Partida Rol por web

Reinos de Ceniza: Coliseo de Sangre

Duelo: Deseo vs Ricardo

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08/06/2009, 23:08
Director

Al llegar a la plataforma central, antes de poder acercarse a la zona del conflicto, un muro de sangre impide el avance de Deseo. Al volverse, ambos comparten el mismo pensamiento.

Por favor, no. No puede ser...

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09/06/2009, 10:36
Ricardo Corazónfrio

Ricardo corría hacia el portal, conocia la elfo oscuro que estaba peleando contra la bruja. Pero de repente un destello rojizo hizo desviar su mirada.

DESEO

El norteño se detuvo un instante y corrió hacia ella. Estaba viva todavía, eso era lo único que importaba. Ella no parecia haberle visto todavía y también se dirigía hacia el portal, pero un muro de sangre la detuvo. Ricardo se giró más asustado de lo que había estado nunca en su vida. Y lo que vió le heló la sangre.

No, no, no, no, no, no. No puede ser, contra ella no.

Con las lagrimas a punto de aparecer en sus ojos Ricardo se acercó a Deseo y la abrazó.

Notas de juego

Master maloooooo.

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09/06/2009, 17:58
Deseo

Había dejado atrás el cuerpo sin vida de Aymée, la Bailarina de la Muerte. La había arropado con la tela del propio kaftan de la hakhim, y apenas había elevado una muda plegaria para ella. No la conocía, pero la respetaba, como habían acabado por hacer todos con todos en el Coliseo.

Tendida sobre la losa de mármol, a los pies del monolito pétreo, la danzarina de la arena inició por fin el viaje que la llevaría hacia los suyos, ya para siempre. Deseo se había apartado con el dolor en el corazón, el mismo dolor con el que se había despedido de Garruk. No era justo, no en esta Isla maldita...

La pequeña mascota de Aymée se había subido a su hombro, y había tomado una bolsa del cinturón de la mujer, dejando a cambio, como una prenda, como una ofrenda, los pequeños timbales que habían acompañado siempre los movimientos sensuales de su ama. Ya no iba a necesitarlos....

...Y Deseo siguió adelante, hacia la cúspide del templo, hacia su Destino. Sabía que allí se decidiría el Futuro, y no sólo el suyo. Sabía que el Mal señoreaba en ese lugar, sabía que no había lugar aquí para la piedad, la compasión, la ternura o la esperanza.

Pero, cuando salió por fin al aire libre y se enfrentó a la escena más cruenta que podía imaginar, tembló.

Frente a ella una pasarela de obsidiana llevaba al punto álgido, la cima del templo, el corazón de la Isla, el Lugar. Junto a la suya, tres pasarelas más, cuatro vías iguales, cuatro accesos indistintos, cuatro sacrificios para un sólo altar. El de la Muerte. Y, en ese altar, Morkhalee y su amado Lorethien, luchando. Recortadas sus siluetas ebrias de energía sobre el Portal del Insano, el diabólico Ser que esperaba, sonriente, el desenlace de la lucha.

Sintió el impulso de correr, de lanzarse hacia la hechicera. Quien hubiera visto ese movimiento, quien hubiera adivinado esa iniciativa en deseo habría, sin embargo, errado en su intención... pero eso es algo que no tuvo lugar.

Porque en ese mismo instante, en el preciso segundo en que ella iba a salir hacia la cúspide, dejando atrás miedo y cordura, se alzó frente a su embestida una cortina, un muro de sangre. Y supo.

Antes de girarse, antes de sentir su aroma, antes de escuchar su voz, antes de que su corazón se acompasara en su latido. Supo.

RICARDO

Su sangre agonizó en sus venas, y su alma escapó. Voló, atravesó los cielos y no hubo muerte ni vida, no hubo sino, ni destino. Hubo sólo la comunión con otro espíritu, y ésta llegó en un abrazo. Un abrazo... suyo.

No pudo hablar, no pudo proferir palabra. Algo en su interior lo sabía desde el principio, pero esa parte de sí misma se había roto, y yacía enterrada en sus entrañas, porque su conciencia nunca quiso aceptarlo. Nunca quiso imaginar, nunca quiso encararse a la posibilidad. Ambos, frente a frente. Pero no amándose, no entregándose el uno al otro, no. Ambos frente a frente entregándose al Destino, para matar y morir, ambos frente a frente para pagar el precio, para saldar la cuenta. Para salvar al Futuro, para salvar al Mundo....

Lentamente levantó su rostro hacia él, desamparada, pequeña entre sus brazos. Sus ojos, llenos de lágrimas, buscaron los suyos, anegados de tristeza, y sus pupilas transmitieron la pregunta que sus labios no pudieron proferir.

¿Por qué...?

La Guadaña cayó a sus pies, con un sonido metálico, pero extrañamente grave. Amelio, el monito, abandonó su hombro chillando, y se apartó a un lado.

Deseo no se movió.

 

Notas de juego

1-¿Puedo evitar la lucha...? (va en serio)

2-¿Qué es el polvo de la bolsa del monito?

3-¡AGGGGGGHHHH!

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09/06/2009, 19:16
Ricardo Corazónfrio

Ricardo abrazaba con fuerza a Deseo, no quería soltarla. Cuando la miró casi se derrumba. Pero aguantó. Por ella, sabía que estaba sufriendo tanto como él, pero tenía que ser fuerte.
Sólo sus ojos le traicionaban. Sus ojos, que la miraban con un amor del cual no creia que pudiera ser capaz de dar a nadie.
En su interior maldecia a todos los dioses que conocia por la situación en la que se encontraba.

Con dificultad se separó un poco de ella para mirarla fijamente a los ojos.

Mi amor. El destino es más cruel de lo que jamas había sospechado. Lo único por lo que le doy gracias es por haberte podido ver con vida una vez más, por poder abrazarte una vez más, y por poder besarte.

Tras lo cual, el duro norteño la acercó nuevamente a él y la beso con todo el amor y pasión que fue capaz. Se había olvidado de la isla, de la lucha, del premio. Sólo existia Deseo.

Notas de juego

En eso estoy yo, en intentar no pelear. De todas formas tengo un par de ideas.

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15/06/2009, 17:58
Oráculo

Debéis soportar un gran peso sobre vuestros hombros, dijo la niña mientras cruzaba el muro de sangre como si no existiese. Como si la sangre no se atreviese a mancillarla. Aunque su rostro permanecía carente de expresión, su voz denotaba tristeza. El peso de todo un mundo.

El orbe es... algo maravilloso. Lo único que terminará esta locura. Y de él resurgirá la esperanza. Para ello, solo necesita el polvo de los huesos de un Dragón Rey... La niña torció el rostro, como si no quisiese continuar. Pero no podía evitarlo. Nunca podía evitar el destino, por más que lo desease.

Y la vida de un alma enamorada.

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15/06/2009, 18:25
Ricardo Corazónfrio

Notas de juego

Adios a una de mis ideas.

Edit. Todavía me queda una. Y lo queha dicho la niña me ha confirmado lo que creía.

Edit2. Sip, pero sólo puede salir uno de aquí. Aunque me estoy mirando con ojos golosos a la niña por si lo único que hace falta es que alguien muera.

De todas formas en cuanto postees te cuento mi plan.

Edit3. Ni yo tampoco.

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15/06/2009, 18:37
Deseo

Notas de juego

Sí, se nos han cortado las alas. Luego posteo, pero esta claro que no tenemos más remedio que pelear.

:(

Edito:

Tenemos el orbe, ok, tenemos, supongo, el polvo de Dragón (el saco de Aymée). ¿Porqué tenemos que ser uno de nosotros el alma enamorada? Sé que es diabólico, pero, Morkhalee también lo está....

]:)

ED-2: Ooook, luego posteo, ahora me voy. Pero conste que no pelearé de entrada, nop.

:P

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21/06/2009, 20:56
Deseo

Aún el beso en sus labios, aún su corazón envuelto en llanto y en pasión a un tiempo, Deseo vio abrirse la cortina de sangre, y aparecer a la pequeña Oráculo andando hacia ellos, tranquila, como lo habría hecho en una fresca mañana otoñal.

Y escuchó sus palabras, dejó que todo su peso cayera lentamente en su conciencia, aceptando, entendiendo. Si, todo un mundo sobre nuestras espaldas...

Pero cuando la niña siguió hablando, la Gladiadora de la Guadaña se separó de su amado, y se enfrentó a ella. Al Oráculo, a la imagen de su Destino. Para comprender que en el Orbe residía su esperanza... y su sentencia. O... quizá no...

-El Orbe, dices. Y el polvo de los huesos de un Dragón Rey.... acaso... ¿acaso...?

Sacó la bolsa que la Danzarina de la Muerte había guardado, y que el pequeño monito había cambiado por sus tambores. Ahora Deseo era su custodia, y era importante, eso no le cabía duda. Se la mostró, esperando su respuesta, aunque en el fondo de su alma ya la conocía, la esperaba.  Lo que no se atrevió a pronunciar, no aún, era aquello que quizá constituía su condena: Y la vida de un alma enamorada. La suya era un alma enamorada. Y la de Ricardo. Sabía, aunque no quería aún comprenderlo, lo que eso significaba. Aunque...

Aunque... aunque... hay otras... otras... almas... enamoradas.... Una más, por lo menos....

Sus ojos buscaron las pupilas de Morkhalee. Las persiguieron. Si ella había podido leer en su mirada, la hechicera podía, debía leer en la suya... y responder.