Melody acarició ambas lápidas y alzó la voz:
—Creo que hemos hecho mucho ruido. Lo más sensato es movernos. Si el enemigo ha detectado la magia, lo mejor es que no estemos aquí cuando llegue la inquisición. Soy demasiado joven para dejar que me quemen.
–No podemos. Al menos no ahora – respondo a Felicia – Tenemos que dejarle un momento que se fume el cigarro a solas y que se pelee con sus demonios. Cuando vuelva es cuando podemos ayudarle: la comida le ayudará, ya sabes que es un pozo sin fondo, y quizás un abrazo no estaría mal. No mío. Tal vez tuyo – propongo, porque sé que a Travis le gusta ella y porque así me ahorro el abrazo yo, que ni siquiera se me da bien darlos – Estaba realmente preocupado por ti durante todo el camino así que creo que le reconfortará.
Miro ahora la escena de los abuelos y creo escuchar que ¿Farhad es el tío de Nirvana? ¿Qué cojones? Frunzo el ceño. Entonces, la hermana que él quería revivir... Oh, mierda.
–¿Eso que están hablando...? – pregunto a Felicia, que hasta hace un momento estaba con ellos.
Los abuelos de Nirvana nos alcanzan al fin, no tan derrotados como yo intentando detener a Farhad pero con un cuerpo obviamente más tocado. Una cena… Sonrío al señor Dixon, pero me parece que por primera vez experimento lo que es sentir la verdadera recompensa en el alma en vez de hacer una buena acción por una compensación. Intento ser caritativa siempre pero las pequeñas cosas del día a día suelen solventarse con un gracias o un batido. Hacer el bien sienta muy bien, independientemente de lo que te den por ello.
Lo que Myers dice tiene bastante sentido en mi cabeza así que saco otro sándwich para él de la bolsa antes de volver a doblarla y guardármela. Casi se me va al suelo cuando dice lo del abrazo.
— ¿Y-y-yo? —incluso en esa breve palabra se me escapa y acentúa la dicción británica, de los nervios. — ¿E-Estás seguro?
No tengo problema en hacerlo; será si él quiere. He visto cómo reacciona a veces cuando le toco y no me ha visto venir.
Como yo estoy bloqueada en esto no reparo nada en la conversación de los Dixon y Farhad. Myers parece que sí. Yo aunque lo intente ahora no les oigo demasiado claro.
— Ahá… Farhad es el tío de Nirvana; no tengo toda la historia pero creo que pensaba que el padre de Nirvana secuestró a su hermana a Estados Unidos… —aunque menos, todavía sueno algo británica mientras embuto los sándwiches en el bolso y trato de distraerme comprobando los contenidos del interior.
Tan pronto sintió el abrazo de su abuela, Nirvana soltó a Fahrad y la apretó con fuerza enterrándose un poco en ella. Se dejó separar y volver a estrujar, y tras besar a ambos de sus abuelos con efusivos besos en las mejillas, se acurrucó entre ambos durante tanto tiempo como pudo antes de que Melody se girara a su secuestrador.
Apenas había alcanzado a entreabrir los labios para defenderlo cuando fue su misma abuela quien se dio cuenta de lo que pasaba. Nirvana sonrió con la comisura de los labios, como si se le divirtiera siquiera haber pensado que debía aclararle algo. Si bien ella no tenía idea de malos deseos, el reclamo de su abuela le parecía bastante razonable. Eso explicaba la sensación que había tenido de que todo saldría mal si intentaba cumplirlo.
Aun así, parte de ella hubiese querido asegurarse. Sin embargo, entre más lo pensaba, más se convencía de que había que confiar en los hilos del destino. Incluso cuando dolía hacerlo.
—¿Cartas? Para los pocos cajones que tenemos, yo nunca las he visto —¿De qué le habría escrito su madre a Fahrad? Quizás de sus descubrimientos, pues aparentemente era arqueóloga, o quizás de su familia. O de tantas otras cosas. Ojalá el hombre las compartiera con ella cuando las recibiera.
Pronto, las palabras de su abuela la volvieron a desconcertar.
—Sí, vamos —asintió, ofreciéndole una mano a Fahrad para ayudarlo a ponerse de pie. Sabía que su abuelo se encargaría de ayudar a Melody a hacer lo mismo. Nunca había visto una pareja que se amara más que ellos dos.
—¡Chicos, tenemos que irnos ya! —le gritó a Travis, Olie y Felix para que se acercaran.
—¿A qué te refieres con la inquisición? —preguntó un poco más tarde a su abuela. Ni siquiera le preguntó por quiénes eran, pues no estaba segura de que realmente se refiriera a una organización o personas. Desde pequeña había aprendido a no dar nada por sentado cuando se trataba de las certezas de su abuela, solo que debía confiar en ellas. Por eso no había dudado en obedecerla sobre marchar.
Vale, la reacción de Baker cuando le digo que abrace a Travis ella me lo deja claro: le gusta. Está claro por cómo se pone de nerviosa, el tartamudeo y cómo se pone a hacer cosas para distraer. Con media sonrisa divertida, aunque sin mencionar nada al respecto, cojo el sándwich que me tiende porque ya casi he devorado el primero.
Lo que dice a continuación, no obstante, me borra de golpe la sonrisa y apartar la mirada hacia donde está Nirvana con su familia. Qué mierda. Lo mismo ahora nos odia por haber impedido un deseo que devolviera a la vida a su madre. Bueno, no creo... Nirvana no tiene pinta de odiar a nadie, ni siquiera a su secuestrador antes de saber toda esta historia incluso así que.
–Pues...menuda papeleta – bufo – Bueno, ella tiene a su familia ahora así que nosotros mejor nos centramos en Travis – añado a continuación, dedicándome a mi nuevo sándwich.
No pasa mucho más rato hasta que vemos a Travis de lejos, ya volviendo, y que Nirvana avisa de que tenemos que irnos. Es entonces que me acerco un poco a ella, los abuelos y el tío al que me cuesta no seguir viendo como un secuestrados.
–Baker dice que cree que puede llevarnos a todos a casa sin tener que volver a colarnos en un avión – les anuncio.
— S-sí, es lo que… Por eso me he apartado —me justifico aunque en el fondo no haga falta. Claro que luego tampoco nos queda nada que decir: él sigue comiendo el sándwich hasta terminarlo, y yo espero pacientemente balanceándome sobre los talones a que Travis esté preparado para volver, y que los Dixon resuelvan su descubrimiento familiar. Es algo incómodo, tengo miedo hasta de hacer el mínimo ruido que pueda molestarle y romper ese delicado equilibrio que hemos alcanzado al estar ambos en el banquillo de animación de Travis.
Bueno, si es un buen amigo para él… no puede ser tan malo, ¿verdad?
Pero cuando llego a esa conclusión ya han pasado varios minutos en silencio, sólo escuchando la solemne quietud del camposanto, reconozco a Travis de regreso entre las lápidas. El instinto de correr hasta él y abrazarle está bien, pero con él el mero pensamiento que consigue que me ruborice y me frene a pensar. Será violento, estoy casi segura. ¿Y si Myers me tomaba el pelo y no es lo que él querría?
Yo sí quiero. Algo quiero hacer aunque no sepa bien el qué. Los Dixon también parecen preparados para marchar de aquí. ¿Ya de ya? Me muerdo el labio y arranco a correr. Bueno no, porque sé lo que me ha pasado antes con eso y tampoco es que lleve prisa. Sólo es para interceptarle por el camino, porque por más cinemático que me parezca lanzarme a sus brazos de un brinco lo más probable que ocurra es que coma tierra una vez más. A parte de la alta probabilidad de que me resienta sólo por hacerle pasar ese trago.
Heme aquí, parada frente a él respirando otra vez como si tuviera los pulmones diminutos y con una pequeña expresión insegura que pretende ser afectuosa. Con torpeza saco por enésima vez la bolsa de pan del bolso, pero lo que le ofrezco también es mi mano, si la quiere, acercándola en dirección a la suya pero deteniéndola en la distancia que considero le deja elección.
— Estoy aquí si quieres, ¿de acuerdo? —sonrío ligeramente.
Travis llevaba las manos metidas en los bolsillos de la sudadera, que llevaba abierta. Levantó la cabeza cuando escuchó los gritos de Nirvana instando a irse del lugar. Hizo una mueca con la boca, imperceptible a aquella distancia por ninguno de sus amigos. Respiró hondo y algo resignado y se fue acercando a paso calmoso. A escasos metros de llegar al punto de reunión vio como a cámara lenta Felicia corría hacia él y se paraba delante de éste, medio ahogada.
-¿Estás bien, Felicia?- le preguntó, preocupado por la falta de aire en sus pulmones. Entonces vio su ofrecimiento: el bocadillo de la vergüenza.
-Oh. ¡Gracias! ¡Estaba convencido de que Olie se los habría comido todos!- se limpió las manos como pudo contra los pantalones, luego cogió la bolsa y sacó el sándwich para comérselo –Me muero de hambre.
Seguidamente vio la otra mano y se quedó confuso mirándola. Ehm… ¿qué se supone que debía hacer con eso? ¿Quería que se la cogiera, que la estrechara o es que necesitaba ayuda para no caerse al suelo por la carrera que se acababa de pegar? Algunas cosas de las personas le parecían un completo misterio. Nunca sabía qué debía hacer hasta que no lo averiguaba…
-Ehm, ¿gracias?- dijo mientras miraba la mano libre de Felicia como si fuera un extraño bicho. Al final, optó por chocarle la mano. Eso casi siempre funcionaba.
-Muchas gracias Felicia. Es muy amable por tu parte lo de los bocadillos- sonrió de forma amable y sincera mientras le cogía la mano y la sacudía con energía de arriba abajo con la mano derecha, la de los anillos. Con la otra mano sujetaba el bocadillo. Dos segundos después le dio un mordisco de cocodrilo al bocadillo porque sus tripas no paraban de gruñir. Uuffff qué rico… No tardó ni 30 segundos en hacer desaparecer el bocadillo estómago abajo.
El choque mental es importante, porque no entraba en el reino de mis posibilidades que Travis la estrechara como efusivamente hacen los trajeados hombres de negocios cerrando un buen trato. La sorpresa no me dura demasiado, termino aceptándolo como lo que es, como lo que necesita hacer con mi ofrecimiento. La confirmación de que abrazarle no habría sido la mejor de las ideas.
— Imaginé que tendríais hambre, si yo ya la tenía anoche —le devuelvo la sonrisa, observándole engullir el sándwich con serenidad. Sí tiene mejor aspecto que antes de tomarse ese momento de soledad reflexiva. Como con la oferta de cena de parte de los Dixon, me doy cuenta de que no necesitaba nada grande comparado con la satisfacción de su bienestar.
Sin soltar su mano doy un tironcillo suave de ella para que regresemos.
— Ven, quiero probar algo. Si funciona no tendréis que volver a sufrir el viaje en avión.
—Mejor no nombrarlos mucho, no sea que los llamemos sin querer —respondió a su nieta.
La abuela miró en todas direcciones y trató de reagrupar a todos los jóvenes como mama pato con los patitos.
—¿Puedes ayudarnos a volver a casa más rápido? —pregunto a Felicia.
—Si es así deberías ponerte manos a la obra. De lo contrario tendremos que hacer dedo hasta Ohio.
Como tengo una ligera idea de lo que tengo que hacer no suelto a Travis cuando llegamos hasta el resto.
— Eh, sí, eso creo… —a lo mejor no tendría que haber dicho nada porque voy a quedar en el ridículo más absoluto si no lo consigo. ¿Me odiarán? ¡Tengo que hacer mi mejor esfuerzo. — E-Está bien, por favor, tenéis que hacer un círculo, y daros las manos… —gesticulo el círculo con la mano libre antes de ofrecérsela a Nirvana. Prefiero que Myers tenga la otra mano de Travis.
— Farhad —vuelvo la cabeza hacia el hombre, sonriéndole. Sin rencores. — Regresa a casa. Todavía hay gente esperándote.
Cuando están todos preparados cierro los ojos, me levanto sobre las puntillas de los zapatos e intento sentir mi peso hundiéndolas en la tierra. Lo he sentido antes, como una larga carretera subterránea conectando esta hierba algo seca pero viva a la de mi jardín en Ohio. Sólo tengo que buscarla.
Me concentro en los sonidos del jardín: la cascada artificial del estanque, la cacofonía natural de los cientos de hojas de sus plantas y el susurro de las viejas cadenas de los columpios cuando hay aire. Entonces, como un sueño vivido, veo tréboles en círculo desplegando sus hojas antes de transformarse en un destello de un lila cálido, cegador.
Percuto mis talones alzados tres veces, aferrándome a las manos de Travis y Nirvana con más fuerza.
— A casa.
Envueltos en un remolino de pequeñas flores de primavera, como campanillas invernales, prímulas, lirios del valle y arvejillas, dejo de sentir el suelo sólo para lo que a mí se siente menos que un parpadeo. Aún así, por primera vez, sé de dónde vengo y dónde estoy, y cómo he llegado aquí.
Estamos literalmente resiguiendo la circunferencia interior de un notablemente poblado círculo de tréboles al lado del estanque de mi jardín, en el patio de atrás. Buena parte está pavimentado o embaldosado así que sólo hay este rincón en la parte más privada, donde están los columpios en los que jugaba de niña y que ahora son la estructura de flores trepadoras y luces de hada.
Todo está en su sitio, nada ha cambiado. No sé si podría explicarle a nadie la gran calma que siento sólo por eso.
Travis se dejó arrastrar por Felicia como un perrillo confuso, mientras acababa de digerir los restos del sándwich.
-¿Vas a abrir un agujero de gusano?- preguntó éste. Es lo único que tenía claro en aquellos momentos. Eso sí lo había pillado sin que le dijera mucho. No entendía ni la mitad de las interacciones con ella, pero sí de física. Eso se le daba bien. Se limpió la mano libre contra sus pantalones, otra vez. Se quedó en silencio mientras Felicia daba las instrucciones necesarias para el experimento. La miró de reojo. Parecía nerviosa. Entrelazó sus dedos con los de ella como apoyo. Es lo único que se le ocurrió hacer para darle algo más de seguridad. Ofrecerle un anclaje. La mano libre se la dio a la persona que tenía al lado, lo más limpia posible.
El viaje fue extraño. Apenas duró nada y le hormigueaba todo su cuerpo al aterrizar en un jardín de casa buena. Parpadeó, sorprendido con el resultado del experimento físico. No estaba muy seguro de qué esperaba al respecto. Soltó la mano de Felicia.
-Eso fue genial. Tienes que explicarme como lo hiciste. Mola- sonrió abiertamente. Estaba maravillado con el tema y le costó salir de su fascinación por analizar aquello. Pero era tarde, tenía que haber vuelto a la ferretería hace horas con…
“El dinero de Samuel. Mieeerrdaaa Thomas me va a matar. De esta no me deja suelto hasta que cumpla 40 años… ¡Y la moto! Tengo que ir a buscarla. ¡Que esté ahí por favoooor!”
-Ehm, tengo que irme. He de recuperar mi moto y probablemente ser torturado por Thomas de aquí a que tenga 40 años…- se rascaba la nuca mientras trataba de disculparse por lo que estaba a punto de hacer: salir corriendo de aquel jardín en busca de su objeto más preciado.
-Si no doy señales de vida en un par de días, mandad a los SWAT a mi casa. Querrá decir que me han asesinado…- bromeó antes de salir por patas del lugar en dirección al puñetero parking del motel donde dejó su amorcito motorizado.
La respuesta de su abuela no la dejó menos confundida, pero aceptó que no era el momento de compartir ese conocimiento y no hizo más preguntas.
—¿En coche? —preguntó a Olie.
Por supuesto, ni se había imaginado que teletransportarse fuera una posibilidad para ellos, así que la tomó por sorpresa que la siguiente sugerencia fuera hacer un círculo y tomarse de las manos. Lejos de cuestionarlo, aún sin saber de qué se trataba todo aquello, guardó la lámpara en su bolso junto a los libros y tomó con una mano la de Felicia y con la otra la de Fahrad.
Todo ocurrió bastante rápido, pero el viaje resultó una experiencia novedosa y agradable que le dibujó una sonrisa en la comisura de los labios.
—Muchas gracias, Felix —Le apretó la manito con cariño, sonriéndole cálidamente.
Travis se fue corriendo, así que no alcanzó a decirle nada. Sin embargo, si se acercó a Feli y Olie para plantarle un besazo en la mejilla a cada uno.
—Muchas gracias por ir a buscarme. No me habría imaginado siquiera que alguien más que mis abuelos iría —Les sonrió con dulzura, tomando una breve pausa —Sacrificaron mucho por mí, y no lo olvidaré nunca.
Llevó la mirada en dirección a la estela de Travis —Ya se lo diré a Travis también cuando lo encuentre —añadió, encogiéndose de hombros.
—Si necesitan que hable con sus padres o con el director, o lo que sea... No quiero que se metan en líos por ayudarme. —dijo un poco más seria. La verdad era que se sentía bastante culpable por haberlos preocupado tanto como para llegar a esos extremos, y lo haría mucho más si les causara algún problema. Quizás debería ir a hablar con el padre de Travis, para que no lo castigaran por desaparecer dos días.
Respiró profundo.
—Nosotros deberíamos irnos ya—Les señaló con la mirada a su familia —. Hay algunas cosas que debemos hablar todavía y... Bueno, ya saben —Se encogió de hombros, sonriendo —Discúlpame con tus padres por no quedarme a saludarlos, por favor, Felix. Tienen una casa preciosa.
Miró por encima del hombro a sus abuelos y su tío, y les hizo una señal con la cabeza para que salieran junto a ella.
—Nos vemos pronto —aseguró, dándole un fuerte abrazo a cada uno antes de marcharse junto al resto del clan Dixon Heydari.
El viaje orquestado con Felicia me provocó una sensación en el estómago a cuando te subes a un columpio: una adrenalina molesta pero inofensiva. Así que cuando aterrizamos, tuve que pisar bien para no desastilizarme en el proceso. Vale, eso acababa de ser una pasada.
El primero en salir volando fue Travis, muy probablemente porque su padre iba a matarle. No le retuve para no entretenerle más, ya después le mandaría un mensaje. Yo a mi padre le había dejado un mensaje, igual que al entrenador, así que esperaba que mi ambos fueran comprensivos con los problemas adolescentes.
Después, Nirvana, que obviamente tenía mucho que hablar con sus abuelos y su "nuevo" tio. Me incomodó un poco el beso, porque no estoy demasiado familiarizado con el contacto físico pero entendí que era algo normal, ya que es cierto que nos la habíamos jugado yendo a buscarla.
–Yo también me voy – le digo a Baker – Gracias por el viaje astral o lo que haya sido esto – alzo la mano y me pongo en marcho. Por suerte, no vivo muy lejos. De camino, saco el móvil para hablarle a mi padre. Iré a casa a ducharme y cambiarme y le haré una visita al taller.