No tengo muy claro qué cara estoy poniendo ahora mismo pero espero que se explique por sí sola.
Me pongo en pie de un salto y doy media vuelta para sortear el sillón de regreso a la cocina. Por suerte las dos cosas que necesito están en el mismo armario: uno de los sobres de café instantáneo de papá (es su alijo de emergencia pero nunca llega a necesitarlo, no lo notará) y la caja casi vacía de chips de chocolate Hershey que usé para las galletas de Travis.
A él le tiendo el sobre cuando vuelvo, pero a Myers le tiro la caja al pecho.
— ¿Me vas a hacer decirlo a mí? ¿Te da vergüenza?
El humor negro de Travis siempre le sacaba alguna risa, incluso cuando el pobre estaba tan malhumorado como ahora. Es que entre la broma sobre sus costumbres nativas y lo de AA, había tenido que apretar un poquito los labios para no interrumpir lo que a todas luces era una conversación seria. Eso no evitó, claro, que se le marcara un poco la sonrisa en la comisura de los labios, ni que resoplara en una risa silenciosa con la presentación que le siguió.
Luego sí se lo tomó más en serio. No era difícil notar que el ambiente se cargaba un poco, y prefería reírse con él a de él. Además, lo que contó era interesantísimo. En primer lugar porque no tenía idea de que el término chamán fuera un error de colonizador blanco, de lo que pronto hizo una nota mental para no usar el término incorrecto a futuro, pero más aún porque todos sus poderes eran sinceramente impresionantes. Con la última pregunta, por otro lado, volvió a sonreír.
—¿Eso significa que eres, o podrías ser, un líder espiritual en tu nación? —preguntó. No sabía si era que aquellos poderes eran consecuencias de nacer en ese clan en general, o si era parte de algún tipo de selección específica dentro de este.
Aprovechó de tomar otra galleta. Estaban buenísimas, y hasta ahora no se había dado cuenta del hambre que tenía. También era cierto que se había fumado un porro en el camino, y eso siempre le abría el apetito.
La respuesta de Oli la dejó algo desconcertada, lo que causó que lo mirara con la cabeza ladeada. Sabían que la gente común olvidaba todo, y también que él lo recordaba. Se preguntó si sería que aún no había descubierto sus poderes, como ella hasta hacía unos días, o si simplemente prefería mantenerlos en secreto. Tal vez era algo que le avergonzaba, o algo peligro de contarle al resto, como le pasaba a ella.
Le llamó la atención la cara que puso Felix. ¿Quizás ella sabía cual era su poder? La miró marchar, preguntándose dónde iba, y teniendo en cuenta la molestia que demostraba su expresión no supo muy bien cómo tomarse el que fuera a buscar algo que lanzarle a Oli. Hace un ratito se habría reído también, pero ahora no estaba tan segura.
Lo que no le gustó nada, y dejó ver alzando una ceja, fue lo que la anfitriona dijo a continuación. No le parecía bien presionar a alguien a admitir algo para lo que no estuviera listo, y mucho menos bajo amenaza de decirlo en su nombre. Si no fuera porque conocía un poco a Felicia, la escena no habría acabado muy distinta que cuando la había visto a ella encogerse porque la llamaban bollera.
—No creo que sea justo forzar a nadie a decir lo que es o cree que es. Que nosotros quisiéramos compartirlo no nos da derecho a exigirlo del resto —manifestó, relajando un poco la expresión —Quizás podríamos volver a lo de la Hechicera Suprema, que parece más urgente, ¿no?
La pregunta de Nirvana lo pilló desprevenido y lo descolocó.
-Puede.
No quiso entrar más allá. No le parecía que fuera el momento ni el lugar. Por suerte o desgracia su respuesta había caído en las sombras tras la no-confesión vacilada de Oliver. La cara de Travis pasó de mirada inquisitiva a poner los ojos en blanco. No se llevó la mano a la cara exasperado porque era su amigo y no iba a delatarlo. Si no quería contarlo era cosa suya, su secreto. Pero le parecía absurdo. Nunca encontraría un entorno más seguro que este. Al menos siendo blanco. En fin. Cogió otra galleta y le dio un mordisco.
-Oh. Café. Perfecto. Gracias- dijo éste al ver el sobre de cafeína. Un milagro hecho realidad. Se echó el polvo milagroso en la leche y removió hasta ennegrecerla. Dio un sorbo. Y luego cogió el brik de leche chocolateada y mezcló un buen chorro con su café recién hecho. Volvió a probarlo. PERFECTO. Levantó la cabeza ante la amenaza de Felicia. Lo que sospechaba. Lo sabía. Enarcó una ceja. No le gustó eso. Aunque él se había sentido coaccionado también, al final había sido decisión suya ceder. Se puso la sudadera de nuevo y se levantó del suelo, descruzando las piernas. Luego sacó un cigarrillo del bolsillo de la sudadera y cogió la taza de café chocolateado. Pasaba de aguantar eso.
-Si no os importa, me voy a fumar afuera. Intentad no mataros demasiado entre vosotros.
Y caminó hacia la puerta del jardín con la taza. No se estaba rebelando para esto. No había firmado para semejante mierda. Abrió la puerta corredera con el cigarrillo en la boca y sacó su mechero. Se encendió el cigarrillo mientras cruzaba el lindar hacia el exterior…
Vaya, vaya... La reacción de Baker sólo hace que destaparla más en esa personalidad que aparentemente no tiene pero que está ahí. Recibo el tarro de chips muy contento, tanto que la abro y vuelco las que quedan directamente en mi boca. Esto es gracioso. Se nota que la saco de quicio, y eso me gusta. Es malo que me lo muestre. Para ella.
–Eh, gracias, muy buenas. Aunque diría que el otro día estaba más ricas – alzo un pulgar en dirección a la rubia y le guiño un ojo de manera algo chulesca – Pero no vuelvas a amenazarme – añado mientras me levanto, justo cuando Nirvana interviene – Está bien, hippie, no pasa nada – le sonrío y luego miro a Travis levantarse y sacarse un cigarrillo. Suspiro, aunque tan fuerte que finalmente termino soltando un bufido – Sois muy dramáticos, en serio. ¿Dónde está el baño? – pregunto, aunque termino yo mismo metiéndome en el pasillo para buscarlo. Una vez lo encuentro, me meto dentro.
Salgo del baño a cuatro patas, corriendo, porque tengo un fin concreto antes de nada: robar una galleta. Así que corro en dirección a la mesa, cojo una y vuelvo a correr para impedir que me la quiten. ¡Sabía que como Shadow aún estarían más sabrosas! Una vez me la he tragado, sigo mi carrera por la estancia para salir fuera tras Travis. Mi amigo Travis el gruñón que se ha escapado para fumar. Y luego quiere que le ayude a ponerse en forma, con ese hábito tan malo que tiene.
Me pongo a dos patas para llamar su atención y luego me bajo, me revuelco por el suelo y vuelvo a levantarme para morder su sudadera y tirar de él hacia dentro y que suelte ese maldito cigarro.
¡Pero es que la audacia! Encima se come las pocas chips que quedaban, sin pretender que no tenía ni idea de la referencia que literalmente le había tirado al pecho y vacilándome. Entiendo a Nirvana, de verdad, pero ella no sabe el daño que me ha hecho este mascahierba (y otros como él) para ver lo irónico de su sentido de la justicia.
No, si encima la mala seré yo. Estúpido Myers. Tengo las mejillas tan encendidas del cabreo que siento el calor en las lentillas.
Pero no me da ni tiempo de replicar ni de decirle dónde puede encontrar el baño para que se lo trague el desagüe como es desecho que es, porque se va. y Travis también. Como siempre debo haber hecho algo horrible para que la gente me mire raro y se acabe marchando pero estoy tan enfadada que sólo tiro mi peso entero en el sillón, con brazos y piernas cruzados y los mofletes hinchados intentando no llorar de rabia.
Lo siguiente que sé es que aparece Shadow como un rayo desde detrás de la media pared que cubre las puertas del garaje, el baño y el sótano, directo a mis galletas y de ahí al jardín. ¡Será…!
— ¡EH, TÚ! ¡CÓMO TE ATREVES! —grito al salir corriendo tras él, casi tirando el sillón en el proceso, y derramando lo que todavía no se había acabado de derramar de la mesa de café al agarrar el cuenco de las galletas como si fueran mi mayor tesoro. No lo son, pero estoy segura que son el de Shadow y pienso hacer uso de esa ventaja.
Por suerte no se ha ido muy lejos, le encuentro tironeando de la sudadera de Travis con los dientes y no soy capaz de hacerle nada a un animal aunque he pensado hasta en darle un golpe en la nariz para que lo suelte. Nada violento. No me nace, debe ser algo intrínseco de mi naturaleza feérica. No lo aguanto. Vuelvo a enfurruñarme.
— Lo mínimo que podías hacer encima que te invito a mi casa, teniendo en cuenta que no te puedo ni ver, era no mentirme en ella —me justifico abrazando el bol, me giro sobre los talones y vuelvo a meterme dentro. — ¡Pórtate bien o se acabaron las galletas!
Si bien le había devuelto la sonrisa a Oli con la comisura de los labios, más tranquila al ver que el chico no se sentía tan presionado como parecía, siguió preocupada al ver a Travis levantarse para irse. Había notado en su expresión que desaprobaba tanto las estrategias de Felix como ella, así que no le costó imaginar por qué lo hacía.
Mientras el atleta se iba al baño, ella se reacomodó en el sofá para sentarse abrazándose las piernas. Apoyó la barbilla sobre las rodillas y miró, en silencio, a Felicia. No le gustaba verla así, y la angustiaba un poco ver que estaba casi al borde de las lágrimas. Aunque no se arrepentía de lo que había dicho, se sentía responsable de su reacción.
Aún pensaba en qué decir para consolarla sin disculparse, cuando vio a un cachorro conocido entrar en el salón. Primero la pilló por sorpresa, claro, y su primer instinto fue buscar con la mirada a Travis pensando que él lo había traído. Sin embargo, tras un segundo o dos, se dio cuenta de que el perro había salido del baño. Y entonces todo hizo clic en su cabeza.
Se le dibujó una sonrisa divertida en el rostro al ver cómo corría a robarse las galletas —¡El chocolate te hace mal! —le dijo, como le habría gritado a cualquier perro. Al resto los habría perseguido para quitárselo de la boca, pero con este consiguió controlar el impulso a saltar antes de llegar a moverse.
Al final, aunque las monerías del cachorro para traer a Travis de vuelta le hicieron gracia, no llegó a reírse mucho pues seguía atenta a Felicia. Los observó desde donde estaba, como si viera una película. Pronto pareció obvio que ella era la única que no tenía idea del poder de Oli, y se alegró de que en realidad no fuera una revelación tan compleja o comprometida para él. Sin embargo, lo que más le llamó la atención de todo fue aquel «teniendo en cuenta que no te puedo ni ver». Estaba claro que, para variar, se estaba perdiendo algo... ¿pero qué? ¿Sería ese el origen de la reacción de Felicia en realidad? Y, más aún, ¿qué podía hacerla reaccionar así?
A la plena luz del día, aquel jardín aún le pareció más espectacular (para ser Old Truce, claro). Consiguió dar un par de caladas antes de verse asaltado por Shadow. Con el cigarrillo en una mano, acarició con la otra al perro-lobo entre las orejas. Tenía migas de galleta entre los pelos de la barba del hocico. Eso y que Felicia protestaba por el robo antes de volver a meterse dentro como una exhalación le llevó a la conclusión de que había robado galletas.
-Tío, sabes que los perros no pueden comer azúcar ¿no? Te vas a quedar ciego…- le dijo a su amigo, ahora en su forma de cuatro patas.
“¿Que no te puedo aguantar? No es la primera vez que le oigo decir cosas similares…”, pensó para sus adentros mientras intentaba dar una calada esquivando al perro.
-Olie ¿qué cojones ha pasado entre vosotros dos? ¿Por qué tengo la sensación de que ella cree que le has hecho algo?- le preguntó a Shadow, mirando sus ojos oscuros mientras lo acariciaba debajo de su hocico. Eso no tenía mucho sentido. No le cabía en la cabeza esa posibilidad, pero todo sonaba ya demasiado raro.
-¿Me lo explicas? Por qué no lo entiendo… - por fin consiguió esquivar al animal y dar una calada rápida antes de que le apartara la mano. No le tiró el cigarrillo al suelo de milagro. Se agachó junto a él y le acarició el lomo con cariño y el cuello, sonriendo levemente.
Shit. Esto debería ser raro. Es mi amigo, pero no puedo evitar acariciarlo, es muy raro, en serio.
Disfruto un poco más de las caricias de Travis, porque aunque sea mi amigo y sea raro, se sienten bien. Tampoco quiero quedarme mucho en este cuerpo: ya me he destapado así que ya está bien. Él hace preguntas que puedo responderle pero no en la forma de Shadow así que, tras unos mimos más y habiéndome asegurado de que ha dejado de fumar y está más relajado, vuelvo a entrar. Me acerco a Nirvana un momento y también le tironeo un poco de la ropa, jugando, antes de desaparecer de nuevo tras la puerta del baño.
Salgo otra vez, suspirando y terminando de bajarme la camiseta. No me siento, sino que cojo mi chaqueta y me la pongo.
–Me odia porque una vez le rompí un...talismán o algo así. No sé exactamente qué era – le digo a Travis, obviamente refiriéndome a Baker, a quien después encaro, mirándola – En algo estamos de acuerdo, y es en que yo tampoco te aguanto. No me fío de ti. No me gustas – le suelto, sin corte, porque no parece que ella vaya a cortarse tampoco cada vez que abre la boca – Siento lo del talismán, no estuvo bien por mi parte pero, quitando eso, no puedes decir que yo me haya metido contigo alguna vez – añado – Pero, y eso va por todos, no tenemos que ser una chupipandi. Con juntarnos cuando haya problemas es suficiente, porque esto – señalo a la rubia y luego a mi mismo – No va a funcionar – sentencio y le doy una palmada a Travis en el pecho – Sin prisa, te espero por aquí cerca para acompañarte a casa. No quiero que tus padres piensen que me has usado para irte por ahí – y dicho esto, me voy hacia la puerta. Ni ella quiere que yo esté aquí ni yo quiero estar así que es absurdo seguir con esto – Ah, y una cosa más: no tengo poder alguno. Sólo soy un...chico-perro, o algo así. Ese es mi super y chachi poder. Podéis hacer de "caza hechiceras malvadas" sin mi, en serio. No tengo gran cosa que aportar – ahora sí, abro la puerta y salgo.
Me quería haber sentado enfurruñada otra vez pero al ver la leche caída en la bandeja y en la mesa me ha podido la responsabilidad de hija a cargo de la casa, he ido a por un trapo y me he puesto a limpiarlo todo de rodillas. He hecho como que no existía el perro que ha pasado de regreso al baño, como que no sé lo que viene a continuación cuando vuelva a salir.
Que es exactamente lo que acaba ocurriendo. Bueno, exceptuando lo de la media disculpa, que como estoy ya mosqueada creo que me enfada más que calma porque se siente forzado.
— No lo entiendes, ¿verdad? —es lo único que puedo inyectar en su discurso de ofendido ¡cuando yo nunca le he hecho nada! ¿Él, dice que no se fía de mí?
Lo que me jode de verdad es que lo había intentado, le había incluido en esto aunque no estaba obligada a hacerlo. Pensaba que había aceptado tratarme mejor a cambio de las chips de chocolate, ¿se puede ser más tonta que yo? Tengo serias dudas. Ahora todo ha quedado enrarecido en lo que pretendía ser un intento de hacer un frente común.
Enfurruñada de nuevo me pongo a acabar de limpiar, negándome a verle salir por la puerta. Su salida es un recuerdo de mi fracaso y no estoy emocionalmente bien para asumirlo.
— Lo siento… —farfullo con el británico totalmente desatado, sin levantar la cabeza. Ahora se marcharán Nirvana y Travis y se habrá acabado todo. — Juro que lo he intentado…
Se alegró de que fuera Travis quien preguntara qué había pasado. Por un lado, porque la hacía sentir acompañada en su ignorancia, y por otro, porque entonces se enteraría de dónde nacían todas esas malas vibras. Sabía que no era del salón, porque el feng shui ahí era perfecto, así que debían haber otros motivos de peso.
En cualquier caso, le hizo sonreír un poquito ver a Trav dándole mimitos al Olie perruno. Y un poquito más el tironcito en el pantalón que le dio este último, al que alargó la mano para darle una rascadita en la cabeza antes de verlo partir al baño otra vez.
Cuando volvió, Nirv solo escuchó en silencio. Arrugó un poco el ceño con lo del talismán, que bien sabía ella lo importantes que eran, pero sobretodo frunció los labios con decepción al escuchar como se desarrollaba el resto del discurso. Esa situación distaba muchísimo de ser la ideal, pero a veces la mejor forma de avanzar era dar unos pasos atrás para poder ver todo el panorama. Quizás esto, a la larga, les hacía bien.
Al final, acabó por suspirar y volver a apoyar la barbilla sobre las rodillas. Se había agobiado un poco con tanta tensión, y más aún al no saber cómo, o a quién, ayudar. Siguió con la mirada a Oli mientras se iba, y luego posó los ojos en los de Travis en una pregunta silenciosa. Por último, miró a Felix.
—No pasa nada —le murmuró, esbozando una sonrisa. La chica se veía tensa, así que no sabía si era buena idea buscar algún contacto físico y por ello evitó darle alguna caricia de ánimo —El progreso no es lineal. Lo importante es que ambos lo intenten, y ambos estaban aquí al comienzo, así que hay esperanza. Quizás solo tengan que dar pasitos más pequeños.
Travis recogió la taza del café que había dejado en el suelo para que no acabara rota mientras acariciaba y hacía el tonto con Shadow. Luego apagó el cigarrillo y se acabó de beber el café casi de un tirón antes de volver a entrar en la casa. Y ahí empezó la tragicomedia en dos actos. Se quedó mudo escuchando a uno y a otra, intercambiando miradas con Nirvana de confusión y al mismo tiempo de “qué cojones hacemos con esto”. Cuando todo terminó dejó la taza vacía en la bandeja.
-Espera, te ayudaremos a limpiar y a recoger todo esto- le dijo a Felicia. Era lo menos que podían ofrecer a la anfitriona. Sería de desagradecidos largarse sin más y Olie iba a esperarles igualmente afuera. Así que puso todo en la bandeja mientras Nirvana hablaba con ella.
“Esto no es cosa de Olie. No puede serlo. Él no es así”, pensó para sus adentros mientras iba recogiendo. Finalmente se decidió a hablar, poco después de que Nirvana intentara consolar a Felicia. Él no era demasiado bueno en eso, la verdad.
-Olie no es quien tú crees que es. Él no es así. No pudo ser cosa suya, quiero decir que no fue idea suya. Estoy convencido de que alguien lo empujó a hacerlo. Lo conozco desde jardín de infancia. Él jamás atacaría a nadie de ese modo. Él sabe lo que es estar a ese lado. Nos pasamos la mitad de Primaria acosados por Markus hasta que mi hermano le paró los pies. No haría eso a nadie por voluntad propia. Se debió ver obligado y esa fue la forma más inofensiva que encontró. Nadie dice que sea el más listo de la clase…- se encogió de hombros. Luego tragó saliva y agachó la cabeza y parte de su cuerpo.
-Siento mucho lo que Olie te hizo y te pido disculpas por adelantado. Es idiota y tardará en darse cuenta de ello, es un poco ceporro para estas cosas. Así que si sirve de algo, guarda esta de mientras...
Volvió a recuperar la verticalidad completa. Miró a ambas chicas con el gesto serio.
-Olie puede ser un borde y un completo idiota, pero no es un monstruo malvado- dejó reposando su mirada solo en Felicia esta vez -Espero que algún día puedas perdonarle la estupidez que hizo. A veces puede ser un poco oveja…
A pesar de lo que Thomas dijera, Travis seguía confiando en su amistad con Oliver. En su fuero interno, una pequeña parte de él se puso a rezar al Gran Creador por no tener que darle la razón a su padre. Por otro lado, estaba bastante seguro de quien era o eran los verdaderos culpables de todo aquello: Valentina y su cohorte. Y en especial el gilipollas de Markus, el rey del abuso escolar.
SÍ, LA CULPA ES DE MARKUS. Y lo va a pagar.
Nirv asintió a la afirmación de Travis y, tras esas palabras de ánimo, se levantó para ayudar a recoger. No sabía que tan exigentes con el orden eran en casa de Felicia, así que por si acaso también esponjó los cojines un poco. Tampoco era mucho lo que podían limpiar si pensaban irse pronto, así que hizo lo que pudo.
Escuchó en silencio las palabras del chico. Era imposible ignorar que aquella situación tenía muchísimas capas de complejidad, y que sería imposible atravesarlas todas en un par de ocasiones. Más cuando Felix y Oli tenían tanto que procesar, cambiar y adaptar para tener una relación llevadera, en especial cuando muchas de las circunstancias que la habían llevado hasta ese punto seguían siendo tan prevalentes.
Intuía que el siguiente paso sería marchar, por lo de recoger y todo eso, así que una vez todo estuviera hablado se acercó a Feli y le dio un besito en la frente, tomándole el rostro con cariño.
—No te martiries mucho, ¿vale? —Le sonrió con la comisura de los labios —Todo a su tiempo.
Dicho eso, volvió a erguirse y miró a Trav.
—Voy con vosotros —le avisó, para luego volver su atención a Feli —Muchísimas gracias por recibirnos, Felix. Tienes una casa preciosa —Un poquito de normalidad a la despedida tampoco iría mal —Estaré atenta al móvil por si llegas a necesitar cualquier cosa, ¿oki?
Como Travis se pone a recoger mi mente se calma en ese aspecto y me permite el gesto egoísta de encogerme donde estoy, aceptando cualquier migaja de consuelo que pueda ofrecerle la dulce voz de Nirvana. La clave es, ¿acaso lo estaba intentando Myers o había sido todo un esfuerzo unilateral de rubia ingenua? ¿Qué puede ser un paso pequeño? Da lo mismo, ahora no me apetece ni considerarlo aunque sé que en frío le daré mil vueltas.
Travis no se lo cree. Por un lado es normal si eran tan amigos desde la infancia, aunque me esperaba esas palabras más de la boca sabia de Nini. Está bien, creo que me habría enfadado con ella si hubiera sido así; Travis al menos tiene una experiencia de años con él.
Pero no lo entiendo, si Markus les acosaba en primaria (same here), ¿cómo ha pasado a su grupo de amigos? ¿De qué nivel de idiotez estamos hablando, Travis? Porque huele a masoquismo. Ya me dio la impresión de que lo que hizo Myers con mi talismán fue para pavonearse delante de los demás, no estoy ciega, pero no sé por qué eso debería hacer que me doliera menos. O que me plantee perdonarle cuando tengo clarísimo que, de estar los otros gallinas detrás, volvería a hacerlo una y otra vez.
Que ya no es por mí, no puede decepcionarme dos veces. Nadie debería tener a alguien con ese gatillo fácil como “amistad”, menos Nirvana o Travis. No es como me enseñaron que eran los amigos.
Estoy cegada de rabia. A lo mejor sí será preferible dar carpetazo a este intento de reunión y quedarme en una tumbona del jardín intentando no pensar en nada. Apenas puedo sonreírle un poquito a Nini en agradecimiento por su afecto físico, que me sienta bastante mejor de lo que muestro.
Sin decirles nada con palabras les acompaño yo misma a la puerta principal para una despedida susurrada y alicaída. Casi tan pronto como vuelvo a cerrar la puerta le pido a Alexa que vuelva a poner la música y le subo más el volumen con los privilegios de vivir sola y apartada de vecinos.
END.